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Las Amantes de Naruto

Summary

ADVERTENCIA DE CONTENIDO Esta historia está dirigida a lectores mayores de edad. Contiene temas como infidelidad, relaciones complejas y situaciones emocionales intensas que pueden no ser apropiadas para menores. Si eres menor de edad, se recomienda no leer esta historia. El lector continúa bajo su propia responsabilidad.

Status
7mo ago
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 El Riesgo de San Valentín

Naruto Uzumaki, Séptimo Hokage de Konoha, estaba sentado en su enorme silla de roble oscuro detrás del escritorio de la oficina principal. Afuera, la nieve de febrero caía suavemente sobre la aldea, pero dentro de la habitación el aire era caliente, denso y cargado de pecado. Era el día de San Valentín. Tenía 32 años, seguía siendo el hombre más poderoso del mundo shinobi, pero también un marido devoto… al menos en apariencia.

Hinata lo había hecho feliz. Tenían a Boruto, ya un adolescente rebelde, y a Himawari, su princesita de ocho años. El matrimonio era estable, lleno de amor y sexo rutinario que lo dejaba satisfecho. Pero Naruto siempre había tenido un hambre extra. Y esa hambre tenía nombre: Ino Yamanaka.

Debajo del escritorio, entre las piernas del Hokage, Ino estaba de rodillas, completamente desnuda salvo por las medias negras hasta los muslos y los tacones rojos que había traído especialmente para él. Su cabello rubio platino estaba recogido en una coleta alta para no estorbar. Sus labios pintados de rojo intenso envolvían el grueso pene de Naruto hasta la garganta.

—Nnnngh… joder, Ino… —gruñó Naruto en voz baja, apretando los dientes mientras firmaba un documento con la mano temblorosa.

La boca de Ino era un paraíso caliente y húmedo. Su lengua se enroscaba alrededor del glande hinchado, succionando con fuerza mientras sus mejillas se hundían. Cada vez que bajaba la cabeza, el pene desaparecía por completo entre sus labios, golpeando el fondo de su garganta con un sonido obsceno y húmedo. Saliva espesa le caía por la barbilla y goteaba sobre los muslos de Naruto. Ella lo miraba desde abajo con ojos azules llenos de lujuria, las pestañas húmedas, mientras una de sus manos masturbaba la base gruesa que no cabía en su boca y la otra se hundía entre sus propios labios vaginales, tocándose al mismo ritmo.

—Traga todo, princesa… así… más profundo… —susurró Naruto, acariciando la cabeza rubia bajo el escritorio.

Ino gimió alrededor de su polla, vibrando contra el tronco venoso. Estaba empapada. Sus dedos entraban y salían de su coño con sonidos chapoteantes. El olor a sexo llenaba el espacio reducido bajo el escritorio.

De repente, tres golpes suaves en la puerta.

—Naruto-kun… ¿puedo pasar? Te traje algo especial para San Valentín…

Era Hinata.

Naruto se tensó al instante. Su polla dio un salto dentro de la boca de Ino. La rubia, en vez de asustarse, sonrió con malicia alrededor del miembro y lo chupó con más fuerza, como si el peligro la excitara aún más.

—S-sí, amor… pasa… —logró decir Naruto con voz ronca, fingiendo que estaba concentrado en papeles.

La puerta se abrió. Hinata entró con una sonrisa tímida y amorosa, vestida con un kimono blanco y morado que resaltaba sus curvas maduras. Llevaba una caja de chocolates caseros en forma de corazón y una botella de sake premium.

—Feliz San Valentín, mi amor… —dijo acercándose al escritorio—. Quería darte esto antes de que te vayas a la reunión de la tarde. Boruto y Himawari te mandan besos.

Hinata se inclinó para besarlo en los labios. Naruto apenas pudo responder el beso; abajo, Ino no había parado ni un segundo. Al contrario: ahora lamía toda la longitud del pene con la lengua plana, desde los huevos pesados hasta la punta, haciendo que Naruto tuviera que apretar los puños bajo la mesa.

—G-gracias, Hinata… está… delicioso… —murmuró, la voz entrecortada.

Hinata frunció el ceño ligeramente.

—¿Estás bien, Naruto-kun? Tienes la cara roja y… sudas.

Ino, la muy puta, eligió ese momento para meterse la polla hasta la garganta y tragar alrededor de ella, apretando los músculos de su cuello. Naruto casi gruñe en voz alta. Tuvo que fingir una tos.

—S-sí, es que… hace calor aquí. El calefactor… ya sabes.

Hinata rodeó el escritorio para colocarle la caja de chocolates al lado del brazo. Sus caderas pasaron a escasos centímetros de donde Ino estaba arrodillada, chupando la verga de su marido como una desesperada. Ino incluso se atrevió a sacar la lengua y lamer uno de los huevos de Naruto mientras Hinata estaba justo ahí.

Naruto sintió que iba a explotar.

—Hinata… amor… ¿podrías… traerme un vaso de agua? Tengo la garganta seca —pidió con la voz más dulce que pudo, desesperado por alejarla unos segundos.

—Claro, mi vida. Ahora mismo.

Hinata se giró y caminó hacia el pequeño mueble donde estaba el agua. En cuanto le dio la espalda, Naruto agarró la cabeza de Ino con ambas manos bajo el escritorio y la empujó con fuerza contra su pelvis, follándole la boca sin piedad durante esos breves segundos. Ino gorgoteó, los ojos se le llenaron de lágrimas de placer, pero no se quejó. Su coño chorreaba tanto que había hecho un charquito en el suelo.

Hinata regresó con el vaso. Naruto soltó a Ino justo a tiempo y tomó el agua con manos temblorosas.

—Gracias, Hinata. Eres la mejor esposa del mundo —dijo, y esta vez lo dijo con sinceridad culpable.

Hinata sonrió, le dio un beso en la frente y finalmente se fue.

—Te espero en casa esta noche, ¿sí? Quiero que me hagas el amor como siempre…

—Cuenta con eso, amor.

La puerta se cerró.

El silencio duró exactamente dos segundos.

Naruto empujó la silla hacia atrás con violencia. Debajo del escritorio apareció Ino: cara roja, labios hinchados y brillantes de saliva, hilos de baba colgando de su barbilla, ojos vidriosos de pura excitación.

—Eres una maldita loca… —gruñó Naruto, pero su voz estaba cargada de deseo animal.

La levantó de un solo movimiento, como si no pesara nada, y la tiró boca arriba sobre el escritorio. Los papeles volaron por todos lados. Ino abrió las piernas al instante, mostrando su coño depilado, hinchado, brillando de jugos. Los labios mayores estaban separados, el clítoris palpitando.

Naruto no se molestó en quitarle nada. Se bajó los pantalones hasta los tobillos, agarró su polla gruesa y venosa —todavía mojada con la saliva de Ino— y la alineó con la entrada empapada.

—Te voy a follar tan duro que vas a gritar mi nombre hasta que Konoha entera lo escuche —prometió.

Y empujó.

De un solo golpe brutal, su polla entró hasta el fondo. Ino arqueó la espalda sobre el escritorio, abrió la boca en un grito silencioso y clavó las uñas en la madera.

—¡¡Aaaahhh!! ¡Narutooo…! ¡Tan grande… me estás partiendo!

Naruto empezó a embestir sin piedad. Cada golpe hacía que los pechos de Ino rebotaran violentamente. El escritorio crujía. El sonido húmedo y carnoso de piel contra piel llenaba la oficina: plap-plap-plap-plap. Los huevos pesados golpeaban el culo redondo de Ino con cada embestida.

—Joder… estás tan apretada… tan mojada… —gruñó Naruto, agarrándola de las caderas mientras la follaba como un animal—. Casi me corro en tu boca mientras mi esposa estaba aquí… ¿te gusta eso, puta?

—¡S-sí! ¡Me encanta el riesgo! ¡Fóllame más fuerte! ¡Quiero que me llenes mientras ella te espera en casa!

Naruto la levantó un poco más, puso las piernas de Ino sobre sus hombros y la penetró en un ángulo más profundo. El glande golpeaba directo contra el punto G. Ino empezó a temblar, los ojos en blanco, baba corriendo por su mejilla.

—Estoy… estoy… ¡me vengo!

Su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla de Naruto, chorreando un chorro caliente de squirt que empapó el escritorio y los pantalones del Hokage. Naruto no paró. Siguió follándola a través del orgasmo, más rápido, más salvaje.

—Ahora me toca a mí…

Con un rugido gutural, Naruto empujó hasta el fondo y se corrió. Chorros gruesos y calientes de semen inundaron el útero de Ino. Uno, dos, tres, cuatro latigazos potentes que la llenaron hasta rebosar. El exceso salió alrededor de la polla, escurriéndose por el culo de Ino y goteando al suelo.

Los dos quedaron jadeando, sudados, unidos todavía.

Naruto se inclinó y la besó con lengua, saboreando su propia saliva y el sabor de Ino.

—Feliz San Valentín… mi amante secreta.

Ino sonrió con labios hinchados, todavía temblando.

—Esto recién empieza, Hokage-sama… La noche es joven… y yo todavía no he terminado contigo.

Fuera, la nieve seguía cayendo. Dentro de la oficina del Séptimo, el verdadero regalo de San Valentín acababa de ser entregado… y estaba goteando sobre el escritorio.

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Good Writing

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Compelling Plot

2

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Great Character

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Strong Dialog

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author

espero el siguiente cap esta bueno

8 months

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