Prólogo
El aire en el calabozo era húmedo y con olor a polvo colorido, como a sangre vieja. Izuku se estremeció, acurrucándose alrededor de sus tobillos desnudos, buscando una manera de cubrirse con la dividida túnica blanca que llevaba. La túnica le llegaba hasta más arriba de sus muslos y mostraba apenas un jirón de seda que se suponía servía como ropa interior. En realidad, el trocito de tela apenas cubría su sexo.
Una túnica tejida de la más fina seda le apretaba sobre su pecho. Los pezones de color rosa, convertidos en pequeños puntos duros por el aire frío del calabozo, eran claramente visibles a través de la delgada tela.
Cualquiera que lo viera habría supuesto que estaba vestido para seducir, pero ¿quién o qué se suponía que tenía que seducir en un calabozo oscuro y siniestro? Izuku no estaba seguro.
Dio otro paso hacia adelante, cuando sus pies calzados con zapatillas de rejilla encontraron las piedras polvorientas, consciente de que la puerta detrás de él estaba cerrada con llave y no había vuelta atrás.
A un lado vio una enorme cama repleta de ricas mantas y gruesos colchones. El espectáculo lo sorprendió, ¿por qué un prisionero tendría tan ricos arreglos para dormir? ¿Y era aquí donde la seducción se llevaría a cabo?
Sin atreverse a pensar en la respuesta, Izuku se abrió paso en lo más profundo del laberinto donde la oscuridad estaba iluminada sólo con unas cuantas antorchas que colgaban a lo largo de las paredes. Había algo más en la esquina, una pila de algo marfil y blanco que brillaba con la débil luz y que llamó su atención. Se dirigió con cautela hacia adelante y se detuvo, con una mano volando hacia su boca.
Huesos. La pila de marfil y blanco se componía de huesos bien limpios. Huesos humanos.
El grito que crecía en su garganta fue cortado por una profunda voz cerca de su oído izquierdo.
-Así que eres la última víctima. Bienvenido a la guarida de la bestia, mi hombre seductor-.
¡EMPECEMOS PUES GENTE!
¡PLUS ULTRA! 🧡💚