El rostro de la venganza kookmin

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Summary

La venganza era el plan. El amor, el error de cálculo. Un heredero traicionado y el "fantasma" del pasado de su hermano se alían para una venganza familiar, solo para descubrir que el amor que fingen es la cosa más real que han vivido. Todo en la vida de Jimin era ordenado y predecible,hasta que abrió la puerta equivocada y encontró a su prometido con su hermano. La única pista para semejante traición fue un nombre: Jungkook. Al encontrarlo, Jimin no descubre al estudiante problemático que le describieron, sino a un fisioterapeuta exitoso que también fue una víctima del caos emocional de su hermano. De este encuentro nace un trato: Jungkook hará de "nueva y perfecta" pareja de Jimin frente a su familia para dar un escarmiento. Sin embargo, su farsa cuidadosamente orquestada empieza a resquebrajarse. Cada caricia fingida y cada sonrisa forzada se llenan de una tensión genuina y eléctrica. Pronto, ambos se dan cuenta de que están usando el pasado como excusa para construir un futuro juntos. ¿Podrán dejar atrás el plan original para arriesgarse a un amor que nunca vieron venir?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El aire en el apartamento todavía olía a la costosa cena que Jimin había preparado para celebrar su aniversario de compromiso. Pero ahora ese aroma le revolvía el estómago. Algo estaba mal. Podía sentirlo en el ambiente, pesado y extrañamente silencioso

—¿Minho? —llamó al entrar, colgando las llaves en el perchero.

Ninguna respuesta.

Sus ojos recorrieron la sala de estar, perfectamente ordenada, hasta que se detuvieron en la mesa de centro. Dos copas de vino tinto, medio vacías, manchando la madera pulida con sus anillos carmesí. Y luego lo vio, la chaqueta de Minho sobre el sofá... y junto a ella, la sudadera azul marino de su hermano menor, Junseo.

Un frío repentino le recorrió la espalda. No, por favor no.

Entonces lo oyó. Un gemido ahogado, seguido de una risa baja y íntima que provenía del fondo del pasillo. De la habitación de invitados.

Sus piernas se movieron por puro instinto, pesadas como el plomo. Cada latido de su corazón resonaba en sus oídos como un tambor de guerra.

Por favor, que me equivoque. Que sea la televisión.

Su mano, sudorosa y temblorosa, se cerró alrededor del pomo de la puerta. Respiró hondo, como si se preparara para zambullirse en aguas profundas, y empujó.

El chirrido de la puerta cortó la tensión como un cuchillo.

La escena que se desarrolló ante sus ojos le arrancó el aire de los pulmones.

Minho, su Minho, estaba encima de alguien en la cama deshecha. Ambos cuerpos se separaron violentamente al notar su presencia. La cara de su prometido era un retrato del puro pánico.

—¡Jimin! —gritó, desesperado por cubrirse con las sábanas—. Cariño, por favor, puedo explicarlo...

Pero Jimin ya no lo escuchaba. Sus ojos estaban clavados en la persona que yacía debajo de las sábanas. En los ojos bien abiertos, llenos de lágrimas y vergüenza, de su hermano menor, Junseo.

—Hyung... —sollozó Junseo, encogiéndose como si quisiera desaparecer.

Jimin se quedó paralizado en el umbral. El mundo entero se redujo a esa habitación, a ese olor a sexo y traición, al sonido de su propio corazón rompiéndose en mil pedazos.

Junseo, llorando sin control, se bajó tambaleante de la cama y se acercó a él, desnudo y temblando como una hoja.

—Lo siento, Jimin, lo siento tanto... —gimió, sus dedos fríos buscando aferrarse a la mano inerte de Jimin.

Jimin no podía mover un músculo. Estaba petrificado, anclado al suelo por el peso de la traición.

—¿Por qué? —fue lo único que logró articular, un susurro ronco que apenas reconocía como su propia voz.

Junseo apretó su mano con desesperación, sus lágrimas calientes cayendo sobre la piel de Jimin. Y entonces, soltó la bomba que terminaría de destrozar cualquier atisbo de comprensión.

—Es que... es que tu prometido... —tragó saliva, ahogándose en un mar de llanto— ¡se parece tanto a Jungkook! Tiene la misma mirada, la misma sonrisa... Lo siento, no pude evitarlo, me recuerda tanto a él...

Jungkook.

El nombre golpeó a Jimin con la fuerza de un puñetazo en el estómago. Un nombre que no significaba nada para él, pero que en ese momento lo significaba todo. No era solo una infidelidad. Era que su hermano estaba tan obsesionado con un fantasma que había usado a su prometido como un miserable sustituto.

Jimin arrancó su mano de la de Junseo como si lo hubiera quemado. Ya no sentía rabia, solo un dolor profundo, agudo y desgarrador que le nublaba la vista. No miró a Minho. No podía. Dio media vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de sí con un golpe sordo que resonó en el pasillo como el portazo de un ataúd.

Se desplomó contra la pared, deslizándose hasta el suelo. Las lágrimas, calientes y silenciosas, empezaron a caer por su rostro sin control. El nombre resonaba en su cabeza, envenenando cada recuerdo, cada plan futuro.

Jungkook.

Y entre la incredulidad y el dolor, una idea nació, tan clara y fría como el hielo que ahora le recorría las venas: tenía que encontrar a ese hombre. Tenía que mirar a los ojos al fantasma que había destruido su vida.

Sollozos ahogados seguían llegando desde la habitación, pero Jimin ya no podía oírlos. Se levantó del suelo con una determinación fría que le nublaba el dolor. Caminó hacia la cocina, sus pasos firmes sobre la madera.

En el refrigerador encontró las botellas de cerveza que Minho siempre compraba. Sin pensarlo, tomó una. El vidrio frío le quemaba los dedos. Regresó al pasillo y desde la puerta, lanzó la botella contra la pared opuesta a la habitación.

El estallido de vidrio y líquido fue catártico.

—¡Basta ya de lágrimas! —gritó, su voz quebrada pero llena de rabia—. ¿Jungkook? ¿En serio, Junseo? ¿Esa es tu gran excusa?

Desde la habitación, solo se escucharon más sollozos. Minho intentó hablar:

—Jimin, por favor, déjame explicar...

—¡Cállate! —lo interrumpió Jimin, con un tono que no admitía réplica—. No quiero oír tu voz. Ni la tuya —añadió, dirigiéndose a su hermano.

Entró a su dormitorio, cerró la puerta y apoyó la frente en la madera. Respiró hondo. El temblor en sus manos no cesaba. Se acercó a su mesa y encendió su laptop. Con dedos aún inestables, tecleó en el buscador: "Jeon Jungkook fisioterapia".

Los resultados aparecieron instantáneamente. Un sitio web profesional, una foto de un hombre serio con bata blanca. Jungkook. El fantasma tenía rostro, y era completamente diferente a Minho. La obsesión de Junseo era aún más patética de lo que imaginaba.

Sin pensarlo dos veces, tomó su teléfono y abrió su aplicación de mensajes. Creó un nuevo chat y escribió el número que aparecía en la página web.

Jimin: ¿Jeon Jungkook?

Jimin:Soy Park Jimin. El hermano de Junseo.

Jimin:Necesito verte. ¿Cuándo estás disponible?

La respuesta llegó en menos de un minuto, fría y profesional:

Jungkook: Lamento informarle que no atiendo pacientes fuera del horario de consulta. Puede agendar una cita a través de la web.

Jimin sonrió, un gesto amargo y lleno de ironía. Esto apenas comenzaba.

Jimin: No se trata de una consulta.

Jimin:Se trata de Junseo. Y de por qué mi hermano sigue arruinando relaciones porque la gente le "recuerda a usted".

El "..." de respuesta apareció inmediatamente. Y se mantuvo allí. Jungkook estaba leyendo. Finalmente, la respuesta llegó:

Jungkook: ¿Dónde y cuándo?

Jimin apagó el teléfono. Afuera, la lluvia comenzó a caer, golpeando suavemente las ventanas. La tormenta dentro del apartamento era solo el comienzo.