I Can Only Look At You, Two Shots Larry Stylinson by Kintsukuroi at Inkitt
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I Can Only Look At You, Two Shots Larry Stylinson

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Summary

Louis y Harry se conocen, y descubren que tienen el mismo gusto por ir a bailar. Todo pareciera ir bien, hasta que Harry descubre que Louis es un chico un poco celoso, pero consciente de su problema. ¿Podrá Louis, no perder a Harry? Dos capítulos, LT/HB, Sin Smut.

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Chapters
2
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n/a
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18+

I


El humo en el lugar no dejaba ver con claridad, estaba en cada uno de los rincones de la discoteque. Los fumadores abundaban y al ser un lugar cerrado, parecía que una nube gris se había posado sobre quienes bailaban al ritmo de las canciones antiguas.

La discoteque tenía fiestas temáticas todas las semanas, desde música de los setenta hasta los dos mil, pasando por los ochentas y noventas.

El lugar tenía su público, era de los pocos que ofrecían ese tipo de música bailable, alternativa. Estaba un poco escondido, al fondo de una galería en un sector algo olvidado de la ciudad. Cada semana se podían ver afiches promocionando la fiesta de turno para viernes y sábado, en alguna de sus dos pistas.

Era, además, un lugar muy bonito. Tenía una gran barra, muchas escaleras, lugares escondidos, y un escenario que de vez en cuando acogía alguna banda o performance artística.

Era normal ver grupos de gente bailando, con sus mochilas y abrigos en el suelo, o muchas otras bailando solas. Daba lo mismo, era parte de la esencia del lugar.

Esa noche, en especial, se encontraba Harry celebrando el cumpleaños de su mejor amigo, Liam. Eran clientes habituales del lugar, lo conocían como las palmas de sus manos. Tenían incluso la confianza de pedir alguna canción en especial al dj, de nombre Niall. Conocían además, a los guardias y a mucha gente de vista.

Estaban en la barra, tomando una cerveza, mientras veían cómo se iba llenando el lugar a medida que pasaba la hora. Cerca de medianoche y una vez que comenzaba la mejor parte de la música, bailaban sin parar.

—¡Cómo me gusta esta canción! —Gritaba Harry, debido a lo alto de la música.

—¡Es increíble!

Ninguno fumaba, por eso se ahogaban a ratos, sobre todo si habían bailado mucho o con mucha intensidad, por lo que de vez en cuando subían las escaleras hasta un descanso cerca de la entrada, donde había mejor ventilación.

—¿Qué se siente estar un año más viejo? Ya tienes 31, amigo, se te empieza a notar la edad, —dijo Harry, riendo.

—¡Hey! Aún no me duelen las rodillas ni nada parecido.

—Eso es bueno. Cuéntame cómo va el trabajo, ¿pudieron encontrar un nuevo recepcionista para el hotel?

—Sí, por suerte. Empezó hace dos días, y hace muy bien su trabajo. Es simpático.

—¿Mmm? ¿Simpático? ¿Por qué eso me sonó a “es guapo”? —Preguntó Harry, haciendo comillas en el aire.

—Cómo me conoces. Lo es, es muy lindo, hemos podido conversar mucho y siento que podríamos tener algo más que una amistad.

—¿Así de rápido?

—¿Para qué esperar?

—¡Pero lleva dos días trabajando!

—Es verdad... Creo que lo olvido cuando lo miro. Es que... Es como si lo conociera desde siempre, es extraño y especial. Ojalá algún día te pase algo así.

—Ay no, qué flojera. Sabes que no tengo tiempo para andar de romance, solo venir a bailar y trabajar.

—No creo que no te gustaría conocer a alguien. ¿Qué tal si lo conoces aquí, y le gusta bailar tanto como a nosotros?

—Eso sería perfecto, pero dudo que pasen esas cosas. Pero ya, vamos a bailar que va a empezar el especial de la noche y quiero otra cerveza.

Caminaron de vuelta a la pista de baile, y pasaron por la barra. Buscaron un lugar en medio de la gente que ya repletaba el lugar, y dejaron sus cosas en el suelo. Se dedicaron a bailar sin parar por una hora, hasta que se hizo una pausa en la música por cambio de dj, y luego siguieron bailando hasta las cinco de la mañana, hora en que se terminaba la fiesta y cerraban el lugar.

—Esta fue una increíble celebración de cumpleaños, gracias amigo. —Dijo Liam, muy feliz.

—No agradezcas, sabes lo importante que eres para mí, y me encanta que compartamos el gusto por venir a bailar. Te quiero mucho...

Se abrazaron como despedida, cada uno se iba hacia un lado distinto. Vivían cerca, pero en sectores opuestos.

Harry caminó hasta el paradero, y esperó su bus. Llegó a su departamento media hora después, directo a tomar un té y comer algo sencillo. Después se quitó la ropa y desnudo se acostó en su cama para dormir.

Despertó cerca de las tres de la tarde, y se dio una ducha. Preparó algo para almorzar, y después leyó. A las cinco se arregló y se fue a visitar a su mamá, que vivía a casi una hora de distancia.

—¿Cómo estás, hijo? —Preguntó Mariell.

—Bien, mamá.

—Tienes cara de cansado, ¿fuiste a bailar?

—Sí, ya sabes. Liam estaba de cumpleaños y qué mejor que irnos a bailar.

—Me encanta que a pesar de que pasen los años, ustedes sigan disfrutando. ¿Pero no tienes turno?

—Sí, pero empieza a las diez. Puedo dormir en tu sofá un ratito, ¿qué dices?

—Que siempre me haces lo mismo... Pero está bien, ¿trajiste todo?

—Sí, en mi mochila.

—Anda a acomodarte entonces a mi cama, no tiene sentido que duermas todo doblado en el sofá y pasando frío.

—Sí, mamá, pero no me retes.

—¡No te estoy retando! —Dijo Mariell, riendo. —Apúrate antes de que me arrepienta.

Harry caminó por el pasillo, arrastrando los pies. Le había dado mucho sueño de golpe. Se quitó las zapatillas y se metió debajo de las mantas, entrando rápidamente en calor y dejándose llevar por la suave música que estaba escuchando su mamá, se durmió relajadamente hasta las nueve de la noche, hora en que cenaron y luego se fue a trabajar.

Era veterinario, y trabajaba por turnos en una clínica de 24 horas.

Amaba su trabajo, amaba poder ayudar a los animales y tenía una facilidad para que se quedaran tranquilos en sus brazos. Era reconfortante verlos sanar y recuperarse, y muy doloroso el verlos sufrir o tener que ayudarlos a morir. Era una dualidad espantosa, que le dolía siempre, cada día. Jamás se acostumbraría a ello.

Esa noche fue especialmente tranquila. Solo llegó una gatita que estaba con vómitos, y un perro que había sido atropellado en una de sus patas.

La gatita llevaba sin alimento varias horas, y tampoco quería tomar agua. La dejó en una camita con fluidoterapia, que consistía en darle líquidos a través de una pequeña sonda. Una hora después estaba mucho mejor, y Harry le anotó algunas recomendaciones a la chica que la llevó.

Al perro, le hizo una radiografía y lo enyesó. Por suerte era un cachorro y era una fractura simple, y pronto podría estar bien.

Luego de eso, solo silencio en el lugar. Se sentó a tomar un té, y a revisar sus redes. Después limpió, revisó las jaulas de los animales que estaban en la clínica por diferentes motivos, les dio agua fresca y las medicinas a quienes correspondiera.

El resto de la noche pasó en paz, incluso cabeceó unos momentos. Por eso decidió completar fichas, revisar insumos y la agenda por si habían procedimientos agendados para su próximo turno.

A las ocho de la mañana llegó su compañero a relevarlo.

—¿Qué tal la noche? —Preguntó Richard, quitándose la mochila.

—Muy tranquila, apenas dos pacientes, está todo anotado. Me voy, estoy muy cansado. Nos vemos en la noche...

—¿Otra vez tienes turno?

—Sí, porque Sonie no puede venir el martes y se lo cambié.

—Descansa entonces, nos vemos.

Harry tomó su mochila y su chaqueta y salió en dirección a su departamento. Una vez que llegó, desayunó un poco de fruta y se tiró en su cama. Tenía cosas por hacer, como lavar su ropa, pero se sentía sin ganas de levantarse. Apenas se desvistió y se envolvió entre las sábanas y mantas de su cama, se durmió profundamente. Despertó a eso de las cuatro, sintiéndose mejor.

Puso música en su portátil, y al ritmo de las canciones se puso a limpiar y a asear el departamento. También aprovechó de preparar algo para almorzar y mientras comía, revisó algunos cursos en los que estaba interesado, para estudiar alguna especialización. Una vez que ya estaba todo limpio, se metió al baño y se dio una larga ducha.

Se envolvió en una bata y se acostó unos momentos a leer. A las diez se vistió, arregló su mochila y salió camino a la veterinaria.

Esa tarde habían dado de alta a dos de los pequeños pacientes, por lo que estaba más despejado el lugar y su compañero había dejado todo muy limpio. Se acomodó en la silla con su libro a un lado.

A eso de la una de la mañana, llegó un chico como de su edad, bastante afligido, con un pequeño perro, aún cachorro.

—Buenas noches, —saludó. —Necesito ayuda...

—Dime que pasó, —contestó Harry, recibiendo al perro en brazos para examinarlo.

—Se me arrancó cuando abrí la puerta, y lo encontré hace un rato. Al parecer lo mordió un perro más grande... No encontraba ninguna veterinaria abierta... ¿Puedes ayudarlo?

—Claro que sí. Déjame cerrar la puerta.

Harry se levantó y le puso seguro a la puerta. Le indicó al joven que lo siguiera y entraron a una habitación donde había todo lo necesario para poder revisar bien a los animales. Se puso guantes y examinó al paciente.

—¿Estará bien?

—Veamos... ¿Cuántos meses tiene?

—Cinco...

—¿Tiene sus vacunas al día?

—Sí, todo...

—Tiene una herida bastante profunda... Voy a limpiar un poco, pero primero le voy a poner algo de anestesia, no queremos que sufra, —sonrió.

Se acercó a un mueble, y tomo una jeringa con una aguja muy pequeña y colocó la inyección. Luego masajeó el lugar, y esperaron unos minutos, en los que Harry puso a mano gasas y desinfectante.

—Nunca me había pasado, lo cuido mucho, —contó el chico.

—Lo sé, son cosas que pasan, no te preocupes... Lo bueno es que lo encontraste. ¿Cómo se llama?

—Fideo...

—¿Fideo? ¿Y por qué? —Preguntó Harry, divertido.

—No lo sé, solo me pareció bonito.

—Lo es, y también muy original.

—Parece que ya le hizo efecto la anestesia, se está durmiendo.

—Se tiene que haber relajado después de todo el estrés que pasó. Voy a limpiar. —Con mucho cuidado, Harry pasó las gasas y el desinfectante. Una vez que cortó el pelo de la zona afectada, pudo ver bien la herida. —Va a necesitar puntos.

—Ay no...

—Sí, es más profunda de lo que pensé. —Harry buscó la aguja y la sutura, y cosió. Fueron 15 puntos. Encima y para cubrir puso un parche. —Va a necesitar un collar para que no pueda quitarse el parche.

—¿Cuándo volvemos?

Harry iba a contestar, cuando sonó el teléfono.

—Permiso, —dijo saliendo a contestar. Volvió a los dos minutos. —Perdón, viene una urgencia. Vamos al mesón y te doy todas las indicaciones.

En el computador, Harry abrió una ficha nueva, y puso los datos de Fideo.

—¿Cuánto debo pagar?

—De inmediato te digo. ¿Cuál es tu nombre?

—Louis.

—Bien...

Ingresó los medicamentos que iba a necesitar y los cuidados. Imprimió la información y escribió la boleta. Le entregó todo a Louis, quien revisó y se aseguró de entender las indicaciones.

—¿Venden aquí estas medicinas?

—Sí, ¿quieres llevarlas?

—Por favor.

Harry hizo una nueva boleta, y luego sumó las dos cuentas.

—Este es el total, —dijo mostrándole la calculadora.

—Pago con tarjeta, por favor.

Harry tomó la pequeña máquina e ingresó los datos. Louis acercó su tarjeta y puso su clave.

—Está listo, —dijo Harry, entregándole el boucher de compra. —Recuerda traerlo en dos días.

—Muchas gracias, en serio...

—No tienes que darlas. Espero que Fideo se sienta bien muy pronto.

—Gracias, buenas noches.

Harry le correspondió con un ligero movimiento de cabeza. No había alcanzado a sentarse, cuando llegó un perro de raza golden retriever, la urgencia que habían avisado. Lo habían atropellado y estaba bastante mal.

De inmediato fue trasladado a la sala de procedimientos, donde le tomó rayos. Tenía fractura en una pata y una contusión importante en el abdomen, por lo que tuvo que realizar un escáner. Las imágenes avisaron de una hemorragia.

Harry respiró profundamente, y se puso a trabajar incansablemente. Cerca de tres horas después, el perro de nombre Horacio, estaba durmiendo sedado, con un yeso en su pata, y una incisión de pequeño tamaño en su panza, pero bien y fuera de peligro.

En la sala de espera, estaba una mamá y su pequeña hija de unos cinco años.

—¿Cómo está? —Preguntó la joven, muy nerviosa.

—Está bien. Está durmiendo, aún anestesiado, por lo que deberá quedarse acá.

—¿Pero de verdad está bien? ¿La hemorragia?

—Pude detenerla, y tuve que poner 20 puntos. Esos hay que cuidarlos mucho, por lo que deberán seguir algunos pasos en casa. Pero va a estar bien. Vamos a hacer la ficha de Horacio.

Siguió los mismos pasos que con Fideo, y anotó los datos en el computador. Luego hizo un desglose del procedimiento, y lo puso en la boleta. Le entregó todo a la chica.

—Voy a pagar con tarjeta, en seis cuotas, por favor.

—Claro, dame un segundo.

Una vez que estuvo listo el pago, se pudieron ir a casa.

El resto de la noche, Harry se dedicó a ordenar, limpiar y organizar tanto los implementos de la sala de procedimientos, como las nuevas fichas y pagos. Rápidamente pasó el resto de la noche, y llegó al final su turno.

Apenas llegó su compañero, se fue a su departamento. Estaba molido, muy cansado. Desayunó un simple sándwich y un té y se fue a su habitación. Se desnudó y se metió a la cama. Tomó su celular para revisar sus redes , pero antes de cinco minutos ya se había dormido.

Eran pasadas las tres de la tarde cuando despertó, con mucha sed y dolor de cabeza, como si tuviera resaca. Se metió a la ducha, bajo el agua caliente, y luego se puso apenas un short y se fue a la cocina. Tomó un gran vaso de agua, y se preparó algo para comer. No tenía muchas ganas de cocinar, por lo que se hizo una ensalada con lo que encontró.

Le envió algunos mensajes a Liam, y después se acostó a leer. Estaba intentando concentrarse, pero la imagen de Louis aparecía insistentemente en la cabeza. Tenía la sensación de haberlo visto antes, pero no sabía en qué lugar. No podía negar lo mucho que le llamó la atención, sus ojos eran muy bonitos, sobre todo expresivos. Parecía ser muy dulce, y preocupado. ¿Le gustarían los hombres? ¿Podría invitarle una cerveza?

Definitivamente no. Era muy difícil que lo volviera a ver, porque sus turnos eran un desorden constante, pero no perdía nada con utilizar su imaginación. ¿A qué se dedicaría? Le parecía que, quizás, algo como profesor o enfermero. Estaba seguro de que Louis era mayor, no por mucho, tal vez tres o cuatro años. ¿Viviría cerca de la veterinaria?

Estaba a punto de volver a dormirse, pero no podía hacerlo. Necesitaba dormir en la noche, porque esa semana debía cubrir el turno de mañana, y sus horarios otra vez se iban a mover. Era lo único que no le gustaba de su trabajo en esa clínica, tener que trabajar por turnos. Por lo demás, estaba feliz. Levaba un par de años ahí, y había podido practicar la medicina veterinaria de muchas maneras, ganando mucha experiencia. Había sufrido con el dolor de los animales, también con el de las familias. Y de la misma manera, era el más feliz al dar de alta a alguno de sus pacientes. Intentaba acostumbrarse a las pérdidas o a esos momentos horribles en que no había más por hacer que inyectar el medicamento para dormirlos para siempre.

Pero no lo había logrado, y difícilmente lo haría. ¿Quién podría hacerlo? Definitivamente, Harry no. Era un horror ver a los animales sufrir y morir, y también lo era tener que enfrentar a las familias y dar malas noticias. Ver cómo las personas lloraban angustiadas le provocaba mucho dolor, no tener palabras de consuelo ni algo cuerdo que decir hacía que su corazón se encogiera.

Trataba de pensar, que de alguna manera se retribuía ese dolor, con todos los animales que sí lograban mejorar. Había familias que volvían de visita con sus mascotas, solo en manera de agradecimiento, y en esos momentos todo recobraba su color.

Se levantó, y decidió revisar una vez más los cursos que podía elegir. Ya tenía una especialización en medicina interna y una en anestesia; ahora estaba indeciso porque había dos o tres que le llamaban la atención: Oncología, cardiología o especialización en animales exóticos.

Se decidió finalmente por oncología. Habían pocos especialistas en esa área, y le parecía que podía hacer un buen trabajo. De inmediato se inscribió, y descargó la malla curricular. Iba a tener que organizar sus turnos, pero de verdad quería hacerlo. Hizo averiguaciones de los textos, gracias a la malla, y de inmediato buscó algunos que estuvieran de manera gratuita en internet. Encontró uno y lo descargó.

Se preparó un té y se sentó a leer. Era un tema bastante complejo, necesitaría de toda su atención, y pensó si quizás tendría que renunciar a su trabajo y buscar otro con un horario definido para poder estudiar en paz.

Al día siguiente hablaría con su jefe, a pesar de que faltaba un mes para el inicio de clases. Como era estudiante y trabajador, tenía más facilidades para elegir los horarios, pero necesitaba ingresarlos pronto.

Si su jefe no aceptaba que trabajara en un solo turno, ¿qué opciones tenía de encontrar un buen trabajo? Muchas. Sus especializaciones y experiencia eran una gran base para cualquier trabajo. Incluso sabía que donde estaban no lo valoraban lo suficiente, porque ninguno de sus compañeros tenía cursos a su haber, y era el único capacitado para atender urgencias que significaran casos complejos. Le había pasado algunas veces que lo llamaban durante sus horas de descanso para que fuera a resolver alguna emergencia, y ahora se estaba dando cuenta de que no era posible que ganara lo mismo que sus compañeros y tuviera más trabajo que ellos.

Se puso de mal humor. ¿Cómo era posible que no lo hubiera notado antes?

Se quedó pensando en eso unos minutos, y luego decidió seguir estudiando con más ganas. De ninguna manera iba a llegar sin saber lo básico a sus clases.

Al día siguiente, llegó a su turno media hora antes y le pidió a su jefe hablar a solas. Will accedió y entraron a la oficina.

—¿Pasa algo, Harry? Tienes cara de preocupado.

—Lo estoy, y también un poco desilusionado. Hace unos días supe que los chicos ganan lo mismo que yo, y no me parece justo en absoluto.

—Lo siento, Harry, pero es lo que puedo ofrecer...

—Entiendo. Voy a empezar a estudiar otra especialización, y necesito saber si mis horarios pueden ser más estables, ojalá solo durante las tardes.

—Es muy difícil que pueda acceder a eso. Tú mejor que nadie sabe lo complicados que son los turnos.

—Entonces, asumo que no te interesa que yo siga trabajando aquí.

—¿Cómo dices eso? Sabes que eres el único capacitado para asumir ciertas decisiones y urgencias, —aseguró Will, comenzando a ponerse nervioso.

—Sí, lo sé. Pero quieres que trabaje por el mismo sueldo de los demás, aún sabiendo que me merezco bastante más, y tampoco quieres ayudarme con los horarios. Para mi es simple, trabajaré hasta fin de mes, es decir, hasta el próximo viernes y tendrás mi renuncia, —dijo Harry en completa tranquilidad.

Will se puso pálido con la noticia. —Harry, no puedes hacerme esto...

—Yo solamente me estoy dando mi lugar. Si no me hubiese enterado sobre los sueldos, me seguirías viendo la cara de idiota, y es algo que no voy a tolerar más. Permiso.

Harry se levantó de su silla, y comenzó su turno, completamente triste y desilusionado hasta la médula.

Dos horas después, Will se acercó nervioso a Harry.

—Mira, puedo subirte el sueldo a esta cantidad, —explicó mostrándole una cifra anotada en un papel.

—¿Y qué pasa con los horarios? —Preguntó más molesto aún. Ese garabato en la hoja era una burla más.

—Tendría que conversarlo con los chicos y ver si ellos pueden adaptarse, no depende solo de mí. ¿Y qué voy a hacer si te necesito mientras estás estudiando?

—Lo siento Will, creo que no hay más que hablar. Y ahora déjame trabajar, mira que hay gente esperando.

Harry se dedicó a atender a sus pacientes, mientras Will no sabía qué hacer. Era consciente de que había hecho las cosas mal, pero pensó que Harry no se daría cuenta de lo que estaba pasando. Se había equivocado sin remedio.

Durante la mañana y la tarde eran los momentos de mayor afluencia de público. Casi todos iban por vacunas, antiparasitarios, alguna revisión de puntos o de fracturas. Le gustaba a Harry porque se pasaba muy rápido la hora, y no se daba cuenta de cuando ya estaba entregando el turno.

A mediodía llegó la familia de Horacio a preguntar por él.

—Está bien, —contó Harry. —Está con antibióticos y analgésicos y un poco aletargado aún por efecto de la anestesia. Se deberá quedar hasta mañana, y luego ya saben los cuidados. ¿Quieren pasar a verlo?

—¿Podemos? Por favor, mi pequeña está muy afligida.

—Claro, síganme.

Harry los llevó a través de un pasillo, hasta una habitación al fondo, donde estaba Horacio y otro perro de nombre Galleta, descansando de sus cirugías.

Cuando Horacio vio a la niña, movió su cola, feliz. La pequeña lo acarició y le habló muy suavemente sobre la importancia de ser un buen paciente y portarse bien, debía hacer caso en todo. Y parecía que Horacio entendía, porque la miraba y movía la cabeza dando lengüetazos.

Cinco minutos estuvieron con él, y luego se fueron, mucho más tranquilos.

Estaba Harry, ordenando algunas fichas, cuando llegó Louis con Fideo en brazos.

—Hola, —saludó amablemente a Harry.

—¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Y Fideo?

—Estoy bien, gracias... Fideo ha estado muy inquieto, no le gusta usar ese collar...

—Créeme que todos los animales lo odian, pero es lo único que podemos hacer para que no se pasen a llevar las heridas.

—Lo sé...

—Vamos a pasar a la sala de procedimientos para revisarlo. Sígueme.

Harry acostó a Fideo, y se puso guantes.

—¿Es normal que esté tan rojo?

—Sí. Es solo su piel sanando. Si estuviera caliente o con pus sería diferente. Ya mañana va a estar más rosada, créeme. Los puntos se ven bien, vamos a limpiarlos y a poner unos polvos antibióticos por si acaso.

—¿Cuándo tenemos que volver?

—En dos días. Tienes que tener paciencia, porque se va a demorar cerca de quince días en estar de alta. Lo bueno es que es cachorro, y sus heridas sanan más rápido.

—Pero está con mucha energía, no se queda quieto... —Contó con gracia.

—Claro que sí, es un bebé. Mientras no se pase a llevar la herida, estará todo bien.

—Gracias por revisarlo, espero que pasen pronto los días para que le des el alta.

—No lo haré yo, porque trabajo aquí hasta fin de mes.

—¿Qué? ¿Y dónde vas a trabajar?

—Aún no lo sé... No faltará un lugar.

—Definitivamente no, pero me gustaría que siguieras siendo el veterinario de Fideo. ¿Me puedes dar tu teléfono?

—Claro... Mejor dicho, cuando salgamos te doy mi tarjeta...

Harry se estaba aguantando las ganas de preguntarle a Louis si iban por una cerveza.

—Em... Me preguntaba, si... ¿te gusta ir a bailar? —Preguntó Louis, todo nervioso.

—¡Me encanta!

—¿En serio? ¡A mi también! ¿Aceptarías una invitación para este sábado? Donde voy hay un especial de los ochentas.

—¿No me digas que vas a “Blue”?

—Sí, ¿lo conoces?

—Amo “Blue”, voy cada vez que puedo.

—Entonces puede ser que te haya visto por ahí y por eso te me hacías conocido.

—Me pasó lo mismo contigo... Y sí, puedo el sábado. ¿Puedo ir con un amigo?

—¡Claro! ¿Nos juntamos en el primer descanso a las once?

—Perfecto. Vamos entonces para anotar en la ficha de Fideo su revisión.

Harry se sentó, mientras no podía dejar de sonreír. Escribió en la ficha la información del día de Fideo, y le entregó a Louis su tarjeta.

—Gracias de nuevo, eres tan amable...

—No hay qué agradecer, en serio.

—Nos vemos...

—Sí, nos vemos...

Louis salió de la veterinaria, en una nube, mientras Harry seguía con la sonrisa pintada en la cara.

Harry no era un hombre al que se le diera fácil el ser coqueto. Tenía suerte de que siempre se acercaban a él, era alguien que llamaba la atención; nunca tuvo que esforzarse por conocer a alguien. Le pasó con sus parejas, sobre todo la última, que su sensibilidad era un gran problema. No toleraban el trabajo de Harry, y menos las historias y vínculos sobre los animales, que tan animadamente Harry les contaba.

Hasta que Harry se aburrió de que su manera de ser fuera un problema, y fue cuando su último novio se dio cuenta de lo estúpido que había sido. Las pedidas de perdón se fueron sucediendo por meses. Su ex novio no se dio por vencido hasta un año después, cuando entendió que nada haría cambiar a Harry de opinión. Y Harry vivió ese mismo año con el dolor a flor de piel, intentando ocultarse, pasar desapercibido, intentando olvidar, sanar y curar su atribulado corazón.

Desde ahí simplemente se dedicó a estudiar y a trabajar, y su único plan para salir de la rutina, era ir a bailar con Liam, o juntarse para ir al cine o por una cerveza.

Se conocían desde que estaban en la escuela. Se hicieron mejores amigos en medio de los exámenes de fin de año, cuando después de haber hecho algunos trabajos en equipo, se dieron cuenta de que se llevaban realmente bien, y empezaron a estudiar juntos. Desde ahí, Harry entró a estudiar veterinaria, y Liam, diseño de interiores.

Nunca más se separaron, se llamaban varias veces al día, solo para “molestar” al otro. Liam vivía con su hermana, sus padres habían muerto hace algunos años, mientras que Harry vivía solo y tenía a su mamá, con quien se llevaba de maravillas.

La semana pasó sin nada nuevo, no hubieron reales urgencias y los turnos se desarrollaron con tranquilidad.

El viernes, al llegar su turno, Harry se encontró con Sonie.

—Harry, ¿es verdad que te vas?

—Sí, trabajo hasta el próximo viernes. ¿Will te dijo?

—No, Richard. Supongo que Will habló con él. Me dijo que te ibas porque te llevabas mal con nosotros...

La cara de Harry cayó tres metros. —¡No es cierto!

—¿Entonces?

—¿Sabes que gano lo mismo que ustedes?

—¿Qué? Eso no puede ser...

—Lo es, y me di cuenta cuando el otro día vi una hoja con el desglose del pago de Richard, y cuando enfrenté a Will, me dijo que era lo que había. Además voy a empezar a estudiar, y no quiso arreglarme los horarios tampoco. Me aburrí, por eso me voy. Tú sabes que jamás hemos tenido un problema.

—Sabía que había algo raro, por lo mismo que dices. Es muy injusto para ti... Y ahora me da miedo, porque también quiero hacer una especialización y no sé si Will estará de acuerdo... En fin, nos vemos mañana. Que tengas un buen turno.

—Ten un buen día, y descansa.

Sonie sonrió y se fue.

Esa semana, Harry no se encontró con Louis, pero sabía por la ficha de Fideo, que estaba yendo en el horario de la tarde. Estaba ansioso por su encuentro al día siguiente, y un poco molesto porque Will había intentado que Harry no tuviera descanso esos últimos días. Quería que trabajara todos los días, ojalá de noche, y Harry no lo aguantó. Le tocaba el domingo libre, y le dijo a Will que si no respetaba sus horarios, se iba de inmediato.

No podía creer, Harry, que hasta el último momento, su jefe quisiera pasar por encima de él. Se sentía muy enojado, y nada mejor que ir a bailar para relajarse.

El sábado, terminó su turno cerca de las tres y media, porque hubo muchos pacientes al mismo tiempo y se demoró en poder salir.

Se fue feliz a su departamento. Llegó de cabeza a dormir, hasta las nueve. A esa hora se levantó, y preparó algo para comer. Mientras tenía el pescado en el horno, estudió un poco. Comió apenas estuvo listo, y luego reposó mientras veía un capítulo de una serie que estaba siguiendo. Cerca de las diez, se fue a bañar con ganas y mucha dedicación, luego se vistió y terminó de arreglarse. Ordenó un poco su habitación rápidamente, y revisó su billetera. Tenía todo en orden. Eligió un abrigo negro, y salió.

Se encontró con Liam unos quince minutos antes de las once.

—¿Estás nervioso?

—Me sudan las manos, —contestó Harry, secándose las palmas en su jeans negro. —Solo espero que lo pasemos bien.

—Se me olvidó contarte algo... —Dijo Liam. —Invité a Zayn.

—¿Al chico de la recepción?

—Sí...

—¿También le gusta bailar?

—Sí, me dijo que me había visto algunas veces.

—Este mundo es muy pequeño. Pero estoy feliz de que venga, —aseguró Harry, sonriendo.

—¿Qué hora es? Se me olvidó ponerme reloj.

—Faltan cinco minutos para las once... Oh, por Dios, ahí viene Louis... —Dijo Harry, sonrojándose y sintiendo una gota de sudor bajando por su espalda. —¿Me veo bien? ¿No me eché demasiado perfume?

—Estás perfecto, amigo. Tranquilo, —respondió Liam, riendo y poniendo su mejor sonrisa.

—Hola... —Saludó Harry, —¿cómo estás?

—Hola, bien, ¿ y ustedes?

—Bien, también. Soy Liam.

—Louis, mucho gusto.

—Estamos esperando a un amigo de Liam, y podemos bajar.

—Está bien, no hay problema.

—¿Cómo está Fideo? No lo he visto esta semana...

—He tenido trabajo durante las mañanas, por eso he tenido que llevarlo en las tardes. Está bien, tenías razón, su herida está rosada.

—Me alegro mucho, es un cachorro tan lindo...

—Ahí viene Zayn, —interrumpió Liam, pensando que estaba muy tranquilo, pero le tembló la voz, que salió ligeramente más aguda.

Liam hizo las presentaciones, y decidieron bajar a la pista de baile a ver cómo estaba el ambiente esa noche. Había bastante gente, era de las fiestas preferidas del público.

—¿Quieren cerveza? —Preguntó Harry, poniéndose a la fila en la barra.

—Sí, por favor, —dijeron a un tiempo, Liam y Zayn.

—Yo prefiero agua, —contestó Louis.

—¿Seguro?

—Sí, no bebo alcohol.

Y Harry sonrió. Pidió tres cervezas y una botella de agua, y pudieron llegar a la pista sin problemas. Se pusieron cerca del escenario, porque se veían mejor las pantallas gigantes que mostraban los videos de las canciones que iban sonando.

Louis se disculpó, porque tenía que ir al baño, y mientras volvía, los demás conversaban.

—¿Cómo te has sentido en el hotel? —Preguntó Harry.

—Bien, ha sido increíble trabajar en un lugar así. Son todos muy amables y los clientes muy agradables, —contestó Zayn, sonriendo.

—Zayn habla inglés y francés, y bastante de italiano y español. Ha sido un acierto integrarlo, porque tenemos muchos clientes extranjeros.

—¿Qué? Esos son muchos idiomas... ¿Cómo no te confundes?

—¡Lo hago! —respondió riendo. —A veces es difícil, y he contestado o preguntado en el idioma equivocado. Me doy cuenta cuando me quedan mirando...

Los tres rieron con ganas.

En ese momento volvió Louis.

—Zayn nos contaba de su trabajo, —explicó Harry. —Él y Liam trabajan en un hotel del centro, Liam como diseñador de interiores, y Zayn en la recepción porque habla muchos idiomas.

—¿En serio? ¿Muchos idiomas? Amo los idiomas, mi favorito es el alemán, pero no lo entiendo.

—Es muy difícil, yo lo intento pero me ha costado, —dijo Zayn. —¿Y tú? ¿A qué te dedicas?

—Soy actor, —contó Louis. —Trabajo en el teatro municipal de la ciudad, como extra de algunas óperas. También he hecho algunos comerciales, sobre todo para otros países.

—¡Qué entretenido! —exclamó Harry, con demasiada emoción, logrando que Louis riera despacio.

—¡Escuchen! Está empezando lo bueno, es hora de bailar, —avisó Liam.

De inmediato desaparecieron los abrigos y mochilas, que dejaron apiladas en el suelo.

Empezaron a bailar entre los cuatro, pasándolo muy bien. Intentaban conversar a los gritos, lo que era muy divertido.

Pronto Zayn bailaba mirando a Liam, y Harry hacía lo propio con Louis.

Las cervezas se acabaron, al igual que el agua de Louis, por lo que Liam y Zayn se ofrecieron para ir por otra ronda.

—¿Es por tu trabajo que no tomas alcohol?

—Sí, debo cuidarme y lugares como este, con tanto humo deshidratan muy rápido mi piel. Llego literalmente a desmaquillarme después de venir a bailar.

—¿De verdad? —Preguntó Harry pasmado.

Había notado que al otro día después de una noche de baile, su piel se veía más opaca, pero nunca le tomó atención.

—Te sorprenderías la cantidad de mugre e impurezas que quedan pegadas en la piel.

—Voy a empezar a preocuparme... Te juro que nunca se pasó por mi cabeza.

—Tu piel es muy bonita, —aseguró Louis, y Harry fue incapaz de sostenerle la mirada.

—Gracias... la voy a cuidar más desde ahora.

—¿Te pusiste nervioso? —Preguntó Louis, no creyendo que Harry reaccionara así a un cumplido tan sencillo.

—Sí, —contestó Harry riendo. —No sé qué me pasa...

—Te ves muy lindo, y te lo digo en serio.

Antes de que las cosas se pusieran más intensas, aparecieron Liam y Zayn con las cervezas y el agua.

—¡Necesito que empiece el especial, ya mismo! —Gritó Zayn, saltando.

Los demás lo siguieron.

Se dedicaron a bailar y de vez en cuando compartir alguna pequeña conversación. Cerca de las tres de la mañana, el dj hizo una pausa para poner música un poco más lenta, lo que aprovecharon los cuatro para ir al baño, y por más líquidos.

Una vez que volvieron a la pista, Liam y Zayn se sentaron en unos grandes escalones, mientras Harry y Louis lo hacían en unos cubos grandes.

—¿Hace cuánto vienes a bailar? —Preguntó Louis.

—Ya perdí la cuenta. Siete, ocho años, por ahí. ¿Y tú?

—Unos diez, casi desde que abrió.

—¿Cuál es tu fiesta favorita?

—Esta. Los ochentas son mis preferidos.

—También los míos, —contestó Harry, volviendo a sonreír. —¿Estás muy cansado?

—¿Estás loco? Falta la última parte, nos quedan dos horas de baile.

—¿No te gusta bailar los lentos?

—No tenía con quien... ¿Te gustaría bailar conmigo? —Dijo Louis, nervioso.

—Me encantaría...

Se pusieron de pie, y dejaron sus cosas encargadas a sus amigos.

Louis pasó sus brazos sobre el cuello de Harry, y Harry tomó suavemente la cintura de Louis. Comenzaron a mecerse despacio, al ritmo de la música, lentamente.

Como estaban muy cerca, era más fácil hablar, y ellos lo hacían en susurros, aunque la conversación no lo ameritaba.

—¿Dónde vives? —Preguntó Harry.

—En la Cuarta Avenida Norte, cerca del centro comercial, —contestó Louis.

—No puede ser, ¡yo también!

—No es cierto... ¿Dónde?

—En la esquina de la avenida hay un pequeño local de repuestos para bicicleta, ¿lo conoces?

—Sí, sé cuál es.

—Desde ahí una cuadra al sur.

—Debe ser una broma, nunca te he visto por ahí. Yo vivo desde ese local, dos cuadras hacia la izquierda.

—¿Cómo puede ser? Vivimos prácticamente al lado...

—Es muy loco todo esto... Y lo es más, porque la veterinaria no nos queda cerca.

—¿Cómo llegaste a ella? —Quiso saber Harry.

—Esa noche no había ninguna otra veterinaria abierta. Tomé un taxi y nos dedicamos a recorrer el sector, hasta que vi en internet que había una veterinaria de 24 horas, —explicó Louis.

—Es realmente todo una gran casualidad. Las probabilidades de que nos conociéramos en la veterinaria eran mínimas...

—¡Lo sé! El hecho de que estuvieras justo de turno, de que ese día Fideo se escapara, que no hubiera ninguna otra veterinaria disponible... Y ahora, míranos...

—¿Qué debo ver? —Preguntó Harry, coqueteando sutilmente.

—Nosotros abrazados, bailando en nuestra discoteque favorita...

—Suena bien...

—¿Cierto?

En ese momento, el dj decidió que era buen momento para volver a la música bailable. Se pusieron a reír, pero se separaron despacio. Ninguno quería hacerlo.

Volvieron a juntarse los cuatro, y siguieron bailando sin parar hasta las cinco de la mañana.

—Esta fiesta ha sido de mis favoritas, —aseguró Harry.

—Absolutamente opino lo mismo, —dijo Zayn.

—La música estuvo increíble, —afirmó Liam.

—¿Para dónde viven? —Preguntó Louis, sacudiendo su chaqueta y tomando su mochila.

—Vamos para el sur, y ustedes para el norte, —explicó Liam.

—Oh, pensé que vivían cerca.

—Lo hacemos, pero por lados opuestos. Liam vive cerca de la antigua estación de trenes.

—¡Muy cerca!

—Sí... Bueno chicos, espero que se repita, lo pasé muy bien, —dijo Zayn, dejando un abrazo para cada uno.

Se despidieron y cada pareja caminó hacia un paradero de buses diferente.

—Hace mucho frío, —se quejó Louis, subiendo el cierre de su chaqueta hasta arriba.

—Es lo que no me gusta de venir a bailar, que salimos con los cuerpos calientes y sudados, y afuera este frío de mierda.

Harry metió sus manos en los bolsillos, luego de colgarse su mochila con los dos tirantes.

—Ahí viene nuestro bus, —avisó Louis.

Subieron y se sentaron en los primeros asientos.

—Liam y Zayn me cayeron super bien, —comenzó Louis con la conversación.

—Liam es un sol, y creo que hace muy bonita pareja con Zayn. Él es encantador.

—¿Crees que se hagan novios pronto?

—No sé si novios, pero de que va a pasar algo, te lo puedo firmar. Liam no es alguien paciente, no cuando algo le interesa y claramente tiene a Zayn entre ojos...

—¿Y tú? —Preguntó Louis. —¿Tienes paciencia?

—La tengo... A veces...

Louis sonrió, mirando hacia abajo. —Cuéntame por qué te estás yendo de la veterinaria.

—Dos cosas... La primera, es que me enteré de que me estaban pagando lo mismo que a mis compañeros, lo que es injusto porque tengo dos especializaciones, y mi trabajo tiene muchas más responsabilidades. Lo segundo, es que voy a empezar otra especialidad, y no me quisieron arreglar los horarios...

—¿Cómo es posible? ¿Tu jefe no hizo nada por retenerte?

—Nop... Es decir, sí. Ofreció subirme el sueldo, pero la cifra era irrisoria, una burla.

—No puedo creerlo, le vas a hacer mucha falta.

—Sí, lo sé.

—Y es una pena que ese lugar se queda sin ti. Tienes un algo especial con los animales. Por lo menos con Fideo, y estoy seguro que con los demás también.

—Me encantan los animales... Desde pequeño quise ser veterinario.

—Te entiendo, mi amor por el escenario también lo tengo desde muy pequeño.

—¿Te gusta tu trabajo?

—Mucho. Me encanta la ópera y el ballet, y poder trabajar con grandes cantantes líricos o grandes bailarines es... Increíble, —contestó Louis emocionado.

—¿Y los comerciales?

—También me gustan, aunque son más difíciles por los castings y las especificaciones que piden las marcas.

—¿Has hecho muchos comerciales? —Preguntó Harry con interés.

—No tantos. La mayoría para afuera, aunque también he tenido pequeñas apariciones en comerciales que han salido en la televisión. También he aparecido en algunas películas. Trato de buscar siempre dónde más puedo encontrar trabajo.

—¿Pero tu trabajo con la ópera es estable?

—Mientras dura la temporada, sí. Por lo general trabajo una temporada sí, otra no y así.

—¿Por qué?

—Porque es mucho trabajo aprender una ópera o una danza completa. Siempre tienes que estar atento, alerta, no puedes perder el hilo de lo que va pasando porque a veces es necesario improvisar, y eso es muy desgastante.

—Tienes razón... Llegamos, —dijo Harry haciendo un puchero.

El viaje para los dos se hizo demasiado corto.

—Creo que aquí nos despedimos, —susurró Louis, al llegar al semáforo.

—Sí... Espero verte en la veterinaria durante la semana.

—Espero lo mismo.

—Me gustó mucho ir a bailar contigo, tenemos que repetirlo.

—Claro que lo haremos... Adiós Harry...

Se dieron un abrazo apretado, y aunque los dos querían otro tipo de despedida, siguieron su camino.

Harry iba suspirando, Louis también.

Los dos llegaron a tomar desayuno y a “desmaquillarse”. Harry no tenía implementos para hacerlo, pero se lavó la cara reiteradas veces y tomó dos vasos de agua antes de acostarse a dormir.

La nueva semana apareció lentamente, y el día jueves, mientras Harry cubría el turno de tarde, se encontró con Louis y Fideo.

—¡Hola! ¿Cómo están? —Preguntó Harry con una gran sonrisa, recibiendo al pequeño perro en sus brazos.

—Estamos bien, ¿y tú? ¿Cómo va el día?

—Con hartos pacientes, pero revisemos a este bebé.

Entraron a la sala de procedimientos, y Fideo fue examinado.

—Está perfecto, muy bien. Creo que podemos darlo de alta.

—¿En serio? ¿Tan rápido?

—Sí, ha evolucionado muy bien, y su cicatriz está plana y bien cuidada. ¿Escuchaste, bebé?

—Qué buenas noticias, Fideo ya no soportaba más ese collar horrible.

—Me imagino, pero ya serás libre, —dijo Harry sacándoselo. —Listo, ya puedes irte a casa.

—Gracias, muchas gracias.

—Ya sabes, no hay de qué. Vamos a anotar las buenas noticias en la ficha.

Harry abrió la carpeta de Fideo, y anotó las indicaciones del alta.

—¿No hay nada más por pagar?

—Nada, no te preocupes.

—Bueno... Entonces nos vamos...

—El viernes hay fiesta de los noventa... ¿Te gustaría ir? Quiero celebrar que estaré cesante...

Louis comenzó a reír. —Me encantaría acompañarte, pero el sábado tengo ensayo desde las ocho de la mañana.

—Oh, entiendo.

—Pero, —interrumpió Louis, —el sábado en la segunda pista hay mini fiesta de los ochentas...

—Odio la segunda pista de baile, pero sí... Vamos. ¿En el mismo lugar y a la misma hora?

—Sí... Nos vemos, Harry...

—Nos vemos...

El día viernes llegó, y con él, el último turno de Harry en la veterinaria.

—¿Estás seguro de esta decisión? —Preguntó Will, nervioso por lo que se venía.

—¿Tú estás seguro? —Rebatió Harry, molesto.

—Podemos arreglarlo...

Will había estado recibiendo hojas de vida de diferentes candidatos para el puesto de veterinario, y se dio cuenta de que realmente había sido negligente y un verdadero abusador. El sueldo que pedía alguien con las características de Harry, doblaba lo que él ofrecía. Además de que pocas personas con experiencia estaban dispuestas a trabajar por turnos, y menos de noche. Y solos. Siempre debían haber dos personas en cada turno, pero él los tenía de a uno, y eso era una gran irresponsabilidad.

Sin embargo, y pese a saber lo mal que estaba actuando, esperaba un milagro. Soñaba con que Harry le dijera que se quedaba un mes más, una semana más, un día más. Con cualquiera de esas alternativas se conformaba. Y todo empeoraba porque Sonie también había hablado con él sobre los turnos, y ella le había dicho que trabajaría hasta que empezara la especialización.

Se estaba quedando solo, pero no iba a dar el brazo a torcer.

—¿Entonces? —Instigó, Harry.

—¿Lo pensaste bien?

—Al parecer no tienes nada más para decir. Nos vemos, gracias por todo.

Harry lo miró por última vez, y salió de la veterinaria. Temprano se había despedido de los animales que estaban en reposo, y fue inevitable derramar algunas lagrimas. Extrañaría a sus bebés, extrañaría ese escritorio que lo acogió por más de dos años. Extrañaría a sus compañeros, y a la gente que llevaba a sus animales a atenderse con él.

Pensó que se sentiría feliz de irse, pero la verdad es que no era así. No tenía ningún trabajo en la mira, apenas había enviado algunas hojas de vida, pero estaba en una especie de negación. Hasta el final esperó que Will recapacitara y eso, claramente, jamás iba a suceder.

Llegó a sentarse en su sofá. Estaba en una especie de shock, sin poder reaccionar. Cómo le hacía falta la compañía de Liam o de su mamá. Pero los dos estaban trabajando a esa hora. Tomó su celular y envió un mensaje.

“Hola, ¿ocupado?”

Dos minutos después, apareció la respuesta.

“No, estaba leyendo. ¿Todo bien”

“No... Acabo de llegar a mi departamento después de salir de la veterinaria... Y no sé cómo sentirme...”

“¿Te puedo ir a ver?”

“Te mando la dirección”

Harry envió las coordenadas para que Louis pudiera llegar a su departamento, y esperó.

Menos de diez minutos después, sonaba el timbre.

Cuando Harry abrió, vio a Louis con cara de pregunta.

—¿Qué está mal? —Preguntó Louis.

—No lo sé... —Contestó Harry, cerrando la puerta y caminando hacia el sofá, donde se sentaron los dos. —Es, una mezcla de emociones.

—¿Cuáles son?

—Por un lado me siento feliz de haber sido capaz de salir de ese lugar donde no me valoraron nunca. Pero perder a mis pacientes es muy difícil, despedirme de ellos y de sus familias fue más difícil de lo que pensé.

—¿Te sientes triste en vez de aliviado?

—Sí... Y no tiene sentido...

—Claro que lo tiene. No te fuiste de ese lugar por las personas o por los animales. Te fuiste por culpa de un tipo egoísta y calculador, que veía solo su conveniencia. Por eso duele, porque dejando de lado la situación de los sueldos y los horarios, el resto era lo más bonito de tu trabajo.

—Sí, así es... ¿Pero está mal haber pensado en aguantar un poco más?

—Claro que no... Es normal que lo hicieras, no querías dejarlos. Sabes que nadie más los cuidará como tú, estás perdiendo a seres con los que has estado durante días, semanas y meses. Dudo que haya alguien feliz con lo que pasó. Yo mismo lamenté mucho la situación, porque Fideo no se dio con los demás como contigo, y no podía creer que no te valoraran lo suficiente. No te merecías lo que te pasó...

Poco a poco, Harry iba calmándose y encontrando consuelo en las palabras de Louis, que lo miraba atentamente mientras sostenía su mano.

—Gracias... Gracias por venir...

—No hay otro lugar donde quisiera estar...

—Ya me siento mejor... Ni siquiera te pregunté si querías tomar algo...

—No te preocupes, no quiero nada, solo que estés bien. ¿Has buscado otro trabajo?

—No realmente... Creo que de alguna manera esperaba que las cosas se arreglaran, y fui muy tonto de pensar en algo así...

—No eres tonto, Harry. Solo eres humano, uno muy sensible, uno que lo está pasando mal. Date tiempo, quizás un par de días, ¿qué es lo peor que te podría pasar?

—¿La verdad? Nada. Tengo ahorros, y si todo se fuera a la mierda, siempre puedo volver con mi mamá.

—¿Ves? Toma un poco de aire, busca con calma, encuentra ese lugar que se va a volver tu segundo hogar, y donde conocerás a nuevas familias de cuatro patas y peludas.

Harry sonrió. Miró fijamente a los ojos a Louis, y solo encontró preocupación. Y cuánto le gustaba eso, le parecía tan atractivo que estaba a punto de besarlo.

—Gracias de nuevo... Pero ya, tienes razón, me voy a tomar las cosas con calma. Cuéntame, qué estabas leyendo.

—Solo repasaba la historia del “Lago de los Cisnes”. Estará en cartelera la próxima quincena, y estamos ensayando todo lo posible.

—¿Los ensayos también son el fin de semana?

—Sí, domingos y feriados incluidos.

—¿Y por qué estudias la historia de la obra?

—Me gusta saber y entender cada pasaje del ballet, los cantos, las pausas, los movimientos. Todo.

—Te gusta mucho tu trabajo.

—Sí, lo amo, me encanta.

—¿Sueñas con ser actor principal? ¿Algo así? ¿Existe eso?

—Realmente no, —contestó Louis sonriendo. —No existe algo así, y me encantaría ser el principal, pero para eso debería también ser cantante o bailarín, y ni la ópera ni la danza son lo mío.

Harry rió, despacio, suave, encantador.

—Entiendo... ¿Y cuál es tu obra favorita?

—Responder a eso es muy difícil. Y no, no puedo definirme. Cada una tiene su encanto.

—¿De verdad? ¿Alguna más difícil que la otra?

—No... Son igual de complejas cuando las actúas o escuchas por primera vez, o después de mucho tiempo. Pero después que entiendes la trama y la música, todo se vuelve más fácil. ¿Te gusta la ópera?

—No mucho, la verdad. Debo confesar que en vez de relajarme, me altera un poco tanta pasión cantada, pero sí me gustaría ver alguna obra algún día.

—Puedo invitarte a ver “El Lago de los Cisnes”. A ti, a Liam y a Zayn. Nos regalan pases diarios, y nunca he podido compartirlos con alguien más, —explicó Louis.

—¿Puedo invitar a mi mamá?

—Por supuesto.

—Vamos a estar todos felices de ir a verte.

—No me verán a mí, quizás me logren distinguir en medio de la gente, pero no puedo prometerlo.

—Está bien, —dijo Harry con otra de sus hermosas sonrisas. ¿Por qué no me cuentas de qué se trata “EL Lago de los Cisnes”?

—Es una historia de amor, de amor trágico. Habla de una hermosa princesa y su príncipe. Ella es hechizada y obligada a convertirse en cisne de día, y humana de noche. Está el antagonista, que es este hechicero malvado, quien tiene una hija también bruja... Pasan cosas, y el remedio para romper el hechizo se pierde... —Contó Louis suspirando. —Eso es a grandes rasgos, pero debo decir que hay dos finales. Uno feliz, donde los príncipes se quedan juntos y enamorados, y uno donde ambos mueren en el lago.

—¿Y cuál representan en el teatro?

—No te lo puedo decir, sería dar demasiados detalles y la idea es que lo veas por ti mismo y creo que es mejor que me vaya... Se me pasó la hora y aún tengo que seguir estudiando...

—Nos vemos mañana...

—¿Van los chicos también?

—Sí... ¿Te molesta?

—¡No! —Rio Louis. —Para nada, me encanta que vayamos juntos.

—Me alegro mucho. También lo pasé muy bien con ellos... Y contigo...

Estaban en la puerta, Harry sosteniendo la puerta mientras se miraban con profundidad, buscando respuestas, y solo encontrando preguntas.

—Cuídate. ¿sí? Nos vemos.

Se dieron un pequeño abrazo y Louis salió del departamento.

Harry se volvió a sentar en el sofá, pero se levantó casi de inmediato. Necesitaba y quería estar en su cama. Se desnudó, y se metió entre las cobijas. Antes de que se diera cuenta, se había dormido. No sabía lo cansado que estaba, y más el desgaste emocional, fue muy fácil caer rendido.

Despertó a eso de las dos de la mañana, hora en que se levantó y se preparó un sándwich y un té. Después de eso, pensó en Louis.

Louis le provocaba algo tan diferente, tan extraño a la vez. Le gustaba mucho sentir que era un hombre seguro, preocupado, maduro. Y eso solo hacía que sus piernas temblaran, y que quisiera lanzarse encima y besarlo y llevarlo a su cama. Sin embargo, y a pesar de sentir que se llevaban bien, no estaba seguro de que Louis estuviera en el mismo lugar. Por momentos pensaba que estaban muy cerca de avanzar, pero luego Louis se mostraba ligeramente frío. ¿Sería posible que solo fuera poco demostrativo? Y si así fuera, ¿sería un problema? No podía negar que así sería. Harry era todo emociones a flor de piel, y si Louis resultaba más apático, no estaba seguro de que pudiera funcionar.

Pensó tanto, en todas las variables, que volvió a dormirse.

El día sábado durmió hasta mediodía. Jamás en su vida había dormido tanto, y solo podía pensar que era su manera de recuperarse después de tanto estrés y de trabajar sin parar. No recordaba cuándo fue la última vez que pudo dormir sin preocupaciones.

A esa hora se levantó, se puso solo un bóxer, y fue a cocinar.

Después de dejar en el horno su pescado, se sentó en el sofá a revisar ofertas de trabajo. Encontró varias, y postuló a algunas. Las que descartó, fue por que le quedaban muy lejos y no era la idea tener que estar viajando tanto, todos los días. Sobre todo pensando en que iba a estudiar, y necesitaba un lugar que le quedara relativamente cerca de su departamento y de la universidad.

Puso un poco de música, y luego hizo una compra online. Necesitaba toallitas desmaquillantes, algún tónico, jabón suave, un nuevo tipo de shampoo y acondicionador, un perfume ligero, crema hidratante.

Almorzó, y el resto de la tarde se dedicó a leer sobre la nueva especialización que empezaría. A las seis hizo una pausa para hablar con su mamá y luego leyó un poco más. A las ocho lo llamó Liam.

—Hola, quería confirmar lo de hoy, —dijo agitado.

—¿Qué estás haciendo?

—Estaba corriendo, necesito ponerme en forma.

—Pero Liam... Así como estás, estás bien.

—Quiero gustarle a Zayn...

—Pero ya lo haces, ¿o estoy equivocado?

—Sé que nos gustamos, en el aspecto general de lo que eso significa. Pero quiero gustarle más aún.

—¿Le dijiste que te gustaba?

—Sí, necesitaba hacerlo, no me pude aguantar.

—¿Y el te correspondió?

—Sí.

—¿Y tú estás haciendo ejercicio para gustarle más?

—Sí.

—No entiendo. Yo puedo jurar que Zayn no te cambiaría ni un lunar.

—Lo sé... Solo... No sé, nunca me sentí tan tímido. Es que Harry, creo que estoy enamorado, nunca me sentí así... Y no quiero echarlo a perder.

—No lo harás. Solo tienes que ser tu mismo y ya. Déjate llevar un poco, verás que todo estará bien. Respira profundo, y espera... No necesitas correr con Zayn...

Liam se demoró un poco en contestar. Estaba procesando lo que le había dicho Harry.

—Creo que tienes razón... Me puse nervioso, porque es muy diferente vernos en el trabajo, donde debemos mantener la distancia, a verlo en “Blue” y poder tenerlo una noche para mí, en medio de la música y la oscuridad.

—Lo sé, me siento igual con Louis...

—¿Cómo vas con eso?

—Lento. No estoy seguro de gustarle, por eso no he intentado avanzar. Me asusta ser rechazado, y al mismo tiempo, me espanta que sea alguien frío. Todo lo que he visto en él es medido, tranquilo, despacio... Y yo no puedo con eso.

—Creo que es solo cosa de tiempo. Se nota que disfruta de bailar, canta a todo pulmón, se mueve increíble y te mira como si quisiera comerte. Quizás solo está tanteando el terreno, dale un poco de tiempo. Quizás hoy te sorprenda.

—Ojalá... Necesito respuestas ya mismo, no puedo esperar. Pero ya me voy, tengo mucho qué hacer todavía.

—¿Tienes que prepararte por si hoy pasan cosas? —Preguntó Liam riendo.

—¡No te burles que tú harás lo mismo!

Cortaron en medio de más risas.

Justo a esa hora, llegó su pedido. Lo abrió y ordenó sus productos. Antes de organizarlos, comió viendo una película de suspenso que le habían recomendado.

Luego de eso, y con el tiempo casi justo, se fue al baño. Se dio una ducha larga, donde usó su jabón nuevo, que se notaba era mucho más suave, pero además, tenía un aroma delicioso a coco y lavó su pelo, ocupando también el acondicionador recién llegado.

Salió con una toalla envolviendo su cintura, y buscó su ropa.

Eligió sus mejores jeans negros, sus botas negras y una camisa negra también. Se puso su reloj, se acomodó su pelo y buscó sus documentos. Eligió una chaqueta negra con líneas azules, y salió. Iba con el tiempo justo.

Llegó a las once con cinco minutos, pero estaba solo. Los demás aún no llegaban.

Se sentó a esperar, pero diez minutos después no aparecían sus amigos. Se levantó, y bajó hasta la barra, donde pidió una cerveza, mientras escuchaba las primeras canciones en la pista central.

Cuando llegó de nuevo al sitio donde se juntarían, estaba Louis esperando.

—¡Harry! ¿Llegaste hace mucho? Perdón por la demora, tuve ensayo hasta las diez.

—Llegué cinco minutos tarde, no te preocupes, —dijo Harry, feliz. —¿Quieres que vayamos por agua?

—No, aún no. Esperemos a los chicos y vamos todos juntos.

—¿Pasa algo? —Preguntó Harry, sintiendo los nervios de Louis.

—Eh, no, nada, no...

—Está bien...

Harry se quedó pensando en que quizás, Louis no quería estar a solas con él, y eso lo puso triste.

Casi cinco minutos después llegaron Liam y Zayn de la mano, sorprendiendo a sus amigos.

—¡Hasta que llegan! —Dijo Harry, moviendo las cejas de arriba a abajo con burla.

—No preguntes si ya sabes, —contestó Liam, sonriendo grande, y dejando un beso en la mejilla de Zayn.

—¿Ya son novios? —Preguntó Louis.

Liam y Zayn se miraron, y movieron la cabeza en una afirmación.

—¿En serio? ¡Qué buena noticia! —Gritó Harry. —Ya se habían demorado.

—Sí, estamos felices. Así es que necesitamos cerveza para celebrar, —pidió Zayn.

—Vamos entonces.

Bajaron los cuatro hasta la barra, y pidieron dos cervezas y una botella con agua. Hicieron un brindis por los nuevos novios y luego se fueron a la segunda pista, donde ya se estaba llenando de gente. Encontraron un buen lugar en una esquina y comenzaron a bailar.

Lo hicieron por casi media hora, hasta que el equipo del dj tuvo un cortocircuito y la música dejó de sonar. Mientras solucionaban el problema, se fueron a la pista central.

Liam y Zayn habían ido al baño, por lo que se sentaron en los grandes escalones cerca del escenario.

—¿Has estado más tranquilo? —Preguntó Louis.

—Sí... Hablar contigo me sirvió mucho. Creo que solo fue una especie de pequeña crisis, pero ya está todo bien.

—Qué bueno, de verdad me alegra mucho...

—Sé que te pasa algo, ¿no quieres contarme? ¿Puedo ayudarte?

—¿Podrías solo abrazarme? —Pidió Louis. —Creo que es lo que me hace falta.

—Claro que sí, ven...

Harry abrió sus brazos y Louis se pudo recostar en el hombro de Harry, mientras se adueñaba de su cintura.

Una canción completa estuvieron abrazados, y pronto Louis ya estaba mejor.

—Gracias, de verdad lo necesitaba.

—Cuando quieras, —contestó Harry sonriendo.

—¿Quieres bailar? Me encanta esta canción.

—Sí, a mi también...

Se acercaron a la pista y estuvieron bailando por cerca de media hora. Luego de ese lapso de tiempo, supieron que ya estaba arreglado el impasse en la segunda sala, por lo que fueron hasta allá, llevando las cosas de Liam y Zayn que quién sabe dónde se habían perdido.

—¿Sabes? —Dijo Louis, —me siento un poco ahogado. ¿Te molesta si subimos un poco?

—Claro que no, vamos.

—Hay un pequeño descanso medio escondido detrás de unos asientos, ojalá esté desocupado.

Harry siguió a Louis en silencio, y efectivamente, detrás de unos grandes sofás cubiertos de gamuza y animal print, estaban este tipo de escalones, justo para dos.

Se sentaron y Louis por fin pudo respirar mejor.

—Creo que hoy está demasiado saturado el ambiente. Deberían prohibir fumar en espacios cerrados.

—Pienso lo mismo. Debería ser una ley, y ojalá a alguien se le ocurra pronto. Por lo general resisto bien, pero creo que hoy estoy muy cansado. El ensayo fue intenso.

—Debiste decirme, y nos hubiésemos puesto de acuerdo para otro día.

—No hay otro lugar donde quisiera estar... —Susurró Louis.

—¿No? —Murmuró Harry. —¿Por qué no?

—Porque ahora te tengo muy cerca...

—¿Y?

Louis lo besó.

Y lo besó con ganas, sin ser rudo, pero con seguridad, como si Harry le perteneciera y se debiera solo a él. Lo besó apretando su cintura y sus caderas, luego un poco más allá.

Lo besó como si hubiese estado toda la vida esperando por hacerlo.

Y Harry correspondió al beso más que feliz. Lo hizo ilusionado.

¿Fue un buen primer beso? Absolutamente sí. Si los dos tenían experiencia, no podía salir tan mal. Pero la técnica daba lo mismo en ese momento. Lo importante era la conexión, los ligeros espasmos recorriendo sus espaldas, la necesidad de querer un poco más.

Y eso les pasó. Se besaron por un tiempo largo, se notaba que ninguno quería ser el culpable de terminarlo, y es que no querían separarse.

—Me gustas... —Dijo Louis, con su boca sobre la de Harry. —Me gustas mucho...

Sin dejar de besarse, Harry se hizo entender.

—Me gustas mucho también...

Habían empezado a desesperarse. Eran hombres seguros de sí mismos, sin inseguridades por sus cuerpos. Disfrutaban de su sexualidad de la manera más sana posible, pero los dos llevaban varios meses sin acción.

—¿Vamos a tu departamento? —Gimió Louis, al sentir la mano de Harry en medio de sus piernas.

—No... ¡Vamos a bailar!

Harry lo tomó de la mano, mientras en la otra llevaba los abrigos y mochilas, y salió de aquel escondite.

—Harry... ¿Pasa algo? —Preguntó Louis, sin entender lo que había sucedido.

—Es temprano aún... Tiempo nos sobra, —respondió sonriendo con maldad.

Y Louis sonrió, aceptando el juego.

La pista dos estaba vacía. No se había podido arreglar el problema, y tuvieron que tomar la decisión de fusionar las dos pistas en la más grande.

Al fondo, cerca del escenario, se encontraron con sus amigos.

—Hasta que aparecen, —dijo Harry divertido. —Parece que se les olvidó el camino.

—No molestes, —respondió Liam, con una sonrisa imborrable.

—¿Y ustedes? ¿Dónde andaban? —Preguntó Zayn.

—Por ahí, caminando.

—Podrían haber comprado más cerveza o algo así, —habló Liam.

—Un poco difícil si andamos con los abrigos y mochilas de todos, —explicó Louis.

—Perdón por eso, —se disculpó Zayn. —Niall dijo que van a hacer un mini especial de los ochenta en unos quince minutos.

—¿En serio? Eso va a estar bueno. ¿Bailemos? —Fue una invitación de Harry para Louis. —Ustedes pueden ir por cervezas y agua...

Liam y Zayn se miraron, suponiendo que algo pasaba. Pero hicieron lo que se les pedía, y fueron camino a la barra.

En la pista, Louis simplemente dirigió toda su atención hacia Harry, y mientras bailaban, aprovechó de acercarse y acecharlo como si de una presa se tratara.

Lo miraba de pies a cabeza, le cerraba un ojo, le tiraba un beso, aprovechaba de tocar cualquier parte del cuerpo de Harry que tuviera a mano, logrando que Harry se arrepintiera de haber arrancado después del beso que compartieron.

Mientras más bailaban, más se encendían, y eso los tenía alertas y ansiosos en partes iguales. Incluso cuando llegaron Liam y Zayn, no dejaron de desearse, y se notaba a lo lejos lo que pasaba.

Sus amigos comprendieron casi de inmediato, por lo que se dedicaron a disfrutar entre ellos, a bailar y besarse, muy divertidos.

El especial estuvo muy bueno, y en ese momento pudieron bajar un poco las revoluciones. Sin embargo, se miraban con grandes sonrisas.

A eso de las cuatro de la mañana, Louis no soportó más el ambiente, porque sumado al humo de los cigarros, influía mucho que en la pista central estaban todas las personas, incluidas las de la segunda sala, y eso hizo que el lugar se hiciera demasiado chico y apenas se pudiera bailar y moverse.

Liam y Zayn decidieron quedarse hasta el final, pero Harry y Louis estaban bien con irse una hora antes, sobre todo porque Louis estaba ronco y casi sin voz, por más agua que tomó.

Salieron al frío horrible de esa hora, y esperaron en el paradero a que llegara el bus, cuya frecuencia a esa hora era bastante lenta.

—Perdón por esto, deberías haberte quedado hasta el final... —dijo Louis, después de un ataque de tos.

—¿Estás loco? No te dejaría solo, y además estaba demasiado lleno. Creo que en todos los años que vengo a bailar, nunca vi tanta gente, ya me estaba mareando.

—Sí, deberían tener un plan de contingencia para estos casos, más de alguien puede desmayarse...

—Tienes razón. Lo único malo es que hace mucho frío, —Se quejó Harry.

—Eso tiene solución... Ven...

Louis estiró sus manos y llevó hasta su cuerpo el de Harry. Lo abrazó por la cintura y volvió a besarlo, pero ahora fue un beso suave.

A pesar de que era muy temprano, había ya gente en el paradero y no querían ser escandalosos.

—Amé tu solución... —Aseguró Harry.

—¿Me vas a secuestrar? —Preguntó Louis, jugando.

—¿Quieres que lo haga?

—Quiero...

Harry sonrió.

Sin embargo, al parecer lo de Louis era más que ahogo de la pista de baile, y tuvo dos ataques de tos en menos de cinco minutos, y su cabeza la sentía caliente, le palpitaba la sien. Se bebió casi la botella de agua completa, pero no se sintió mejor.

—Creo que lo mejor es que te vayas a dormir, —aseguró Harry, preocupado. —¿Puede alguien cuidarte?

—Lo dudo, mi tío no es el hombre más amable...

—Entonces vamos a mi departamento y yo te cuido.

Louis intentó sonreír, pero la tos no lo dejó.

Por fortuna, el bus llegó y los llevó rápidamente. Se bajaron en el lugar indicado, y caminaron por las calles desiertas. Llegaron bastante rápido.

—¿Quizás deberías darte una ducha? Para sacar todo rastro de humo? Compré productos de limpieza, por si los necesitas...

—Me encantaría meterme al agua, así el agua caliente me ayuda a calmar mi tos.

—Ven... Acá está el baño, ahí hay toallas. Voy a venir por tu ropa, en una hora la tendrás limpia y seca.

—Gracias Harry... Eres tan lindo...

—Al agua... Voy a la cocina.

Mientras Louis estaba en la ducha y la ropa en la lavadora, Harry había puesto el agua a calentar, y preparó un tazón grande de té con miel y jengibre. Para él, un té simple. Estaba dudando de si preparar algo más, cuando apareció Louis envuelto en una toalla.

—Ven, —pidió Harry, y lo guio por el pasillo hasta su habitación. —Tengo esta polera y este pantalón de buzo que estoy seguro de que te quedarán.

—Gracias...

—¿Te sientes mejor ahora?

—Sí, mucho mejor, más despejado.

—Se te nota, ¿quieres comer algo?

—Sí, por favor, muero de hambre. No como desde el almuerzo de ayer.

—Fue un ensayo muy intenso entonces.

—Así fue, de los más fuertes que hemos tenido porque se adelantó la obra una semana y ya no hay tiempo.

—Oh, qué mal, ¿y eso por qué pasó?

—La bailarina principal del otro ballet, del que se está presentando, necesita volver a su ciudad lo antes posible por un tema familiar, y el teatro logró que esa obra terminara una semana antes, poniendo más entradas a la venta y funciones en nuevos horarios.

—Entiendo, y eso repercute en ustedes.

—Así es.

Louis ya se había vestido y estaban en la cocina, y mientras conversaban, Harry había preparado huevos revueltos, tostado pan y picado fruta.

—¿Y cuando tienes nuevo ensayo?

—El lunes a mediodía, así es que voy a poder descansar un poco.

—Eso es bueno, —dijo Harry, mordiendo el pan. —Lo necesitas.

—Creo que me descolocó el ensayo tan fuerte y la salida a bailar tan desastrosa.

—¿Desastrosa? ¿Estás seguro de lo que dices?

—No me refiero a nosotros, —explicó Louis, riendo. —Besarte es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

—¿Cuánto tiempo?

—Varios meses... Quizás un par de años.

—¿Cómo así?

—Sí, llevo algunos meses completamente solo, pero desde ahí hacia atrás he besado y estado con algunos chicos que no fueron lo que esperaba...

—¿Por qué lo dices?

—Tenía expectativas más altas... No sé, algo más que sexo tal vez... Una llamada después, un poco de interés, y no. No pasó nada de eso, entonces me desilusioné un poco de esas experiencias.

—¿Es en serio? ¿Nada de interés? Me cuesta creerlo.

—No sé, supongo que quizás no soy tan bueno en la cama, o no soy lo suficientemente atractivo para los demás, o algo. Y está bien, no puedo gustarle a todos, pero igual me cuestiono después de tantas veces.

—Me acabas de dejar sin palabras...

—Creo que es normal preguntarse si a lo mejor, el problema soy yo. Pero pese a eso, prefiero buscar el lado positivo y olvidar solamente.

—Entiendo... Pero eso igual habla de tu madurez, y es algo muy bueno, ¿o no?

—Supongo. No he tenido muchos espacios para saber y comprobar si es que soy tan maduro como pienso que lo soy... Y eso me asusta a veces, pienso que va a pasar algo y mi supuesta madurez se va a ir a la mierda.

—Buen punto... ¿Te gustó el desayuno? ¿Quieres ir a dormir un poco? Me voy a duchar antes de meterme a la cama.

—¿Me muestras tus productos de limpieza?

—Claro, vamos. Espero que algo te sirva, fue mi primera compra y estoy aprendiendo, —explicó Harry, mostrándole su compra.

—Tranquilo, un limpiador y una crema es lo más importante, y compraste buenos productos.

—Uf, qué alivio... Ya vengo.

Harry se dio una ducha corta y cuando volvió al dormitorio, encontró a Louis cabeceando encima de las cobijas.

—Acuéstate y tápate, hace frío.

Mientras Harry buscaba un pijama, Louis se levantó silenciosamente, y lo abrazó por atrás, besando sus hombros húmedos.

—Me encantan los besos en la espalda... —Susurró Harry.

—Ahora estarás en problemas...

Louis se quitó la polera, y quitó la toalla de Harry. Lo llevó a la cama, y devoró, no solo su espalda, ni sus piernas ni su pecho, marcó todo el cuerpo de Harry con sus besos y sus manos.

Harry se deshizo en gemidos, se dejó llevar por el ritmo de Louis, y de la misma manera no dejó centímetro del cuerpo de su amante sin acariciar.

Las palabras estaban de más, no hacían falta, no serían capaces de transmitir lo que sucedía con ellos. Ninguna descripción sería lo suficientemente exacta para describir ese momento, simplemente fue magia pura, pasión desbordada, deseo vuelto murmullos.

Sus cuerpos sudados no querían separarse, porque se dieron cuenta en ese momento, de que vivir lejos del cuerpo del otro sería una muy mala decisión, porque ya estaba unidos para siempre. Cada poro de la piel de Louis estaba lleno de Harry, y cada célula de Harry estaba llena de Louis. Bastó esa primera vez para que todo cambiara entre ellos y en el mundo también.

Abrazados miraban el techo blanco, en silencio, solo respirando. Estaban tan felices que no querían arruinarlo de ninguna manera. Deseaban que el tiempo se detuviera, que no hubiera un mañana, ni un futuro ni promesas. Solo el ahora con su perfección, con su encanto.

Sin embargo tenían que dormir. Lo decían sus ojos somnolientos, sus respiraciones calmadas, el calor de estar así de juntos.

Louis se incorporó levemente, para mirar a Harry y besarlo en los labios.

—Hola...

Harry sonrió. —¿Tienes sueño? —Preguntó despacio.

—Me estoy cayendo...

—También yo... ¿Me abrazas?

—Lo iba a hacer de todas maneras...

Louis se acomodó, llevándose a Harry en un abrazo, mientras se empezaban a quedar dormidos.

Durmieron hasta pasado el medio día, y despertaron con mucha flojera.

—¿Te quedas a almorzar? —Susurró Harry, besando el pecho de Louis.

—¿Eres tú el postre?

—Lo soy...

—Entonces me quedo a cenar también...

Harry se colocó encima de Louis, y comenzó a besarlo sin rastro de pereza. Al contrario, mientras más se besaban, la energía empezaba a florecer en los dos. Volvieron a amarse, y esa segunda vez, fue la confirmación de que sí existía esa persona con la que conectabas en todos los ámbitos de tu vida, y ellos tenían la suerte de haberse encontrado.

La tarde la pasaron entre mimos y caricias mientras veían “El lago de los cisnes” a petición de Harry. Era una versión con el final trágico, y fue inevitable que los dos lloraran. Incluido Louis que sabía de memoria la historia, no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas. Estaban sensibles y vulnerables.

—Podríamos ir al cine, —ofreció Louis. —Están dando una película de suspenso que dicen que es muy buena.

—Gran idea, así aprovechamos de tomar un poco de aire y podemos cenar fuera...

—¿Pasa algo? —Preguntó Louis, al notar un algo de tristeza en la voz de Harry.

—Sé que puedo sonar muy intenso, pero no quiero que te vayas...

—Y yo no quiero irme, pero tenemos cosas que hacer... La diferencia es que ahora podemos dedicarnos un poco más de tiempo...

—¿Quieres hacerlo?

—Claro que sí... ¿Tú no?

—¿Fue solo sexo? —Preguntó Harry con toda su vergüenza.

Louis sonrió con ternura. —Creo que lo hubieras notado hace muchas horas atrás, y no. Te dije que me gustabas mucho, ahora me gustas más... —Dijo acercándose hasta besarlo.—Estamos conociéndonos, necesitamos tiempo para hacerlo y la única manera es dedicándonos todo el tiempo que nos sea posible. Recuerda que mis horarios en este momento son una mierda, y tú vas a encontrar trabajo en cualquier momento.

—Y voy a estudiar...

—¿Ves? Tenemos mucho qué hacer, y ahora tenemos que lograr que nuestros tiempo encajen.

—¿Soné muy tonto desesperado?

—Sonaste como alguien preocupado de lo que vendrá... Y simplemente lo dijiste primero que yo, no te preocupes y no te avergüences... En serio.

Se besaron por largos minutos, hasta que decidieron que ya se les hacía tarde para el cine. Se dieron una ducha rápida, juntos, y luego de vestirse, salieron a la fría tarde camino al cine.

Los dos disfrutaban mucho de caminar, evitaban lo más posible los buses, y para qué decir los taxis.

Caminaron por cerca de media hora, con las manos en los bolsillos, aunque Harry moría por tomar de la mano a Louis, y eso le dio a entender que estaba cayendo demasiado rápido por ese chico a su lado.

Nunca fue alguien posesivo, pero ahora necesitaba que Louis estuviera lo más cerca posible.

Llegaron al cine con tiempo. Compraron palomitas, y bebidas y se sentaron al medio de la sala.

—¿Has tenido muchos novios? —Preguntó Harry.

—No. Novios como tal, solo dos. Los dos me engañaron... El resto ha sido solo sexo.

—¿Quieres contarme de esos novios?

—El primero fue a mis... No recuerdo bien. ¿Quince? Algo así. Éramos chicos, pero yo me sentía enamorado, era mi primer amor. Llevábamos dos años juntos cuando lo encontré besando a su mejor amigo en la fiesta de fin de año de la escuela. El segundo, fue cuando estaba en la universidad. Duramos tres años antes de que lo descubriera en su cama con una de las porristas.

—¿Qué?

—Eso, tal como te cuento.

—¿Y qué sentiste?

—Me quería morir. Con mi primer amor fue todo más difícil, más intenso, no quería volver a salir de mi habitación ni hablar con alguien. Estaba dolido, dañado, lastimado... Fue muy horrible. Con el segundo, me dolió mucho, me sentía más que enamorado, pero encontrarlo con una mujer me mató. Hasta el día de hoy no lo entiendo.

—Tampoco yo... ¿Nunca notaste algo extraño?

—Nada... Él siempre fue el pasivo, y muy pasivo si puedo decirlo... Por eso me dejó perplejo.

—Qué mal... ¿Y ya dejaste todo atrás?

—Sí... No vale la pena quedarse pegado en historias que ya pasaron y que afortunadamente son eso, pasado. ¿Qué me dices de ti?

—He tenido tres novios, y los tres me dejaron por ser... Como decirlo... ¿Muy sensible?

—Explícate, porque no puedo entender, —pidió Louis.

—Creo que quizás, de alguna manera, era un poco inseguro. Entonces siempre necesité que fueran dulces y tiernos conmigo, y que me reafirmaran de vez en cuando que estaban conmigo porque tenían sentimientos hacia mí... Y sumado a mis estudios y trabajo... Nunca entendieron la relación que creaba o que podía crear con los animales, pensaban que era raro y cursi...

—Claramente escogiste muy mal, Harry, —dijo Louis, sorprendido. —Creo que sí eres muy sensible, pero también creo que eso es increíble, y creo que todos necesitamos que nos digan que somos importantes... Es parte de estar en una relación, de demostrar que hay un interés, porque de lo contrario no existe conexión ni ganas de cultivar lo que se tiene. Lamento que hayas tenido que pasar por eso, y que te hayas cuestionado tu forma de ser... Lo de los animales... ¿Qué te puedo decir? Es tan lindo que logres conectar de esa manera con tus pacientes, para mí es maravilloso, tienes un don para cuidarlos y deberías estar orgulloso.

Harry había agachado la cabeza, y disimuladamente intentaba secar sus lágrimas.

—Gracias por decirlo... —Susurró, intentando una sonrisa.

—Hey... Tranquilo... Ven.

Louis se acercó, y besó los labios de Harry con ternura, haciéndolo sonreír de verdad.

—Soy un tonto, disculpa...

—Claro que no lo eres, no te trates mal. Mejor dame la mano porque ya va a empezar la película.

La sala quedó en silencio, y pronto empezó a rodar el film. Estaba lleno de suspenso, de momentos de terror y todo el tiempo Louis y Harry estuvieron tomados de la mano.

Salieron espantados hasta el pelo.

—Estuvo muy buena, —dijo Harry botando el aire.

—Terrible, de las mejores que he visto, —contestó Louis, aún con algunas imágenes de la película en su cabeza.

—¿Comamos algo?

—¿Hay algo realmente bueno por acá?

—Sí, a la salida por el norte hay un pub con comida muy buena.

—Vamos entonces.

Iban caminando, cuando de pronto apareció un chico bastante lindo, que saludó a Harry.

—¡Tanto tiempo! —Saludó con efusividad. —Creo que no me has olvidado.

—Silver... ¿Cómo estás? Ha pasado mucho tiempo.

—Sí, te ves muy bien. ¿Crees que tienes tiempo de que tomemos un café uno de estos días?

—Lo dudo, estoy con unos horarios del terror.

—Toma, es mi tarjeta. Mándame un mensaje cuando tengas tiempo y coordinamos algo. Me tengo que ir, cuídate y nos vemos.

El chico se fue, dejando un mal sabor de boca en Louis.

—¿Y ese quién era? —Preguntó molesto.

—Uno de mis ex... ¿Te enojaste?

—¿Qué se cree? ¿No se dio cuenta de que estabas acompañado? Ni siquiera me presentaste.

Harry sintió que algo no andaba bien, pero no lo dijo.

—Pasó todo tan rápido, que simplemente no alcancé... —Intentó una disculpa, pero se sentía confundido. —¿Estás celoso?

—No, sí... Es decir, sí, lo estoy, —confesó mientras su pecho mostraba su agitación.

—Pero si no ha pasado nada...

—Lo sé... Lo sé, lo siento.

Harry se acercó hasta abrazar a Louis, y lo besó, apenas un roce.

—Vamos al pub, tengo hambre.

Louis asintió con la cabeza, y en un acto que Harry no vio venir, lo tomó de la mano, y caminaron así hasta llegar al lugar.

Y Harry estaba feliz, aunque seguía un poco descolocado por lo sucedido. Pero decidió olvidarlo, y disfrutar el momento.

Comieron una pizza casera muy buena, y tomaron jugo natural de frambuesas. Después caminaron hacia la parada de buses, porque se les había hecho tarde, y mientras esperaban, Louis tenía a Harry posesivamente abrazado.

Hicieron el viaje en silencio.

Una vez que se bajaron del bus, no querían despedirse.

—Harry... Por favor discúlpame...

—Está bien, ya pasó, no te preocupes.

—¿En serio?

—Sí, está todo bien.

—Voy a extrañarte... Avísame cuando llegues, ¿sí?

—Sí...

Se besaron, ahora sí con ganas, y se despidieron.

Harry llegó a cambiarse de ropa y a poner la tetera para prepararse un té. Pronto sonó una notificación en su teléfono.

—¿Por qué no me avisaste que llegaste? Estaba preocupado.

—Lo olvidé... Llegué a cambiarme de ropa, nada más...

—¿Seguro que no pasa nada más?

—¿Pasa algo, Louis? ¿Por qué tantas preguntas?

—Solo es preocupación...

—Está todo bien, yo estoy bien, solo me voy a tomar un té y meterme a la cama. ¿Quieres que te llame antes de dormir?

—Sí, por favor.

—Bien, hablamos más tarde.

Harry suspiró, y se preparó el té. Una vez que estaba en su cama, con una película cualquiera en la televisión, pensó en lo sucedido con Louis y pudo entender algunas cosas.

Había tenido dos relaciones, y las dos veces lo engañaron. Su necesidad de control era palpable, y seguramente era muy inseguro. Necesitaba que le dieran seguridad, que bajaran sus revoluciones, pero no estaba seguro de poder hacerlo.

Nunca antes le pasó lo de estar con alguien celoso, pero conocía de cerca algunas relaciones que se habían vuelto tóxicas por culpa de ellos. El mismo Liam en su época de escuela tuvo un romance con un chico mayor que lo celaba todo el tiempo, y fue muy difícil para Liam salir de ahí, porque finalmente había entrado en el círculo de estar bien, luego mal, perdonar y volver a empezar.

¿Sería capaz de soportar los celos de Louis? ¿O era mejor escapar ahora?

No podía decidir, porque ese chico celoso estaba metiéndose en su corazón de manera rápida y fulminante. Sobre todo después de haber compartido la cama de esa manera, pensar en separarse le provocaba dolor.

Quizás solo necesitaba un poco de paciencia y de aprender a leer a Louis. Se durmió pensando en que se merecían una oportunidad.

Despertó casi una hora después con la música de su celular que alertaba de una llamada.

Contestó somnoliento.—¿Aló?

—Harry, no me llamaste.

—Lo siento, me dormí...

—¿Seguro que es solo eso?

—Sí... No me di cuenta, ni siquiera me alcancé a tomar el té,—contestó bostezando.

—Entiendo... Te dejo dormir entonces.

—Louis, creo que necesitamos hablar.

—¿Quieres que vaya a verte ahora? ¿Es algo grave?

—Podemos esperar a mañana, ¿a qué hora tienes tiempo?

—Tengo ensayo desde las diez.

—Puedes venir antes, ¿tipo ocho?

—Ahí estaré, pero dime que no es grave.

—No lo es, o por lo menos no quiero que lo sea. Descansa, duerme tranquilo y relájate, tienes que estar bien para mañana. Te dejo un beso.

—Otro para ti, hasta mañana...

Harry suspiró, y cortó. Se acomodó en la cama y se volvió a dormir. Despertó a eso de las siete de la mañana, y se levantó. Quería estar muy despierto para cuando llegara Louis. Se bañó rápidamente, luego ordenó su habitación. Cambió las sábanas y las lavó junto a otra ropa sucia que tenía en su cesta. Después fue a la cocina y se preparó apenas unos cereales con leche. Una vez que terminó, limpió la cocina, y se preparó un té mientras esperaba a que Louis apareciera en cualquier momento.

Chapters
1. I
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