Shadows | | Sanwoo

Summary

Choi San es un inspector alfa de policía que queda emocionalmente destruido tras una operación fallida provocada por una banda criminal. Consumido por la culpa pierde su prestigio y el sentido de su vida. Cuando todo parece perdido, aparece un chico llamado Jung Wooyoung, un omega misterioso y magnético que se convierte en su nuevo compañero. San deberá enfrentarse a su pasado y hacer justicia, en el proceso descubrirá que el verdadero objetivo no es solo vencer a la policía, sino quebrarla psicológicamente. Se registra que amar puede ser un acto tan letal como sobrevivir ( Contenido sexual    📟 ) ( Contexto omegaverse    🎮 ) ( Escenas sangrientas    📟 ) ( Trastornos psicológicos    🎮 ) ( Modificación edades    📟 ) Grupos a los que pertenecen ciertos personajes: BTS, ATEEZ, CORTIS, ONEUS, TXT, Enhypen Based on "New Police Story"

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

🏛️͜𝟷̷ ̷̸̶ֱ݅ᨯ

Una gota amarga

Agua

Suciedad

Humedad

Sudor

Asco

Basura

Alcohol

Unas de las tantas cosas que podía seguir enumerando

Unas de las tantas que sentía por todo el cuerpo

Su olfato no había estado tan sensible ni los olores tan fuertes de como cuando salió del bar de mala muerte. Ni el omega con aroma dulce pudo hacer algo para dejarlo dormido o sedado, parpadeó unas cuantas veces mirando al techo sin poder conciliar el sueño. Lo último que recuerda es haber vomitado en el baño sucio una vez acabaron, unos billetes y el aire lo levantó lo suficiente para que pudiera salir de aquel lugar.

Afuera la calle parecía más amplia de lo normal llena de luces neón, las vio parpadear en las vallas publicitarias como los latidos en su cabeza, cada paso que daba sonaba demasiado fuerte en su propio pecho.

Con los mocos tibios se limpió con la chaqueta, alzó un brazo cuando vio un taxi acercarse con desgano por la derecha. El coche se detuvo unos metros más adelante y se aproximó a tropezones. Murmurando un buenas noches deslizó el dinero por la ventana abierta antes de intentar subirse a gatas al asiento trasero. Apenas apoyó una rodilla en el borde cuando el motor rugió con brusquedad y el carro avanzó yéndose con su dinero.

El movimiento lo hizo tropezar. Parpadeó justo cuando el asfalto le recibió la cara con más humedad. El taxi desapareció calle abajo llevándose los billetes y lo poco que le quedaba de dignidad. Todo le dio vueltas cuando logró incorporarse a medias. El mundo se inclinaba en ángulos extraños, los mismos que hace tiempo atrás descubrió tras unos vasos de whisky. Fue cuando apenas sintió la camisa mojada y hedionda, pegada al torso como una segunda piel enferma; el pelo, grasoso a más no poder, le caía sobre la frente en mechones desordenados. En la boca, un regusto espeso de desgracia y otros fluidos sucios le recordaba que aún no había terminado de tocar fondo.

Ah, pero ¿De qué iba a quejarse? Era apenas lo que se merecía

El callejón oscuro lo recibió con la botella en manos, rió al ver que no se había acabado la reserva, cuanto más fondo mejor.

No llegó muy lejos. Se dobló de golpe y vomitó sin arcadas, parecía que habían dejado de avisarle.

El primer chorro cayó contra el suelo y le salpicó los pantalones. Sus ojos se humedecieron cuando le ardió la garganta. Tosió y volvió a vomitar, la suciedad pareció jalarle desde dentro del estómago porque sintió como si una víbora había salido de él. Salieron restos mal digeridos, alcohol ácido, bilis espesa. Se le mezcló con la saliva y le corrió por la barbilla.

La ciudad siguió su curso, los autos pasaban. Alguna risa distante se perdió en la esquina, nadie se detuvo a ver a un tipo tirado, un tipo que había servido a su nación. Su nariz se frunció con extrañez, algo picante le caló en las fosas, fue lo último que alcanzó a hacer antes de decaer inconsciente.

Entonces una figura apareció caminando por la acera con paso tranquilo en la entrada del callejón

Una sombra

Al verlo tirado pasó por encima de su pierna inerte. La sombra se cernió sobre el borracho que yacía en el riachuelo de un desagüe. El cuerpo en el suelo murmuraba palabras que no formaban nada.

El chico del lunar inclinó la cabeza aun con las manos dentro de la chaqueta. Observó unos segundos al borracho desparramado contra el pavimento. Sus ojos bajaron de inmediato hacia los bolsillos mal cerrados. La billetera estaba a punto de caerse, sin dejar de verlo se agachó sin prisa y la tomó entre los dedos. La abrió con naturalidad que lo representaba. Dentro, una foto pequeña. El rostro afeitado, mirada seria y claro, el uniforme impecable.

POLICÍA DE HONG KONG

Agente Choi San

Inspector Superior de Policía

La sonrisa felina del pelirrojo no desapareció

⚖️◃───────────────────────────────────▹⚖️

Dos años antes

Hong Kong era una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, con más de siete millones de habitantes. Una de las ciudades con más población y por ende más vulnerable en cuanto a los crímenes

— NO SE MUEVAN O LAS MATARÉ

En cuanto el departamento de policía recibió la llamada se dispersaron dos cordones de seguridad alrededor de tres kilómetros, armamento medianamente pesado, equipo de inteligencia análoga y francotiradores en el perímetro superior tanteando al situación.

La situación en sí era un delincuente recién a la salida de un local comerciante con dos personas que tenía como rehenes encañonados del cuello.

Seis agentes fueron enviados por ambas direcciones del local donde el delincuente se encontraba. Era una situación donde a todos les temblaba el pulso, si algo salía mal los medios harían lo posible por recordar los fallos de inmediato. Múltiples agentes recibían masas de odio cuando por defenderse terminaban con sangre de asesinos en sus manos, a opinión del público hasta los delincuentes tenían derechos. La Constitución de la República al verse arrinconada por la población mayormente los condenaban a múltiples años de prisión.

A opinión pública creían que nadie merecía morir sin juicio, aunque fuera delincuente. La idea era que la policía no debía decidir quién vive o muere fuera de un proceso legal. La policía estaba para servir incluso si se trataba que perdiera la vida en el intento, total siempre habíansuficientes rateros.

— Retrocedan o los mataré, no estoy jugando — gritó el delincuente viéndose acorralado por el cuerpo de la policía en ambas direcciones.

— Señor Lee por favor tranquilícese — intentó conciliar el sargento Park, Jin lo observó del otro lado con el arma en manos, Jimin le lanzó una mirada aguda sin decir nada más — Piénselo bien, no quiere hacer esto — se dirigió de nuevo al alfa que tenía alborotadas las feromonas.

— ¡Quiero ver a Jackson Wang! O mataré a estos dos ¿O es eso lo que quieren? ¿¡AH!? — gritó con fuerza a lo que el beta y la omega negaron empapados de lágrimas.

— Yo no tengo nada que ver, por favor señor — habló el beta asustado— Yo solo recibí órdenes, yo jamás-

— ¡No! ¡Espera!

En el instante en que el delincuente se distrajo Jungkook se acercó por la izquierda sin bajar el arma, obtuvo una reacción que no esperaba porque en el momento en que el delincuente lo amenazó para que no diera ni un paso más la omega se soltó del brazo y salió corriendo despavorida. El alfa reaccionó y le disparó molesto a la chica en la pierna por inercia.

Todos los agentes reaccionaron al disparo y la multitud gritó aterrorizada

Con un rehén suelto el alfa gruñó molesto, salió uno más grave desde la garganta cuando el policía con olor a clavel atrajo a la chica interponiéndose.

— Tranquila, estarás bien — le susurró Seokjin a la chica — Jimin, que la revisen — ordenó de inmediato.

— Llamen a la prensa ¡Quiero un reportero! Háganlo o lo mataré y será su culpa — gritó el alfa con los ojos saltados en ira

Jimin recibió la mirada de su equipo que lo miraba esperando sus órdenes, sin más que decir habló por el comunicador — Que traigan un reportero, abran el cordón de seguridad B

No faltó mucho para que una reportera llegara con su camarógrafo, en el camino la beta le susurró al reportero con aroma a eucalipto — Oiga, en serio no puedo hacer esto ¡OH DIOS! ¿ESO ES UNA GRANADA? NO VOY, NO VOY — habló despavorida entregando el micrófono al camarógrafo.

El camarógrafo trotó despacio hacia donde la multitud le abrió paso

— Señor Lee, ya está aquí la prensa, cálmese por favor, dirá lo que quiera, solo cálmese

— ¡Trae esa cámara acá!

El reportero se acercó tambaleando enfocando mal la imagen, una vez en vivo el alfa habló

— Jackson, me engañaste, todo lo que tenía lo invertí en tus acciones — las feromonas debilitaron al beta en sus brazos a pesar de la casta, con el arma en la cabeza y la granada en su cuello solo pudo llorar cerrando los ojos — ¡Dijiste que ganaríamos mucho dinero! Dijiste que usara los fondos de mi compañía y ahora estoy quebrado ¡LO PERDÍ TODO POR TU CULPA! Eres un estafador de lo peor imbécil, quiero que

Los ojos del alfa fueron más lentos que sus sentidos cuando la bruma de eucalipto se adueñó del espacio, debió hacerle caso a sus sentidos.

En un movimiento bien calculado el reportero tiró la cámara para tomar el arma del delincuente en la mano, con la otra agarró la granada, al delincuente se le heló la sangre cuando debajo del chaleco del reportero vislumbró cierto brillo

Una placa de policía

Subió la mirada y se encontró con un par de ojos negros profundos

Asustado, pero sin dejarse vencer forcejeó con el policía, demonios que era fuerte

San no parpadeó

El forcejeo apenas le arrancó un gruñido bajo, más animal que humano. Sintió el tirón en el hombro, la presión desesperada del delincuente intentando zafarse, pero su expresión no cambió. Solo sus ojos se endurecieron, volviéndose aún más oscuros hacia su objetivo, si algo caracterizaba a Choi San era su determinación.

En ese instante los agentes alrededor comenzaron a acercarse a lo que Namjoon alzó la mano deteniéndolos, San lo estampó contra la pared, el beta sollozó de pánico.

— Que nadie se mueva, quédense atrás — ordenó San

El brazo del delincuente estaba enredado alrededor del cuello del omega, San empujó poco a poco el agarre hacia el tipo apretándolo sin darse cuenta de su propia fuerza. Con la otra mano sostenía la granada, el seguro apenas sujeto entre los dedos sudorosos. Notó que el rehén ya no forcejeaba con fuerza para liberarse. Sus movimientos eran desesperados, el aire escapándosele en jadeos cortos.

San sintió cómo algo se tensaba dentro de él

Giró la muñeca del agresor, empujando la granada hacia arriba, hacia su propio rostro. La intención era clara. Si iba a explotar, lo haría primero con él. Pero el movimiento empeoró la presión sobre el cuello del omega. El beta emitió un sonido ahogado, casi inexistente.

Maldición

Si forzaba demasiado el brazo, empeoraría la presión. Si dudaba, la granada seguía siendo un riesgo. No había espacio para detenerse a pensar demasiado. Entonces sujetó la muñeca que tenía la granada y la desvió, apuntándola lejos del rehén. El movimiento hizo que el agarre sobre el cuello se tensara por un segundo y el omega soltó un jadeo débil.

Eso fue suficiente

Sin soltar del todo al agresor, San cambió de estrategia. En medio del forcejeo, con la otra mano aún cerca de la pistola, aflojó apenas los dedos y, con un movimiento rápido retiró la carga. El cargador cayó al suelo entre el ruido de las sirenas y jadeos de sorpresa.

El delincuente no lo notó

Desesperado, logró recuperar la dirección del el arma y retrocedió un paso, en un gesto de instinto, se apuntó a sí mismo. La bala que estaba dentro de la cámara salió disparada.

El sonido del disparo se escuchó de inmediato

Seco y limpio

No se escuchó nada más que el eco en la calle y la confusión en el rostro del hombre al ver la sangre en sus manos. San aprovechó ese segundo de desconcierto para arrebatarle la granada y liberar al beta, que cayó hacia adelante buscando aire. Los agentes intervinieron enseguida y lo entregaron al personal de emergencias.

El hombre tembló cuando entendió lo que había pasado. Miró el arma, la volvió a mirar, como si no pudiera procesar. El miedo le cambió el rostro, pero San no le dio tiempo. Con la rapidez de sus reflejos le arrancó la pistola y la lanzó lejos. El hombre intentó detenerlo, forcejeó una vez más, pero San lo derribó duro golpeando su cabeza contra el suelo.

— ¡SAN! — gritó Namjoon desde la izquierda mirándolo de los ojos hacia las manos apresuradamente

Demasiado tarde, porque antes de perder la conciencia, en un último acto torpe y desesperado, el hombre había logrado retirar el seguro de la granada.

El pequeño sonido metálico fue casi imperceptible, pero San lo escuchó.

No hubo tiempo para pensar, en eso su mirada recorrió el entorno y se clavó en el drenaje de la calle, a pocos metros. Se llevó una mano al costado -la adrenalina ocultaba el dolor, pero algo ardía bajo el chaleco antibalas- y gritó

— ¡Que abran la tapa!

— ¡Háganlo! — ordenó Namjoon

Seokjin reaccionó al instante

— ¡TODOS ABAJO!

Dos agentes se abalanzaron sobre la rejilla y la levantaron apenas lo suficiente. San corrió sin dudar, saltó la reja de la banqueta de un impulso y, con una puntería impecable, lanzó la granada al interior del drenaje.

El impacto fue inmediato

Un estruendo sordo retumbó bajo tierra seguido por la vibración del pavimento que tembló. Las personas alrededor gritaron; los policías se inclinaron cubriendo a civiles y compañeros con sus propios cuerpos mientras la onda expansiva se expandía por la superficie.

El polvo se levantó así como el agua que salió expulsada

Con los oídos tintineado San se levantó apenas alcanzando a quedar de rodillas tosiendo, una mano presionando su costado. El chaleco había absorbido la peor parte, pero el golpe le robó el aliento por unos segundos.

Namjoon llegó hasta él corriendo

— ¿Estás herido? — preguntó revisándolo preocupado

San negó apenas, aún respirando con dificultad haciendo un gesto despreocupado con la mano

— Estoy bien... —murmuró, aunque la tos lo interrumpió

— Eso fue tan estúpido y heroico — fue lo primero que dijo Jimin al llegar

El tipo fue finalmente sometido y esposado mientras murmuraba entre forcejeos que le devolvieran el dinero. Dos agentes lo levantaron del suelo y se lo llevaron en una patrulla.

San se incorporó despacio, soltando un gruñido bajo cuando la primera gota de lluvia le cayó en la frente

Genial

En cuestión de segundos la llovizna se volvió constante, pegando su camisa al cuerpo, resbalando por el chaleco antibalas aún bajo la ropa. El olor a pólvora y asfalto mojado se mezcló en el aire.

Caminó hacia las patrullas sin mirar a nadie ignorando las cámaras que todavía intentaban capturar cada detalle. Entonces una sombra se interpuso en su camino.

Una sombrilla negra

— Ey, inspector Choi —dijo un hombre con voz pulida — Gracias por hacer su trabajo. Ese tipo está loco. Si todos actuaran como él, este país estaría acabado... ¿No cree? ¿Que se pudra en el infierno!

San se detuvo

La lluvia golpeaba el borde de la sombrilla, pero él no estaba bajo ella Levantó la mirada despacio y lo observó de arriba abajo. Tenía traje impecable, zapatos sin una sola mancha, sonrisa demasiado segura para alguien que acababa de presenciar una explosión.

— ¿Usted quién es? —preguntó, seco

— Oh — el hombre pareció complacido. Sacó una tarjeta de presentación con elegancia— Soy inversionista. Jackson Wang, un gusto. Si alguna vez desea invertir, puedo-

San ni le dejó terminar la frase cuando lo tomó del saco y lanzó contra el pavimento mojado con el codo bajo la mandíbula.

La sombrilla rodó por el suelo cuando los murmullos colectivos se levantaron alrededor. Jackson quedó tendido, aturdido, la tarjeta empapándose bajo la lluvia cuando San se inclinó apenas, sus ojos oscuros clavándose en los de él.

— Mantenga su nombre lejos de mis escenas del crimen

Jimin se carcajeó desde lejos

Los agentes se le amontonaron alrededor en cuanto llegó al área segura fuera de cámaras. San se quitaba los comunicadores cuando lo rodearon emocionados.

— Inspector ¡Qué suerte que llevara dos chalecos! ¡Eso fue asombroso! — exclamó Beomgyu a su izquierda saltando como la garrapata que era

— Este niño siempre hace que me ponga de nervios — mencionó Seokjin ayudándolo a quitarle los chalecos mientras San rodaba los ojos. Namjoon lo sentó para que lo revisaran de inmediato — ¿Qué esperan? Nuestro inspector está herido

— Hyung, en serio no es necesario

— Silencio y escucha a tu madre — interrumpió Jimin, Seokjin hizo caso omiso, total siempre los habían molestado con eso.

Por otro lado Namjoon le retiró el arma y le revolvió el cabello ganándose una mirada molesta de San.

Las sirenas se apagaban y la lluvia seguía cayendo empapándolo todo. El equipo de San terminó de acordonar la zona y asegurarse de que el tipo estuviera bien controlado. Namjoon y Seokjin llegaron a su lado. Los dos eran mayores que él, más experimentados, con años de servicio y cicatrices que lo demostraban. Pero en esta división San era quien comandaba. Y ellos lo aceptaban sin problema, siempre estaban cubriéndole la espalda.

— Siempre haces que un turno sea interesante —comentó Seokjin arreglándole el cabello que su alfa le había arruinado

Namjoon solo suspiró evaluándolo como si buscara alguna herida oculta

San no dijo nada mirando más allá de las patrullas, más allá de la lluvia

Desde que era un niño siempre había querido hacerse más fuerte. Recordaba el parque de su pueblo, los columpios oxidados, la tierra mojada bajo sus rodillas, y las burlas de los niños más grandes que lo empujaban solo por diversión. Pero también recordaba a un niño más pequeño que él. Delgado, con los puños apretados, temblando dispuesto a defenderlo.

Ese pequeño mostró un valor que San nunca había visto

Ahí decidió que quería ser fuerte “Proteger al indefenso” Una frase trillada para muchos, pero para él quedó grabada. Cuando su casta se reveló, y era alfa, sintió alivio. No porque ser beta u omega fuera algo despreciable, sino porque con las habilidades que portaban los alfas sabía que podía usar su fuerza para que los omegas de su pueblo ya no tuvieran miedo de hablar.

El pueblo era pequeño y retrógrado, le tomó un tiempo pensarlo cuando tomó la decisión de irse

Llegó a la ciudad con nada más que determinación en las venas. Entró como cabo tras ser admitido en la academia politécnica, y poco a poco fue subiendo en cada operativo. Rescató niños de abuso, desmanteló redes de trata de omegas, ayudó a gente incluso fuera de servicio. Porque para San proteger y salvar vidas no dependía de un uniforme ni de una placa.

Dependía de él y sus ganas de cambiar ideas, concluyó que eso había cambiado un poco ante la alza de denuncias en las zonas recónditas, entre ellas su Namhae, su pueblo natal.

La lluvia le caía en la cara mientras regresaba al presente

— ¿En qué piensas? —preguntó Namjoon

— En que todavía no es suficiente —dijo San, y echó un vistazo a su placa

Con el reflejo de las luces en el pavimento mojado, estaba claro

Para Choi San, nunca lo sería

⚖️◃───────────────────────────────────▹⚖️

— Mírense bien, no entiendo de qué están tan orgullosos. Todo salió mal, ustedes debían controlar a la gente, aun así lograron pasar el segundo cordón y perdieron la simetría del Este.

Múltiples omegas cuchicheaban en la puerta transparente observando la reunión que se había llevado a cabo, Jongho que iba caminando de paso regresó la cabeza hacia el tumulto y juntó las cejas sin entender. Jongho se acercó despacio parándose de puntillas y abriéndose paso entre los cuchicheos, sonriendo al ver a San con su porte duro.

Abrió la puerta despacio dejando los cuchicheos atrás, San lo vio de reojo hacia atrás haciéndole caso omiso cuando siguió hablando.

— Veinte rehenes valen lo mismo que uno, un pequeño error y ahora tendríamos papeleo de muertos en la calle — alzó la voz severo mientras los demás escuchaban con cabezas gachas, Jimin jugaba con una motita de su sudadera, Yoongi miraba serio y Jungkook se rascaba el cuello en lo que Seokjin y Namjoon escuchaban desde la otra punta quietos.

En eso Beomgyu alzo la mano

— No, escuchen con atención esto no debe repetirse ¿Saben que fue lo que sucedió? Se dejaron llevar y se distrajeron no solo por la gentes, sino los medios. A ver un ejemplo, Hueningkai ven acá — el chico se levantó de inmediato dando pasos de pingüino — Tú debes ser más rápido que el criminal ¿Te enseñaron a desenfundar un arma? Muéstrame — tras San Jongho imitó la pose de un gorila con el pecho alzado

El chico asintió, sacó el arma que tenía en la cintura y apuntó a la pared

— Creo que te estorba el traje ¿No? — San alzó la ceja, de inmediato San desenfundó la propia apuntando a su reflejo, al mismo tiempo Jongho también apuntó, algo que quedó en evidencia en el reflejo, el menor alzó las manos como criminal al verse atrapado.

Hueningkai soló una risita en la mano cuando San lo volteó a ver indignado

San resopló rendido — De igual manera tienes que practicar, no lo dejes todo a la suerte

— Por Dios, San déjalos respirar — se levantó Seokjin esparciendo su aroma a claveles por la habitación — Vamos mis retoños ¡Hora de comer!

Como gallina culecas todos corrieron fuera de la oficina en cuanto escucharon las palabras del omega mayor, Namjoon se detuvo un momento antes de salir.

— ¿No te han molestado los inhibidores?

— No, por ahora estoy bien, no te preocupes

— Lo hago

— Pues no lo hagas

— Eso es decisión mío, cachorro

San rodó los ojos, podría llegar a los noventa años que estaba seguro que Namjoon seguiría llamándolo igual. Cuando el equipo salió en fila, murmurando entre ellos y agradeciendo internamente que la reprimenda hubiera terminado, San se quedó un segundo más en la sala acomodando los informes.

Iba a salir cuando una mano firme lo detuvo del brazo

— ¿No tienes algo que decirme? —preguntó Jongho

San lo miró con evidente aburrimiento, sin cambiar el gesto serio

— ¿Yo? ¿De qué?

Jongho abrió los ojos como si acabaran de insultar a toda su descendencia

— ¿Cómo quequé? —dijo indignado— ¿En serio? ¿Nada? ¿Ni siquiera algo mínimo? Esperaba que me dijeras al menos alguito en mi cumpleaños ¿Es mucho pedir?

Sus ojos estaban abiertos de par en par, brillantes como si estuviera a punto de protagonizar la escena más trágica del año

Ahí fue cuando San entendió

Ah

— ¿Es necesario? —preguntó completamente impasible

Jongho jadeó sorprendido ofendido hasta la próstata

— Increíble, sí que eres mucha porquería

San suspiró como si aquello fuera más pesado que la misión de la mañana. Metió la mano en el bolsillo de su abrigo y Jongho dejó de respirar un segundo, la molestia transformándose en expectación pura al intentar ver lo que tenía en la mano para él ya sonriendo.

San sacó algo del bolsillo. Jongho se inclinó apenas hacia adelante, emocionado.

San abrió la mano vacía frente a él y sopló fuerte a los ojos del menor con la palma abierta

— Felicidades

Silencio

Jongho se quedó congelado un segundo, San notó esa expresión peligrosa que no significaba nada bueno

— Sannie, te voy a-

Pero antes de que alcanzara a golpearlo, San ya iba saliendo por la puerta

— ¡Hyung dijo a comer!

⚖️◃───────────────────────────────────▹⚖️

Fría era la noche luego de la llovizna, calles húmedas, cielos frescos, silencio impoluto y la brisa indómita, tanto como la que removía el cabello de los adolescentes que colgaban los pies en lo alto del edificio de 90 pisos. Así que ahí estaba el aire de la ciudad despeinando a los cinco sentados con los pies colgando en el vacío. Desde abajo los autos parecían juguetitos y la gente puntitos que iban y venían sin imaginar lo que estaba por pasar a lo alto del banco más prestigioso.

— ¿Todos conectados? — murmuró uno, tocándose el comunicador pegado a la oreja

Un par de chasquidos en los audífonos confirmaron que sí, cada uno llevaba el suyo. Línea privada, objetivos alineados, un plan en marcha.

Las máscaras que cubrían sus rostros no eran iguales. Una tenía una sonrisa roja exagerada, burlona, no había otro modo de decirlo. Otra estaba pintada con rayas negras que caían desde los ojos tal lágrimas corridas. Una más estaba llena de manchas de pintura carmesí como si alguien hubiera explotado por dentro y lo hubiera dejado marcado ahí.

Gritaban a los torrentes en el aire. No llevaban tiempo como criminales expertos. Eran chicos con demasiada energía mal encauzada, con rabia espumeando de sus fauces y una obsesión por el caos. Les gustaba la sensación de estar al límite, de hacer algo que los hiciera sentir vivos fuera de su vida cotidiana.

Uno de los omegas empezó a balancear los pies en el aire a lo infantil

— Hoonie tengo hambre ¿Podemos acabar rápido?

El alfa volteó hacia su omega de aroma a nueces deambulando en el aire volviéndolo loco, unos dedos en la barbilla le hicieron inclinarse a introducir su lengua en la boca ajena. Encontró toques dulces y rastros del brownie que habían compartido juntos, aun estaban bajo el efecto — Como digas muñeca

Sunoo siguió sus labios queriendo más, excepto que no era el momento

Y ahí estaban ellos, cinco sombras contra el cielo oscuro a punto de hacer algo que no tenía vuelta atrás

El líder pelinegro contó en voz baja

— Tres, dos ... uno

Y dejaron de ser solo chicos sentados en un borde y como se acordó el paquete cayó primero

Lo lanzaron con una cuerda gruesa, pesada, que chilló al tensarse mientras el bulto descendía a toda velocidad por la fachada del edificio

— ¡Vamos, vamos! — gritó uno ya de pie por la cornisa riéndose como si estuvieran en una festival y no a noventa pisos de altura

El bulto se balanceó un segundo... y atravesó una de las ventanas varios pisos más abajo. El vidrio estalló en mil pedazos, una lluvia brillante cayendo hacia la calle mientras la alarma comenzaba a chillar dentro del edificio

Eso los hizo gritar como locos

Sin pensarlo más, uno por uno se colocaron el arnés y engancharon el mosquetón a la cuerda principal

— Nos vemos abajo

Y saltaron

El vacío los tragó durante un segundo eterno mientras caían. Gritaron, mitad adrenalina, mitad pura demencia. El viento les arrancó el aire de los pulmones mientras caían en picada por la fachada del rascacielos, sus corazones latieron como estúpidos

Cuando llegaron al punto marcado apretaron el mecanismo del descenso y la cuerda los frenó donde gustaban. Entraron uno tras otro por el hueco que había dejado la carga. La oficina central del banco tenía luces de emergencia intermitentes, sus perfiles se tronaron rojos mientras se habrían paso, sus botas militares resonaron en el piso. Habían alarmas, papeles volando por el aire acondicionado, olor a polvo y vidrio roto.

Sunoo tomó la mano de su alfa cuando le pidió caminar en la alfombra deslumbrante de vidrios que había hecho para él.

El paquete yacía en medio del suelo, no tardaron en abrirlo. James silbó cuando vio las armas, sus dígitos vitorearon emocionado por escoger alguna. Dentro habían un par de subfusiles compactos tipo MP5, ligeros y fáciles de maniobrar en espacios cerrados; una escopeta táctica recortada, granadas y, más al fondo rifles de precisión con mira telescópica desmontada.

El líder tomó uno de los subfusiles, lo sostuvo arrastrándolo en su caminar

Sin decir nada, dos de ellos se miraron y, entre sonrisas torcidas detrás de las máscaras arrastraron el bulto que ya estaba en la oficina. Lo soltaron en el centro, Martin pateó el bulto con desprecio y diversión partidas por igual, entre llantos se vio asomar la cabeza del encargado del banco. Como gusanito salió de rodillas y manos atadas.

El líder se acercó despacio, el arma apuntándole directo al rostro

— Vamos... ábrela —dijo, inclinando apenas la cabeza hacia la bóveda detrás del omega asustadizo, Sunoo hizo una bomba con el chicle de fresa, su alfa le guiñó el ojo a través de la máscara.

El encargado tragó saliva viendo las máscaras y tanteó el código seguido de su huella, trató de ayudarse dentro de su cabeza dándose alientos, las alarmas estaban activadas y sonando, era cuestión de tiempo para que llegara la policía.

La bóveda se abrió al fin, con el pitido agudo del sistema cediendo y el metal pesado moviéndose como si se resistiera

Y ahí sí, se desató todo entre el ruido de las alarmas ¿Por qué actuaban así cuando las alarmas traerían a la policía? No había salida por donde mirar ¿Qué harían con él ahora que ya lo habían usado?

— ¡Rápido, rápido!— ¡No dejes esos fajos!

Se lanzaron encima del dinero como salvaje despedazando a una presa. Billetes volando, mochilas abiertas, manos temblando de pura adrenalina y ojos grandes.

El visible líder se quedó a un lado apoyado apenas en su propio peso y el rostro inclinado

Observaba

El encargado del banco, todavía de rodillas, levantó la vista poco a poco... y se topó con su figura, oh, algo en esa quietud lo descolocó

Los otros eran ruido, eran impulsivos jugando y grabando mientras se alocaban sacando la lengua. Pero ese no, estaba completamente callado a pesar que las alarmas seguían sondando. Su postura era en total diferente. La máscara no revelaba nada más que cabello negro y piel blanca debajo, pero su presencia llenaba la sala más que las feromonas que estaban esparciendo. El omega sintió un escalofrío raro, su lobo se doblegó hasta el suelo.

Y entonces cuando inclinó los hombros hacia atrás soltando un poco de su aroma, solo hasta entonces lo entendió

Un enigma

El encargado no terminó de entender lo que estaba pasando hasta que lo sintió. Los ojos negros rodaron lentamente detrás de la máscara, y en ese instante temió como nunca en su vida. La presión se le incrustó en el pecho y le perforó los pulmones.

Durante generaciones, las familias más antiguas susurraron acerca de una casta que no figuraba en ningún registro oficial: Los Enigmas

No eran alfas, betas ni omegas, algo muy por lejos inusual y superior. Su existencia siempre fue considerada un rumor, transmitido con miedo por lo que encontrarse con uno de ellos conllevaba. Los pocos testimonios coinciden en su extrema rareza. Aparecen una vez cada muchas décadas, si es que se dejaban ver ya que se decía que tenían control total sobre su aroma. Su sola presencia provocaba una dominancia que no respondía a los instintos tradicionales. En los libros y archivos se describía a los Enigmas como biológicamente más hábiles a la hora de inducir emociones, someter alfas dominantes, despertar o anular celos y emitir llamados a los suyos. Se sabe bien que presentan habilidades superiores tanto en percepción como en control instintivo dado que no reaccionaban ante feromonas como lo haría un alfa, beta u omega. Su presencia genera una alteración inmediata en el entorno social y biológico. Rompían todos los canones establecidos, el encargado temblaba mientras procesaba todo en total estado paralítico, y el enigma tan solo había emitido feromonas distraídamente.

No podía creer que llegaría a conocer uno en la vida con lo escasos que eran, tanto así que los registros de censo dentro de la población aparecían como indetectables.

Lloró por dentro antes de que las lágrimas siquiera salieran. Agachó la cabeza y se encogió sin darse cuenta cuando la bruma del enigma se espesó en la habitación imposible de soportar.

Las puntas de las botas del líder quedaron a unos centímetros de sus rodillas

— Mírame — ordenó

El trabajador hiperventiló al instante, el aire entrando y saliendo en ráfagas cortas. Intentó obedecer, pero su cuerpo no respondía. El miedo lo tenía clavado al suelo rezando porque olvidara su existencia.

Mírame

Esta vez no fue solo una palabra sino que un latigazo cervical

Sintió el tirón seco en la nuca como si una cuerda invisible lo obligara a alzar la cabeza. Su lobo interior chilló con dolor enterrando el hocico entre las patas, y su cuello se estiró hacia arriba obedeciendo sin resistencia

Instinto sometido

La punta fría del arma se apoyó contra su sien

— ¿Tienes teléfono?

El trabajador asintió incapaz de formar palabras cuando los pozos fríos negros estaban sobre su lobo

— Bien, sácalo

Sus manos temblaban tanto que casi lo dejó caer al buscarlo en el bolsillo del pantalón. Lo sostuvo con las manos sudadas y se lo entregó sin querer tocarlo

El líder lo miró negando lentamente chasqueando la lengua en clara desaprobación

— Policía

— ¿Q-qué...? — balbuceó el omega sin entender

— Policía, llama a la policía

El encargado parpadeó, confundido, sumamente aterrorizado, pero la presión en el ambiente no le dejó espacio para cuestionarse nada. Marcó con dedos torpes, cada tono de llamada se sentía como cortes dentro de su cabeza

Mientras esperaba que atendieran, juró que vio algo moverse bajo la máscara, un gesto que tironeó una maquiavélica sonrisa bajo la máscara de pingüino

Y entonces comprendió que lo de las alarmas no había sido un accidente

No fue nada menos que algo que acortó el tiempo para una invitación