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EL PROFESOR DE MI HIJO (JIKOOK)

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Summary

ᯓ★ 𝐊𝐎𝐎𝐊𝐌𝐈𝐍. ᯓ ᡣ𐭩𝐄𝐍 𝐄𝐌𝐈𝐒𝐈𝐎́𝐍.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝐂𝐀𝐏𝐈́𝐓𝐔𝐋𝐎 1 •

La alarma de las 6:30 a.m. no era necesaria en el departamento de Park Jimin.

A esa hora, un par de manos pequeñas ya solían estar palmeando sus mejillas con insistencia.

—Papi... despierta. Tengo hambre de dinosaurio —susurró una voz aguda cerca de su oído.

Jimin abrió los ojos con pesadez, encontrándose con la mirada brillante de Minho.

A sus cuatro años, el pequeño era el vivo retrato de la energía que Jimin a veces sentía que le faltaba.

Lo había tenido a los 20, en medio del caos universitario y el abandono repentino de la madre del niño, quien se marchó sin mirar atrás en cuanto salieron del hospital.

Desde entonces, Jimin aprendió que la administración no solo se aplicaba a las empresas, sino a sobrevivir con un sueldo de practicante y un corazón dividido.

—¿Hambre de dinosaurio, eh? —Jimin sonrió, estirándose y atrapando a Minho en un abrazo lleno de cosquillas—. Eso suena a que necesitamos hotcakes gigantes.

—¡Sí! ¡Gigantes como un T-Rex! —exclamó el niño, saltando de la cama con su pijama de patitos.

Mientras Jimin preparaba el desayuno, observaba a Minho jugar en la alfombra de la sala.

A veces, el peso de ser padre soltero a los 24 se sentía como una montaña, especialmente cuando sus amigos de la facultad publicaban fotos de fiestas o viajes.

Él, en cambio, prefería administrar su tiempo entre balances contables y cuentos antes de dormir.

—Papi, ¿por qué hoy te pusiste la corbata azul? —preguntó Minho, asomándose a la cocina con curiosidad.

—Porque hoy tengo una reunión importante en la oficina, campeón —respondió Jimin, agachándose para quedar a su altura—. Así que hoy te quedarás un ratito más en la estancia con la maestra, ¿de acuerdo?

Minho hizo un pequeño puchero, pero luego asintió, extendiendo su dedo meñique.

—¿Prometes que vendrás por mí antes de que salga el sol?

—Lo prometo, Minho. Siempre vuelvo por ti.

Jimin le dio un beso en la frente, sintiendo ese nudo en la garganta que siempre aparecía al dejarlo.

Sabía que su vida era diferente a la de los demás jóvenes de su edad, pero al ver la sonrisa de su hijo, entendía que aquel error de los 20 años había sido, en realidad, su mayor acierto.

Mientras el tren avanzaba hacia el centro de Seúl, Jimin se miró en el reflejo de la ventana.

A veces extrañaba al Jimin de los 19 años, el que iba al gimnasio cada tarde y cuidaba su condición física por puro placer.

Ahora, sus pesas eran las bolsas del súper y su cardio era correr para no perder el autobús.

A veces me pregunto en qué momento dejé de ser un chico de 24 años para convertirme solo en 'el papá de Minho', pensó con un suspiro amargo, aunque se arrepintió al instante.

No podía quejarse.

No se permitía hacerlo.

Aunque la madre de Minho su segundo amor, una relación fugaz de apenas tres meses los había abandonado en cuanto la realidad se puso difícil, Jimin jamás pudo mirar a su hijo con resentimiento.

Minho era su vivo retrato: los mismos ojos que se hacían líneas al sonreír, los mismos labios abultados y esa determinación en la mirada.

Negar a Minho habría sido negarse a sí mismo.

Su vida amorosa era un desierto.

¿Quién querría salir con un administrador de 24 años que siempre tiene manchas de puré en la camisa y cuyo tiempo libre pertenece a un niño de cuatro años?

Jimin ya se había acostumbrado a la soledad romántica; había decidido que su corazón estaba cerrado por inventario.

Al entrar al imponente edificio, el aire acondicionado lo recibió como un balde de agua fría, obligándolo a enderezar la espalda y sacudirse el cansancio del trayecto.

No pasaron ni dos minutos cuando Taehyung, su colega y confidente, se le acercó con paso apresurado.

—Jimin, qué bueno que llegas —susurró Taehyung, dándole un par de palmaditas en el hombro—. El jefe te está buscando, dice que vayas a su oficina apenas pongas un pie aquí.

Jimin sintió un vuelco en el estómago.

¿Había cometido un error?

Se revisó rápidamente en el reflejo de una de las puertas de cristal, se acomodó el cuello de la camisa y caminó hacia la oficina principal.

El miedo era real; recordaba perfectamente que la noche que terminó esos balances, apenas podía mantener los ojos abiertos.

Minho había pasado la noche llorando por una pesadilla y Jimin había redactado informes entre arrullos y café frío.

Tocó la puerta de madera oscura con los nudillos temblorosos.

—Pase —resonó la voz firme desde el interior.

Jimin entró con la cabeza ligeramente gacha.

El señor Jeon estaba de espaldas, observando la ciudad a través del ventanal.

—Señor, me informó Taehyung que quería verme... —empezó Jimin, apretando las manos detrás de su espalda—. ¿Hubo algún problema con los balances que entregué?

El hombre se dio la vuelta lentamente.

Jimin tragó saliva, esperando el regaño por cualquier cifra mal puesta debido a su falta de sueño, pero la expresión de su jefe era inusualmente tranquila.

—¿Problemas? Al contrario, Park —dijo el señor, señalando las carpetas sobre su escritorio—. Quería agradecerte. No solo los entregaste a tiempo, sino que corregiste varios errores que se nos habían pasado en el trimestre anterior. Tu ojo para el detalle es impresionante.

Jimin parpadeó, confundido pero aliviado.

—Yo... solo quería asegurarme de que todo estuviera en orden, señor.

—Y lo lograste. Gracias a esos ajustes, los inversionistas quedaron fascinados con la transparencia de la empresa esta mañana —continuó el hombre, sentándose en su silla de cuero—. Por eso, he decidido darte un bono extra este mes. Te lo has ganado por salvar ese reporte.

Jimin sintió que el alma le volvía al cuerpo.

Ese dinero extra significaba un respiro para su apretado presupuesto.

—Muchas gracias, señor. De verdad, significa mucho para mí —respondió Jimin con una reverencia, sintiendo por primera vez en semanas que su esfuerzo valía la pena.

Jimin salió de la oficina con una sonrisa que no cabía en su rostro.

El peso que sentía en los hombros parecía haberse esfumado, al menos por un momento.

No bien puso un pie en el pasillo, Taehyung apareció de la nada, interceptándolo con esa curiosidad que lo caracterizaba.

—¡Hey! ¿Por qué esa cara? —preguntó Taehyung, tomándolo del brazo para apartarlo un poco del flujo de gente—. ¿No me digas que el jefe se convirtió en humano por un segundo y te felicitó?

Jimin soltó una risita, asintiendo con la cabeza mientras intentaba calmar los latidos de su corazón por la emoción.

—Mucho mejor que eso, Tae —susurró Jimin, acercándose a su amigo—. No solo le gustaron los balances, sino que me va a dar un bono extra. Dice que gracias a las correcciones que hice, los inversionistas quedaron encantados.

Taehyung abrió los ojos de par en par y soltó un grito ahogado de alegría, dándole un apretón amistoso en el hombro.

—¡Te lo dije! Eres un genio, Jimin. Te matas trabajando y ya era hora de que alguien se diera cuenta. —Tae sonrió de lado, cambiando el tono a uno más dulce—. ¿Y cómo amaneció hoy el pequeño Minho?

Jimin suavizó la mirada al escuchar el nombre de su hijo.

Saber que su mejor amigo quería al niño como si fuera de su propia sangre era uno de sus mayores consuelos.

—Está muy bien, Tae. Hoy amaneció con mucha energía, decía que tenía hambre de dinosaurio—contó Jimin entre risas—. Lo dejé en el jardín hace un rato. Me pidió que prometiera volver por él antes de que bajara el sol... ya sabes cómo es de intenso con sus promesas.

—Ese niño es igualito a ti, Jimin. Un dramático con corazón de oro —bromeó Taehyung—. Me alegra mucho que las cosas estén saliendo bien. Te mereces este respiro, después de todo.

Jimin asintió, sintiéndose afortunado.

Por un momento, el cansancio de las noches en vela y la soledad de ser padre soltero a los 24 años se sentían mucho más ligeros

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