#1: Inocencia Perdida
En algún pasado no tan distante para tiempos humanos, aquella había sido una tierra prospera. Tenía sus defectos, pero también esperanza. Ahora solo quedaba un paramo casi desolado. Un mundo en llamas que se había apagado, donde los culpables de sobrevivir pagaban el precio. La ciudad de Nueva York antes resaltaba por sus grandes edificios, pero ahora no quedaban más que escombros de estos. Algunas construcciones más pequeñas permanecían en pie, aunque no por eso menos dañadas. Entre estas edificaciones, una delgada figura se movía con gracia y cautela. Ella era una de las últimas heroínas de aquella tierra devastada: Spider-Girl.

—"Otro convoy más esta semana —pensaba la heroína mientras veía un antiguo camión trailero conducir por las vacías calles—. Este es más grande de lo usual. Maestro debe tener un buen botín allí dentro".
La joven empezó a correr entre los tejados, sin perder de vista aquel vehículo pero todavía sin entrar en el rango de visión del chofer.
—"Por lo general manda vehículos más pequeños para capturar a las pocas mujeres que pueda haber por aquí, o los antiguos tanques livianos de S.H.I.E.L.D. cuando manda a sus perros a atacar células de la resistencia. Pero con ese tamaño, o es un conjunto grande de supervivientes o algún raro tesoro que quiera recordar. Como cuando hizo que le llevaran la antorcha de la estatua de la Libertad".

La joven arácnida finalmente se impulso y saltó hacia el camión, aterrizando sobre su caja casi sin hacer ruido. Apenas apoyó sus manos y pies sobre el rígido metal, casi no pudo evitar el instinto de saltar lejos de este. Su sentido arácnido se volvió completamente loco ante aquello que se encontraba dentro del camión.
—"Diablos, mi sentido arácnido jamás se había puesto así. Incluso cuando me enfrentó a varios de sus soldados mantengo una mayor compostura. Debe tener algo muy peligroso allí dentro. Tal vez alguna vieja arma de algún súper equipo".
La mujer gateo encima de la caja del camión hasta llegar a la cabina. Se detuvo un momento para contemplar sus manos, notando que estas estaban temblando. Todo su cuerpo se encontraba temblando por los nervios. Apretando sus puños, reunió el valor necesario para continuar con su sabotaje. Se inclinó sobre la ventana del conductor, quedando cabeza abajo y notando dentro a un hombre con el desgastado uniforme viejo de Hydra, el cual los soldados del tirano usaban.
—¡H-Hola!
El soldado, preso de su pánico, desenfundo su pistola y empezó a disparar hacia la ventana de forma infructuosa. Antes de que la primera bala saliese, Spider-Girl ya había subido nuevamente a la cabina. El varón no tuvo tiempo siquiera de empezar a disparar al techo cuando la ventana del acompañante fue destrozada. La arácnida se había impulsado y destrozado el cristal con sus pies, terminando por conectar una doble patada en la cabeza del militar. La joven abrió la puerta del pilotó y empujó al hombre hacia afuera, sin importarle la dolorosa caída de un camión en movimiento. Tomando control del vehículo, fue reduciendo la velocidad hasta que logró frenarlo completamente. A pesar del éxito de lo acontecido, su sentido arácnido seguía sacudiendo su cabeza de forma cada vez más agresiva.
—¿Acaso tiene una bomba nuclear allí atrás o qué?
La joven salió del camión y se impulsó hacia la parte de atrás de la caja, donde se encontraban la enorme puerta doble. Intentó aproximarse, pero cada fibra de su ser le pedía que corriese tan lejos como pudiese. Pero no hizo caso, y cuando ambas puertas salieron disparadas por un poderoso golpe ya fue demasiado tarde.
—¿Qué carajos? Oh, no...

De entre las sombras de la caja emergió una enorme figura verde y musculosa, con una larga barba blanca y algunas arrugas en su rostro. Las piernas de Spider-Girl casi la traicionaron y cedieron ante la imponente y monstruosa presencia de Maestro.
—Entonces los rumores eran ciertos —exclamó el coloso esmeralda, cuya sombra cubría completamente a la heroína—. Una nueva araña en la ciudad.
—Tú...
Spider-Girl intentaba mantenerse firme, y su voz reflejaba una pequeña furia completamente sometida ante el terror. Maestro solo se limitó a observarla con sus ojos fríos y casi muertos, antes de esbozar una siniestra sonrisa.
—Mayday Parker, ¿verdad?
—¿C-Cómo lo...?
—Tú padre —exclamó Maestro, provocando el abrupto silencio de la joven—. Murmuro ese nombre y el de tu madre mientras aplastaba sus costillas. Fue hace años, seguramente eras una niña muy pequeña entonces, pero yo lo recuerdo. Aunque en ese momento, creí que se refería a la vieja May.
Spider-Girl temblaba ante aquellas palabras. Y se odiaba a sí misma. Podía recordar aquella noche, cuando su padre jamás volvió. Podía recordar aquel sentimiento de impotencia, y esa pequeña chispa que encendió un fuego controlado. Tenía en frente al hombre que había asesinado a su padre, y estaba temblando de miedo.
—¿No vas a preguntarme por tu madre?
Aquellas palabras golpearon con fuerza a la heroína, al punto que retrocedió un paso mientras sentía una fuerte opresión en su pecho.
—Recuerdo que hace unos meses, mis hombres la capturaron en una redada. No me costó mucho reconocerla, pues tengo muy buena memoria —exclamó Maestro—. Suponía que sería cuestión de tiempo hasta que te atrevieras a aparecer. Cuando empecé a escuchar las noticias de una chica araña atacando a mis convoyes, sabía que debías ser tú. Debo decir que me sorprende que hayas dejado que ese otro tomase el manto de la araña. Si te sirve de consuelo, tu madre también clamó por tu nombre antes de que no quedase nada de ella para usar.
La furia logró imponerse por sobre el temor, y la joven heroína se impulsó de un salto hacia adelante. Su puño chocó contra el rostro de Maestro, quien permaneció inmóvil ante el impacto. Fue, en cambio, la propia May quien gritó de dolor mientras caía de rodillas al suelo, sujetando su mano rota y de la cual emanaba sangre.
—M-Mi madre —exclamó con la voz quebrada—. ¿¡Qué le hiciste a mi madre!?
—Tuvo el mismo destino que todas las mujeres en condiciones para servir que llegan a mis aposentos.
Spider-Girl elevó su mano sana y empezó a disparar telaraña al rostro de su enemigo. El primer proyectil impacto en sus ojos, pero Maestro no tardó en elevar su mano para bloquear aquella molestia. Podía escuchar que la joven se movía, por lo que decidió dar un potente aplauso sónico. La joven heroína salió volando varios metros por aquella onda expansiva, y termino rodando sin control alguno por un suelo lleno de grietas. Intentó apoyar su mano derecha en el piso para levantarse, pero la realidad le recordó el precario estado de esta. Mientras gritaba, Maestro caminaba con gran calma hacia ella, sabiendo que tenía el control de la situación.
—Los golpes de tu padre no me hacían nada, niña. ¿Por qué creíste que contigo sería diferente?
Mayday tomó un tubo de acero que sobresalía de entre los escombros. Sin pensar claramente y con su cabeza sufriendo la peor de las migrañas, corrió hacia su enemigo con su arma improvisada en la mano sana. Al llegar a la distancia suficiente, pegó un salto hacia el gigante esmeralda que sin dificultad la atrapó en el aire. Sin dejarse intimidar, empezó apuñalar el ojo de la bestia con aquel fierro. Pero el alguna vez llamado Hulk solo la observaba sin inmutarse, y hasta empezó a sonreír.
—Tu padre era listo. Era un sobreviviente. Él sabía que físicamente no podía compararse, y sobrevivió tantos años después de la muerte de los héroes porque sabía mantener el combate a distancia. ¿Acaso no aprendiste nada de él?
Maestro aproximó su mano izquierda a la cabeza de Spider-Girl y empezó a apretarla, provocando que la joven heroína comenzara a gritar. Sin dificultad la alzó por encima de su cabeza, para contemplar como la arácnida pataleaba y le empujaba el antebrazo con las manos. Spider-Girl empezó a llorar del dolor mientras se retorcía en completa desesperación. Pero no importaba cuanto se esforzara la última Parker, simplemente no tenía la fuerza para liberarse. El tirano decidió divertirse un poco más, y tomó a la chica de las piernas con su mano derecha. Sin piedad empezó a azotarla contra el suelo, como si de un muñeco de trapo se tratase. Lo primero en impactar fue su espalda, tras lo cual fue alzada nuevamente por los aires para caer de cara. May podía sentir como sus órganos se sacudían a cada golpe contra el ensangrentado pavimento. Su traje se iba desgarrando y manchando con polvo y sangre, no muy diferente a como quedó el traje de su padre hacía varios años atrás. La joven arácnida quedó boca abajo en el suelo, tosiendo sangre en cada intento que hacía por respirar.
—¿Eso es todo? —preguntaba con diversión el gigante esmeralda—. Parker duró varios años antes de que lo matase. Incluso Drew duró más que tú.
Spider-Girl, usando toda la fuerza física y de voluntad que le quedaba, se apoyó en sus antebrazos y comenzó a luchar por levantarse. Todo su cuerpo dolía al punto de casi paralizarla, pero sabía que si se dejaba estar en aquel lugar solo le llevaría a la muerte. Los ojos de Maestro recorrían la pequeña figura de la heroína, denotando que poseía unas curvas ya marcadas para su edad. Sus senos eran pequeños, su diminuta cadera le daba una forma similar a la araña de su espalda, y resaltaba el ancho de sus caderas junto al grosor de sus muslos. El trasero de la joven poseía un buen tamaño y redondez, notándose firme a la vista.
—Has sido una araña molesta para mis operaciones. Destruyendo los camiones y autos con los prisioneros rebeldes.
Maestro la tomó de la nuca con la mano derecha y le empujó el torso contra el suelo, provocando que la cadera de la joven apuntase para arriba.
—Pero no representas un peligro real para mí.
—Mi madre —exclamó con dolor y debilidad la heroína—. ¿Qué le hiciste a mi madre?
—La use para lo que las mujeres como ellas fueron hechas. No pude resistir el morbo al verla. Mate a su esposo, y la convertí en mi concubina, al menos hasta que su cuerpo no soporto más.
Spider-Girl apretó los dientes de furia mientras intentaba levantarse, pero elevar su torso le resultaba completamente imposible. Llorando por el coraje, ni siquiera podía voltear la cabeza para ver a su opresor.
—Voy a matarte... No sé cómo, pero te juro... ¡Que voy a matarte!
—No lo harás, niña. Los héroes más poderosos, el alabado hombre de acero, los hechiceros supremos, los ridículos guardianes esmeraldas del cosmos, incluso la tan aclamada diosa del trueno y la guerra... no pudieron conmigo. Nadie es más poderoso que Maestro.
La mano izquierda de Maestro se posiciono sobre el trasero de Spider-Girl, y de un rápido movimiento le arrancó la mayor parte del pantalón. La joven heroína quedó congelada al sentir su piel desnuda y en contacto con el cálido aire del entorno. Lo siguiente fue sentir como un enorme miembro caía sobre su espalda, cuyo glande parecía llegar casi a la altura de sus riñones.
—No... por favor no.
—¿Ahora ya no eres tan valiente, niña? —preguntó Maestro mientras afirmaba su agarre sobre el hombro y espalda de la joven—. ¿No dijiste que ibas a matarme? Quiero ver si aguantas más que tu madre.
—¡No! ¡Te lo ruego!
Maestro tomó su miembro y lo dirigió a la vagina de la joven heroína, la cual solo podía gritar y llorar ante la atrocidad que estaba a punto de sucederle. Sintió como aquel glande empezaba a presionar contra su vagina, al punto de que por el terror comenzó a orinarse encima. A Maestro no le importó, y se divirtió con el inmenso terror que la joven sentía. Agarrándola con fuerza por el abdomen, aumentó la presión contra aquella pequeña vagina que poco a poco se iba abriendo. El cruel villano decidió avanzar de a poco, prolongando el sufrimiento de May. La sangre no tardó en hacerse presente mientras el coño de la chica era desgarrado ante el avance del titán que la estaba sometiendo.
—¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! ¡Por favor! ¡Me duele mucho! ¡Para!

May sentía como su interior era desgarrado, y como la sangre escapaba de su cuerpo. Su vagina, antes virgen, se vio completamente abrumada por el cruel villano y no tardó en colapsar. Maestro se entretuvo con aquella situación hasta penetrar completamente a la joven, impactando finalmente su pelvis contra el joven cuerpo de la mujer araña.
—No... vas a matarme... por favor... ¡No quiero morir así! ¡No quiero morir! ¡Dios! ¡Dios! ¡No quiero morir!
—Tu madre no lloriqueo tanto la primera vez.
Maestro empezó a embestir el delicado cuerpo de Spider-Girl, cuyo vientre se abultaba en cada movimiento. El feroz monstruo se encontraba extasiado con el cuerpo de su nueva víctima, aunque ciertamente sus gritos y su llanto empezaban a resultarle molesto por lo agudo que era. Pero no podía negar que el cuerpo pequeño de la adolescente, más el hecho de ser quien era, le resultaban inmensamente excitante. Sus poderosas caderas sacudían completamente a la heroína cuyo útero ya se encontraba siendo azotado por aquella venosa verga verde. Su dolor era indescriptible, y sus gemidos eran una clara muestra de ellos. A pesar del mundo en que vivía, había imaginado que su primera vez sería con algún joven apuesto y atento, alguien de quien se enamoraría perdidamente. Había fantaseado con un príncipe, y le toco una bestia.
Spider-Girl aplastaba su rostro y su torso contra el suelo, manteniendo los ojos cerrados por el dolor y la humillación que estaba viviendo. Su sangrante vagina trataba de acostumbrarse a aquel enorme invasor, pero Maestro no tenía misericordia. Su enorme miembro se enterraba hasta lo más hondo de la joven, cuyos gemidos de dolor le era una lujuriosa melodía. May, quien había tomado el manto de su padre para honrar su legado y salvar a su madre, veía como sus sueños eran destrozados frente a ella. Su cuerpo ahora le pertenecía a aquel monstruo, quien la trataba como a la más baja de las zorras. Juntando su fuerza volteó a verlo, encontrándose con aquel rostro avejentado y repulsivo, con una expresión degenerada digna de cualquier cerdo. Aquella bestia era quien le estaba dando su primera vez. El villano que había destruido la ciudad, asesinado a su padre y violado a su madre, ahora la había convertido en una simple puta más a la que iba a usar hasta aburrirse. El cruel tirano que había acabado con todo lo que ella alguna vez amo ahora la estaba haciendo gemir su nombre.
—Podría matarte —exclamó el cruel ser entre gemidos—, pero soy misericordioso. Se una buena chica. Acepta tu lugar y tu nuevo rol, y te dejare vivir. Pídeme piedad. Pídeme ser mi nueva esclava, tal como tu madre me lo pidió.
Spider-Girl lloró con más amargura que antes. Odiaba a aquella bestia que ahora se encontraba violándola. La odiaba con todo su ser, pero también estaba aterrada. Sabía de lo que era capaz, y sabía que no mentía. Pero a pesar de todo el odio que tuviera, y de sus deseos de vengar a sus padres, no era más que una niña en un mundo en llamas. Una niña asustada, que no quería morir.
—Por favor, no me mates... Seré tuya, Maestro. Soy tu esclava.
Maestro sonrió. No le había costado tanto destrozar el espíritu de aquella joven pretendiente a heroína.
—¿Qué pensaría tu padre si te viese ahora? —preguntó con gran cinismo—. ¿Qué crees que diría al ver a la niña de sus ojos convertida en una prostituta más a mi voluntad?
Spider-Girl no se atrevió a responder, aunque aquella preguntar fue como un puñal a su corazón. Solo se limitó a gemir, con dolor y vergüenza. Gemía cada vez más fuerte, conforme su vagina dejaba de sangrar y se iba acostumbrando a ser penetrada por aquella bestia. Sus pezones, posiblemente por el roce constante con el suelo, se iban poniendo cada vez más duros mientras sus piernas perdían la capacidad de soportar el peso del monstruo encima de ella. Su abdomen ardía, y la parte baja de su espalda se sentía cada vez más adolorida. Su matriz estaba siendo completamente penetrada por Maestro, quien bombeaba con ferocidad y en profundidad. May no podía evitar observar aquel malévolo tirano y su expresión lujuriosa. No era más que un pedazo de carne para aquel animal, que satisfacía sus bajos instintos con ella. Podía sentir su coño totalmente estirado por aquel monstruo que la usaba. Y aquel seria su nuevo rol a partir de ahora. Spider-Girl cerró sus ojos rojos por el llanto, y abría lo más que podía su boca para dejar escapar sus culposos gemidos, cual alabanzas profanas al nombre de Maestro. El antiguo vengador recorría la figura de su víctima con actitud triunfante. Veía como el firme trasero de esta rebotaba en cada impacto de su cadera, y solo podía pensar en lo que le haría una vez hubiera terminado con su coño. Le era totalmente placentero ver a aquella joven y dulce heroína totalmente quebrada ante él por su instinto de supervivencia. Escucharla gemir su nombre y verla convertirse en su nueva esclava sexual, como había hecho con tantas heroínas antes que ella, era el placer más grande para el ego del tirano. Iba a entrenarla como a una cachorra para que lo satisficiera. Aquel coño jugoso y cálido, el cual estaba moldeando con la forma de su falo, no dejaba de contraerse en cada penetración. Maestro sentía como sus bolas se iban hinchando por el semen retenido, y como las venas de su miembro hacían lo propia. Sacudiendo el cuerpo de May como si fuese una muñeca sin voluntad, y tras haberla penetrado durante un tiempo prolongado, comenzó a correrse dentro de su recién estrenada matriz.
Maestro se apartó cuando termino de vaciar sus bolas dentro de Spider-Girl, la cual apenas se encontraba consciente para ese punto. Su vagina completamente abierta y deformada por la violación empezó a escupir sonoramente las grandes cantidades de semen en su interior, mezclándose con su sangre en el suelo. Su mirada se encontraba completamente perdida, pero no por eso las lágrimas dejaban de caer de sus ojos. Maestro la tomó de la cabeza con su mano derecha, alzándola del suelo y dejando en este solo sus piernas.
—Fuiste una buena chica. No me considero un monstruo cruel, así que seré benevolente y te dejare reunirte con tu madre en paz —exclamó Maestro de forma sarcástica—. ¿No te parece justo? —preguntó con cruel cinismo, mientras apretaba la cabeza de la joven que una vez soñó con ser heroína.