ÚNICA PARTE
El teatro aún respiraba aplausos.
Las luces del escenario se habían apagado, pero el aire seguía vibrando con la música que había atravesado cada músculo del cuerpo de Jimin. Su pecho subía y bajaba lentamente mientras caminaba hacia los camerinos, todavía envuelto en la elegancia del último movimiento que había ofrecido al público.
Había sido perfecto.
Cada giro, cada salto, cada extensión de sus brazos había parecido una pintura en movimiento. El sudor perlaba su piel y pegaba algunos mechones rubios a su frente, pero en su sonrisa había una calma luminosa.
No sabía que alguien más había estado conteniendo el aliento desde la primera fila.
Jungkook.
Apoyado contra la pared del pasillo que llevaba a los camerinos, el joven no apartaba la mirada de la puerta por donde Jimin había desaparecido. Sus manos estaban metidas en los bolsillos de su chaqueta negra, pero su postura decía otra cosa: impaciencia pura.
Porque ver a Jimin bailar siempre hacía algo peligroso dentro de él.
Era como ver fuego tomar forma humana.
Y ahora ese fuego estaba a solo unos metros, detrás de una puerta.
Cuando Jimin entró al camerino, dejó escapar un suspiro largo. Se quitó lentamente las zapatillas de ballet, estirando los dedos cansados. El silencio del lugar era agradable después de la tormenta de aplausos.
Entonces escuchó el golpe suave de la puerta cerrándose.
—Sabía que estabas aquí —dijo una voz baja.
Jimin levantó la mirada.
Jungkook estaba apoyado contra la puerta, con esa sonrisa torcida que siempre parecía esconder problemas deliciosos.
—¿Desde cuándo? —preguntó Jimin, dejando las zapatillas sobre la mesa.
—Desde antes de que empezaras.
El bailarín soltó una pequeña risa, tomando una botella de agua.
—Entonces viste todo.
Jungkook dio un paso adelante.
—No… —murmuró—. Lo sentí todo.
El silencio que siguió fue espeso.
Los ojos oscuros de Jungkook recorrieron el cuerpo de Jimin todavía vestido con su ropa de escenario: tela ligera, pegada al torso, resaltando cada línea de su figura.
Había algo en la manera en que Jimin respiraba después de bailar… algo vivo, eléctrico.
Algo que hacía que Jungkook olvidara cualquier paciencia.
—Voy a ducharme —dijo Jimin con naturalidad.
Pero al pasar junto a él, Jungkook rozó su muñeca.
Un contacto leve.
Suficiente para enviar un pequeño escalofrío por el brazo de Jimin.
—¿Puedes esperar cinco minutos? —preguntó el bailarín, levantando una ceja.
Jungkook inclinó la cabeza, como si considerara la idea.
—Podría…
Su pulgar acarició distraídamente la muñeca de Jimin.
—Pero no quiero.
Jimin soltó una risa suave.
—Siempre tan dramático.
—Siempre tan hermoso —corrigió Jungkook.
Los ojos de Jimin brillaron un instante, pero se soltó con suavidad.
—Cinco minutos.
Y desapareció en el baño.
La puerta se cerró.
El sonido del agua comenzó a caer poco después.
Jungkook se pasó una mano por el cabello.
Cinco minutos.
Claro.
Caminó por el camerino, intentando ignorar la imaginación traicionera que ya lo estaba atacando. El sonido del agua. La silueta de Jimin moviéndose detrás de la puerta. El recuerdo fresco de su cuerpo girando bajo las luces.
Mala combinación.
Muy mala.
Después de exactamente treinta segundos, Jungkook suspiró.
—Sí… no.
Se acercó a la puerta del baño y apoyó los nudillos contra la madera.
—Jimin.
—¿Sí?
—¿Cuánto falta?
—Jungkook —respondió la voz desde dentro, divertida—. Han pasado diez segundos.
—Treinta.
—Lo que sea.
El sonido del agua continuó unos segundos más.
Entonces la puerta se abrió apenas.
Una nube de vapor escapó hacia el camerino.
Jimin asomó la cabeza, el cabello mojado pegado a su frente.
—¿Eres incapaz de esperar?
Jungkook lo miró.
Y ese fue el problema.
Porque ver a Jimin así —piel húmeda, mejillas levemente sonrojadas, gotas recorriendo su cuello— fue como tirar gasolina a una chispa.
Jungkook empujó suavemente la puerta para abrirla más.
—No —dijo con honestidad.
Jimin soltó una risa incrédula.
—Eres terrible.
—Tú empezaste —respondió Jungkook.
—¿Bailando?
—Exactamente.
El vapor envolvía el pequeño baño. El sonido de la ducha todavía caía detrás de Jimin.
Por un segundo se quedaron mirándose.
Y entonces Jungkook levantó una mano.
No fue un gesto brusco.
Fue lento.
Sus dedos apartaron con cuidado un mechón mojado del rostro de Jimin.
—¿Sabes lo que me haces cuando bailas así?
La voz de Jungkook había bajado.
Jimin tragó saliva suavemente.
—No.
—Mentira.
La distancia entre ellos era mínima ahora.
El aire estaba tibio.
El olor a jabón y piel húmeda llenaba el espacio.
Jimin apoyó la espalda contra la pared del baño mientras Jungkook daba un paso más cerca.
—Todos miraban —murmuró Jungkook.
—Era el escenario.
—Yo no quería compartirlo.
Los dedos de Jungkook recorrieron el brazo de Jimin lentamente, como si todavía siguiera el ritmo invisible de la música.
—Eres egoísta —susurró Jimin.
—Solo contigo.
Jimin levantó la mirada.
—¿Ah sí?
Jungkook sonrió apenas.
—Sí.
El silencio volvió a caer.
Y esta vez nadie intentó romperlo.
Jungkook inclinó la cabeza y apoyó su frente contra la de Jimin.
El contacto fue suave.
Íntimo.
Como si todo el ruido del mundo se hubiera apagado de golpe.
—Estuve contando los minutos —confesó Jungkook.
—¿Para qué?
—Para esto.
Y entonces lo besó.
No fue un beso apresurado.
Fue lento.
Como si Jungkook hubiera estado esperando ese momento durante toda la función.
Las manos de Jimin subieron hasta su cuello, atrayéndolo un poco más cerca. El vapor de la ducha seguía envolviéndolos, convirtiendo el pequeño baño en un refugio cálido.
Cuando el beso terminó, ambos respiraban un poco más rápido.
Jimin sonrió.
—Sabes que todavía tengo que terminar de ducharme.
Jungkook apoyó la frente contra su hombro, riendo suavemente.
—Sí.
—Entonces…
—Entonces me quedaré aquí.
—¿Mirando?
—Admirando.
Jimin rodó los ojos con una sonrisa imposible de ocultar.
—Eres imposible.
—Pero te gusto así.
Jimin se giró hacia la ducha, pero antes de entrar volvió la cabeza hacia Jungkook.
—No mires demasiado.
Jungkook se apoyó contra la pared, cruzando los brazos.
—No prometo nada.
El agua volvió a caer.
El vapor volvió a llenar el aire.
Y Jungkook, con esa mirada oscura llena de deseo y cariño, supo que la noche apenas estaba empezando.
FIN