Capitulo 1*La Luna de sangre
En la escuela Hive, ubicada en medio de un bosque antiguo y misterioso, Jimin y Jungkook llevaban vidas completamente opuestas.
Jimin era conocido por su personalidad tierna y amable. Siempre vestía tonos rosa, accesorios con mariposas y una sonrisa que lo convertía en el chico más lindo y adorable del campus. En cambio, Jungkook era la antítesis: frío, serio, envuelto en ropa oscura. Sus piercings, los tatuajes que cubrían un brazo, su cabello negro azabache y su preferencia por el gris y el blanco reforzaban la imagen del alfa ideal: intimidante, dominante, inalcanzable.
Todo cambió una noche, bajo una rara y misteriosa luna de sangre. Ambos se presentaron por primera vez como lobos... y la luna parecía tener planes muy distintos a los que todos esperaban.
El aire aún olía a tierra húmeda tras la tormenta. Jimin practicaba en el patio de su casa, moviéndose con precisión en forma humana después de haberse transformado días atrás. Todavía sentía una energía extraña recorriéndole el cuerpo, como si algo salvaje estuviera despertando. Correr, pensó, sería lo mejor para liberarla.
Cuando había recuperado la conciencia tras la transformación, sus ojos se iluminaban con un brillo rojizo cada vez que dejaba escapar un gruñido bajo. Intentaba dominar esa nueva fuerza que había surgido durante la luna de sangre.
Jin, su padre soltero, lo observaba desde la ventana de la cocina. Frunció el ceño al notar el cambio: Jimin ya no se movía con la torpeza de un joven híbrido inseguro, sino con la seguridad y firmeza de alguien que comenzaba a imponer presencia. Aquella aura dominante erizó la piel de Jin, un omega sensible a esas vibraciones.
Decidió salir. Curioso. Nervioso.
—Jimin-ah… —llamó con suavidad.
Su hijo giró la cabeza de inmediato. La intensidad de aquella mirada dejó a Jin sin aliento.
Jimin parpadeó, sorprendido, y bajó la vista al instante. Sus orejas se tiñeron de rojo por la vergüenza.
—Papá… creo que algo me está pasando. No sé cómo explicarlo… —susurró, retorciendo las manos.
Jin se acercó, reconociendo el peso en el aire: la presencia inconfundible de un alfa. Su corazón dio un vuelco, no de miedo, sino de un orgullo inmenso.
—¿Fue durante la luna de sangre? —preguntó, la voz temblorosa.
Jimin asintió lentamente.
—Me transformé sin querer… en un lobo negro con mechones rosados. Y desde entonces todo se siente distinto. Mi cuerpo, mis sentidos… hasta los demás me miran diferente.
Jin guardó silencio un instante. Luego sus ojos se llenaron de lágrimas y una sonrisa amplia iluminó su rostro.
—Eres un alfa —dijo, emocionado, como si pronunciara un regalo largamente esperado.
Abrazó a su hijo con fuerza, sin importar la energía dominante que lo envolvía.
Jimin, desconcertado por la reacción, lo correspondió con cuidado.
—¿No estás… asustado?
Jin negó contra su hombro.
—Asustado no, hijo. Estoy feliz. Eres fuerte… más de lo que jamás imaginé. Y aunque seas alfa, siempre serás mi pequeño Jiminie.
Jimin apretó los labios, sintiendo un calor desconocido en el pecho. Nunca pensó que aquella revelación lo acercaría tanto a su padre. Bajo el cielo aún nublado, se permitió sonreír.
Jin lo abrazó un poco más antes de apartarse, los ojos brillantes de orgullo y ternura.
—Jimin… ahora lo entiendo todo. No eres un alfa cualquiera. Has heredado algo muy raro, algo que corre por nuestra sangre.
El chico lo miró confundido.
—¿De nuestra sangre? ¿Qué quieres decir, papá?
Jin respiró hondo y acarició su mejilla.
—De tu bisabuelo. Era un alfa de sangre pura, una línea tan escasa que apenas queda en los registros. Su presencia podía dominar incluso a otros alfas, pero su corazón era noble: protegía, no destruía.
Los ojos de Jimin se abrieron como platos.
—¿Quieres decir que… eso está en mí?
Jin asintió, sonriendo con labios temblorosos.
—Sí. Aunque yo soy omega, esa fuerza saltó generaciones hasta llegar a ti. Que despertara bajo la luna de sangre lo confirma: eres el heredero de su linaje.
Jimin retrocedió un paso, procesando la magnitud de aquellas palabras.
—¿Y si es tan raro… todos lo notarán? ¿Seré… demasiado diferente?
Jin colocó una mano firme en su hombro.
—Serás diferente, sí. Pero no en el mal sentido. Eres un milagro para nuestra familia. Y no estás solo: yo te ayudaré a controlar esa fuerza. Tu bisabuelo fue un líder… tú serás algo aún mayor.
Por primera vez desde la luna de sangre, Jimin sintió que aquella energía ya no era una amenaza. Era parte de su historia, de su legado.
Se mordió el labio y, con una sonrisa tímida, murmuró:
—Entonces… supongo que ser alfa no es tan malo si viene de mi bisabuelo.
Jin rió suavemente, orgulloso.
—No es malo, Jiminie. Es lo que te hace único.
En otra parte del bosque, la casa de Jungkook despertaba esa misma noche tras descubrir que su lobo era de un pelaje blanco puro, hermoso y etéreo. Vistiendo un look totalmente negro.
Namjoon, alfa soltero que lo había cargado hasta la cama después de la transformación, hojeaba un viejo libro sobre herencias de clanes cuando oyó la puerta abrirse con un golpe suave.
Jungkook apareció en el umbral, manos en los bolsillos de la sudadera, mirada baja.
—Appa… —susurró.
Namjoon cerró el libro de inmediato.
—¿Qué ocurre, Kookie?
Jungkook se acercó despacio y se sentó frente a él, sin mirarlo a los ojos. Sus orejas temblaban, rojas de vergüenza.
—Hace unos días… durante la luna de sangre… me presenté. Mi lobo es blanco.
Namjoon sonrió de oreja a oreja.
—¡Eso es increíble!
Extendió la mano, pero Jungkook la apartó, incómodo.
—No lo entiendes… —gruñó bajito—. Soy omega. Un omega puro.
Las palabras le supieron amargas, como un fracaso.
—Yo quería ser alfa… fuerte, respetado. No esto.
Namjoon lo observó en silencio y luego sonrió con ternura.
—Hijo… ¿de dónde sacaste que ser omega es menos?
Jungkook alzó la vista, ojos brillantes de rabia contenida.
—Porque todos ven a los alfas como líderes. Yo solo quería ser como tú.
Namjoon soltó una risa suave, nostálgica, y le revolvió el cabello.
—Y yo quería ser como mi padre. Él era un alfa imponente, y yo me sentía débil al principio. Pero aprendí algo importante: no es el título lo que te define, sino lo que haces con él.
Jungkook se mordió el labio, inseguro.
—¿Y qué hago yo siendo omega?
Namjoon lo miró con orgullo absoluto.
—Los omegas puros son rarísimos, Kookie. Llevan una sensibilidad y un poder únicos. No necesitas gruñir para liderar; tu fuerza está en equilibrar, en conectar. Eso no te hace débil… te hace especial.
Jungkook guardó silencio un rato. Luego bajó la mirada, más calmado, aunque con un leve puchero.
—Aún así… me hubiera gustado ser alfa.
Namjoon lo abrazó con fuerza.
—Y yo estoy feliz de que seas exactamente como eres. Mi omega puro.
Jungkook no respondió, pero escondió el rostro en el hombro de su padre, aceptando en silencio aquel calor.
Al día siguiente, la bruma de la tarde envolvía el bosque cercano a la escuela Hive. Jungkook caminaba solo, hojas húmedas pegándose a sus botas, intentando ordenar sus pensamientos. La luna asomaba entre los árboles y su corazón latía más rápido de lo normal, como si presintiera algo.
Se detuvo junto a un tronco caído, respiró hondo y cerró los ojos. Las sensaciones de la luna de sangre aún eran nuevas, intensas. Por un instante, se dejó llevar.
Entonces lo vio.
Jimin caminaba más adelante junto a Taehyung. Su presencia irradiaba algo imposible de ignorar. El corazón de Jungkook se aceleró y un calor intenso le recorrió el pecho.
“Ese alfa… quiero que sea mío. Quiero que me abrace.”
Susurró su voz interior. Sus orejas se agitaron y sus mejillas ardieron. Pero la razón regresó rápido.
—No… cálmate, Kookie. No puedes… —murmuró, obligándose a retroceder.
Mientras tanto, Jimin charlaba con Taehyung, ajeno a todo.
—Nunca imaginé que terminaría siendo alfa —confesó con un suspiro—. Siempre pensé que mi forma de ser dulce y amable me haría omega. Pero el destino tenía otros planes.
Taehyung alzó una ceja, sonriendo.
—No es tan extraño. Los alfas también pueden ser tiernos, Jimin. Tú solo… eres tú.
Jimin sonrió suavemente.
—Supongo que sí. Aunque se siente raro. Como si ahora todos me vieran de otra manera.
Desde la distancia, Jungkook los observaba oculto entre los árboles. Sus ojos seguían a Jimin con una mezcla de admiración y deseo contenido.
“Alfa… mi destinado… algún día, tal vez. Pero quiero que se aleje de ese omega.”
Murmuró para sí antes de girar y alejarse en silencio, con la esperanza de que sus sentimientos encontraran el momento adecuado.
Jimin siguió caminando, sin sospechar la tormenta silenciosa que acababa de despertar a su alrededor.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que esté nuevo fanfic sea de su agrado. Voten, comenten, compartan y siganme pues de ese modo me motivan a seguir subiendo más capitulos y nuevos fanfics.








