Capítulo único

El internet es una cosa maravillosa. Te permite conocer personas que nunca se te habrían cruzado en tu camino. Y esta noche eso significaba conocer a Rachel. Al menos ese era el nombre que me dio y ciertamente no tenía mucha intención de profundizar en su vida real. En todo lo que estaba interesada era en esta noche.
Habíamos coincidido en una sala de chat lésbico hacía unos tres meses antes. Nos habíamos presentado la una a la otra de la manera habitual. Habíamos intercambiado nombres, y luego fotos. Habíamos tenido sexo cibernético salvaje y habíamos compartido fantasías sexuales.
Ya con la confianza que da haber llegado a tener sexo, aunque fuera cibersexo, empezamos a hablar un poco de nuestra situación personal. Ella era una madre felizmente casada con dos adorables niños y su esposo era un tipo bastante agradable, aunque bastante aburrido en la cama, para lo que se esperaba de un marido.
Ella era intensamente curiosa, sexualmente hablando. Pero tenía miedo de tener una aventura con alguna conocida, por razones obvias. También tenía miedo de estar con una extraña. De nuevo las razones eran notoriamente obvias. Pero había llegado a un punto en que las fantasías en línea ya no satisfacían sus deseos más lascivos.
Yo quería ser tan sincera con ella como fuera posible. Le dije la verdad, que era soltera y que había sido activamente bisexual durante mucho tiempo. Le envié fotos mías reales y le dije cuáles eran mis preferencias sexuales cuando tengo sexo lésbico.
Nos hicimos más confidencias, conectamos más y finalmente tomamos la decisión de darnos nuestros teléfonos.
Como ella era la que más tenía que perder, la primera vez que hablamos, la llamé a la cabina telefónica que había elegido. Fue una conversación breve, solamente con el propósito de asegurarnos que ambas éramos mujeres.
Ella sugirió que nos reuniéramos para un primer contacto en un bar cerca de su oficina, donde a veces se detenía para tomar algo después del trabajo. Si a las dos nos gustaba lo que veíamos, podíamos ir después a su despacho, ya que tenía su propia entrada discreta. Y si no era así, podríamos ir cada una por nuestro lado. Por mi parte tuve que insistir en que nos encontremos por la tarde noche, a la caída del sol.
Llegué la primera a la cita. Estaba preocupaba en no causar una buena impresión cuando vi como entraba una rubia alta y esbelta y que me miraba. Por mi parte tengo los ojos verdes, el pelo rojo y la tez blanca de mis raíces irlandesas. Todavía me salpican las pecas, que me ayudan a desmentir mi edad. Soy delgada, con una nariz bastante chata y en el momento en que entró Rachel estaba tomando una botella de cerveza con una mano y tenía un cigarrillo en la otra.
Rachel estaba tan nerviosa como lo podría estar cualquier mujer ante una cita a ciegas. Estaba vestida para el trabajo, muy elegante con lo que supongo usaría una contable de éxito, con una falda azul marino y un blazer sobre una blusa blanca y con un par de zapatos con tacones a juego. Se sentó, cruzó y descruzó sus atractivas piernas y me quitó un cigarrillo. Lo que fue un error, tal como resultó. Le dio una bocanada y ella ya se estaba ahogando.
Por un momento pensé que eso era el final, que la vergüenza la haría salir del local. Le quité el cigarrillo de los dedos y le pedí otra cerveza. Ella le dio un tragó y casi se atraganta nuevamente. Debajo de la mesa, tomé su mano con la mía. Sonreí, le apreté la mano y me lancé a un hablarle con una charla intrascendente hasta que recuperara su tranquilidad. Era obvio que estaba muy nerviosa.
“Lo siento mucho”, se disculpó. “Es que esto no lo he hecho nunca y estoy un poco...”
“¿Nerviosa?” Yo le dije. “Yo también.” Ella me miró incrédula. “En serio, lo estoy”, insistí. “Sé que hemos hablado y demás, pero podrías haber sido un maníaco babeante bajo tu bonito disfraz exterior. Pero obviamente no lo eres”.
Mi rodilla se encontró con la de ella y pusimos nuestras manos juntas sobre ellas. Ella mantuvo mi mano así y mis esperanzas renacieron de nuevo.
A continuación, hubo un poco de conversación algo nerviosa, pero ambas nos fuimos relajando y comenzamos a divertirnos. Acercamos un poco más nuestras sillas con lo que nuestras piernas también lo hicieron.
Con la mano que tenía en su rodilla la comencé a acariciar y luego la subí por su muslo. Su mano siguió descansando sobre mi rodilla al principio, pero luego también comenzó a explorar mi propia pierna.
Vi la emoción creciendo en sus ojos, un sentimiento que estaba segura estaba emparejado en el que yo también sentía.
Pagamos nuestras consumiciones, recogimos nuestras pertenencias y discretamente la seguí por la puerta del local hacía su trabajo en el edificio de oficinas que estaba al lado.
Entremos y cerramos la puerta detrás de nosotras. Rachel me había dicho que no habría nadie más en el edificio a esa hora ya tardía, pero de todos modos se asomó al oscuro pasillo para comprobarlo.
La visión de la falda apretando su culo mientras se inclinaba a mirar me decidió a actuar. Ya era hora de comenzar. Me puse detrás de ella y cuando se enderezó, pasé un brazo alrededor de su cintura. Mis labios se dirigieron a su oído y mi lengua se sumergió en él.
Con mi otra mano abrí la puerta cerrada de su despacho, empujé suavemente a Rachel dentro y después se la puse en las curvas de su culo y le comencé a bajar la cremallera de su falda. Esta cayó alrededor de sus pies, dejándome ver sus hermosas piernas cubiertas ahora ya solo con sus sensuales medias y su firme culo con unas bragas de encaje negro de corte francés.
Me eché unos pasos hacia atrás para admirarle el culo y las piernas mientras me despojaba de mi vestido. Me volví a acercar por detrás de ella y pasé mis brazos alrededor de su cintura acariciándosela para luego subir ambas manos para deslizarlas debajo de su sujetador y copar sus pechos.
Ella giró su cabeza para besarme y se apoyó contra mi cuerpo. Jugué con sus pezones y chupé su lengua hasta que ella se movió para mirarme. Ella logró desabrochar mi sujetador y pasarlo por mis brazos con manos temblorosas mientras yo casi arrancaba el suyo. Después nos quitamos nuestras bragas.
Juntas y acariciándonos nos tambaleamos andando hasta un sillón de cuero enorme de ejecutivo que parecía muy cómodo. La empujé hacia el sillón y me puse delante de ella. Le subí las piernas sobre los brazos extendidos del sillón y me apoyé en su coño abierto. Ella casi gritó cuando mi clítoris se encontró con el de ella, pero logré sofocar el grito besándole en la boca.
Nuestros duros pezones se raspaban los unos contra los otros mientras empujaba mi pelvis contra la de ella. Cachetadas, y ruidos de succión se comenzaron a oír junto con el increíble aroma de dos mujeres excitadas. Mis caderas se levantaban y caían contra ella y ella incorporaba las suyas para encontrarme hasta que nuestros cuerpos se unieron con espasmos y ambas nos corrimos.
Ella se hundió en la silla. Pero aún yo no había acabado con ella. Mientras ella temblaba, lentamente deslice mi cuerpo hacia abajo. Hubo un momento en que mi cara se presionó entre sus pechos y casi pierdo el control, pero logré continuar.
Mi lengua y mis labios continuaron su camino por su estómago y sobre su sexy montículo. Le levanté sus piernas sobre mis hombros, inclinándome hacia ella y levantando su culo hacia arriba. Cubrí sus labios mojados del coño con mi boca y mi lengua se puso a darle placer.
Esto era lo que había querido hacer desde que la vi. Sabía que esto era lo que ella había querido experimentar por primera vez. La sostuve con mis manos y alterné la succión de sus labios hinchados con mi boca y con la pasada de mi lengua cada vez más y más profundamente en su rajita abierta. Sus manos se deslizaron por mi espalda y me ayudó empujando sus caderas hacia mí, subiendo y bajando por mi cara.
Se agitó en la silla de cuero mientras mi lengua rozaba su clítoris. Mis manos se apretaban y se aflojaban, masajeando su culo firme y manteniendo su sexo húmedo presionado en mi cara.
Alterné al lanzar mi lengua dentro de ella con breves pinchazos rápidos a otros golpes más amplios, raspado arriba y abajo en su abertura abierta.
Pasé un dedo más adentro que lo conseguía mi lengua, y luego otro. Girando y girando mi muñeca, sentí como su cuerpo se tensaba. Empujé todos mis dedos dentro de ella y agregué el pulgar de la otra mano. Este deslizamiento fue suficiente para cubrirlo con sus jugos. Lo saqué y con un movimiento rápido lo metí por el culo.
Echó la cabeza hacia atrás y levantó las caderas para que le introdujera más profundamente mis dedos. Mientras lo hacía, mis labios se deslizaron por el interior de su muslo. Justo encima de su mitad superior noté la presencia de su pulso latiendo fuertemente. Mis colmillos como agujas pincharon su piel sin apenas resistencia para alojarse en su arteria femoral.
Como esperaba, la llegada de su orgasmo fue tan intensa que nunca sintió la penetración adicional en su cuerpo. Sus sentidos estaban abrumados. Sus continuas subidas y bajadas sobre mi mano y sus gritos apagados fueron el resultado de mis penetraciones en su coño y culo, no en respuesta a mi mordida. Para cuando su cuerpo se calmó lo suficiente como para reconocer cualquier otra cosa, ya estaba cayendo en la inconsciencia.
Terminé de alimentarme y me retiré de su pierna. Bueno. Las pequeñas marcas de punción apenas se notaban. Incluso si alguien sospechaba lo que había sucedido, buscarían las marcas tradicionales en el cuello. Siempre he tratado de evitar éstas cuanto fuera posible.
El siguiente paso era vigilar el área. Saqué una toallita del baño del pasillo y la limpié cuidadosamente. Le puse su ropa interior y le acomodé la ropa. Le quité las medias y las puse en un práctico cajón. Vi que tenía un armario, lo abrí y puse sus zapatos de tacón en la parte baja del armario donde estaban otros zapatos.
Tampoco quería que pareciera que había conocido a un amante aquí, después de todo. Encendí su computadora y borré cualquier rastro de nuestra correspondencia. Saqué unas carpetas y las extendí alrededor del escritorio, colocando una sobre su regazo, abierta con sus manos encima. Abrí el cajón inferior de su escritorio y apoyé sus pies sobre él, cruzando sus tobillos.
Miré cuidadosamente alrededor de la habitación. Sin sangre, sin señales de algún intruso y sin rastro de mi presencia. Era hora de irse. La revisé cuidadosamente una vez más. Su pulso era lento pero regular y su respiración era normal. Dejando solo encendida la lámpara de escritorio, me deslicé a través de la puerta al exterior, sintiendo más que escuchando cómo se cerraba detrás de mí. Ella estaría bien por la mañana, aunque estaría un poco mareada por la bajada de la presión sanguínea que la había hecho desmayarse esta noche. Se sentiría aliviada al descubrir que me había ido. Incluso podría ir a un médico y hacerse un chequeo. Pero seguro que ella recordaría con placer su primera experiencia lésbica.
¿Qué? ¿Esperaban que la matara? ¿Qué bebiera toda su sangre hasta que ella fuera una forma vacía y sin vida? Que creen que soy, ¿una desalmada, un no muerto, o un monstruo chupasangre?
No me importa que se use el término “no muerto”, pero prefiero “inmortal”. Sin embargo, tengo que admitir que el primer término es correcto. No respiro, mi corazón no late y lo que fluye en mis venas es solo algo mecánico. Y sí, bebo sangre. Solo trata de pensar en mí como alguien que necesita muchas transfusiones.
Estaría perfectamente feliz de vivir en el banco de sangre local, pero no puedo. Hay una escasez de sangre en todo el país. ¿Alguno de ustedes ha visto cuantos anuncios hay de la Cruz Roja pidiendo donaciones?
Por otra parte, casi no tengo alma y me molesta muchísimo que me llamen monstruo. Excepto por algunos cambios que ocurrieron después de un extraño encuentro de hace unos cientos de años, todavía soy la hija más joven y favorita de la señora Madison, y me llamo Cindy.
Me gusta la música, bailar, disfrutar del buen whisky irlandés y una buena narración de cuentos. Todavía soy una coqueta, no estoy dispuesta a establecerme con otro vampiro (fíjense, unos amigos, son pareja y están muy felizmente casados) y me gusta la compañía de ambos sexos.
Todavía tengo algo alma y conciencia. Y todavía asisto a la Misa del Gallo por el amor de Dios, aunque en mi confesión anual por Pascua ha ocurrido que más de una vez el sacerdote me ha regañado por contar grandes mentiras en la confesión. Sin embargo, es mejor eso que ser expulsado del confesionario por alguien que grita “Espíritu impuro” y que trata de clavar una estaca en mi corazón.
Soy una vampira, no un demonio. Los únicos problemas es que tengo una alergia severa a la luz solar y que mi cuerpo solo se alimenta de una manera específica.
Por cierto, no puedo volar. No en mi forma humana de todos modos (Entiendo que es la única forma que tengo. NO me convierto en murciélago. Estoy seguro de que arruinaría mi maquillaje). YO SOY más fuerte que una persona normal y sí, continuaré viviendo (término equivocado, pero no sé qué más cabe) previsiblemente durante mucho tiempo.
Por cierto, no tengo idea de qué ocurre después de la muerte. No recuerdo nada de lo que sucedió entre que me desmayé por causa de los colmillos de ese tipo en mi garganta y al despertar en un ataúd. Y esa no es mi idea perfecta de dónde pasar la noche.
Hay varias razones por las que no mato humanos.
Primero y, ante todo, no soy una asesina. Pocos vampiros lo son. Incluso para aquellos que no tienen escrúpulos morales en matar, dejar el paisaje plagado de cadáveres no es una opción muy interesante. Llama la atención. Pueden hacerte quemar en la hoguera, y no es un final que me atraiga, especialmente después de lo cerca que llegué a ese final en Hungría hacia el año 1590.
Segundo, si no eres muy cuidadosa, crearás más vampiros. No se sorprenda de que no lo consideremos una “buena cosa”. Piénselo, cuantos más vampiros haya, más gente será mordida. Eventualmente te podrías quedar sin humanos y entonces, ¿de dónde sacaríamos la sangre que necesitamos? Los animales solo serían una solución a corto plazo, necesitamos sangre humana. No tengo ni idea del por qué, pero es así. Le pregunté a Dios, pero no me contestó. Y no se puede preguntar a los gobernantes.
Oh sí, los gobernantes. ¿No crees que el gobierno no sabe que existimos? Por supuesto que lo saben. Pero ahora son buenos tiempos. Tenemos un acuerdo informal, pero fuertemente asegurado con ellos. Nos mantenemos a un nivel bajo, nos comportamos bien y no nos aniquilan. Y no somos muchos los nuestros, por las razones que acabo de explicar.
Y a cambio, hacemos ciertas cosas para el gobierno. Después de todo, también somos patriotas. Alguien que puede atravesar gases venenosos y ser acribillado con balas sin sufrir ningún daño puede ser muy útil para todas las agencias.
Tengo un viejo y muy antiguo amigo, James, que trabaja para el FBI. Le tengo mucho cariño, incluso aunque haya nacido en Inglaterra. Nos vemos de vez en cuando, sobre todo porque generalmente estoy empleada por otra rama del gobierno, en concreto la CIA. Oye, una chica tiene que ganarse la vida haciendo algo.
Me subí a mi furgoneta y me senté en la silla de cuero del conductor. Es sencilla en el exterior, pero muy bien decorada por dentro. La ventaja es obvia. Solo un par de ventanas y cortinas que brindan seguridad en caso de que no haya podido llegar a casa sana y a salvo antes del amanecer.
Me apetecía un trago de whisky, maldita sea. Sin embargo, no bebo cuando conduzco así que encendí el motor y salí de la ciudad hacia el motel en la carretera interestatal donde había hecho una reserva.
Sonreí mientras conducía. Rachel había estado encantadora sexualmente hablando y muy sabrosa también. Con ella ya estoy alimentada para varios días, ya que también me había comido recientemente a una estudiante universitaria gótica, alguien con quien repito, lo que es muy inusual.
Casi todos los meses, ella y yo hacíamos el amor, y el clímax llegaba que yo me bebía su sangre mientras la sujetaba encima de mí y ella me comía el coño. A veces me preocupaba que me estuviera encaprichando con ella. A ver cómo le podría explicar algo como eso a mi confesor.
Mi teléfono celular sonó cuando entré en el estacionamiento del motel. De nuevo, estoy pasada de moda. Mi teléfono no canta ni baila ni reproduce una selección de éxitos musicales. Simplemente suena. Aunque tengo identificador de llamadas. Me había quedado allí ya la noche anterior, así que estacioné y entré mientras miraba la pantalla.
“Hola James. ¿Qué le pasa a mi federal favorito?”
“Espero que estés ya dentro, segura, porque el sol está a punto de aparecer allá donde estás. ¿Dejaste a esa agradable contable en buena forma?”
Se los juro, él tiene siempre tiene que demostrarme lo fácil con que puede rastrearme. Es hora de volver a buscar a los malos con la camioneta. Amo a
James, de hecho, hemos tenido mucha intimidad bastante a menudo en los últimos 150 años, pero todavía no quiero que esté al tanto de cada uno de mis movimientos.
“Ya estoy y así lo hice James. Por favor, sin juegos cariño, estoy saciada y estoy muy cansada”.
“Bueno, duerme bien y dirígete mañana a Washington. Vas a estar ocupada”. Su tono de broma se había vuelto serio. “Estás de vuelta en nómina a tiempo completo. Alguien se ha vuelto loco”.
Gruñí. ” Alguien se ha vuelto loco ” se dice cuando un vampiro pierde su control y comienza a matar, a menudo indiscriminadamente. Las mejores personas para detener a alguien así son, lo adivinaron, otros vampiros.
“Estaré en la carretera al caer la noche, James. Mantente en contacto”. Colgué el teléfono y lo arrojé sobre la cama. Cerré la puerta y me dirigí hacia la botella que estaba junto al fregadero. Ahora sí que realmente necesitaba una bebida.
FIN