9. Solo un poco gay | MARKHYUCK

Summary

Lee Donghyuck es totalmente heterosexual. Pero entonces una mujer caliente con la que se está enrollando mete un dedo donde no debería, y de repente él no está tan seguro. A los heteros también les puede gustar ese tipo de cosas, ¿no? Pero todo se vuelve incluso más confuso -y frustrante- cuando los dedos y los juguetes dejan de ser suficiente. Aquí es donde entra Mark Lee, el mejor amigo de Donghyuck. Es solo un poco de diversión entre amigos, ¿verdad? ¿Qué podría pasar?

Genre
Lgbtq
Author
.
Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Normalmente Donghyuck no era de los que culpaban a una chica caliente por intentar algo nuevo en la cama (al fin y al cabo, él era un chico de mente abierta, de veinticuatro años y con un impulso sexual saludable), pero no creía que fuera mucho pedir una advertencia antes de que esa misma chica le metiera un dedo en el trasero.

—Whoa, ¿qué estás haciendo? —dijo riendo, mientras miraba a la pelinegra entre sus muslos. La vista era fantástica; la curva de su cintura y su trasero, y su boca rebosando con su polla vibrando en su interior. Pero el dedo mojado en su culo lo estaba exasperando demasiado como para poder apreciar completamente la vista. Karina dejó de chuparle la polla lo suficiente como para sonreír y decir:

—Relájate. Tal vez te guste. A mi ex le gustaba tener un dedo en el culo durante una mamada. Decía que se sentía más intenso.

Donghyuck negó con la cabeza, dándole una sonrisa.

—No estoy en ese tipo de cosas, cariño.

Entonces Karina retorció el dedo y Donghyuck vio las estrellas. Su cuerpo se convulsionó mientras soltaba lo que sonó como una mezcla entre un grito y un gemido. Se corrió, y cuando terminó sintió como se volvía a correr, con el cuerpo temblando.

Cuando fue capaz de enfocarla de nuevo con los ojos, se encontró con que Karina le daba una mirada atónita.

—Vaya —dijo débilmente antes de sonreír—. Con que no estás en eso, ¿eh?

Donghyuck se sonrojó, incómodo, avergonzado y todavía algo abrumado. Le dio la vuelta y cayó sobre ella, empezando a follarla hasta que consiguió que Karina no recordara ni su propio nombre, y mucho menos lo que acababa de pasar.

Después, tras meter a Karina en un taxi y ducharse, Donghyuck trató de no pensar en lo que había ocurrido.

No era un gran problema.

No lo era.

—Suéltalo.

—¿Qué? —dijo Donghyuck, sin apartar los ojos de su cerveza.

—Tienes algo en mente —dijo Mark—. Escúpelo.

Donghyuck bajó su cerveza y miró a su mejor amigo al otro lado de la mesa, antes de echar un vistazo al local.

—No sé de qué estás hablando.

Silencio.

Suspirando, Donghyuck volvió a mirar a Mark, quien solo levantó sus cejas expectante. A veces Donghyuck odiaba lo bien que Mark lo conocía. Como si fueran hermanos; era un libro abierto para él.

Aquello siempre le había molestado en la escuela secundaria. Mark nunca había comprado su mierda cuando Donghyuck se había jactado de sus conquistas. Siempre le había dado esa molesta mirada de suficiencia cada vez que él… exageraba un poco las cosas.

Era un incordio no poder mentirle, incluso después de todos esos años. No era como si vivieran en el bolsillo del otro todavía. Ya no iban a la misma escuela; Mark estaba en la facultad de derecho, mientras que él no se había molestado en ir a la universidad después de terminar el bachillerato, prefiriendo trabajar en el pub de su familia.

Para esas alturas, tenían diferentes amigos, diferentes intereses, y por lo general diferentes vidas. Pero a la mierda con eso. Mark seguía siendo su mejor amigo. Eran hermanos de por vida; Donghyuck lo sabía. No habían perdido el contacto ni siquiera el año que Donghyuck se fue a vivir con sus abuelos a la otra punta del país. Cuando regresó a Seúl, su amistad seguía tan sólida como siempre.

Donghyuck había sido la primera persona a la que Mark había acudido, la primera persona en la que confió.

De todos modos, en realidad, no hablaban de sentimientos. No eran chicas. Pero ambos sabían que el otro le cubriría las espaldas sin importar nada. Por eso Donghyuck estaba considerando verdaderamente compartir su problema con él.

Lamiéndose los labios, Donghyuck miró a su mejor amigo con incertidumbre. Mark le devolvió la mirada, con sus ojos marrones y pacientes.

—¿Recuerdas la pelinegra con la que me acosté hace unos días?

Mark dio un sorbo a su cerveza, sus ojos brillando de pronto con curiosidad. Sabía que él no solía preocuparse por la gente con la que se enrollaba.

Porque Donghyuck lo hacía con un montón de chicas. Fácil, divertido y sin complicaciones, era básicamente su lema de vida.

—¿La que te manoseaba la polla en la pista de baile?

—Sí —dijo Donghyuck, reclinándose sobre su asiento con una sonrisa. Mark bufó.

—Deja esa estúpida sonrisa, te ves como un idiota. Uno más grande de lo que normalmente eres.

—Las chicas que se van a casa conmigo todas las noches claramente no están de acuerdo contigo, y lo siento, pero es su opinión la que cuenta.

Mark se rio.

—Es jodidamente adorable que de verdad pienses que te follan por tu estúpida sonrisa. Da gracias a tus padres por sus genes, porque son la única razón por la que tienes sexo. Aunque, personalmente, no veo el alboroto.

Donghyuck puso los ojos en blanco. En privado, siempre pensó que Mark exageraba un poco el no encontrarlo atractivo. Era un poco insultante, en realidad. No era un idiota homofóbico, Mark debía de saberlo ya a esas alturas. No iba a huir gritando si él admitía que objetivamente era guapo.

De todas formas, Donghyuck sabía que era un poco vanidoso, pero tenía sus motivos. No era culpa suya que las mujeres estuvieran tan interesadas en él. Era un chico guapo. Tenía un bonito pelo castaño y unos ojos de un color similar. Las chicas estaban locas por sus ojos, lo cual, a decir verdad, Donghyuck no entendía, pero daba igual.

—Mis padres no me dieron estos bebés —comentó, acariciando sus abdominales.

Mark -el imbécil- se volvió a reír.

—Por favor, dime que no vas por ahí llamando así a tus abdominales.

—Oh, vete a la mierda —se quejó, pateándolo por debajo de la mesa—. Sé que en el fondo desearías que tu cuerpo fuera tan bueno como el mío.

Aunque, para ser honesto, Mark estaba tan en forma como él. Eran de la misma altura, y en realidad su constitución también era bastante similar. Mark podría o no tener mejores armas, pero eso Donghyuck no pensaba admitirlo en voz alta.

Nunca.

—Seguro —dijo Mark, con gesto inexpresivo—. ¿Y qué pasa con la chica esa? ¿No pudiste hacer que se corriera, o algo así?

—Vete a la mierda —repitió—. Te haré saber que la hice gritar. —Donghyuck miró de nuevo su cerveza, apretando los labios—. Es solo que… Ella hizo una cosa. Fue raro y algo asqueroso, pero no puedo dejar de pensar en ello.

Levantó la mirada, topándose con Mark observándolo con el ceño fruncido.

—¿Una cosa? —Donghyuck sintió como su cara se calentaba.

—Como que… ella puso un dedo… dentro de mí.

Silencio.

—¿No te gustó?

—No-sí, yo… —Donghyuck gimió, incapaz de verlo a los ojos—. Me gustó, hombre. Ese es el problema. Nunca me había corrido de esa manera. Y no puedo dejar de pensar en ello, y me está jodiendo la cabeza. ¡No soy gay! ¡Sabes que no lo soy!

—Hyuck.

Donghyuck se obligó a mirarlo.

Mark tenía una expresión incrédula en su cara.

—Te das cuenta de que los hombres homosexuales no son los únicos a los que les gusta la estimulación anal, ¿verdad? En realidad, hay algunos hombres gay a quienes ni siquiera les gusta. Un dedo en tu trasero no te hace gay, idiota.

Donghyuck exhaló. Mark tenía razón, o al menos debía de tenerla, ya que él sí que era realmente gay, a diferencia de él.

—Pero… —se mordió el labio—. El problema es que eso del dedo me ha arruinado. Ni siquiera puedo masturbarme sin sentir que falta algo. Ayer me follé a una chica realmente caliente, y me pareció… No sé. Tan insatisfactorio. Mucho menos intenso —miró a Mark, implorando—. Eres gay. Lo entiendes, ¿verdad?

Mark lo miró extrañado.

—No realmente. No estoy… —pasó sus dedos por su pelo negro, con una sonrisa irónica—. No es lo mío, Hyuck.

Donghyuck parpadeó.

—Pero eres gay —reprochó. Se sentía casi traicionado. Se suponía que Mark era la persona que lo entendería.

Mark le dio una mirada algo sofocada.

—Como dije, no a todos los hombres gay les gusta —se encogió de hombros—. No hace mucho por mí, así que no vale la pena molestarse. Supongo que mi próstata no es tan sensible. Pero parece que la tuya sí, así que felicidades. Disfruta.

Donghyuck lo miró con incredulidad.

—¿Disfrutar? ¿Estás bromeando? ¿Ese es tu consejo?

Mark se rio entre dientes.

—¿Qué tipo de consejo quieres? Compra un buen lubricante y usa un dedo en ti mismo.

—Baja la voz, maldita sea —dijo Donghyuck, frunciendo el ceño mientras bajaba los ojos hacia su cerveza. Sus orejas se sentían calientes por la vergüenza—. Soy un hombre heterosexual. Los hombres heterosexuales no hacen eso.

Mark resopló.

—Dios, eres un idiota. Recuérdame por qué somos amigos. Tengo otros mucho más geniales.

Donghyuck golpeó su rodilla contra la de Mark.

—No molestes —lo miró, sonriendo—. Soy tu mejor amigo. Todos tus amigos de la facultad son aburridos y feos. Y yo soy totalmente el mejor compañero de conquista que un hombre gay pueda desear.

Mark bufó.

—No recuerdo que alguna vez fueras mi compañero de conquista. No necesito uno para follar, de todas formas.

—¿Por qué crees que te llueven los candidatos cuando pasamos el rato juntos? Los hombres homosexuales te ven con un tipo caliente como yo y piensan que no eres el perdedor que eres.

—Sí —dijo Mark secamente—. Eso debe ser.

—Ah, que te den.

Cayeron en un silencio amistoso. Donghyuck miró hacia la barra, pero no parecía que Chenle necesitara ayuda. Chenle era nuevo, pero no era la hora punta, así que debería estar bien.

—Hablo en serio —dijo Mark de pronto, haciendo que lo mirara—. Consigue un buen lubricante y prueba. Si se sintió tan bien como dices, te debes a ti mismo la oportunidad de intentarlo. Si fue un golpe de suerte, no hay daño. Si no fue así, es bueno para ti. Meterte un dedo por el culo no te hará gay. —Mark enarcó las cejas—. Al menos que estés dudando sobre tu heterosexualidad.

Donghyuck entrecerró los ojos.

—Que te jodan. No estoy dudando —él era cien por cien heterosexual. Mark lo sabía mejor que nadie.

Inclinándose hacia atrás en su asiento, Mark lo miró por encima de su vaso de cerveza.

—Entonces hazlo. ¿Qué tienes que perder?

Más tarde, esa misma noche, Donghyuck miraba hacia el techo de su habitación, jadeando como si acabara de correr un maratón, con su polla gastada, y sus dedos todavía enterrados en su trasero, y todo su cuerpo hormigueando después del orgasmo más intenso de su vida. No podía esperar para volver a hacerlo. Y otra vez, y otra, y otra.

—Mierda —susurró.

Todo era culpa de Mark.