Femboy's and Gal's

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Summary

Un grupo de Gal's cuentan con un servicio de citas con final feliz, entre esas Gals hay tres femboys que no conocen la existencia de las futanaris mas allá de rumores. Bueno eso era hasta que cada uno recibe una solicitud de cita que les cambiara la vida a cada uno.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Un zorro descubre a las Futas 🦊 🧊

El sol se ponía sobre el Instituto Sakura, tiñendo de naranja las ventanas del salón de reuniones clandestinas. En el interior, el ambiente vibraba con risas y conversaciones animadas. El grupo de Gals/Gyarus se había reunido como cada día después de clases, sentados en círculo sobre cojines de colores vibrantes.

“¿Y saben qué? El cliente de ayer me pagó el doble solo porque le hice un ahegao perfecto mientras me corría en la boca,” se jactó Ino Yamanaka, ajustándose el escote de su blusa modificada que dejaba ver generosamente sus pechos perfectamente formados.

“¡No me digas! Yo anoche estuve con un ejecutivo que me pagó para que lo azotara con mi látigo de cuero rojo,” intervino Mina Ashido, moviendo sus caderas mientras hablaba. “Deku, ¿cómo te fue con ese cliente que te gustaba?”

Izuku Midoriya sonrió tímidamente, sus mejillas enrojecidas bajo el maquillaje. “Fue... increíble. Me hizo poner mi lencería de látex verde y me ató las manos. Me llamó ‘su pequeño perrito sumiso’ mientras me...” De repente el pelo verde de 18 años fue interrumpido

“¡Basta, Deku! No necesitamos tantos detalles,” rió Mitsuri Kanroji, aunque sus ojos brillaban con curiosidad. “Pero sí, los clientes con fetiches pagan mejor. Ayer tuve uno que quería que le cantara mientras le hacía una mamada.”

Naruto Uzumaki de 18 años se recostó sobre los cojines, exhibiendo su culo enorme contenido apenas por la falda negra acortada que usaba. “Chicas, chicas, dejen de presumir. Todos sabemos que soy la reina de los finales felices en este instituto. Ayer me pagaron 50,000 yenes solo por bailar para un grupo de ejecutivos en un hotel de lujo.”

“¿Bailar? ¿O algo más?” preguntó Tanjiro Kamado con una sonrisita inocente, aunque sus ojos delataban que sabía exactamente a qué se refería Naruto.

“Bueno, quizás un poco más que bailar,” admitió Naruto, jugando con el moño rojo de su cuello. “Pero les juro que ese hombre tenía la verga más grande que he visto en mi vida. Casi no podía...”

“¡Hablando de vergas grandes!” interrumpió Ino. “¿Alguna de ustedes ha estado con una futanari?”

El silencio se apoderó del salón por un momento. Los femboys se miraron entre sí, confundidos.

“¿Una futana-qué?” preguntó Naruto, frunciendo el ceño.

“¿No saben qué es una futanari?” se sorprendió Mitsuri. “Son mujeres con verga, tontos. Mujeres que tienen todo lo femenino, pechos, culos, caras bonitas, pero también un pene funcional.”

“Y no cualquier pene,” añadió Mina con un brillo especial en sus ojos. “Suelen ser enormes, y saben exactamente cómo usarlos. Es como tener lo mejor de ambos mundos: la belleza de una mujer y el poder de un hombre.”

“¡No me digan!” exclamó Naruto, sentándose de golpe. “¿En serio existen? ¿Mujeres con verga?”

“Claro que existen,” confirmó Ino. “Y son las mejores amantes que he tenido. Saben exactamente lo que una mujer quiere porque también lo son, pero tienen la agresividad de un hombre.”

Izuku parecía hiperventilando, sus ojos brillando con interés. “¿Y... ¿dónde se pueden encontrar?”

“Eso es secreto profesional,” sonrió Mitsuri. “Pero si tienen suerte, quizás alguna las contrate algún día.”

Naruto seguía escéptico. “No me creo. Suena como algo de un manga hentai. Mujeres con verga... ¡qué ridiculez!”

“Te equivocas, Naruto,” dijo Tanjiro con seriedad. “He oído hablar de ellas. Dicen que son increíblemente dominantes y que el placer que dan es... diferente.”

“Diferente cómo?” preguntó Naruto, ya más interesado de lo que admitiría.

“Es difícil de explicar,” respondió Mitsuri. “Es como si supieran exactamente cómo estimular todos tus puntos sensibles, tanto los de hombre como los de mujer. Es una experiencia única.”

Naruto seguía dudando, pero una parte de él sentía curiosidad. Siempre había sido aventurero, y la idea de algo nuevo y excitante lo tentaba. Justo en ese momento, su teléfono vibró. Era una notificación de su servicio de citas.

“Chicas, tengo que irme,” anunció Naruto, levantándose y ajustando su falda. “Tengo una cita.”

“¿Con quién?” preguntó Ino con curiosidad.

“Con una abogada. Dice que se llama Samui. Quiere que la vea en el parque ahora mismo,” respondió Naruto mientras se ponía su suéter caqui con escote.

“¡Samui! La abogada rubia de pechos enormes!” exclamó Mina. “Eh oído que Dicen que es muy fría y dominante!”

“Perfecto,” sonrió Naruto. “Me encantan los desafíos.”

El viaje en tren hacia el parque fue una de las especialidades de Naruto. Le encantaba el ambiente público, la oportunidad de exhibirse sin ser demasiado obvio. Se subió al vagón de mujeres, sabiendo que su aspecto andrógino le permitía pasar desapercibido, aunque su cuerpo femenino delataba su verdadera naturaleza.

El tren estaba lleno, y Naruto se encontró de pie cerca de las puertas, agarrándose a la barra superior. Se recostó ligeramente hacia adelante, arqueando su espalda para que su culo enorme se destacara bajo la falda negra acortada. Vio cómo varios hombres lo miraban con disimulo, sus ojos fijos en sus nalgas perfectas.

Naruto sonrió para sí mismo. Sabía exactamente lo que estaba haciendo. Se movió sutilmente, como si el movimiento del tren lo hiciera tambalear, permitiendo que su falda se levantara apenas lo suficiente para mostrar el borde de su lencería de leopardo. Uno de los hombres se ajustó los pantalones, y Naruto sintió una oleada de triunfo.

“Disculpa,” dijo Naruto, volviéndose hacia un hombre de negocios que estaba detrás de él. “¿Te molesto si me apoyo un poco? El tren está muy lleno.”

El hombre asintió, incapaz de apartar la vista de Naruto. Naruto se recostó ligeramente contra él, sintiendo cómo el hombre se ponía tenso. Podía sentir el calor de su cuerpo, y sabía que el hombre estaba excitado.

“Gracias,” susurró Naruto, volviéndose para darle una sonrisa coqueta. “Eres muy amable.”

El hombre tragó saliva, y Naruto sintió cómo su pequeño pene se endurecía bajo la falda. Le encantaba este poder, esta capacidad de excitar a los hombres con solo su presencia.

Cuando llegó a su parada, Naruto se bajó del tren con un movimiento gracioso, asegurándose de que su falda se levantara un poco más al hacerlo. Vio cómo varios hombres lo seguían con la mirada mientras se alejaba, y se rio para sí mismo. Eran tan predecibles.

El parque estaba lleno de gente, pero Naruto encontró fácilmente el lugar donde debía encontrarse con Samui. Era un banco cerca del estanque, y una mujer rubia de pechos enormes estaba sentada allí, vestida con un traje de negocios caro que contrastaba con el ambiente casual del parque.

Naruto se acercó, pero cuando vio el tamaño de los pechos de Samui, hizo un puchero sin poder evitarlo. Eran enormes, mucho más grandes que los de cualquiera de las chicas de su grupo, y parecían a punto de salirse de la blusa ajustada que usaba.

“Samui-san,” dijo Naruto, recuperando rápidamente su compostura y entrando en modo cita. “Soy Naruto. Encantado de conocerte.”

Samui levantó la vista, y sus ojos azules helados recorrieron el cuerpo de Naruto. “Tienes cinco minutos para impresionarme,” dijo con su voz fría.

Naruto sonrió, acostumbrado a este tipo de desafíos. “Samui-san, he oído mucho sobre usted. Dicen que es la mejor abogada de la ciudad, y también... la mejor amante.”

Samui arqueó una ceja. “¿Y quién te ha dicho eso?”

“Las chicas hablan,” sonrió Naruto, sentándose junto a ella y asegurándose de que su pierna rozara la de ella. “Y dicen que usted es... especial.”

“Especial,”

Samui arqueó una ceja. “¿Y quién te ha dicho eso?”

“Las chicas hablan,” sonrió Naruto, sentándose junto a ella y asegurándose de que su pierna rozara la de ella. “Y dicen que usted es... especial.”

“Especial,” repitió Samui, sin apartar la vista de él. “Interesante elección de palabras. Te ves diferente en persona. Más... curvilíneo.”

Naruto se estremeció ligeramente bajo su mirada penetrante. “Intento siempre dar lo mejor de mí, Samui-san. ¿Le gusta lo que ve?”

Samui se recostó en el banco, cruzando las piernas. Su falda de negocios se deslizó hacia arriba, revelando unos muslos tonificados y firmes. “Tienes potencial. Pero las palabras son baratas. Prefiero la acción.”

“Entonces acción tendrá,” susurró Naruto, acercándose más. Su perfume dulce mezclado con el aroma del parque creaba una atmósfera intoxicante. “¿Dónde le gustaría... demostrar mi valía?”

Samui miró a su alrededor, sus ojos analíticos escaneando el entorno. “Aquí hay demasiada gente. Pero veo que los baños públicos están cerca. ¿Tienes miedo de un poco de riesgo?”

Naruto rio, una risa melodiosa y provocadora. “¿Miedo? Samui-san, el riesgo es lo que me excita. Lléveme donde quiera.”

Samui se levantó con una gracia felina, y Naruto no pudo evitar admirar su figura. Sus pechos enormes se balanceaban sutilmente con cada paso, y su culo firme se movía con una confianza que intimidaba y excitaba a Naruto al mismo tiempo.

Los baños públicos estaban sorprendentemente limpios, con un olor a desinfectante que apenas cubría los olores más primales. Samui empujó la puerta del último cubículo y entró, seguida de cerca por Naruto.

Una adentro, Samui cerró la puerta con un chasquido. El espacio era pequeño, apenas suficiente para los dos. El aire se sentía denso, cargado de anticipación.

“Entonces,” comenzó Naruto, su voz ya más baja y seductora. “¿Cómo le gusta? ¿Suave y lento, o prefiere que sea más... rudo?”

Samui se recostó contra la puerta, sus brazos cruzados bajo sus pechos enormes, haciéndolos parecer aún más grandes. “¿Qué es lo que ofreces?”

Naruto sonrió, comenzando a quitarse su suéter caqui. “Ofrezco todo lo que pueda desear. Puedo ser su sumiso, su amante apasionado, su juguete...” Se quitó el suéter y lo colgó de un gancho en la pared del cubículo, revelando su blusa blanca con el escote profundo que mostraba su piel bronceada y el inicio de su pequeño busto.

Samui observaba en silencio, sus ojos helados sin revelar emoción. “Interesante. Sigue.”

Naruto se desabrochó la blusa lentamente, dejándola caer al suelo. Su torso delgado pero femenino quedaba al descubierto, con sus pechos pequeños de copa A y sus pezones rosados ya erectos. “¿Le gusta lo que ve, Samui-san? ¿O prefiere que me gire?”

“Gira,” ordenó Samui, su voz un susurro bajo y autoritario.

Naruto obedeció, mostrando su espalda y su culo enorme contenido por la falda negra. Se movió con gracia, balanceando sus caderas en un movimiento hipnótico. “¿Y ahora? ¿Le gusta mi trasero? Dicen que es mi mejor atributo.”

Samui se acercó, y Naruto sintió su calor a su espalda. “Es... impresionante. Muy grande. Muy femenino.”

Naruto sonrió, sintiendo el triunfo. “Gracias. Me esfuerzo mucho en mantenerlo así.” Se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo, revelando su lencería de estampado de leopardo que apenas contenía su culo enorme. Sus calentadores para pies se detenían justo encima de sus rodillas, resaltando sus piernas gruesas y gordas.

“Ahora sí,” susurró Samui, su voz llena de un deseo que Naruto no había oído antes. “Quítate todo.”

Naruto obedeció, quitándose los calentadores y la lencería hasta quedar completamente desnudo. Su piel bronceada brillaba bajo la luz fluorescente del baño, y su pequeño pene de 15 cm estaba completamente erecto.

“¿Y ahora, Samui-san?” preguntó Naruto, volviéndose para enfrentarla. “¿Cómo le gustaría empezar? ¿Quiere que me arrodille y le...”

Naruto se calló de repente, sus ojos fijos en el entrepierna de Samui. Mientras él se desnudaba, ella también lo había hecho, y ahora, entre sus piernas, había algo que Naruto nunca había visto.

Era un pene. Un pene enorme, de al menos 30 centímetros, completamente erecto y más grueso que la muñeca de Naruto. Sobresalía de entre las piernas de Samui como un monumento al placer, con venas prominentes y una cabeza rosada y brillante.

“¿Qué... qué es eso?” preguntó Naruto, su voz temblando. Sus ojos estaban abiertos de par en par, y su mente luchaba por procesar lo que estaba viendo.

Samui sonrió, una sonrisa genuina esta vez, llena de poder y satisfacción. “Esto, Naruto, es lo que hace que las chicas vuelvan por más. Esto es una futanari. Y tú vas a aprender a adorarla.”

Naruto no podía creerlo. Era verdad. Las chicas no mentían. Las futanaris existían, y estaba frente a una, completamente desnuda y con un pene que lo intimidaba y excitaba al mismo tiempo.

“Es... es enorme,” susurró Naruto, sin poder apartar la vista. “Más grande que cualquier cosa que haya visto.”

“Y sabe cómo usarlo,” dijo Samui, acercándose más. Su pene enorme rozó el estómago de Naruto, y él se estremeció. “Pero antes, necesitas aprender a obedecer. Arrodíllate.”

Naruto obedeció sin dudarlo, sus rodillas tocando el suelo frío del baño. Estaba frente al pene enorme de Samui, tan cerca que podía sentir su calor y oler su aroma masculino.

“Ábrete,” ordenó Samui.

Naruto abrió la boca, y Samui introdujo la cabeza de su pene. Naruto sintió cómo se estiraba, cómo llenaba su boca como nunca antes. Era casi demasiado grande, pero el sabor, la sensación, era increíble.

“Ah, sí,” gimió Samui, introduciendo más de su pene en la boca de Naruto. “Así me gusta. Usa esa lengua, muéstrame lo que sabes hacer.”

Naruto obedeció, moviendo su lengua alrededor de la cabeza del pene de Samui, saboreando cada centímetro. Samui comenzó a moverse, lentamente al principio, luego más rápido, follando la boca de Naruto con un ritmo que lo dejaba sin aliento.

“¡Mierda, sí! ¡Así!” gritó Samui, agarrando el pelo rubio de Naruto y empujando su pene más profundo. “¡Tómalo todo, puto!”

Naruto sentía lágrimas en sus ojos, pero no eran de dolor, eran de puro placer. Nunca se había sentido tan usado, tan dominado, tan vivo. Samui lo estaba follando la boca con una fuerza brutal, y él lo amaba.

“¡Voy a correrme!” gritó Samui. “¡Trágate todo, puto!”

Naruto sintió cómo el pene de Samui se endurecía aún más, y luego, una explosión de calor llenó su boca. Era mucho más de lo que esperaba, y se tragó todo, ansioso por no perder una gota.

Cuando Samui se retiró, Naruto jadeaba, su boca abierta y su cara cubierta de saliva y semen. Samui lo miró con satisfacción, su pene todavía enorme y erecto.

“No está mal,” dijo Samui. “Pero eso fue solo el calentamiento. Ahora vamos a lo serio.”

Naruto sonrió, su pequeño pene erecto y goteando. “Estoy listo, Samui-san. Fólleme como se merece.”

Samui lo levantó y lo obligó a recostarse contra la pared del cubículo. “Voy a follar ese culo enorme tuyo hasta que no puedas caminar,” susurró Samui en su oído. “Voy a hacerte mío.”

Naruto gimió de anticipación. Samui le pasó la mano por el culo.

Luego samui lo levantó y lo obligó a recostarse contra la pared del cubículo. “Voy a follar ese culo enorme tuyo hasta que no puedas caminar,” susurró Samui en su oído. “Voy a hacerte mío.”

Naruto gimió de anticipación. Samui le pasó la mano por el culo, sus dedos fríos recorriendo la piel caliente y temblorosa. El contraste lo hizo estremecer. Samui aún llevaba puesto su saco gris, aunque estaba completamente abierto, al igual que su camisa blanca, dejando al descubierto sus pechos enormes y perfectos, que se balanceaban con cada movimiento.

“Por favor, Samui-san,” suplicó Naruto, empujando su culo hacia atrás, buscando más contacto. “Necesito sentirlo dentro de mí. Necesito que me rompa ese culo con su verga.”

Samui soltó una risa baja y dominante. “Tanta prisa. Los chicos como tú siempre son los más ansiosos.” Con una mano, mantuvo a Naruto inmovilizado contra la pared, y con la otra, buscó en el bolsillo de su saco. Sacó un pequeño paquete de plata y lo rasgó con los dientes. De allí extrajo un condón negro, tan oscuro como la noche.

Naruto observó con los ojos muy abiertos, fascinado. “Un condón negro... nunca he usado uno. Se ve... tan sexy.”

“Es para marcar mi territorio,” dijo Samui mientras se desenrollaba el látex oscuro sobre su pene monumental. El contraste entre el condón negro y su piel pálida era hipnótico. El pene encapuchado parecía aún más grande, más amenazante, más prometedor. “Ahora, prepárate.”

Samui escupió en su mano y pasó la saliva por el ano de Naruto, que se contrajo de placer al contacto. No fue mucha lubricación, y Naruto sabía que iba a doler. Sabía que Samui lo hacía a propósito.

“¡Ah! ¡Sí! ¡Prepáreme para esa verga enorme!” gritó Naruto, arqueando la espalda.

Samui posicionó la cabeza del condón negro en la entrada del culo de Naruto. “Pídemelo,” ordenó, su voz un gruñido bajo y autoritario. “Pídemelo como el puto sumiso que eres.”

“¡Por favor, Samui-san! ¡Fólleme! ¡Rompa mi culo con su verga! ¡Necesito sentirla dentro de mí ahora mismo!” gritó Naruto, sin importar si alguien fuera del baño podía oírlo.

Con un gruñido de satisfacción, Samui empujó. La cabeza de su pene enorme penetró el anillo apretado de Naruto, y un grito de dolor y placer escapó de los labios de este. Era como si estuviera siendo desgarrado en dos, pero el dolor se mezclaba con un placer tan intenso que casi lo hacía perder el sentido.

“¡DIOS! ¡SÍ! ¡MÁS PROFUNDO!” gritó Naruto, mientras Samui introducía más y más de su pene en su culo.

Samui no tuvo piedad. Con cada embestida, entraba más profundo, estirando a Naruto hasta su límite. El condón negro se deslizaba dentro y fuera, una mancha oscura contra la piel pálida de Naruto.

“¡Mira qué culo tan grande tienes!” gritó Samui, agarrando las caderas de Naruto con tanta fuerza que dejó marcas rojas. “¡Hecho para ser follado! ¡Hecho para mí!”

Naruto estaba en el cielo. Cada embestida de Samui lo llenaba más, lo llevaba más cerca del éxtasis. Su pequeño pene de 15 cm estaba tan erecto que dolía, goteando líquido preseminal sobre el suelo del baño.

“¡Soy su puto! ¡Su puto personal!” gritó Naruto, moviendo su culo al ritmo de las embestidas de Samui. “¡Úsame como quiera! ¡Rómpame!”

Samui aceleró el ritmo, sus pelvis golpeando el culo de Naruto con un sonido rítmico y húmedo. “¡Tómalo todo! ¡Toda mi verga dentro de ese culo enorme!”

Naruto sentía cómo se llenaba, cómo cada centímetro de su interior era estimulado por el pene de Samui. Nunca se había sentido tan lleno, tan completo. El dolor se había transformado en un placer puro y abrumador.

“¡Voy a correrme! ¡Voy a correrme dentro de ese culo!” gritó Samui, su respiración agitada.

“¡Sí! ¡Corra dentro de mí! ¡Lléname con su semen!” suplicó Naruto, sintiendo cómo su propio orgasmo se acercaba.

Con un último grito, Samui se hundió hasta el fondo, y Naruto sintió cómo el condón se expandía dentro de él mientras Samui se corría. Esa sensación fue suficiente para empujar a Naruto al borde, y con un grito de éxtasis, se corrió sobre la pared del baño, su pequeño pene disparando chorros de semen blanco.

Samui se retiró lentamente, y Naruto sintió un vacío inmediato. Se deslizó por la pared hasta sentarse en el suelo, jadeando, su cuerpo temblando de placer. La rubia, con una calma casi insultante, se quitó el condón usado. Con un movimiento descuidado de su muñeca, lo arrojó. Aterrizó con un sonido húmedo justo encima de la pila de ropa de Naruto, manchando el suéter caqui y la falda negra con una prueba tangible de su rendición.

Samui no dijo nada. Simplemente se sentó en el retrete con las piernas abiertas, su pene monumental, ahora liberado del látex, todavía erecto y palpitando sobre su muslo. Parecía un trofeo de guerra, desafiante y poderoso. Su mirada fría se clavó en Naruto, una orden no verbal.

Naruto entendió al instante. El instinto de servicio, el deseo de complacer y de seguir sintiendo esa increíble plenitud, se apoderó de él. Se arrastró hacia su ropa, ignorando el condón usado que goteaba sobre su suéter, y buscó frenéticamente en el pequeño bolso que había dejado caer. Sacó otro condón, esta vez de un color rojo vibrante.

Con manos temblorosas, se arrodilló frente a Samui, que lo observaba con una paciencia predatoria. Naruto deslizó el condón rojo sobre el pene todavía duro de la abogada, sus dedos rozando la piel caliente y firme. El látex rojo contrastaba espectacularmente con la piel pálida de Samui, parecía una llama lista para consumirlo.

“Sube,” ordenó Samui, su voz un susurro ronco que vibró en el aire denso del baño.

Naruto no necesitó que se lo dijera dos veces. Se puso de pie, una pierna a cada lado de las de Samui, y se agachó lentamente, posicionando el ano sobre la cabeza enrojecida del condón. Miró a Samui a los ojos, un desafío y una súplica mezclados en su mirada azul. Con un movimiento lento y deliberado, se dejó caer.

“¡Aaaah!” El grito escapó de su garganta cuando el pene volvió a penetrarlo. Esta vez, él controlaba el ritmo, la profundidad. Se hundió lentamente, sintiendo cada centímetro del miembro de Samui abriéndolo, llenándolo de nuevo. No se detuvo hasta que sus nalgas se posaron sobre los muslos de Samui, completamente empalado.

“¡Mierda! ¡Sí! ¡Así!” gritó Naruto, comenzando a moverse. Levantó su cuerpo lentamente, casi hasta que la cabeza del pene estuvo a punto de salir, y luego se dejó caer de nuevo, más rápido esta vez. Estaba montándola, usando su enorme culo para follar el pene de Samui, y el placer era abrumador.

Samui lo observaba, sus ojos helados ahora ardiendo con un fuego salvaje. Sus manos subieron por las piernas de Naruto, sus uñas arañando su piel, hasta que se aferraron a sus caderas, ayudándolo a moverse, empujándolo más profundo con cada embestida.

“Bésame,” siseó Samui.

Naruto se inclinó hacia adelante, su torso delgado presionando contra los pechos enormes y firmes de Samui. Sus labios se encontraron en un beso salvaje y desesperado. No era un beso tierno; era una batalla de dominación. Samui mordió el labio inferior de Naruto, y él gimió de dolor y placer, devolviendo el mordisco con igual ferocidad.

Sus lenguas se enredaron, luchando, mientras Naruto continuaba montándola, cada movimiento más rápido, más profundo. El baño se llenaba con los sonidos de su sexo: el golpe rítmico de su piel contra la de Samui, sus gemidos ahogados por el beso, el jadeo de su respiración.

“¡Eres mío!” gruñó Samui contra sus labios, rompiendo el beso por un momento. “¡Este culo es mío!”

“¡Sí! ¡Soy suyo! ¡Todo suyo!” respondió Naruto, antes de volver a clavar sus labios en los de ella.

Naruto sentía cómo su propio pene, pequeño y erecto, se frotaba contra el estómago liso de Samui con cada movimiento. La estimulación era casi demasiado, una sobrecarga sensorial que lo llevaba al borde una y otra vez.

“¡Más rápido! ¡Más duro!” exigió Naruto, y Samui obedeció, levantando las caderas para encontrarse con cada caída de Naruto, embistiéndolo con una fuerza que lo dejaba sin aliento.

El cubículo parecía encogerse, el mundo se reducía a los dos cuerpos unidos, al pene rojo que desaparecía y reaparecía, a los labios que se mordían y a las manos que se aferraban. Naruto sentía que se disolvía en placer, que su identidad se fusionaba con la de Samui, que solo existía para ser follado por esta increíble mujer.

El ritmo se convirtió en una frenesí. Naruto, perdido en un mar de placer, ya no pensaba, solo actuaba por instinto. Cada vez que se dejaba caer, lo hacía con más fuerza, buscando el fondo, buscando ese punto de dolor que se transformaba en éxtasis. Samui, por su parte, había dejado de ser una observadora pasiva. Sus caderas se elevaban para encontrarse con cada embestida de Naruto, una fuerza simbiótica que los impulsaba hacia un único objetivo.

“¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!” gritaba Naruto contra los labios de Samui, las palabras convertidas en jadeos y gemidos incoherentes. “¡Más! ¡Dame más!”

Samui respondió con un gruñido animal, sus manos deslizándose desde las caderas de Naruto hasta agarrar sus nalgas enormes, separándolas para permitir una penetración aún más profunda. El sonido de su piel golpeando la de Naruto era como un tambor de guerra, rápido y ensordecedor.

“¡Voy a... voy a...!” balbuceó Naruto, sintiendo cómo la presión en su interior y el roce de su propio pene contra el estómago de Samui lo empujaban al límite.

“¡Corre, puto!” ordenó Samui, mordiéndole el cuello. “¡Corre para mí!”

Con un último grito desgarrador, Naruto se estremeció violentamente. Su pequeño pene disparó otro chorro de semen, esta vez sobre el estómago y los pechos enormes de Samui. La contracción de su culo durante el orgasmo fue el detonante final para Samui.

“¡Mierda!” gritó la rubia, arqueando la espalda y hundiéndose una última vez. Naruto sintió cómo el condón rojo se expandía dentro de él por segunda vez, llenándolo con el calor de la liberación de Samui.

Permanecieron así un momento, abrazados, temblando, sus cuerpos pegajosos de sudor y semen. El aire olía a sexo, un aroma denso y primal que llenaba los pulmones de Naruto. Lentamente, se deslizó del regazo de Samui, sus piernas temblando tanto que casi no puede mantenerse en pie.

Pero no había terminado. La sed no estaba saciada. Con una determinación renovada, Naruto se arrodilló frente a Samui. Con una delicadeza que contrastaba con la ferocidad de sus actos anteriores, deslizó sus dedos por la base del condón rojo y lo retiró del pene todavía semi-erecto de Samui. Miró el condón lleno, luego a Samui, y con un movimiento ceremonial, lo amarró en un nudo apretado. Lo arrojó junto al condón negro, que yacía como un trofeo usado sobre su ropa. Dos pruebas de su rendición.

“Otra vez,” susurró Naruto, su voz ronca por los gritos. “Necesito más. Por favor, Samui-san, fólleme otra vez.”

Samui lo miró, una sonrisa de satisfacción pura en sus labios. “Tienes hambre. Me gusta.” Sin decir más, se levantó y fue hacia su saco, que colgaba del gancho de la puerta. Sacó otro condón, este de un color azul eléctrico.

Naruto, entendiendo la orden sin que se pronunciara, se colocó de pie contra la puerta del cubículo, dándole la espalda a Samui. Apoyó sus manos en la puerta, arqueando la espalda y presentando su culo enorme y ya usado. Miró por encima de su hombro, sus ojos brillando con un desafío lascivo.

Samui se acercó por detrás, su cuerpo caliente presionando contra el de Naruto. Naruto sintió cómo ella se ponía el condón azul, y luego, sin previo aviso, volvió a penetrarlo.

“¡DIOS!” gritó Naruto, el golpe directo y sin preparación lo envió a un nuevo plano de placer. Era más profundo esta vez, más intenso. Samui no tuvo piedad, comenzó a moverse de inmediato, con un ritmo brutal y sin descanso.

Naruto perdió el control. Su cabeza cayó hacia atrás, su boca se abrió en un grito silencioso. Sus ojos se rolling hacia atrás en sus órbitas, dejando solo las blancas. Su lengua, larga y rosada, colgó de su boca. Un ahegao de placer puro, la expresión de alguien que había trascendido el dolor y se sumergido por completo en el éxtasis.

“¡Mírate! ¡Qué puto más perfecto!” gritó Samui, agarrándole el pelo y tirando de su cabeza hacia atrás para aumentar el arco de su espalda. “¡Tu cara dice que lo amas! ¡Di que lo amas!”

“¡Lo... lo amo!” logró balbucear Naruto, las palabras apenas reconocibles. “¡Amo su verga! ¡Amo que me folle!”

Samui aceleró aún más, sus embestidas eran tan fuertes que la puerta del cubículo temblaba con cada golpe. El sonido de su piel contra la de Naruto era un chapoteo constante, una sinfonía de sexo crudo y sin filtros.

“¡Este culo es mío!” gritó Samui, dando una fuerte nalgada a Naruto, que dejó una marca roja perfecta en su piel bronceada. “¡Te voy a marcar! ¡Te voy a dejar tan abierto que solo puedas pensar en mi verga!”

Naruto solo podía gemir, su cuerpo completamente a merced de Samui. Cada embestida lo llenaba, cada nalgada lo encendía, cada palabra sucia lo empujaba más profundo en el abismo del placer. Estaba siendo violado, usado, y lo amaba. Lo ansiaba. Necesitaba más.

El ritmo salvaje continuó, una percusión de carne contra carne que resonaba en el pequeño cubículo como un latido cardíaco frenético. Samui, una máquina de placer implacable, no mostraba signos de cansancio. Sus embestidas eran precisas, profundas, diseñadas para maximizar el placer y el dolor de Naruto.

De repente, con un movimiento que demostraba una fuerza increíble, Samui cambió la dinámica. Sin detener su ritmo, agarró una de las piernas de Naruto por detrás de la rodilla. Con un esfuerzo poderoso, la levantó y la colocó sobre su propio hombro.

“¡Aaaah! ¡Mierda! ¡Así! ¡Más profundo!” gritó Naruto, sintiendo el cambio inmediato. La nueva posición abrió su ángulo de penetración, permitiendo que el pene azul de Samui llegara a lugares ni siquiera sabía que existían. Su pierna, alta en el aire, temblaba, el músculo estirado al límite.

Samui usó la nueva ventaja para embestir con aún más ferocidad. Ahora tenía un control total, y cada golpe era directo, brutal. Su pelvis golpeaba el culo de Naruto con un fuerza que lo empujaba contra la puerta, que crujía bajo el impacto.

“¡Mira qué flexible eres, puto!” siseó Samui, su voz llena de un deseo cruel. “¡Hecho para ser usado en cualquier posición!”

Naruto no podía responder. Su mente se había desconectado, flotando en un océano de sensaciones abrumadoras. Solo podía emitir sonidos guturales, gemidos y gritos que eran música para los oídos de Samui. Su pequeño pene, erecto y goteando, se frotaba contra la puerta con cada embestida, añadiendo otra capa de estimulación a la ya abrumadora experiencia.

“¡Voy a... a...!” balbuceó Naruto, sintiendo cómo un nuevo orgasmo se acumulaba en su interior, más intenso que los anteriores.

“¡Corre! ¡Corre mientras te follo!” ordenó Samui, acelerando su ritmo hasta un nivel casi sobrehumano.

Con un grito que era casi un sollozo, Naruto se corrió por tercera vez. Su cuerpo se convulsionó, sus piernas temblaron violentamente y su pequeño pene disparó un último chorro de semen, esta vez manchando la puerta del cubículo. La contracción violenta de su ano apretó el pene de Samui, y eso fue suficiente para llevarla al borde.

“¡Tómalo! ¡Tómalo todo!” gritó Samui, hundiéndose hasta el fondo y liberando su carga dentro del condón azul.

Se quedaron así un momento, Samui recostada sobre la espalda de Naruto, ambos jadeando, sus cuerpos sudorosos pegados el uno al otro. Lentamente, Samui retiró su pierna del hombro de Naruto, que se desplomó contra la puerta, sin fuerzas.

Pero Samui aún no había terminado. Se retiró de Naruto, y con la misma eficiencia fría, se quitó el condón azul. Lo amarró y lo arrojó a la pila creciente junto a los otros dos. Tres condones de colores, tres testamentos de su dominio.

Naruto, completamente agotado, se deslizó por la puerta hasta sentarse en el excusado. Sus piernas estaban abiertas, su cuerpo tembloroso, su cabeza ladeada. Su rostro mostraba una mezcla de agotamiento y una lujuria insaciable. Estaba roto, pero aún ansiaba más.

Samui lo observó, sus ojos helados analizando su obra. Un pequeño sonrió se dibujó en sus labios. Se acercó y, sin una palabra, agarró ambas piernas de Naruto por los tobillos. Las levantó, las estiró, empujándolas hacia arriba y hacia atrás, hasta que las rodillas de Naruto tocaron sus propios hombros.

Naruto gimió, la posición extrema lo estiraba hasta el límite, dejándolo completamente expuesto y vulnerable. Su culo, ya rojo y usado, estaba elevado y abierto, una invitación directa.

Samui se arrodilló frente a él, su pene, milagrosamente, ya estaba erecto de nuevo. Sacó otro condón de su saco, este de un verde neón, y se lo puso con una rapidez practiced. Luego, sin previo aviso, volvió a encajar su verga en el culo abierto de Naruto.

“¡DIOS SÍ!” gritó Naruto, aunque su voz era apenas un susurro ronco. El dolor y el placer se fusionaron en una sola sensación abrumadora.

Samui comenzó a moverse de nuevo, esta vez con un ritmo más lento pero igual de profundo. Cada embestida era un acto de posesión total. Naruto, atrapado en esa posición, no podía moverse, solo podía recibir. Y recibir lo hacía con una sonrisa de lujuria pura en su rostro. Sus ojos estaban vidriosos, su boca abierta en un ahegao perpetuo.

“¿Te gusta? ¿Te gusta que te folle así?” preguntó Samui, su voz baja y dominante.

Naruto asintió lentamente, su sonrisa ensanchándose. “Sí... sí... fólleme... úsame... soy suyo...”

Samui sonrió, satisfecha. Había roto a Naruto completamente, y ahora era suyo para usar como quisiera. Y Samui tenía muchas más ideas en mente.

Samui continuó follando a Naruto en esa posición extrema, un largo rato que se convirtió en una eternidad de placer y dolor. El ritmo de la rubia era implacable, una fuerza de la naturaleza que no conocía la piedad. Cada embestida era profunda, calculada para golpear ese punto mágico dentro de Naruto que lo hacía ver estrellas.

El condón verde neón se deslizaba dentro y fuera del culo rojo y hinchado de Naruto, un espectáculo de colores vivos y carnes palpitantes. El sonido húmedo de su unión llenaba el cubículo, mezclado con los gemidos incontrolables de Naruto, que ya no formaba palabras coherentemente.

“Sa...mui...ama...más...” balbuceó Naruto, su mente completamente borrada por el placer. Ya no pensaba en nada más. No en el instituto, no en sus amigos, no en su sueño de ser actriz porno. Solo existía este momento, esta sensación, esta mujer que lo estaba despedazando y reconstruyendo al mismo tiempo. Samui era su nueva ama, y él era su juguete, su puto, su propiedad.

Samui sintió cómo se acercaba a otro orgasmo. En lugar de frenar, aceleró, sus embestidas se volvieron más cortas y rápidas, martilleando el culo de Naruto con una ferocidad que lo hizo gritar.

“¡Mierda, aquí voy otra vez!” gritó Samui, y con un gruñido profundo, se corrió dentro del condón verde. Naruto sintió la familiar expansión del látex dentro de él, pero Samui no se detuvo. Para su sorpresa y deleite, la rubia siguió moviéndose, follándolo a través de su propio orgasmo, la sensibilidad extrema de su pene haciéndola gemir y gritar.

“¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!” chilló Naruto, sintiendo cómo el continued estímulo lo empujaba hacia otro plano de éxtasis. Estaba siendo follado mientras su ama se corría, marcándolo como suyo desde el interior.

Samui continuó así por varios minutos más, una maratona de sexo que parecía no tener fin. Finalmente, después de una secuencia de embestidas tan brutal que hizo que el excusado temblara bajo ellos, Samui se corrió por segunda vez consecutiva, un grito gutural escapando de sus labios mientras su cuerpo se estremecía.

Esta vez, sí se detuvo. Se separó de Naruto lentamente, y el femboy sintió el vacío again, pero esta vez estaba tan lleno del semen de su ama que apenas lo notó. Samui se puso de pie, su cuerpo brillando de sudor, y se quitó el condón verde. Lo amarró con un movimiento practiced y lo arrojó a la pila. Cuatro condones de colores, como un arcoíris de su sumisión.

Luego, Samui hizo algo inesperado. Sacó su teléfono del bolsillo de su saco. La pantalla iluminó el rostro de Naruto, que yacía en el excusado con las piernas todavía abiertas, su cuerpo cubierto de sudor y semen, su rostro mostrando una mezcla de agotamiento y felicidad pura.

“Sonríe para la cámara, puto,” ordenó Samui.

Naruto, sin la fuerza ni la voluntad para resistirse, hizo exactamente eso. Una sonrisa amplia y pícara, la sonrisa de una zorra que había sido completamente satisfecha y que sabía que había complacido a su ama. El flash del teléfono iluminó el cubículo por un instante, capturando la imagen para siempre.

Samui guardó el teléfono, satisfecha. Tenía un nuevo trofeo. Luego, miró a Naruto, que todavía sonreía tontamente. La rubia parecía considerar algo, y luego, una decisión se formó en su mente.

“Te has portado excepcionalmente bien, Naruto,” dijo Samui, su voz un poco más suave, aunque aún cargada de autoridad. “Mereces una recompensa.”

Con una gracia que contrastaba con su brutalidad anterior, Samui se arrodilló entre las piernas abiertas de Naruto. Sus enormes pechos, liberados de la camisa abierta, colgaban pesados y perfectos. Tomó el pequeño pene de Naruto, todavía erecto y sensible, y lo colocó entre su senos.

“¿Qué... qué va a hacer?” preguntó Naruto, sus ojos abriéndose de par en par.

“Recompensarte,” respondió Samui, y luego presionó sus pechos juntos, envolviendo el pene de Naruto en un calor y una suavidad indescriptibles.

Comenzó a moverse, deslizando sus pechos arriba y abajo por el eje de Naruto. La sensación fue increíble. La piel suave y firme de Samui, combinada con el calor de su cuerpo, creaba una fricción que enviaba oleadas de placer a través de todo el sistema nervioso de Naruto.

“¡Ah! ¡Samui-sama! ¡Sí! ¡Así!” gritó Naruto, arqueando la espalda. Nunca había sentido nada igual. Era suave, cálido, increíblemente estimulante.

Samui continuó con su paizuri, su ritmo constante y seguro. Miraba a Naruto a los ojos, su expresión dominante incluso mientras le daba placer. Sus pechos enormes se movían con una gracia hipnótica, y Naruto sentía cómo se acercaba a otro orgasmo, este diferente, más centrado, más intenso.

“¡Corre para mí, puto. Corre entre mis pechos,” susurró Samui, y esas palabras fueron suficiente.

Con un grito agudo, Naruto se corrió por cuarta vez. Su pequeño pene disparó chorros de semen que salpicaron el cuello y la parte inferior de los pechos de Samui. El orgasmo fue tan intenso que su visión se nubló, y por un momento, solo existió el placer puro.

Cuando recuperó el sentido, Samui se estaba limpiando el semen de su pecho con un dedo, llevándoselo a la boca y probándolo con una expresión pensativa.

“Salado,” dijo Samui, y luego se levantó. “Ahora, vístete. Tu tiempo ha terminado.”

Naruto, todavía temblando, asintió lentamente. Sabía que esta era solo el comienzo.

Samui se vistió con una calma y una normalidad que resultaban insultantes. Como si no acabara de pasar la última hora destrozando a un adolescente en un baño público. Se ajustó su saco gris, cubriendo sus pechos enormes que habían sido el centro de tanto placer, y abrochó un solo botón de su camisa blanca, dejando un escote que era a la vez profesional y provocador. Su falda de negocios quedó impecable, no una sola arruga. Era como si el caos sexual que acababa de desatar fuera solo un desvío menor en su día perfectamente controlado.

Naruto, en cambio, era un desastre. Se levantó del excusado con las piernas temblando tanto que tuvo que apoyarse en la pared para no caer. Su cuerpo era un mapa de dolor y placer. Se agachó lentamente, cada movimiento un suplicio, para recoger su ropa. El suéter caqui estaba manchado y húmedo donde había caído el primer condón. No le importó. Con manos torpes, se vistió, la tela rasposa sobre su piel sensible y marcada. Luego, hizo algo que Samui observó con un interés arqueado. Tomó los cuatro condones usados, atados y llenos, y con una delicadeza casi reverencial, los deslizó bajo la tanga de su lencería de leopardo, donde quedaron sujetos contra su piel, un recordatorio cálido y húmedo de su sumisión.

“¿Listo?” preguntó Samui, su voz ya de vuelta a su tono profesional y frío.

Naruto asintió, pero cuando intentó dar un paso, sus piernas se doblaron. Se habría caído si Samui no hubiera intervenido rápidamente, agarrándolo por el brazo.

“Vaya, sí que te dejé hecho polvo,” dijo Samui, y por primera vez, Naruto detectó una pizca de genuino orgullo en su voz. “Ven. Te ayudaré a salir.”

Apoyado en Samui, Naruto caminó hacia la puerta del cubículo. Samui la abrió, y salieron al área principal de los baños. Fue entonces cuando Naruto lo notó. No estaban solos.

De los otros cubículos se oían susurros ahogados y jadeos sofocados. En uno, una cabeza de pelo rosa con dos flores se asomó por un instante antes de desaparecer con un gemido. Sakura Haruno. En otro, vio el reflejo de unos lentes oscuros sobre el suelo y una mano con pintura negra de uñas que se frotaba frenéticamente entre las piernas. Hinata Hyuga. Y en el último, escuchó un susurro bajo y excitado: “Mierda, eso es tan caliente... más fuerte, Tenten...” seguido de un gemido que reconocía como el de Ino Yamanaka.

Todas habían estado escuchando. Todas se habían estado masturbando. La idea envió una ola de calor y vergüenza a través del cuerpo de Naruto, seguida inmediatamente por un orgullo inmenso. No solo había sido usado por Samui; había sido un espectáculo para otras mujeres.

Samui pareció notarlo también, pero no mostró ninguna reacción. Simplemente apretó el brazo de Naruto y lo guio hacia la salida, ignorando por completo a las otras ocupantes de los baños.

Al salir de la puerta de los baños, el aire fresco de la noche golpeó a Naruto. Se sorprendió al ver que era completamente de noche. El cielo estaba oscuro, salpicado de estrellas, y las farolas del parque creaban largas sombras. Habían estado dentro por horas.

Se detuvieron en un sendero de grava. Samui se giró hacia Naruto. Por un momento, su máscara profesional se cayó, y sus ojos azules mostraron algo más, algo que se parecía peligrosamente al afecto.

Agarró a Naruto por las mejillas, sus pulgares acariciando su piel bronceada y marcada. Luego, se inclinó y le dio un beso. No fue un beso salvaje ni dominante. Fue un beso húmedo, lento, un beso de despedida que prometía más. Sus lenguas se encontraron brevemente, un último sabor a poder y sumisión.

“Has sido un buen chico, Naruto,” susurró Samui al separarse. “Te llamaré.”

Y con eso, se dio la vuelta y se alejó con su paso elegante y seguro, desapareciendo en la oscuridad hacia el estacionamiento.

Naruto se quedó solo, temblando ligeramente en el aire fresco. Se tocó los labios, todavía sintiendo el beso de Samui. Una sonrisa boba y tonta se extendió por su rostro. Comenzó a caminar hacia casa, pero su andar era cojera, cada paso un recordatorio del brutal tratamiento que su cuerpo había recibido.

Pero no sentía dolor. Solo sentía una felicidad radiante. Su mente ya estaba trabajando, imaginando la cara de Deku y Tanjiro cuando les contara todo. Les contaría sobre las futanaris, sobre Samui, sobre cómo había sido completamente dominado y cómo lo había amado. Les contaría sobre los condones que llevaba consigo como trofeos.

Mientras caminaba, sintió algo húmedo correr por su pierna. Miró hacia abajo. Su pequeño pene, todavía sensible, goteaba el último de su semen, manchando la parte interior de su falda. Era la prueba final de su experiencia.

Naruto rio, una risa baja y feliz. Estaba roto, usado y dolorido. Y nunca se había sentido mejor. Sabía que su vida había cambiado para siempre. Y no podía esperar a ver qué le traería Samui la próxima vez.

Epílogo:

La casa de los Uzumaki olía a incienso barato, a sudor y a lujuria desenfrenada. En el centro de la sala de estar, bajo la luz parpadeante de una lámpara de neón rosa, se arrodillaba una criatura que apenas se parecía al estudiante de instituto de unas horas atrás. Naruto, o más bien la versión de sí mismo que existía solo en estos muros, era una visión de sumisión total.

Ya no vestía el uniforme de Gal. Su cuerpo estaba envuelto en una pieza de lencería de encaje negro tan diminuta que sus pezones se asomaban por encima del borde y su culo se desbordaba por los lados del tanga. Pero la prenda más importante era la de metal frío: una jaula de castidad rosa, pequeña y con un pequeño candado, aprisionaba su miembro de 15 cm, un recordatorio constante de que su placer no le pertenecía. Su piel, antes bronceada y impecable, era ahora un lienzo. Escrito en marcador rojo y negro, palabras lo denigraban: “Puto”, “Zorra de Samui”, “Agujero para usar”, “Cornudo” “sissy”, “sissy slut”. Su maquillaje estaba corrido, sus ojos estaban rodeados de un eyeliner negro y desordenado que le daba un aspecto de ojera, y sus labios, hinchados y rojos, estaban estirados alrededor de una bola roja de goma amarrada detrás de su cabeza. Sus manos, con las uñas pintadas de negro, estaban esposadas a la espalda, forzándolo a mantener el equilibrio solo con la fuerza de sus piernas.

Y estaba saltando. No moviéndose arriba y abajo, sino saltando con toda la fuerza de sus piernas, haciendo que su cuerpo se elevara y caiga sobre un dildo de goma negro y monstruoso que estaba succionado al suelo de madera. Cada caída era un golpe sordo y húmedo, seguido por un gemido ahogado que la bola roja en su boca convertía en un quejido inofensivo. Sus ojos, vidriosos y perdidos, estaban fijos en la pantalla gigante del televisor.

En la pantalla, un vídeo de baja calidad pero de alta intensidad se reproducía en bucle. Un gangbang brasileño. Tres mujeres trans, con cuerpos de diosas y pollas enormes y oscuras, se turnaban para follar sin piedad a un femboy moreno, delgado y guapo, cuyo rostro estaba permanentemente congelado en una expresión de ahegao. El femboy gemía, suplicaba y recibía, y Naruto, en su sala de estar, saltaba al unísono, imaginándose en su lugar, imaginándose siendo el juguete de esas mujeres trans, imaginándose siendo el juguete de *su* ama.

Observándolo desde detrás de un sofá de cuero negro estaba Kushina Uzumaki. Una mujer pelirroja de una belleza impresionante, con el cabello rojo carmesi, que reflejaba una madurez y una autoridad que lo feroz. Vestía solo un conjunto de lencería deportiva negra, con el logo de “Blacked” estampado en pequeño sobre el pecho derecho. El sujetador de tirantes apenas contenía sus pechos grandes y perfectos, y el tanga de hilo se perdía entre las nalgas redondas y firmes. Cruzó sus piernas largas y musculosas, y su pie, calzado con un tacon de aguja negro, se posó sobre el rostro de otro hombre en el suelo.

Minato Namikaze, el esposo de Kushina y el padre de Naruto, era un espectáculo de humillación. Vestido como una doncella victoriana, con un vestido de sirvienta blanco y negro, un delantal con volantes y una cofia ridícula, yacía boca arriba. Su maquillaje era peor que el de Naruto, con sus labios pintados de un rosa chillón y sus mejillas sonrosadas con dos círculos perfectos. Kushina tenía el talón de su zapato clavado en la pequeña protuberancia de sus pantalones, donde su propio pene, encerrado en una jaula de castidad aún más pequeña que la de su hijo, luchaba por ponerse erecto. Minato gemía como una zorra, sus ojos suplicantes mirando a su esposa, pero ella solo le sonreía, una sonrisa pervertida y llena de poder.

Detrás de Kushina, como una sombra imponente, se erguía un hombre. Un hombre moreno, calvo, con una barba recortada y un cuerpo cubierto de músculos que parecían tallados en granito. Llevaba solo unos pantalones de deporte negros, y su enorme polla, ya dura y gruesa, sobresalía por la cintura elástica. La frotaba lentamente contra las nalgas de Kushina, que se recostó en él con un suspiro de satisfacción. El hombre sonrió, mostrando unos dientes blancos y perfectos. No era un invitado. Era el amo de la casa, al menos por esta noche. Y estaba a punto de follar a la esposa del dueño, frente a los ojos del cornudo y su marica hijo.

“Un poco más rápido, cariño”, susurró Kushina a Naruto, sin apartar la vista de la televisión. “Quiero oír cómo ese dildo te abre bien el culo. Piensa en tu ama. Ese es tu entrenamiento para cuando vuelva a usarte”.

Naruto gimió y obedeció, saltando más rápido, su cuerpo un instrumento de dolor y placer, su mente completamente entregada a la fantasía que se desarrollaba en la pantalla y a la realidad que se desarrollaba en su propia sala.

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Mientras tanto, en un penthouse en el centro de la ciudad que olía a dinero y a perfume caro, Samui vivía una realidad completamente diferente. La habitación principal era un santuario de minimalismo lujoso. Paredes de cristal desde el suelo hasta el techo mostraban las luces de la ciudad como un tapiz de diamantes. El mobiliario era de diseño, sobrio y caro.

Samui estaba recostada en un sofá de cuero blanco, vestida con un conjunto de seda carmesí que se adhería a sus curvas como una segunda piel. La tela era tan fina que se podían ver los oscuros círculos de sus pezones y la sombra de su vello púbico. En una mano sostenía una copa de vino tinto, del que bebía lentamente. En la otra, su teléfono móvil.

En la pantalla del teléfono, se deslizaba por el perfil de Naruto en la página de citas. No era el perfil de “Naruto Uzumaki, estudiante”. Era el perfil de “Naru-chan, tu puto sumiso”. Las fotos eran explícitas. Una de él arrodillado, con la lengua fuera. Otra de su culo marcado con las palmas de una mano. Y luego, las fotos que ella misma había tomado esa tarde. La foto de él sonriendo como una zorra, cubierto de sudor y semen, en el suelo del baño. La foto de su culo rojo y abierto, con el condón azul todavía a la vista. Samui observo la última foto, una sonrisa de satisfacción pura en sus labios helados.

El chico era perfecto. No solo por su cuerpo, que era excepcional, sino por su actitud. Su sed de ser dominado, su capacidad para transformar el dolor en placer, su devoción instantánea. Era arcilla. Y ella era la escultora.

Con su mano libre, Samui comenzó a tocarse. Sus dedos largos y manicurados se deslizaron bajo la tela de la seda, encontrando su glande ya duro. Se frotó lentamente, sus ojos todavía fijos en la foto de Naruto en la pantalla. Recordaba sus gemidos, la forma en que su cuerpo se convulsionaba, la mirada de adoración en sus ojos.

Se corrió con un suspiro casi inaudible, un pequeño temblor que recorrió su cuerpo. No fue un orgasmo explosivo como los que había dado en el baño. Fue un orgasmo de control, de satisfacción, de poder.

Se limpió los dedos con una servilleta de lino, tomó otro sorbo de vino y comenzó a escribir un mensaje en su teléfono. No era para Naruto. Era para otra contacto en su lista.

“Reúnete conmigo mañana. Necesito tu ayuda para un... proyecto de entrenamiento. Tengo una nueva perrita que necesita aprender su lugar”.

Envió el mensaje y luego bloqueó la pantalla, dejándola de nuevo en la foto de Naruto sonriendo en el suelo del baño. Lo convertiría en su perra personal. Sin excusas y sin rodeos.

Yyyyyyyyyyyyyyyyy FIIIIIIINNNNN

Bueno gente espero que les allá gustado este primer capítulo de tres que están planeas. Comenten que les pareció y nos vemos la próxima.