Novio de Laura
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Laura es una chica de 20 años, tierna, dulce y un poco tímida, ella vive junto a su madre, quien está en silla de ruedas por un accidente.
Ellas residen en una pequeña ciudad llamada, Mao, que se sitúa lejos de la capital.
Mientras que su hermano mayor, Víctor, vive cerca de su madre y hermana, tiene 34 años y es casado.
El padre de ambos falleció dos años antes porque estaba enfermo.
Dicha joven ha terminado el bachiller, también ha hecho algunos cursos cortos.
Es una tarde gris y en este momento, Laura se encuentra pensativa al lado de la ventana mirando hacia la calle, mientras cruzan personas y hay niños jugando.
—¿Qué piensa, hija? —interrumpe su madre María, mientras avanza hacia ella rodando la silla de ruedas.
—Nada “ma” —responde sin ganas de nada y con sus brazos cruzados vuelve a mirar hacia la calle.
—¿Nada? No será… que piensa en el “bueno para nada” de tu novio. —María sigue adelante hacia la sala, aproximándose más a ella, luego continúa hablándole. —Él no es bueno para ti porque ahora ni siquiera viene a la casa, ¿no será que está ocultando algo?
Laura deja de mirar hacia la calle y de prestar atención al murmullo de las gentes que cruzan por ahí, entonces voltea el rostro hacia su madre para continuar conversando.
—Es que estaba pensando en que ya tenemos más de dos años de noviazgo y él nada de decirme que quiere casarse conmigo. Solo me dice que no se puede, porque no tenemos dinero y muchas excusas más. —ella se acerca a su madre y se sienta en un viejo sofá, prosiguiendo la conversación, mientras María la escucha atenta. —Podemos trabajar los dos y ahorrar para planear casarnos, pero él esquiva el tema—. La joven ha confesado lo que le inquieta, entonces mira a un lado un poco avergonzada ante María y continua a hablar. —Sí, siento que Manuel me está ocultando algo porque se ha comportado muy extraño, lo sé.
La madre de ella insiste en el mismo tema que ambas han conversado antes.
—Te lo he dicho, me he dado cuenta de que no es bueno para ti, solo ha jugado contigo.
Laura sabe que su madre tiene razón, pero él ha sido el primer hombre en su vida, aunque ya no es lo mismo que cuando lo conoció.
—Tienes razón, “ma”. —dicho esto ella se muestra cabizbaja.
María ve que su hija se ha entristecido, entonces decide dejar a un lado el tema.
—Iré a mi habitación a descansar un poco antes de la cena. Deja de pensar tanto en él. —Finalmente, le recomienda María, pero no es tan fácil hacerlo cuando se trata del primer amor.
—Tengo que resolver esto porque no puedo estar así con esta incertidumbre, mamá.
—Pues hazlo antes que sea demasiado tarde para ti y pierdas tu tiempo con ese hombre que ya no te quiere.
Laura se levanta del sofá, entonces ayuda a María con la silla de ruedas.
Luego, ella vuelve junto a la ventana.
Minutos después, cuando ya es la noche, la joven se dispone a preparar la cena.
Ella se pierde entre sus pensamientos y siente que su novio Manuel está muy distante porque hasta esquiva las conversaciones por teléfono.
Siempre él está ocupado o algo tiene que hacer poniéndole muchas excusas y por eso Laura se encuentra muy triste.
Ella lo ama, pero siente que algo no está bien entre ellos.
En un instante, ella deja la cocina para tomar el teléfono y llamar a su amiga Susana, quien ha venido de vacaciones desde la capital y aún no han compartido juntas.
Posteriormente, ellas se saludan, entonces Laura siente estar muy deprimida.
—Quiero hablar contigo. Ven mañana porque te necesito, amiga.
—Sí, iré. Espero que tenga el currículum listo como te lo pedí… Necesitan a una secretaria urgente en la empresa.
—Sí, ya lo hice, Susi. —responde Laura dudosa, pues no quiere marcharse de su pueblo porque ella es reacia a los cambios.
Ambas se despiden mientras a Laura la invade una gran tristeza.
Ella necesita desahogar sus penas, y quien mejor que su amiga Susana para hacerlo.