DURO ENTRENAMIENTO
—¡Vamos! ¡Trabaja esos músculos!— dijo un hombre de cabello rubio, sus ojos azules miraban fijamente la figura que se movía en el suelo. —Todavía te quedan cincuenta flexiones más por hacer hoy antes de terminar, Choji—.
—Estoy... ugh... ¡Lo estoy intentando, Naruto...!— respondio chouji agitado mientras obligaba a su cuerpo ligeramente obeso a hacer otra flexión en el suelo.
Naruto negó con la cabeza lentamente. —Tal vez no deberías haber ido a ese restaurante de comida rápida antes de venir aquí, ¿eh? Culo gordo…— dijo el cruzando los brazos sobre su propio pecho decepcionado de su amigo.
—Cuando un akimichi tiene hambre...— murmuró Choji. —No hay nada que pueda detenerlo—.
— Ya lo sé gordis — respondió Naruto frunciendo los labios.
Los gemidos y jadeos de Choji se escucharon en el gimnasio, mientras obligaba su cuerpo magullado y maltratado a través de otra flexión, y luego otra, y otra y otra. Era realmente notable: cuando Naruto tuvo a Choji bajo su tutela por primera vez, apenas podía hacer diez. Ahora, iba camino de los cien… bueno, con unos cuarenta y cinco, y aún tenía camino por recorrer si quería conquistar a esa belleza de buen trasero llamada Karui …
Estaban en una sala —privada— del gimnasio donde el uzumaki trabajaba como entrenador personal. Normalmente, la gente entrenaba en el gimnasio propiamente dicho, donde estaba todo el equipo y demás, pero Chouji había pagado un poco más para que su entrenamiento se hiciera en privado.
Naruto podía entender por qué: recordaba a Chouji de la secundaria, y el chico no tenía mucha autoestima. El hecho de que hubiera llegado allí era un milagro… pero se esforzaba, y estaba trabajando duro. Dale un par de meses, y el akimichi estaría mitad músculo mitad grasa; suficiente para impresionar a la chica de piel morena y cabello rojizo, al menos.
Naruto se paró frente a Choji, con los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos azules observando cómo el Akimichi en el suelo se obligaba a hacer otra flexión.
—Cincuenta y ocho. Cincuenta y nueve—. Naruto contaba, uno por uno, con la esperanza de animar a Chouji a seguir adelante. —Sesenta. Sesenta y uno, sesenta y dos... oh, vamos, levántate de una vez, tu puedes.—
Chouji se había desplomado en el suelo, con la cara roja, la piel empapada de sudor.
N-no puedo.— Dijo el akimichi a través de jadeos pesados que lo hacían sonar como si se estuviera muriendo. —No más... energía.— Se dio la vuelta sobre su espalda. —Necesito... sustento... carne, pollo frito…. Dame al menos un par de hamburguesas… argh—
Naruto se frotó la frente. —Joder, Chouji.— Maldijo en voz baja. —Te juro que...— Se quedó en silencio antes de continuar. —Si vas a un maldito lugar de comida rápida después de esto, te haré hacer doscientas flexiones la próxima vez. ¿Entendido? Ve a comer algo nutritivo.—
—Lo intentaré...— Chouji murmuró débilmente.
El rubio negó con la cabeza lentamente. —Levántate— dijo Naruto dejándose caer en cuclillas. Metió los brazos debajo de los hombros de Chouji, y con algo de ayuda del hombre mismo, lo puso de pie. —La semana que viene, a la misma hora. No llegues tarde.—
— hecho, Naruto—dijo Chouji y salió de la habitación a trompicones, a medias, y la puerta se cerró tras él con un chasquido .
Naruto suspiró. Chouji había terminado relativamente temprano, así que tenía unos buenos veinte minutos hasta que llegara su siguiente cliente. Estaba debatiendo si cruzar la calle hacia una cafetería y traerle una taza de café, o hacer algunos estiramientos, pero una simple cosa le impidió tomar una decisión.
¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!
El rubio metió la mano en su bolsillo y sacó el teléfono. En la pantalla se leía —Ototsuki-baka—, con una foto del peliblanco encima de su nombre.
Naruto pulsó —aceptar— antes de llevarse el teléfono a la oreja.
—¿Qué pasa?— dijo Naruto.
— ¡Oye uzumaki! — dijo Toneri por teléfono. — Sigues con toda esa mierda del gimnasio y el entrenamiento personal, ¿verdad, Naruto?—
Naruto dejó escapar un gruñido ante la pregunta de uno de sus rivales-amigos. —Sí, Teme—, dijo el. —Sigo haciendo lo mismo que he hecho durante los últimos cinco años—. Luego se apoyó contra una pared cercana, metiendo la otra mano en su bolsillo.
—¿Por qué te importa?— preguntó Naruto al ototsuki.
—¿ Conoces a mi esposa, Hinata?— pregunto Toneri.
—He hablado con ella... Solo un poco.— Dijo Naruto.
— Bueno... ella ha estado... bueno... subiendo de peso últimamente.— explico Toneri, dejando escapar una risita áspera. — He hablado con ella sobre eso, y la he convencido de que necesita ir a un gimnasio o algo así, antes de que le dé diabetes o algo así.—
—Hay un descuento de una amiga llamada sakura donde trabajo.— Le explico Naruto. —Dile que pase con ella-—
— No, no, no.— Dijo Toneri apresuradamente. —Está un poco... avergonzada por todo el asunto. ¿Crees que podrías hacerlo en mi casa? ¿Como un favor?—
—Mi agenda está bastante llena, Toneri-teme.— Dijo Naruto. —O viene aquí, o encuentras a alguien más.—
Un suspiro del otro lado de la línea. —¿Necesito mencionar el accidente donde destruiste el auto de la señora Tsunade o cuando vendías en la universidad píldoras para las matemáticas o que tal la marihuana en la secundaria?— menciono Toneri.
Naruto guardó silencio por un largo rato ante todo lo que sabia el ototsuki de el.
—¿Cuándo quieres que vaya?— preguntó el.
—El martes a las tres.— dijo Toneri. —Estaré en el trabajo en el clan Hyuga y probablemente estará ocupada, así que usa la llave de repuesto esta debajo del tapete—
—maldición de acuerdo, pero no menciones lo de Tsunade-bachan nunca mas…— dijo Naruto. —Hablamos luego, Toneri.—
—Nos vemos.—
Naruto suspiró, limpiándose la frente con el antebrazo. Esto iba a ser incómodo. La clientela femenina habitual se presentaba en dos clases: chicas grandes y musculosas que podían hacer press de banca con un auto si se esforzaban lo suficiente, o fanáticas engañadas que pensaban que largas horas a solas lo ayudarían a interesarse en ellas. El primer tipo era obviamente preferible… pero el verdadero horror ocurría cuando llegaba una chica que era ambas combinadas. Como su exnovia shion
Pero… por lo que recordaba de la esposa de Toneri, era tranquila. Inocente hasta la médula. No la había visto en unos tres meses, la última vez que fue a cenar a casa de Toneri con sus padres que eran socios del ototsuki, así que esperaba sinceramente que no hubiera engordado tanto. Bueno… según el hombre de pelo blanco, técnicamente sí, pero dudaba que fuera nada serio: la última vez que la vio (¿cómo se llamaba, Hanabi, Hana, algo así…?), estaba delgada. Probablemente le vendría bien un poco de peso extra, siendo completamente honesto.
Bueno, suponía que no importaba. Un acuerdo era un acuerdo, y de verdad quería que Toneri le contara a alguien (específicamente a Tsunade-bachan o a su madre) sobre todas las estupideces que hace en la semana, al menos ya maduro un poco.
Aun así. El martes estaba a un par de días de distancia... y lo más probable es que solo tuviera que hacer que la esposa de Toneri comiera algo de verdura, hiciera algunas abdominales, corriera alrededor de la manzana una o dos veces y volvería a la normalidad en una semana.
El rubio miro el reloj de su teléfono, frunciendo el ceño. Genial, ahora solo tenía quince minutos antes de que llegara su siguiente cliente... tal vez tiempo suficiente para tomar un café. Naruto abrió la puerta y rápidamente se dirigió al área principal del gimnasio. Se aseguró de cerrar la puerta detrás de él.
— maldición de acuerdo, pero no menciones lo de Tsunade-bachan nunca mas …— dijo Naruto. —Hablamos luego, Toneri—.
—Nos vemos— dijo el al rubio.
Clic .
Toneri dejó el teléfono sobre la mesa luego se frotó la frente con una mueca en el rostro, sus brillantes ojos mirando el escritorio en el que estaba sentado, casi contando las vetas de la madera.
Su esposa no había engordado ni nada, cielos no. Pero... Hinata siempre había tenido baja autoestima. Y el aumento de peso era notable. Esta era la mejor manera, razonó Toneri consigo mismo. Lo mejor para ella era cortarle la cabeza a la serpiente antes de que empeorara, ¿verdad? Quince libras se convertirían en treinta, treinta en sesenta, y lo siguiente que sabrías es que tendría que conseguir soportes de acero para la cama.
Bip!
Toneri se inclinó hacia adelante y presionó un botón en su intercomunicador. —¿Sí?—, dijo, al micrófono.
—Su esposa está aquí para verlo, Ototsuki-sama—, dijo la voz tranquila de su secretaria llamada shion.
—Que suba— murmuró Toneri soltando el botón. Prácticamente se retorcía los pulgares mientras la esperaba, echando ocasionalmente un vistazo por la ventana detrás de él, a la extensa ciudad: autos llenando la calle, gente caminando hombro con hombro en las aceras, el sonido de las bocinas evidente incluso desde su oficina del octavo piso.
Toc. Toc. Toc.
Toneri puso los ojos en blanco, incapaz de evitar una pequeña sonrisa arrogante que se dibujó en su rostro. Su esposa siempre había sido la dulce princesa de la que se había enamorado. Podría haber entrado en su oficina con una botella de whisky en una mano y un consolador en la otra, y a él no le habría importado. Y aun así, incluso ahora, después de 10 años de matrimonio, seguía sintiendo la necesidad de llamar.
—¡Pase! — dijo el.
El pomo giró y Hinata entró en la habitación, cerrando la puerta con cuidado tras ella. Una blusa azul asomaba por debajo del suéter gris que llevaba. Una fina falda beige de varias capas le llegaba hasta los tobillos. De verdad, le asombraba lo conservadora que vestía su esposa, incluso hoy en día, ocultando esas deliciosas curvas bajo capas de ropa... pero no se quejaba. Al fin y al cabo, era él quien la veía en casa, cuando ella andaba por ahí con shorts muy cortos y una camiseta fina. Bueno, al menos cuando él estaba en casa.
—¿Podemos salir a comer...Toneri-san?— preguntó la mujer de ojos perlas, apretando su bolso contra su pecho, un bonito rubor tiñendo sus mejillas.
Toneri suspiró. —Estoy bastante ocupado aquí, cariño—, dijo el —Tengo una reunión con unos contratistas en media hora, sin mencionar la reunión con tu padre y también con Minato-sama...—
—E-está bien— respondio Hinata. —¿C-crees que podría... no sé... traer algo aquí, y tú y yo podríamos comerlo juntos?—, preguntó ella.
Él frunció los labios. —De acuerdo, creo que eso funcionaría— comento Toneri después de un momento, asintiendo. —Tendrás que ser rápida. Antes de que te vayas, necesito decirte algo—.
—¿Q-qué pasa?— preguntó Hinata, inclinando la cabeza hacia un lado, sus ojos pálidos parpadeando con curiosidad.
—¿Recuerdas lo del entrenador personal que hablamos? dijo Toneri. Ella asintió. —He organizado que venga uno a casa el martes—el peliblanco continuó. —Es un conocido mío, un idiota llamado Naruto, ¿lo recuerdas, verdad? Sé que ha pasado tiempo, pero…—
—L-lo recuerdo.— Dijo Hinata. Cabello rubio, ojos azules, piel bronceada que brillaba a la luz del sol, ella tenía que admitir que era atractivo. Y sin duda era una persona memorable, no el tipo de persona que olvidarías después de escuchar las historias que Toneri había contado sobre él, o si lo hubieras invitado a tu casa.
—¡eso es bueno!— Dijo Toneri. —De todos modos, aparecerá el martes a las tres, cariño.— Dijo el. —Ponte ropa deportiva, asegúrate de tener algo de espacio. Naruto es un imbécil, pero espero que no te haga trabajar demasiado .—
Hinata sonrió. —S-si es un conocido tuyo,— dijo ella. —Estoy segura de que irá bien.— Sus ojos se abrieron de par en par. —¡O-oh m-mierda…!— jadeo Hinata. ¡A comer! Vuelvo en quince minutos, cariño. ¡Espérame!
—¡Nada con mucha azúcar!— gritó Toneri tras ella, mientras ella se giraba y abría la puerta de golpe, abriéndose paso por el pasillo a paso rápido. La puerta se cerró tras la peliazul.
Toneri se reclinó en su silla mirando hacia la puerta.
—Lo juro, si la lastimas, uzumaki...— murmuró para sí mismo. —Voy a patear tu culo y luego le dire a tu madre y a Tsunade-sama toda la mierda que escondes desde la secundaria—.
Toneri suspiro y luego preparo la reunión con Minato namikase padre del mencionado rubio, esperando avanzar el trabajo antes de que Hinata regresara.
--- Dos días después —
Naruto giró la llave en el encendido, el sonido del motor de su auto se desvaneció rápidamente.
El se pasó una mano por su cabello puntiagudo, con una mirada de contemplación en su rostro. Ahora, no lo malinterpreten, no tenía problemas con la esposa de Toneri. Pero , nunca había estado en una habitación a solas con ella. Y ahora, se esperaba que pasara varias horas a solas con ella... una perspectiva que esperaba que posiblemente se volviera apocalíptica.
Narutos olo podía esperar que su comportamiento —tímido e inocente— no fuera algún tipo de trampa para atraerlo. Vaya, había caído en eso antes. No tenía sentido retrasarlo más, supuso.
Con un suspiro, el rubio abrió la puerta de su auto, cerrándola con un ruido sordo una vez que salió. Una rápida presión del botón de su llave, y el auto pitó , las puertas se bloquearon y la alarma se activó, luego metio el llavero en su bolsillo, antes de caminar por el camino hacia la puerta y subir al porche de madera.
La casa del ototsuki en sí era bastante modesta, una de dos pisos en un típico vecindario suburbano, aunque el jardín y el césped recién cuidados, y los atisbos de muebles caros en el interior hablaban de riqueza.
Naruto había decidido vestir relativamente informal para este esfuerzo en particular: una camiseta naranja que se ajustaba a sus músculos y pantalones cortos de gimnasio. Esperaba no haberlo hecho demasiado informal... algo que pudiera darle a la esposa de Toneri una idea equivocada si en realidad fuera una fanática discreta o algo por el estilo.
Naruto extendió su mano y golpeó la puerta. Podía oír pasos dentro de la casa. Por un breve momento, vio un ojo pálido mirar por la ventana. Y luego, sonidos de cerraduras siendo abiertas, antes de que la puerta se abriera... solo, se abrió solo una rendija. La esposa de Toneri asomó la cabeza por un lado, ocultando la mayor parte de su cuerpo detrás de la puerta.
—¿N-Naruto...?— murmuró la mujer su voz increíblemente suave.
—Esa soy yo—, dijo el. Una pausa. —No quiero sonar grosero... pero la verdad es que no recuerdo tu nombre—.
Ella se sonrojó ligeramente. —E-es Hinata...— murmuró.
—De acuerdo. Bueno, Toneri-teme arregló esto, así que creo que sabes lo que vamos a hacer.— Dijo Naruto. Otra pausa. —¿Vas a dejarme entrar…?—
—U-um… es que…—
Naruto levantó una ceja. —¿Qué pasa?— preguntó.
—Yo… mi ropa normal de entrenamiento todavía está en la lav-lavadora.— Hinata tartamudeó, con la cara roja. —A-así que t-tuve que usar un par más viejo…—
—De acuerdo.— Dijo Naruto claramente. —¿Se supone que eso significa algo?—
—E-es solo un poco… v-vergonzoso…— admitió Hinata.
Naruto suspiró. — escucha— explico Naruto. —Estoy haciendo esto como un favor para Toneri.— Dijo el. —Realmente me importa un comino lo que lleves puesto, Hinata. Solo déjame entrar, y podemos terminar con esto lo más rápido posible, ¿de acuerdo?—
—¿T-tan rápido como sea posible…?— murmuró Hinata.
—Seré tan rápido como pueda.— Dijo Naruto.
—E-está bien.— respondio Hinata, después de un largo momento de silencio. —P-entra.— Ella se hizo a un lado, aunque tuvo cuidado de mantenerse protegida tras la puerta.
Él entró en su casa, quitándose los zapatos con cuidado y dejándolos junto a la puerta.
—Muy bien, vamos—Naruto se congeló por un milisegundo. —Empecemos.— Dijo el apresuradamente, apartando rápidamente la mirada de la diosa que todavía intentaba esconderse tras la puerta.
Mierda. Recordaba que la esposa de Toneri era bonita, pero Hinata era simplemente… wow . Nunca en su vida se había alegrado tanto de que su otra ropa deportiva estuviera en la lavadora, porque solo ver lo que llevaba puesto lo hacía sentir como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago.
shorts cortos negros apretados y ajustados que abrazaban su trasero regordete y azotable. Una fina camiseta verde de tirantes le ceñía los pechos, y el contorno del sujetador se veía claramente a través de la tela. La camiseta se subió ligeramente, dejando al descubierto su suave abdomen, una piel limpia e inmaculada que Naruto podía devorar.
El rubio tuvo que morderse la lengua para evitar que una erección se le moviera por debajo de los shorts que vestia. Porque ella sin duda lo notaría, y probablemente saldría corriendo a la otra habitación gritando a juzgar por su comportamiento anterior. Eso sería malo por dos razones: primero, la esposa del ototsuki que lo chantajea pensaría que era un pervertido, y segundo, se vería privado de mirar su cuerpo curvilíneo.
Naruto sabía que estaba mal mirar así a la esposa de otro hombre, pero joder , era demasiado atractiva para llevar algo así delante de un hombre viril como él. Y combinado con toda esa cuestión de —tímida e inocente— (que ahora sabía que no era una actuación), estaba completamente interesado en esa chica.
—Toneri-baka—, pensó Naruto. —Eres un cabrón—.
—Entonces, ¿cuál parece ser el problema?— preguntó Naruto, mientras ella lo conducía a la sala de estar - el Uzumaki no tan sutilmente mirando su trasero, que se movia con cada paso que daba, sus caderas balanceándose de un lado a otro.
—N-no he estado haciendo nada d-diferente últimamente…— murmuró Hinata, agarrando su muñeca con el otro brazo y mordiéndose el labio tiernamente. —P-pero he subido algunos kilos.—
—¿Qué tipo de cosas has estado comiendo?— preguntó Naruto.
—V-vegetales.— Dijo Hinata. —Trato de m-mantener una dieta s-saludable.—
—De acuerdo... ¿haces ejercicio a menudo?— preguntó Naruto.
—S-sí.— Dijo Hinata. —Trato de dedicar al menos una h-hora a hacer ejercicio todos los días.—
Naruto cruzó los brazos sobre su pecho. —De acuerdo…—.
Ambos entraron en la sala de estar. La mesa de centro y el sofá habían sido trasladados a un rincón de la habitación, dejando libre un amplio espacio en el centro. Una fina colchoneta azul estaba extendida sobre dicha zona. —Solo haz algunos estiramientos básicos— pidió Naruto.
—¡de a-cuerdo...!— tartamudeo Hinata y se puso manos a la obra de inmediato, de pie en el centro de la colchoneta, estirando el cuerpo de maneras que hacían que su trasero y sus pechos se movieran de lo que él estaba seguro que era una forma involuntaria. No es que eso hiciera el espectáculo menos disfrutable.
Naruto frunció los labios. Por lo que ella había dicho, no había ninguna razón para que Hinata estuviera subiendo de peso. Con una buena dieta y un buen plan de ejercicios, debería estar en plena forma. Y, sin embargo, estaba subiendo de peso. Eso era... extraño.
—Hinata— dijo Naruto. —¿Les ha pasado algo a ti y a Toneri-teme últimamente? ¿Algo... grave?—
—U-um…— Hinata mientras se agachaba para tocar el suelo con las palmas de las manos, dándole al uzumaki una vista de su amplio trasero.
—Bueno. T-Toneri-san consiguió un a-ascenso de mi padre en el trabajo hace unas semanas— dijo la ojiperla. —Y desde entonces no ha estado mucho por aquí. Casi nunca viene a casa a cenar, y no hemos tenido sexo—
Hiinata se detuvo en ese momento, su cara se puso roja como un tomate, y continuó haciendo sus estiramientos sin decir una palabra más, aunque Naruto prácticamente podía ver el vapor silbando fuera de sus orejas.
Naruto asintió con la cabeza casi con complicidad. Eso ciertamente explicaba muchas cosas: si no eran sus hábitos alimenticios o de ejercicio los que estaban causando su aumento de peso… entonces su vida sexual sin duda también era una buena razón para eso. Supuso que era una combinación, en realidad, de la ausencia de Toneri y la falta de sexo, lo cual probablemente le causaba estrés, lo cual a su vez... bueno, esa es la idea de que ella subiera de peso.
El sonrió con suficiencia. Bueno... Toneri prácticamente lo había chantajeado para traerlo a su casa con la peliazul. Y bueno, Naruto no era de los que dejaban que la esposa de uno de sus rivales se hundiera en el estrés. Era su deber cívico, en realidad, como ciudadano y...Como rival para asegurarse de que las necesidades de Hinata estuvieran... saciadas. No sería tan diferente, después de todo. Iba a asegurarse de que estuviera un buen calentamiento... vaya que Juego de palabras intencionado.
(Maldita sea. Toneri era un pendejo si no aprovechaba a una mujer como Hinata) — susurro el uzumaki.
— Bueno, la sutileza probablemente no era la mejor manera de hacerlo— pensó Naruto, mientras veía a Hinata estirarse, y sus grandes pechos moviéndose con cada movimiento. Si ella era inocente como se veía, entonces tendrías que meterle algo en la cara para que lo entendiera. Y considerando lo tímida e inocente que era... mientras jugara bien sus cartas, probablemente podría hacer que ella se abriera sola siempre y cuando mantuviera el pretexto de —ayudarla a entrenar—
Un plan se gestó rápidamente en la mente de Naruto. Y, con un ligero asentimiento para sí mismo, decidió ponerlo en práctica... rápidamente.
—Voy a colocarme detrás de ti, Hinata— anuncio Naruto.
—E-vale...— murmuró la mujer de ojos perlas.
Ella estaba inclinada, con las palmas de las manos apoyadas en el suelo y su precioso e impresionante trasero sobresaliendo hacia él.
Naruto se colocó silenciosamente detrás de ella, agarrando suavemente sus amplias caderas con las manos. Colocó su entrepierna a menos de una pulgada del trasero de Hinata.
—Muy bien, necesitas estirarte un poco más— menciono Naruto. —Abajo, más abajo, arquea la espalda, Hinata...— repitió el . —Vuelve a subir a mi pelvis—. Así lo hizo ella.
Naruto reprimió un gemido cuando el celestial trasero se presionó contra su entrepierna. —Ahí vamos— dijo el.
Twitch.
—¡Eeep!— Hinata dejó escapar el chillido más lindo y adorable que jamás hayas escuchado, saltando cuando sintió que algo se movía contra su trasero. Su cara se sonrojó, pero mantuvo su posición.
—¿Q-qué fue e-eso...?—, preguntó Hinata con voz suave.
—¿Qué fue qué?— dijo Naruto, fingiendo inocencia.
—Sentí que algo se movía…— murmuró Hinata. —Algo r-realmente grande.— ella hizo una pausa al hablar. —¿S-sabes c-cuando estás s-nadando y s-sientes que algo roza tu p-pierna…? ¡E-fue como e-eso…!—
—Oh, eso — Dijo Naruto, con una sonrisa burlona curvando sus labios. —Solo era mi pene, Hinata. Nada de qué preocuparse.—
Si era posible, el rostro de la ojiperla se puso aún más rojo, hasta el punto en que pensó que se desmayaría por toda la sangre que bombeaba a sus mejillas.
—T-tu…— No pudo pronunciar la palabra. —¿T-tu cosita…?— pregunto Hinata.
Naruto soltó una breve risita. —Bueno, hoy haremos un tipo de entrenamiento diferente.—
El explicó, agarrando sus caderas un poco más fuerte. —El problema no está afuera, Hinata. Está adentro… así que tú y yo tendremos que hacer algunos ejercicios para asegurarnos de que tu problema se resuelva, dattebayo.—
—¿Ejercicios para las articulaciones …?— se atrevió a preguntar Hinata.
—Bueno… ¿cómo debería explicar esto…?— el rubio quedó pensando por un momento. —Es similar a lo que llamarías sexo como el que practicas con toneri-teme, pero…, está excluyendo toda la parte de estar casados.—
—¿E-eso no sería i-infidelidad?— preguntó Hinata.
—¡Claro que no!— dijo Naruto y sonrio burlonamente. —No es infidelidad si no significa nada… y bueno, solo estamos tratando de entrenar juntos, Hinata.— continuó diciendo el. —No te preocupes, ya lo aclaré con Toneri-teme, y está completamente de acuerdo.—
—¿E-él e-esta de a-acuerdo con esto…?— preguntó Hinata intrigada.
—¿Tu esposo enviaría a uno de sus conocidos solo para que te mienta?— comento Naruto.
—T-tienes razón.— Hinata respondió. —E-bien, creo que lo haré, si me ayuda a ponerme en forma...— murmuró ella suavemente.
—Bien— dijo Naruto. —Ahora— el comenzó separándose de ella; Hinata se enderezó y se giró para mirarlo.
—Vamos a comenzar con algunos ejercicios orales simples... esto te ayudará a aprender a respirar por la nariz, y así sucesivamente. Primero lo primero, necesitas arrodillarte— dijo Naruto.
Ella asintio obedientemente, poniéndose de rodillas, su cara a la altura de la entrepierna... la cual, ahora que se dio cuenta, se veía un poco tensa. Qué pintoresco. —¿Q-qué sigue?—, preguntó Hinata, mirándolo, parpadeando esos grandes ojos pálidos e inocentes de tal manera que hizo que sus shorts se apretaran aún más.
—Bueno, tendré que sacar el equipo— comento Naruto. —Piensa en ello como una mancuerna o una bicicleta estática—. Suavemente, el enganchó sus dedos en la cinturilla de sus shorts y, con un tirón brusco, los bajó junto con sus bóxers en un movimiento suave. Su pene se salió de sus pantalones cortos y la mujer de ojos perlas literalmente jadeó.
—¡W-wow...!— dijo Hinata con asombro absoluto, parpadeando varias veces como si la estuvieran engañando. —¡Es tan... g-grande...!— comento ella. —¿E... e-es normal p-que sea tan g-grande...?— preguntó. —P-porque To-Toneri-san no es tan g-grande como tú...—
Naruto reprimió una sonrisa. —Esa es una de las razones por las que soy entrenador de gimnasio—. Mintió él. —Con un equipo como este, significa que puedo ayudar a estirar completamente el interior de cualquier mujer. Ahora... no es normal ser tan grande, pero es un placer extra para la mujer involucrada. Hace que los... ‘ejercicios articulares’ sea un poco más placenteros para ellas.
—M-me alegro de que seas mi e-entrenador e-entonces...— murmuró Hinata. —Entonces, ¿los ejercicios orales significan que tengo que... lamerlo...?— pregunto ella. —¿O c-chuparlo?—
—Bueno, creo que tomaré la iniciativa en esto, dada tu relativa... inexperiencia— dijo Naruto y con mano firme, agarró su grueso miembro, levantando el apéndice y presionándolo contra sus labios.
—Abre bien tu boca— dijo Naruto. Y ella lo hizo. Él le metió la verga en la boca, sus labios se estiraron lascivamente alrededor de su miembro.
Hinata estaba asombrada por el hecho de que de alguna manera el pene del rubio logró hacerse aún más grande una vez dentro de su boca, y más duro, mucho más duro también. Experimentalmente, ella lamió un lado con la lengua, emitiendo un pequeño gemido ante el sabor almizclado que la golpeó como un cohete.
—¡Guau...!—, pensó Hinata. —¡Sabe... realmente, realmente bien...!—
—Vas a tener que relajarte— menciono Naruto. —Esto será mucho más fácil si no estás tan tensa—. Y luego soltó un pequeño gruñido. —Necesito realizar un examen más profundo—.
Ella Intentó decir: —¡B-bien!— pero salió principalmente como un gemido ahogado, considerando que tenía la boca llena de un pene. En cualquier caso, la intención era clara. Hinata cerró los ojos, respirando profundamente varias veces por la nariz, mientras su pecho subía y bajaba. Poco a poco, su garganta se relajó.
Naruto bajó una mano y la deslizó entre sus mechones azules y luego con un agarre firme, logró obtener el balanceo que necesitaba y, con un movimiento de cadera, comenzó a embestir suavemente. La barrera entre la boca y su garganta era la parte más difícil, con densos y carnosos chapoteos que llegaban a sus oídos, mientras Hinata se atragantaba ligeramente con su verga. Finalmente, el logró tomarla y, con un pop , se deslizó dentro de su garganta. La resistencia después fue mínima, mientras centímetro a centímetro de su miembro se deslizaba por su garganta, hasta que finalmente, él hundió su pene hasta los huevos.
Luego el rubio se retiró ligeramente, liberando unos diez o doce centímetros de su pene, lo que aún dejaba casi veinte centímetros de gruesa carne masculina en su interior.
—Ahora, vamos a necesitar... —Déjame correrme, Hinata —dijo Naruto—. Quiero que tomes tus pechos y los envuelvas alrededor de mi verga. ¿Puedes hacer eso?
Hinata asintió, con la cara roja, saliva goteando por las comisuras de su boca.
Ella bajó las manos, bajando su camiseta hasta que quedó apoyada sobre su abdomen, sus pechos celestiales derramándose libres de su confinamiento, solo sujetos ahora por un fino sujetador azul de encaje. Este también se lo quitó pronto, Hinata lo arrojó suavemente sobre una silla cercana.
Hinata levantó sus tetas desnudas, envolviendo los cremosos globos alrededor del tercio del pene que aún estaba metido dentro de su boca. —¡Mfmmf...! —dijo ella.
Naruto interpretó eso como: —¿Y ahora qué?
—Solo mantenlos envueltos alrededor de mi verga, Hinata —comento Naruto—. Este ejercicio es uno que puedo hacer por ti, así que siéntate tranquila y recuerda relajarte.
El rubio bajo la otra mano y, con ambos brazos se aferro a su cabeza con fuerza, comenzó a penetrar a la hermosa Hyuga, que estaba de rodillas ante él.
Naruto embistió una vez, disfrutando de los gemidos de Hinata, de los densos y chapoteos que escapaban de su boca, de la sensación de su garganta alrededor de su enorme miembro. La adición de sus tetas era aún mejor, y se aseguró de que sus embestidas fueran largas y duras, sacando hasta que solo la punta quedó dentro de su boca antes de penetrarla por completo. Luego de regreso, hasta que sus bolas golpearon contra la suave barbilla de la mujer.
‘Dijo que necesitaba correrse, ¿verdad?’ pensó Hinata. ‘Bueno... es mi entrenador personal. Probablemente debería ayudarlo a llegar allí antes, ¡así podemos pasar a otras cosas más rápido!’
Ella intentó lo mejor que pudo, apretando sus tetas cada vez más fuerte alrededor de la base de su pene, usando su lengua tanto como pudo para lamer los lados del glande.
Hinata sonrió radiante cuando el uzumaki comenzó a gruñir y gemir. ¡Tenía razón! Ella había chupado el pene de Toneri antes, pero nunca así, y nunca había sido una sensación tan estimulante tener una verga metida en su garganta. Naruto realmente tenía razón sobre su inmenso tamaño que lo hacía sentir mucho mejor. ¿Por qué no había estado haciendo este tipo de ejercicio toda su vida?
—Hmm... Pensándolo bien...— murmuró Naruto, casi para sí mismo. Con un “pop” deslizó su miembro fuera de la boca de Hinata. Un momento después entonces ella se dobló, tosiendo una combinación de saliva y líquido preseminal que roció la alfombra debajo de ellos.
—No creo que tu garganta necesite mucha limpieza—, dijo el rubio. —Sin embargo, tendré que echarle un vistazo a la parte inferior de tu cuerpo, Hinata—.
—¿Q-quieres decir...?— Ella echó un vistazo a su entrepierna vestida con ropa corta... que estaba empapada casi por completo con un fluido extraño. Hinata lo olió bien, el olor acre que le enviaba escalofríos por la columna vertebral.
—Eso es exactamente lo que quiero decir— dijo Naruto. —Acuéstate boca arriba, Hinata—, le aconsejó, la mujer de ojos claros siguió sus palabras casi como las decía, colocándose boca arriba. Con un tirón firme, le quitó los shorts y las bragas de una vez, oliendo bien su excitación antes de arrojarlos detrás de él casi perezosamente.
Naruto totalmente erecto, y aun así, se tomó un momento para evaluar lo que tenía delante: acariciando suavemente el coño con una mirada pensativa.
—A menudo, se puede aliviar mucha presión en el cuerpo trabajando sobre los agujeros— explicó Naruto. —Empezaremos con este—, dijo el acariciando ligeramente sus pliegues húmedos. —Y luego seguiremos con las demás. ¿De acuerdo?—
—D-de acuerdo...— tartamudeó Hinata.
Naruto agarró la base de su verga con una mano, mientras que con la otra apretaba suavemente el muslo de ella, acercándola un poco más a él. Hinata estaba completamente asustada por la diferencia de tamaño entre el miembro del rubio y su coño; parecía como si alguien estuviera a punto de intentar meter un tronco en el desagüe de un fregadero. No pudo evitar el gemido que escapó de sus labios cuando él presionó la punta de su pene en sus pliegues empapados.
Y entonces, el uzumaki la penetró.
Fue solo su increíble humedad la que le permitió el acceso: sus insondablemente estrechas paredes internas obligadas a estirarse por su miembro. Quitando su mano de la base de su pene, la colocó en su otro muslo, dándole la palanca que necesitaba para penetrar más y más profundamente a la belleza de cabello azul que yacía ante él.
La visión de su enorme verga desapareciendo en su pequeño y apretado coño era realmente embriagadora, y cada jadeo y gemido que ella dejaba escapar era como música para los oídos de Naruto. No pasó mucho antes de que él estuviera empujando contra su cérvix... y Hinata estaba horrorizada y emocionada al descubrir que todavía tenía al menos tres pulgadas fuera de su coño.
—Oh...—, gimió ella. —E-eres tan g-grande...— murmuró Hinata, mordiéndose el labio tiernamente. —Aunque n-no duele... p-pensé que dolería...—
—Ahora, te lo advierto — el rubio se aclaró la garganta. —Esos ejercicios orales de antes ya me han calentado bastante — dijo Naruto dándole unas cuantas embestidas cortas que dejaron a la mujer de ojos perlas gimiendo y jadeando debajo de él.
—Voy a tener que correrme dentro de ti, Hinata— informó el uzumaki. —Es una excelente manera de limpiarte por dentro, por así decirlo, ttebayo—.
—Esta-b-bien…— murmuró ella.
Ahora el hombre rubio sí que estaba bastante cerca de correrse. Hinata estaba exquisitamente apretada, y ver sus grandes pechos agitarse, combinado con los pequeños chillidos y gemidos que dejaba escapar, fueron más que suficientes para acercarlo.
El empezó a embestir cada vez más rápido, su gruesa y carnosa verga arrasando el pobre coñito, estirándolo hasta el punto en que Naruto se sorprendería si Hinata pudiera siquiera sentir a otro hombre dentro de ella.
Con cada embiste cada vez más rápido. Cada vez más fuerte. Un empujón en su punto G envió a Hinata al límite del placer, y dejó escapar un largo gemido gutural al correrse, apretó las manos con tanta fuerza sobre sus muslos que dejó las huellas de sus dedos, empujando su verga en su apretado coño tan fuerte y tan rápido que sus caderas no se detenían.
El uzumaki jadeo y se envainó dentro de ella una última vez, sus bolas casi del tamaño de un tomate descansando en contra de sus muslos.
Naruto dejó escapar un gemido mientras se corría profundamente dentro de Hinata, liberando una cantidad tan grande de semen que probablemente empequeñeció las últimas mil corridas que Toneri le había dado a su esposa. Podía sentir cada disparo mientras se liberaba dentro de sus entrañas. Era tan cálido dentro de ella... y con asombro en sus ojos pálidos, vio cómo su estómago pronto comenzó a expandirse para acomodar la semilla que él estaba dejando en su vientre.
Después de un tiempo espantosamente largo, Naruto terminó de correrse sacando el pene de su coño, dejando que su semen saliera a borbotones de su vagina rellena como una cascada.
′¡Todavía está duro...!′ Hinata pensó, mirando el pene del uzumaki.
Naruto dejó escapar un suspiro y luego sonrió alegremente. —Hora de tu siguiente agujero—, dijo el agarrándola con fuerza de la cadera con una mano y girándola boca abajo. —A gatas, Hinata—.
A la mujer de ojos perlas le tomó un momento reunir la energía para seguir sus instrucciones, pero lo logró, forzando sus rodillas temblorosas a sostener la parte inferior de su cuerpo mientras sus codos se hundían en la colchoneta para levantar la mitad delantera. Ella dejo escapar un gemido, mientras un chorro casi constante de semen brotaba de su coño, manchando la colchoneta con su esencia.
Naruto normalmente se lubricaría antes de penetrar el ano, pero, considerando que su verga estaba cubierta con una abundante cantidad de los fluidos de Hinata, de saliva y su semen, pensó que estaría bien.
El rubio le separó las nalgas con dos dedos, revelando su pequeño y fruncido agujero. Alineó su pene con su ano y luego se metió a la fuerza, metiendo cada centímetro de su enorme verga en ella de una sola embestida.
Hinata se quedó boquiabierta, sus codos perdieron agarre mientras caía hacia adelante, su corta caída amortiguada por la colchoneta.
A Naruto, en este punto, le importaba una mierda: Hinata ya estaba prácticamente en coma después del enorme creampie que le había dejado en el coño, y para entonces, todo en lo que la mujer podía concentrarse era en dos cosas; su verga y su semen. Y así, con salvaje abandono, el embistió dentro y fuera de su culo.
—¡Argh...!— Hinata sonaba casi como un animal moribundo, con la cara amortiguada por la colchoneta. —¡T-Toneri-san n-nunca ha estado a-ahí n-antes...!— ella tartamudeó, su voz cortándose con cada embestida.
—Bien—, dijo Naruto bruscamente. Disfrutaba de la forma en que sus nalgas golpeaban contra sus muslos cada vez que embestía, sin mencionar la increíble, aparentemente imposible estrechez de su culo. Toneri realmente era un bastardo con suerte... pero, de nuevo, tendría suerte si siquiera metía su pene en los agujeros abiertos en los que la verga de el había follado.
No pasó mucho tiempo antes de que estuviera listo para correrse de nuevo. Y claro, descargarse una vez en su ano sería divertido y todo eso, pero Naruto tenía otros planes en mente. Con un chapoteo , se apartó de su trasero. Con un empujón firme, empujó a Hinata sobre su espalda una vez más, sentándose rápidamente a horcajadas sobre el estómago de la mujer de ojos perlas, su larga y gruesa verga proyectando una sombra sobre sus pechos.
Naruto sonrió agarrando su verga y acariciándola tan rápido y tan fuerte como pudo. Apuntó la punta directamente al rostro expectante de Hinata y luego eyaculo tan pronto como estuvo listo.
Para la mujer de ojos perlas el pene del rubio parecía una manguera, en realidad. Rociando desde la punta de su pene en lo que parecía ser un chorro continuo, salpicando su cara, manchándola con su semen. Sus mejillas, su frente, su nariz, sus labios, su barbilla, nada se salvó. El se aseguró de darle también una buena capa a su cabello, tiñendo sus mechones azules de un bonito tono blanco crema.
Naruto se burlo rió entre dientes al terminar, mirando fijamente el rostro casi irreconocible de Ototsuki Hyuga Hinata.
—Esa fue una excelente primera sesión—, comento el rubio poniéndose de pie. Usó sus shorts de ella tirados en el suelo para limpiarse la verga de sus fluidos, antes de volver a ponerse los bóxers y los shorts. —Volveré la semana que viene— le dijo Naruto. —A la misma hora, en el mismo lugar—.
Y luego, el rubio salió de la casa, abriendo la puerta de golpe y cerrándola detrás de él. Dejó a Hinata atrás, tumbada sobre una colchoneta en el centro de su sala de estar: su ano abierto se contraía, su coño derramaba continuamente su semen, y su rostro cubierto de lo que parecían ser cinco capas de semen.
Apenas estaba consciente en ese momento, su visión se turbó, su cuerpo se contrajo de vez en cuando.
Una vez que finalmente recuperó el control de sus facultades mentales, solo una cosa le vino a la mente. «Necesito hablar con Toneri-san para que Naruto-kun sea mi entrenador personal oficial», pensó Hinata satisfecha con el mejor sexo que hubiera tenido nunca.
La mujer de cabello azul y ojos perlas se puso de pie y limpio lo mejor que pudo, para luego darse un baño y reflexionar si había sido una infidelidad el haberle mamado la verga, y además follado con Naruto uzumaki en la sala de su casa … pero toneri era el de la culpa en eso literalmente la orillo.
En pocas semanas Hinata bajo de peso, pero Toneri estaba mas que molesto ya que no tenían sexo, su esposa llegaba del gimnasio agotada y adolorida, el culpo a Naruto por ser duro con ella.