Con Su Fama

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Summary

Isabella, Emma y Tessa, mejores amigas, compartían un único sueño: la fama. Cuando el cantante famoso de pop, Andrew Beaumont, aparece en sus vidas su amistad de años empieza a agrietarse. Fama, lujo, dinero, pasión, amor... Lo que comienza como una oportunidad se transforma en una guerra de ambición, celos y manipulación por el propio chico. Las tres amigas descubrirán que el éxito tiene un precio muy alto: para que una brille, las otras deben caer. No hay peor enemigo que aquel que finge ser tu amigo.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Andrew.

Andrew Beaumont originario de Las Vegas, a sus 23 años, es uno de los artistas más escuchado del planeta; dueño de Beaumont Talent, ha vendido estadios enteros, y millones de copias de su último álbum "Faith".

Hacía calor, incluso de noche pero las luces de Las Vegas iluminaban la calle, mientras Isabella esperaba en la interminable fila del antro. A diferencia de la mayoría de las chicas ahí, que parecían haberse arreglado durante horas para llamar la atención, Bella estaba súper tranquila. Tenía esa belleza natural, de cabello rubio y ojos marrones, que hacía que la gente volteara a verla sin que ella tuviera que esforzarse.

Claro, trabajar como modelo desde niña te acostumbra rápido a las miradas.

A su lado, Emma era un manojo de nervios. Se acomodaba su fleco castaño cada cinco segundos y no soltaba su celular. Le lloró a sus padres por permiso, y para que le pudieran comprar las entradas VIP de esa noche, las cuales eran muy costosas.

—No puedo creer que ya casi entramos —dijo Emma, mordiéndose el labio. Sus ojos verdes brillaban de pura ansiedad—. Andrew tiene que estar ahí, Bella. Estuve investigando. Te juro que si lo veo, me desmayo.

Bella soltó una risita y revisó sus uñas, un poco aburrida por la espera. —Relájate, Em. Es solo un cantante. Un chico más.

—¿Un chico más? ¡Es Andrew Beaumont! —Emma la miró casi ofendida, pronunciando el apellido francés del cantante como si fuera de la realeza—. Bueno, obvio para ti es cualquiera. Literalmente ganaste Miss Nevada hace poco, a ti nada te impresiona.

Bella solo sonrió de lado y se encogió de hombros. El tema de hombres le aburría.

Lo que no quería decirle a Emma en ese momento, para no arruinarle la noche, era que para ella Andrew de verdad era un chico normal. Años atrás, cuando él ni siquiera soñaba con ser famoso, se la pasaba metido en la casa de Bella porque era el mejor amigo de su hermano mayor.

Antes de las millones de reproducciones y las portadas de revistas, los discos vendidos, Andrew era solo el chico guapo de 18 años que iba a jugar videojuegos a su sala.

—¿Me veo bien? Se honesta amiga... —Preguntó Emma mientras veía a bella con detalle.

La rubia sonriendo respondió—.Claro que si amiga, tú siempre eres muy linda.

—Gracias por acompañarme... Ojalá Tessa nos hubiera acompañado, pero desde que tiene novio no nos hace caso.

—Lo sé, pero creo que ya casi terminan, siempre tienen problemas.


—Boletos por favor—. Dijo acercándose un Staff. Por fin las dejó pasar. Entraron a la zona VIP y el ruido de la música casi las hace vibrar. Emma empezó a escanear el lugar de inmediato, parándose de puntitas, buscando desesperadamente al chico entre la gente.


Bella, en cambio, solo caminó hacia la barra para pedir algo de tomar. No le importaba si Andrew estaba ahí o no. Al menos, eso pensaba hasta que sintió que alguien la miraba fijamente desde uno de los sillones del fondo.


La chica pidió dos aguas minerales con whisky y un poco de hielo. El barman se las dio casi de inmediato, dándole una sonrisa que ella devolvió por pura costumbre. Cuando se giró para buscar a su amiga y darle su vaso, vio que Emma estaba petrificada.


Sus ojos verdes estaban abiertos de par en par, clavados en la zona más exclusiva del lugar.


—Bella... es él —susurró Emma, agarrándole el brazo con tanta fuerza que casi le tira la bebida—. Es Andrew. ¡No puedo creerlo! Es tan guapo...


Bella siguió la mirada de su amiga. Ahí estaba. Andrew Beaumont. Definitivamente ya no era el adolescente flacucho que iba seguido a su casa.  Llevaba un suéter tipo polo oscuro y un pantalón muy elegante, con relojes de oro con diamantes en sus muñecas. Era ridículamente guapo, de esos tipos que hacen que todos los demás en el lugar parezcan invisibles.

Emma empezó a arreglarse el cabello a toda velocidad.


—Voy a acercarme. ¡NO! M-mejor... Finjo que no lo conozco, ¡si! O... ¿que opinas tú?


Bella comenzó a sentirse nerviosa, su amiga se lo contagiaba. Tartamudeó—. M-mejor primero toma un poco, después que lo veas más solo, te acercas casualmente.


La peli-castaña asintió con la cabeza, agarrando el vaso con whisky que le daba su amiga, comenzó a beber casual. Bella de pronto tuvo una sensación rara, cuando llevó su mirada hacia donde estaba Andrew, este la veía fijamente, ella desvió la vista, intentando no hacer contacto visual.


Las chicas disfrutaba la fiesta, ya llevaban bastantes minutos ahí—. Emma, hay que llamar a Tessa, que venga, está súper este lugar...


Habló fuerte Bella, para que la chica pudiera escucharlo—. Si, estaría súper, pero no se... Ahorita no pienso en nada más que en Andrew, yo creo que ya le hablaré.


Pero antes de que Emma diera un solo paso, dejó de respirar. Tenía al chico a tan solo centímetros de ellas. Rápidamente preparó su mejor sonrisa, lista para hablarle, pero los ojos de Andrew pasaron de largo. Estaban fijos en Bella.


—¿Isabella? —La voz de Andrew se escuchó clara incluso con la música fuerte. Ella volteó a verlo—. ¿Bella Fox? No me lo puedo creer.


—Andrew.


Ambos sonrieron, el chico acercándose un poco más, invadiendo su espacio de una forma que a cualquier otra chica la pondría a temblar.


—Estás... wow. Has cambiado muchísimo desde la última vez que te vi jugando en tu sala —dijo él, mirándola fijamente a los ojos—. ¿Aún modelas?


—También haz cambiado mucho, y claro,  soy Miss Nevada Teen. —respondió orgullosa y con una risita —¿Aún te gusta cantar?


El chico soltó una risa y asintió con la cabeza. –Escucha, me tengo que ir por la puerta de atrás en dos minutos porque mi equipo ya me está presionando, pero no me voy a ir sin tu número... Quisiera saber qué fue de tu vida, saber de ti. De tu hermano, que tengo años sin saber de él.


Sacó su celular y se lo extendió. Ella lo agarró y tecleó su número.


—Igual de atrevido, no cambias—bromeó ella, devolviéndole el teléfono.


Sonrió Andrew, guardando el celular en su bolsillo. Le guiñó el ojo, se dio la vuelta y desapareció rápidamente entre sus guardaespaldas hacia la salida.


Bella se giró hacia Emma. Su amiga tenía una sonrisa enorme y tiesa en la cara.

—¡Qué locura, amiga! —dijo Emma, con una voz un tono más aguda de lo normal—. ¡Andrew Beaumont te acaba de pedir el número! O sea... ¡wow!


—Ay, ya sabes cómo son los hombres. Seguro ni se acuerda de quién soy mañana —respondió Bella, restándole importancia al asunto.


Emma la abrazó rápido. —¡Estoy súper feliz por ti! Pero, ¿Andrew fue amigo de tu hermano?  ¿Por qué no me lo habías dicho?


Pero por dentro, a Emma le hervía la sangre. Había pedido dinero, había rogado por ir a ese antro, ella era fan del chico. Y como siempre, Bella llegaba, no hacía absolutamente nada, y se llevaba toda la atención sin siquiera quererla. La rabia le apretaba el estómago, pero no iba a dejar que se notara. Tenía que ser la buena amiga.



—Si... Es una larga historia, mejor te cuento en el camino, ya deberíamos irnos...


Ya de madrugada, Emma se sentía atrapada entre las sábanas. Se giraba hacia la izquierda, luego hacia la derecha, buscando una posición que apagara el ruido en su cabeza, pero era inútil. La imagen se repetía en bucle: Andrew, el chico que tanto admiraba, ni siquiera se había molestado en sostenerle la mirada.


Fue como si ella fuera invisible, un simple decorado en la habitación. Sin embargo, lo que más le quemaba no era el desinterés de él, sino el de Bella. Sentía un nudo de decepción en la garganta al pensar que su mejor amiga le había ocultado algo tan importante: ya se conocían.


Bella sabía perfectamente lo que Andrew significaba para ella, y aun así, guardó silencio, permitiendo que el encuentro fuera una humillación silenciosa para Emma. Se sintió doblemente ignorada.


A pocos kilómetros de ahí, el ambiente era opuesto. Bella permanecía inmóvil, con la mirada perdida en el techo y una sonrisa involuntaria dibujándose en sus labios. No podía negar lo evidente: Andrew estaba mucho más guapo de lo que recordaba.


Se repetía a sí misma, que él no le gustaba. Nunca le había gustado en el pasado, y mucho menos ahora, sabiendo que Emma era su fan número uno. Sería una locura, pero su cuerpo no seguía las reglas de su lógica. Cada vez que recordaba su voz o la forma en que él la miró, sentía una descarga de adrenalina que le aceleraba el pulso. Con esa mezcla de culpa y emoción contenida, el cansancio finalmente la venció, y cerró los ojos con el rostro de Andrew como última imagen antes de hundirse en el sueño.


La mañana del lunes, el ruido de los casilleros cerrándose de golpe llenaba los pasillos de la escuela. Bella y Emma estaban guardando sus libros cuando llegó Tessa Roberts, casi corriendo.


Tessa tenía el cabello negro súper oscuro, la piel más pálida que sus amigas y con mucha energía.


—¡A ver, a ver, a ver! —exclamó Tessa, frenando frente a ellas y tratando de recuperar el aliento—. Leí los mensajes en nuestro grupo anoche pero estaba medio dormida. ¿Me están diciendo en serio que Andrew Beaumont ignoró a todo el mundo en el antro para pedirle el número a Bella?


Emma cerró su casillero con un poco más de fuerza de la necesaria.


—Así es. Pasó justo enfrente de mí. Literal, como si yo fuera un fantasma.


—Ay, no exageres, Em —dijo Bella, sacando su espejo para retocarse el brillo labial—. Fue pura coincidencia. Además, saben que yo estoy enfocada en lo mío. Esta semana tengo el casting para la campaña de trajes de baño, no tengo tiempo para... hombres.


Tessa suspiró dramáticamente y se recargó en la pared. —Oye, si la agencia de modelos busca a alguien con una vibra más... caótica y exótica, diles de mí. Por favor amiga, quiero ser como túz


—Tienes todo para ser modelo, Tessa, solo te falta dejar de ser tan floja —dándole un empujoncito con el hombro.


Emma las miraba reír. Fingió una sonrisa.  

El timbre sonó, marcando el inicio del receso.


Mientras caminaban hacia las mesas al aire libre de la cafetería, Bella sacó su móvil de su bolso. La pantalla se iluminó de inmediato con una cascada de notificaciones de Instagram.


No era una celebridad mundial como Andrew, claro, pero veinte mil seguidores en una ciudad como Las Vegas le daban un estatus especial. Desde muy pequeña su mamá la inscribió en un pequeño concurso de belleza local "solo para que perdiera la timidez".


Trabajo en en campañas y más concursos de belleza pero no fue hasta hace unos años que un fotógrafo independiente la descubrió trabajando en un restaurante como mesera, le ofreció una sesión de fotos gratis, le tomó un par de fotos, las subió, y se volvieron virales.


Desde ese día, su vida se llenó de agencias, ropa gratis y sesiones de fotos los fines de semana. Era un mundo en el que encajaba a la perfección.


Subió una historia rápida de su café helado y, en menos de un minuto, ya tenía cientos de likes.

Emma la miraba de reojo mientras abría su almuerzo. Para ella, el mundo funcionaba de una forma muy distinta. Mientras Bella conseguía patrocinios por ser bonita, Emma aunque sus padres le compraban lo que quería, nunca ha considerado nada por su belleza. Por eso, ver cómo Andrew Beaumont le pedía el número a su amiga, sin siquiera ella tener interés en él, le dejaba un sabor amargo que no se podía quitar con nada.


—Oigan terminé con mi novio, ¡hay que subir una selfie de las 3 donde nos veamos súper lindas para que la vea! —Agarró su teléfono y empezó a tomar selfies, sus amigas sonrieron para la foto.


Tessa es el alma de la preparatoria. Tiene muchos seguidores y es muy popular, ya que todo el mundo la conocía porque era la primera en apuntarse a las fiestas, la que hablaba con los de último año y con los de nuevo ingreso por igual.


Vivía el momento, sin preocuparse mucho por el futuro. Quería ser modelo porque le parecía divertido, le gusta como su amiga lleva su vida y la admira.


Se sentaron en su mesa de siempre. A simple vista, nadie entendería por qué andaban juntas. Pero así habían sido desde los catorce años. Las tres coincidieron en un proyecto de ciencias desastroso en la escuela y desde ese día, se volvieron inseparables.


Habían pasado ya muchos años juntas y experiencias, se conocen completamente.


—Por cierto —Habló Tessa—, ¿qué vas a hacer hoy en la tarde, Emma?


Emma suspiró, recargando la barbilla en su mano.

—No sé, quiero buscar un trabajo, para traer aún más dinero que del que le pido a mis papás.


Bella levantó la vista de su pantalla y le dio una sonrisa comprensiva. —Si termino temprano mi prueba de vestuario, puedo ir a tu casa a ayudarte con eso.


Emma asintió, forzando una sonrisa. «Qué linda», pensó Emma con ironía. 


De repente, la pantalla del teléfono de Bella se iluminó con un mensaje de texto. No era de Instagram. Era un número desconocido.

El mensaje solo decía: "He estado pensando en ti mucho, -A"


Sabía perfectamente quién era "A". Levantó la vista y vio a Emma, que seguía jugando con la comida en su bandeja, con la mirada un poco perdida.


Bella sintió una punzada de culpa. Ella quería mucho a Emma y sabía lo importante que era Andrew para ella. Leer ese mensaje frente a su cara y contestarle le parecía cruel. Así que, con toda la delicadeza del mundo, bloqueó la pantalla y guardó el celular.


—Oigan, chicas, voy rapidísimo al baño antes de que toque el timbre para la siguiente clase —dijo poniéndose de pie y dándole un apretón suave en el hombro a Emma—. Em, te dejo mis uvas, sé que no desayunaste bien.


Emma forzó una sonrisa y asintió.


—Gracias, Bella.


En cuanto Bella dio la vuelta y se alejó lo suficiente para no escucharlas, la sonrisa de Emma desapareció por completo. Suspiró profundamente y cruzó los brazos sobre la mesa, mirando cómo Bella saludaba de lejos a un par de chicos en el pasillo.



—Es que, tipo... siempre es lo mismo, ¿no crees? —murmuró Emma, con un tono pasivo-agresivo que no intentaba ocultar—. Todo le sale perfecto. No se esfuerza en nada y de repente ya tiene a las agencias rogándole, a todo el mundo babeando por ella, y ahora hasta... —suspiró —. lo peor... es que ni siquiera le importa.


Tessa, que estaba súper entretenida intentando armar una torre con sus papas fritas, levantó la vista un segundo.


—Pues sí, la verdad es que Bella tiene una suerte —respondió, para después darle un mordisco a una papa—. Todo le cae del cielo. Pero bueno, ya sabes que ella no lo hace por molestar.


—No digo que lo haga por molestar —replicó Emma, frunciendo el ceño y mirando las uvas que Bella le había dejado—. Pero es frustrante, Tessa. A veces siento que vive en una burbuja y no se da cuenta de lo injustas que son las cosas para las demás. Es como si le encantara tener la atención de todos, aunque diga que no.


Tessa se encogió de hombros, sin darle mucha importancia al drama, pero escuchando a su amiga con paciencia.


—Ay, Em, Bella es buena, mejor... Cada quien su vida, ¿no?


Emma rodó los ojos, sintiendo que Tessa nunca iba a entender la profundidad de lo que ella sentía. Para la peli negra todo era un juego, pero para Emma, la sombra de Bella cada vez era más pesada.


Mientras tanto, un par de pasillos más allá, Bella se recargó contra la pared fría de los casilleros, asegurándose de que nadie la estuviera viendo. Sacó su teléfono, abrió el mensaje de Andrew y sonrió un poco. Tecleó una respuesta rápida y sin mucho esfuerzo:


"Siempre fuiste así, no cambias... Pero también pensé en ti"


Lo envió, guardó el teléfono en su bolsillo y soltó un suspiro. Quería a sus amigas, de verdad las quería, y lo último que deseaba era que un chico —por muy famoso o guapo que fuera— se metiera entre ellas. Pero no podía negar que hablar con Andrew después de tantos años le daba un poco de curiosidad.