Terrore e paura

No recuerdo cuƔndo dejƩ de contar los cuerpos
como personas y empecƩ a contarlos como errores.
Esta noche el error respiraba aĆŗn cuando abrĆ su pecho.
Un forastero.
El corazón latĆa con la obstinación de algo que no acepta la muerte como diagnóstico.
PodrĆa haber cerrado la herida.
Mis manos todavĆa recuerdan cómo hacerlo.
fueron entrenadas para salvar, no para drenar.
Pero la sangre es una memoria persistente, insiste incluso cuando uno intenta olvidar.
BebĆ despacio.
No por hambre, sino por mƩtodo.
El cuerpo se rindió como todos los demÔs, sin épica, sin justicia.
Cuando terminĆ© limpiĆ© mis instrumentos. El hĆ”bito es mĆ”s difĆcil de matar que la culpa.
Entonces lo escuchƩ.
No era un grito de dolor ni un estertor de muerte. Era un llanto.
Un sonido pequeƱo, irregular, vivo.
HacĆa siglos que la vida no me llamaba por mi antiguo nombre.
Pare en seco
Una punzada me recorrió junto a un frio recuerdo que tenia olvidado en algún rincón de mi longeva memoria.
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La desesperación me recorrĆa mientras caminaba.
Los caminos estrechos solo parecĆan empeorar mi estado actual.
El convento nunca cerró del todo.
Solo dejó de recibir oraciones y comenzó a aceptar cuerpos.
Paso bajo el arco donde aĆŗn se lee In nomine Dei.
El yeso se descascara como piel enferma, siempre toco la pared antes de entrar, no por costumbre, por permiso.
Pero esta ves toco la pared no para pedir posada.
Me detengo en esta como si necesitara apoyarme de algo, un respiro, mis sentidos como si se hubieran agudizado mucho mas de lo que son, mi cabeza me duele.
Las antiguas salas de enfermos conservan el olor metÔlico que ningún incienso logró ocultar.
AquĆ se rezaba mientras se amputaba, aquĆ se prometĆa salvación con las manos manchadas.
Camine tropezando con todo a mi alcance, como si de borracho fuera, mis pulmones ardĆan con cada trago que daba, como si todos mis pecados de repente pesaran contra mi espalda.
Me detengo frente a la pila de agua bendita y sumerjo los dedos, el agua estĆ” turbia, frĆa, pero sigue siendo agua.
La uso para lavar mis manos despuƩs de abrir la carne, Dios siempre estuvo presente en los procedimientos.
Pero hoy las lavo con desesperación, las tallo con furia como si con eso pudiera deshacer la falta que eh cometido durante siglos.
El hospital viejo se conecta por un pasillo bajo, construido para que los moribundos no vieran la luz.
Allà nacieron niños que no aprendieron a llorar.
Yo firmƩ algunos certificados con este mismo puƱo y letra.
Enciendo una vela frente al altar.
Ante la mirada de aquella virgen tallada hace aƱos, mi cabeza se levanta ante su tristeza, la busco, sus ojos me juzgan, sus manos entrelazadas piden en un susurro silencioso por mi.
No pido perdón. Eso serĆa arrogancia.
Si he de beber, pienso, que con castigo sea. Mis manos empuñadas como si de un rezo fuera descansaban casi cerca de mi corazón, un rosario colgaba entre estas, la única diferencia es que en ves de cuencas era de cuero.
Me arrodillo.
No rezo para que Dios me absuelva.
Rezo para que no me mire.
Sus ojos me queman como hoguera, un calor, pero no ese calor celestial que todos dicen
Y con justa razón.
El arrepentimiento y el terror abandono mi alma hace mucho tiempo atrÔs. Sentirlo ahora era una abominación, un chiste mal contado.
El llanto no cesaba.
No era fuerte, era persistente.
IntentƩ ignorarlo, durante siglos ignorƩ cosas peores
Pero algo en ese sonido no pedĆa auxilio.
Reclamaba.
Me incorporé con lentitud, como si el aire se hubiera vuelto mÔs denso. La vela titubeó al pasar junto a ella.
āĀæPor quĆ©?āmurmurĆ©, sin saber a quiĆ©n hablaba tumbe mi cabeza entre mis manos.
El convento devolvió el eco como recuerdo.
CrucĆ© varios pasillos hasta llegar hacia la sala donde aĆŗn recibĆan pacientes.
Cada paso despertaba olores enterrados.
leche agria, sudor febril, sangre nueva.
Sangre viva.
Entonces lo comprendĆ.
No era hambre lo que me arrastraba.
Era memoria.
Frente a la puerta escuché otra cosa ademÔs del llanto, una respiración agotada, humana, cansada.
Mujer.
Madre.
Mis manos temblaron, no por deseo de beber sino por la antigua necesidad de intervenir.
La Ćŗltima vez que habĆa sentido eso, ambos murieron.
EmpujƩ la puerta.
El aire tibio del interior me golpeó como una cachetada.








