La Infeliz Existencia de un Loco

All Rights Reserved ©

Summary

Benjamín, marcado por la tragedia y condenado al exilio, es una sombra del pasado del pueblo que nadie quiere recordar y que pretenden olvidar. Axel, un detective incapaz de seguir ignorando lo inexplicable, decide tomar el caso en sus manos para descubrir qué pasó la noche en que se desató ese incendio al que los lugareños llaman ¨milagro¨

Genre
Mystery
Author
Liam
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Papá Ben me ha dado algunos billetes para ir a la tienda, estoy tan contenta por eso que no puedo evitar sonreír mientras voy camino a la tienda de Tomás, aunque me contengo un poco debido a las miradas que obtengo mientras paso por el centro del pueblo, estoy acostumbrada a ellas, pero no dejan de ser incómodas de todas formas.

Puedo escuchar los cuchicheos, siento las miradas peor de lo normal, juzgonas, de asco e incluso algunas de pena. No entiendo por qué parecen verme peor hoy, ¿qué se supone que hice ahora? O mi familia.

Me apresuré a llegar a la tienda, por suerte solo había un hombre al que ya Tomás estaba despachando, por lo que me quedé detrás suyo mientras esperaba mi turno. Cuando él se giró y me notó, soltó un respingo y salió rápido, casi como si huyera.

—Señor Benjamín, ¿qué pasa ahora? —escuché a Tomás decir al mirarme, era a mí, estaba hablando conmigo, pero… ¿por qué decía el nombre de mi papá?

—Tomás, soy Ángela, ¿por qué me dices así? —le reclamé con voz aguda, inclinando un poco mi cabeza, sosteniendo los billetes con fuerza en mis manos, pero Tomás solo suspiró y asintió, como si estuviera resignado—. Vine a comprar algunas cosas.

Esas palabras parecieron llamar su atención, se giró hacia mí de inmediato y se cruzó de brazos.

—¿En serio? A ver, ¿y qué quieres? —una leve sonrisa se formó en sus labios, parecía un poco triste, pero me dio la confianza igual para pedir, animándome de nuevo.

—Quiero… —pensé un poco mientras observaba lo que había en la tienda con detenimiento, luego señalé algunas gomitas y papas—. Eso y eso, y una soda.

Tomás asintió aun sonriendo y tomó lo que le pedí, poniéndolo en el mostrador, de inmediato le pasé el dinero, pero su sonrisa se borró al instante y su gesto se frunció.

—¿Estás de broma? —exclamó sin tomar el dinero, lo que me hizo sentir confundida. ¿Por qué me decía eso?

Dejé el dinero en el mostrador y lo señalé sin entender qué le pasaba a Tomás.

—Es el dinero.

—No, señor Benjamín, eso no es… —se cortó a sí mismo con un suspiro agotado, tomando el puente de su nariz con dos dedos y cerrando los ojos, algo le pasaba, pero no sabía qué era.

—Deja de llamarme como mi papá… —le pedí en voz baja, pero eso pareció ser peor. Tomás se giró de nuevo hacia mí, molesto, y señaló el dinero sobre el mostrador.

—¡Señor Benjamín, despierte! Esas son tapas de cerveza y hojas de árbol, no dinero.

¿Escuché mal? ¿Hojas de árboles y... tapas de cervezas?

Miré el dinero que le había dejado en el mostrador para confirmar que sí era dinero de verdad, pero de repente se distorsionó.

—¿Qué está...?

—Dios, no puede seguir así… —la mirada que me dio me causó un escalofrío, era de lástima, de una pena profunda hacia mí.

Me miré a mí misma, mi falda azul claro ahora era un pantalón grueso, sucio y viejo, mi camisa de botones blanca era un suéter gris en el mismo estado, y recuerdo llevar mis zapatillas, pero al mirar bien... estaba descalza. Me toque la cara insistentemente, mi cabello negro y largo había desaparecido, encontrándome con mechones duros y enredados, además de una barba larga y rasposa.

—¿Qué pasa aquí? —corrí a mirarme en un pequeño espejo que había en una de las paredes.

Esa no era yo... ese era mi papá Ben.

Pero en muy mal estado.

—Señor Benjamín, tiene que dejarlos ir —me aconsejó Tomás detrás de mí—. Le hacen daño, mire nada más cómo está.

—¡No! —me giré bruscamente, mirándolo—. ¡Ellos viven en mí! ¡Yo soy ellos! ¡Ellos soy yo!

—No señor, ellos ya están muertos y entiendo que le duele, pero no siga con esto, asusta a todo el mundo y se hace daño usted mismo —se notaba que se preocupaba por mí, pero yo no tenía nada malo.

—Ellos se representan a través de mí, no puedo dejarlos ir porque sino se molestarán conmigo —murmuré. Una lágrima escapó de mis ojos, pero la limpié al instante.

—No, ellos no se representan por usted, ellos no se molestarán si los deja. Usted mismo es quien actúa y finge ser ellos. Entiendo que sus muertes fueron impactantes y que desde entonces usted está así, pero lo puedo ayudar. Ya se lo he dicho mil veces, puede quedarse en mi casa y le buscaré ayuda.

—¡No necesito ayuda! —le contesté furioso mientras huía del lugar. Suficiente había pasado junto a esta gente que lo único que hacía era burlarse de mí o querer alejarme de mi familia más de lo que ya la vida lo había hecho.

No puedo seguir aquí. Tengo que ir a casa y hablar con Jhon. Hablar con él siempre me calma. Sí, eso haré, iré a casa y conversaré con él mientras los niños juegan.

Terminé de contarle a mi esposo lo que había pasado esta tarde en la tienda. Cruzó una pierna encima de la otra, mostrando una enorme paciencia en sus ojos marrones.

—Te dije que debes cuidarte, verificar si lo que te dice tu mente es verdad o no —me recordó con su voz tan serena y calmada como siempre. Suspiré.

—Lo sé... ¡y te juro que lo hice varias veces! pero de nuevo mi mente ha confirmado que es más poderosa que yo —bajé la cabeza con vergüenza. No era la primera vez que algo parecido me ocurría.

—Tranquilo, cariño. Algún día lo harás y podrás recordar todo lo que pasó ese día. Todo a su tiempo —me sonrió de esa manera que solo él sabe hacer.

—No quiero dejarlos ir...

—Y no lo harás, siempre estaremos contigo a pesar de todo. Te amamos, pero en algún momento tienes que saber la verdad y no por eso nos habrás dejado ir. Mucho menos si dejas de hablar conmigo o con nuestros hijos, incluso si dejas de comportarte como nosotros. Siempre estaremos aquí —señaló mi corazón. Miré en esa dirección aun cuando ya había separado su mano, y cuando la levanté ya él no estaba ahí.

Las risas y pasos de mis hijos también habían desaparecido y lo único que quedó fue el sonido a vacío, a soledad. Miré a mi alrededor y la casa había vuelto a su estado actual; deteriorada, quemada. Suspiré con pesadez acostándome en el piso, no tenía sentido irme a la habitación conociendo el estado en el que estaban las camas, o todo en general.

Abracé mis rodillas pensando en lo que me había dicho Jhonatan. Sus palabras no tienen sentido para mí, ya que no quiero dejar de verlos ni “actuar como ellos”.

Lo que sí quiero es saber qué pasó esa noche. El solo pensarlo hace que me duela la cabeza y lo único que puedo recordar es fuego a mi alrededor.

Quisiera recordar, saber qué pasó esa noche que acabó con mi familia. Que destruyó todo lo que alguna vez he amado...

Cerré los ojos tratando de dormir, y aunque el hambre y el frío era inmenso, pude lograrlo después de unos largos minutos.