​"Pecado de Sangre Ajena"

Summary

Durante diecinueve años, Jimin creció bajo la sombra protectora de Jungkook, el alfa líder de la manada Jeon. Para él, Jungkook era su héroe, su guía y el padre que lo rescató de las cenizas de una guerra que nadie se atrevía a nombrar. Pero todo rastro de inocencia se desmorona cuando el primer celo de Jimin despierta, y con él, un aroma a melocotones dulces que no evoca protección en el alfa, sino una posesividad oscura y hambrienta. ​Jungkook sabe que el lazo que los une es una mentira piadosa. Sabe que no comparten ni una gota de sangre, pero ha guardado ese secreto para mantener a Jimin a su lado. Ahora, atrapado entre el hombre que crió a un hijo y el depredador que reclama a su pareja destinada, Jungkook deberá decidir si confesar la verdad o condenar a Jimin a un amor prohibido que la manada jamás perdonará. ​En un mundo de jerarquías implacables, Jimin intentará huir de un deseo que siente "sucio", sin saber que cada paso que da lejos de Jungkook solo enfurece al alfa que lo marcó antes de que supiera siquiera su propio nombre. ​¿Es un pecado amar a quien te dio la vida, o es una tragedia descubrir que tu vida entera fue diseñada para pertenecerle a él?

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

✨El Despertar del Melocotón✨

El aire en la mansión Jeon se había vuelto denso, casi irrespirable. Jungkook apretó los puños contra el escritorio de caoba, enterrando sus garras en la madera. El aroma a melocotones dulces y lluvia —el aroma de Jimin— se filtraba por debajo de la puerta de la biblioteca, golpeando sus instintos como una marea violenta.

Era el primer celo de su hijo. Y su lobo, en lugar de aullar en protección paternal, rugía con una posesividad oscura que le helaba la sangre.

Un pequeño golpe sonó en la puerta. Suave, vacilante.

—¿Papá? —la voz de Jimin sonó rota, cargada de una fiebre que Jungkook podía sentir en sus propios huesos—. Por favor, abre. Me duele... todo me duele.

Jungkook cerró los ojos, luchando contra la urgencia de correr hacia él. Sabía que si abría esa puerta, no habría marcha atrás. El dolor de rechazar a su propio hijo en su momento de mayor vulnerabilidad era una tortura, pero el miedo a lo que su alfa podría hacer era mucho peor.

—Vete a tu habitación, Jimin —gruñó Jungkook, su voz saliendo en un tono de mando alfa que hizo que el chico al otro lado sollozara—. No dejes que me acerque. Por el bien de los dos, aléjate de mí.