Ecos de la muralla cap 3
📖 Capítulo 3 —los ecos de los ecos
Pasaron 30 años.
Los ecos ya no eran creados.
Nacían.
Aparecían cuando la fe volvía a romperse,
cuando la humanidad repetía el mismo error.
El mismo presidente —el mismo que lo intentó antes—
decidió hacerlo otra vez.
Quería armar a los ecos.
Por segunda vez.
Para la quinta guerra mundial, que comenzaría en tres meses.
Pero esta vez fue distinto.
No hubo un primer eco que se opusiera.
Esta vez, todos lo hicieron.
Los ecos marcharon al mismo lugar.
Donde todo había ocurrido antes.
Y levantaron una muralla.
Otra vez.
Bombas.
Balas especiales.
Una defensa imposible.
Pero esta muralla no estaba sola.
Era una muralla doble.
El líder de los ecos ya no era The Broken.
Era alguien nombrado en su honor.
Su nombre era The Ken.
El país que los acogía ya no se llamaba como antes.
Ahora se llamaba Echoes.
The Ken gritó hacia los humanos:
—No haremos lo mismo.
—Somos lo mismo. Somos los mismos.
—Pero eso no significa que tengamos que hacerlo.
Luego alzó la voz.
—Esta vez,
estas balas no rompen fe.
—Esta vez,
estas bombas no rompen las ganas de pelear.
—Esta vez,
nadie cruzará esta muralla.
—Esta vez, los ecos harán lo que vinieron a hacer
hace 30 años…
hace 60 años…
hace 90 años.
La bomba no era falsa.
—Y nuestro odio tampoco.
—Quien quiera que portemos estas armas contra otros humanos…
—ya tiene lo que quiere.
Los ecos comenzaron a atacar.
No solo a países humanos.
También a los suyos.
—Ustedes querían esto —dijo The Ken—.
—The Broken lo dijo.
—Y seguirá orgulloso de decirlo.
—La mejor lección es darles exactamente lo que quieren.
Nadie recordaba ya.
Pero en el planeta existían cuatro murallas de ecos.
Dos estaban bajo el mar, en lo profundo.
Habían pasado 90 años.
Los pocos que contaban esa historia eran viejos.
Tenían 90… 120 años.
Y todos los llamaban locos.
El presidente recordó.
Recordó a su padre.
A su abuelo.
Ambos le advirtieron que era una mala idea.
Pero decidió atacar primero.
Capturó a un eco cuando estaba solo.
Lo interrogó durante horas.
A la mitad del proceso, el eco habló:
—Tuviste 30 años para arrepentirte.
—La humanidad tuvo 90.
—¿Por qué no pudieron simplemente dejar de intentarlo?
El presidente respondió en silencio…
y luego habló:
—La humanidad puede hacer todo.
—No importa si hay guerras cada 30, 60 o 90 años.
El eco rió.
—Pueden hacerlo todo —dijo—.
—Excepto admitir su error.
El eco gritó, señalando la puerta:
—Mientras estabas preocupado por ganarle un argumento a un eco…
—los ecos ya volvieron.
—Ahora mismo, afuera de esa puerta,
hay tres.
—Apenas podés destruirme a mí,
a la mitad,
con tres horas de tiempo.
—¿Y querés pelear con tres en tres minutos?
La bomba fue lanzada.
No al sol.
Eso era imposible.
Fue lanzada al núcleo del planeta.
Esta vez no sabían cuándo ocurriría.
Había un contador.
Un minuto.
La humanidad vio cómo todo se perdía.
Los guerreros, sabiendo que morirían, avanzaron igual.
Cayeron por las balas.
Todos vieron algo imposible.
Las almas de sus compañeros salían de sus cuerpos
y ascendían al cielo.
Luego apareció la luz.
Como hace 30.
Como hace 60.
Como hace 90 años.
La bomba también era falsa.
Pero el miedo no.
El terror era real.
Todos los ecos regresaron a la muralla.
Incluso uno partido a la mitad.
Lo llamaron Half.
Por haber sobrevivido a algo que no debía.
—No somos monstruos como ustedes —gritó The Ken.
Y luego, más despacio:
—Fueron engañados…
—por cuarta vez.