Donde nadie nos encuentre

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Summary

Él apareció en mi establo como si fuera peligro y misterio personificados. Yo pensé que venía a robar… pero lo que descubro es más oscuro, más intenso. Entre miradas que queman y silencios que dicen más que mil palabras, Bandolero es nuestro testigo… y mi corazón, el que corre peligro.

Genre
Romance
Author
Olga
Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1- Bandolero

El establo siempre olía a heno húmedo y cuero viejo. Era el único sitio donde mi cabeza podía calmarse. Ni mi casa, ni la ciudad, ni la gente. Solo allí, solo con Bandolero.

Mi caballo resoplaba contra mi hombro buscando alguna zanahoria.

—Hoy tampoco —murmuré, frotándole el cuello con cariño.

El sol apenas se levantaba y el silencio era tan limpio que casi dolía.

Hasta que escuché un golpe seco. Metálico. Vino del interior del almacén, me quedé quieta, con el corazón acelerado. Otro golpe.

Y entonces algo en mi instinto, ese que siempre me metía en problemas, me empujó a abrir la puerta.


No debería haberlo hecho. Maldito momento en que mis ojos se clavaron en una figura encogida contra la pared. Un chico, camiseta oscura pegada al cuerpo por la suciedad y la sangre seca, con la mirada fija en mí. Por un instante creí que había venido a robar a Bandolero. Mi mente gritaba, imaginando la escena: alguien intentando llevárselo, mi caballo, lo más importante que tenía. Pero había algo raro en él. No parecía nervioso. No parecía asustado. Solo... frío, como alguien que ya no esperaba nada bueno del mundo.


Nuestros ojos se cruzaron y permanecimos así unos segundos que se sintieron eternos. No habló. Solo respiró hondo, como calculando cuánto tardaría en alcanzarme si decidía correr.

—Si gritas —dijo al final, con voz rota— voy a tener que levantarme. No grité. No porque no tuviera miedo, sino porque reconocí esa mirada. La misma que he visto demasiadas veces en el espejo, la de alguien que ha sobrevivido demasiado y que no espera ayuda de nadie.


—No eres muy lista entrando aquí sola —añadió, intentando mantener la voz firme.

—Y tú no eres muy listo escondiéndote en mi establo —respondí, sin apartar la mirada.


Hubo un silencio largo, peligroso. Entonces escuchamos las sirenas a lo lejos. Muy lejos todavía, pero acercándose.

El chico cerró los ojos un segundo y cuando los abrió ya no había cansancio. Solo frialdad.

—No puedes decir que me has visto —dijo. No era una pregunta, era una sentencia.


Intenté evaluar la situación, respirando con cuidado para que Bandolero no se alterara. "Debe ser un ladrón... o algo peor", pensé, mientras mi corazón latía como loco. Pero algo en él me decía que había más detrás. Se movía con cautela, como si conociera cada sombra del establo, cada rincón, cada tabla del suelo. Y cuando se levantó lentamente, con la mirada aún fija en mí, algo dentro de mis entrañas se tensó y se disparó al mismo tiempo. Tenía que saber quién era, pero no podía permitirme ni un mínimo error.


—¿Qué haces aquí? —pregunté, tratando de que sonara firme, aunque mi voz temblaba.

—Nada que te importe —contestó, sin mover los ojos de los míos. Su voz era grave, peligrosa. La forma en que se mantuvo firme, mientras yo esperaba que retrocediera, me hizo pensar que no era un simple ladrón. Tenía secretos. Y lo intuía desde el primer instante.


Mi mente no dejaba de darle vueltas: ¿estaba huyendo? ¿buscando refugio? ¿O era alguien tan peligroso que debía temerle incluso estando sola en mi establo? Bandolero resopló y se frotó contra mí. Sentí su calor y su fuerza, y por un instante, la calma volvió. Pero el miedo seguía ahí, ardiendo en mi pecho. Sabía que este encuentro no era casual. Y que lo que había dentro del almacén cambiaría mi rutina, mi tranquilidad... y tal vez algo dentro de mí que todavía no entendía.