Prólogo
El olor a ácido acético y fijador es lo único que me mantiene anclado a la realidad. Es un aroma fuerte, químico, difícil de tolerar. Pero me gusta. En la oscuridad de este cuarto bañado por una luz roja, el mundo exterior deja de existir. Aquí no soy Jeon Jungkook, el hombre; soy el ojo que todo lo ve, el testigo y hasta puedo decir que cómplice; de las miserias ajenas.
Sumerjo la hoja de papel fotográfico en la bandeja. Muevo el líquido con calma. Observo cómo entre las sombras, las formas cobran vida. Primero un brazo, luego el respaldo del asiento de un coche de lujo y, finalmente, el rostro de la traición.
Saco la fotografía con las pinzas. El líquido gotea sobre el suelo como sangre. La cuelgo en el cordel, asegurándola con otra pinza de metal — Qué jodido hijo de puta tan descarado — me da algo de risa.
En ese instante, mi teléfono vibra sobre la mesa. El nombre en la pantalla brilla y yo contesto sin despegar la vista de la imagen que acabo de revelar.
— Soy yo otra vez... dime por favor que tienes algo.
Hice un gesto de “obvio que lo tengo” y le respondí — Su esposo no solo la engaña con una, sino con tres y uno de esos tres es un hombre — escuché el sollozo detrás del teléfono — lamento que haya confirmado sus sospechas.
— Bastardo...
— ¿Quiere que le envíe las fotos de manera digital o las desea en físico? — mientras más rápido termine esto más rápido me pagará.
— Quiero todas las pruebas de todas las formas que las tengas. Voy a hundir a ese hijo de puta y lo voy a dejar sin nada.
— Apruebo — colgué otra foto del marido de la señora, donde entraba en un hotel con un chico — espero entonces la transferencia para enviarle a su dirección todo el contenido recolectado en esta semana de investigación. Muchísimas gracias por contratarme.
— Gracias a ti pude saber la verdad — estaba entrando otra llamada, de un número privado.
— Disculpe, debo atender a otro usuario, estaremos en contacto por chat.
— Ya voy a hacerte el pago final.
— Listo — colgué y atendí al otro llamado — Buenas tardes, investigador privado Jeon Jungkook a sus servicios, ¿con quien tengo el gusto? — no tuve una respuesta inmediata, solo escuché una respiración — ¿Hola?
— ¿Haces trabajos fuera de corea? — así sin más.
— Mi tarifa aumenta considerablemente cuando tengo que salir de Seúl, ¿a dónde sería?
— Shanghai...
— Oh... debo primero considerar los gastos de hospedaje, traslado y alimentación, ¿necesita investigar a alguien?
— Park Jimin... — hice silencio. Había escuchado ese nombre antes — ¿Lo conoces?
— Cualquiera con un teléfono, internet o un simple periódico sabe quién es Park Jimin, el famoso príncipe de la asamblea. Pero investigar a una figura pública de ese nivel no es solo cuestión de dinero; es cuestión de riesgo. Su seguridad debe ser pesada y sanguinaria.
— El riesgo ya ha sido calculado. Por eso lo llamo a usted. Me han dicho que es... persistente. Que no tiene escrúpulos si el precio es el adecuado y que sabe camuflarse muy bien...
Solté una risa corta, mirando mi reflejo distorsionado en el líquido de la bandeja — Dígame qué busca. ¿Infidelidades? ¿Cuentas en paraísos fiscales? ¿Algún cadáver en el armario? ¿Tráfico?
— Quiero todo. Nada de lo que sale en las noticias. Quiero saber qué hace cuando se queda solo. Cuando no hay cámaras. Estoy seguro que no es quien dice ser y que todo es una farsa. Tiene tres meses. Se le enviará un adelanto que cubrirá su estancia en Shanghai y sus honorarios de lujo.
— ¿Y quién es el cliente? — pregunté, aunque sabía que si no se presentó al principio: no lo haría al final. Ya he trabajado con gente así, el anonimato los hace sentir poderosos.
— Por el momento no es de su interés. Envíeme sus datos y revise su cuenta en diez minutos. Si acepta, habrá un billete de avión a su nombre en la recepción del aeropuerto mañana a primera hora.
La llamada se cortó y el silencio volvió a inundar el cuarto.
Me acerqué a la pared de corcho donde suelo colgar los perfiles de mis objetivos y ya estaba vacía, a excepción de las fotos del marido infiel que acababa de desechar. No tenía nada más por hacer, así que, tomé un marcador negro y escribí en el centro, con letras grandes: Park Jimin.
— Shanghai... — susurré para mí mismo.
Sentí un escalofrío de adrenalina pura. Algo en la forma en que aquel desconocido pronunció el nombre, me dio a entender que esto no era una simple investigación por corrupción, había más.
Y yo quería saber...
Esta historia tendrá narración mixta. Me fascina narrar desde Jungkook para mostrar cómo se encula de Jimin y soporten.
Espero les guste y tengan mente abierta. Empezamos??? MENTE ABIERTA
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