Chapter 1
(T/n) quien se encontraba tranquilo en un aula de clases solamente bostezó, abrió los ojos y de repente ya estaba en un bosque. Parpadeó muchas veces y luego se pellizcó la mejilla pensando que era un sueño.
(T/n): Ok esto.... No creo que sea un sueño... Se parece a cuando Subaru llegó al mundo de Re Zero...
Se dijo a sí mismo mirando a la izquierda, a la derecha, luego se giró hacia atrás y miró al frente; en efecto estaba en un bosque, y la pregunta que se hacía, la pregunta que lo estaba carcomiendo por dentro, era por qué él entre todas las personas...
???: Ara ara...
(T/n) miró hacia atrás abriendo los ojos con sorpresa al ver a lo que parece ser una vaca humanoide de esas de cualquier anime furry....
(T/n): Hola mami cómo estás, mi nombre es (T/n).
Caminó hacia ella descansando su mano en uno de los árboles cerca de ella, la cual era en efecto una vaca humanoide alta, incluso más alta que él, unos muslos grandes y gruesos, trasero firme y grande, pechos enormes que cualquiera podría jurar que brotaría un montón de leche de ahí, y un cabello muy largo negro, vistiendo un overol azul y un sombrero de vaquero junto con unas botas...
???: Oh hola... Espera... Acaso eres un mono calvo, jamás he visto uno de tu especie..
(T/n): (Ah... Tengo que ser cuidadoso)... Soy un mono diferente, jejejejeje...
La vaca lo escaneó de arriba abajo, rascándose un poco el mentón mientras observaba cada detalle de (T/n). Luego acercó su rostro al de él, curiosa.
(T/n) se echó un poco hacia atrás, riendo nerviosamente.
???: He vivido por este bosque muchos años y nunca he visto a alguien como tú. ¿De verdad eres un mono? Porque no te pareces a ningún mono que conozca.
(T/n): Sí, sí, soy una especie rara, muy rara...
Ella soltó una pequeña risa y se apartó, dándole algo de espacio. Se acomodó el sombrero de vaquero y extendió una mano hacia él con confianza.
Serena: Soy Serena, mucho gusto.
(T/n) tomó su mano sin pensarlo demasiado, pero en cuanto ella apretó suavemente sintió la fuerza que tenía. No fue un apretón exagerado, pero se notaba que esa mujer no era cualquier cosa. (T/n) devolvió el gesto como pudo.
(T/n): (T/n), encantado. Mira, la verdad es que estoy muy perdido, de hecho no sé ni cómo llegué a este bosque... ¿Sabrías ayudarme?
Serena asintió con la cabeza sin dudarlo.
Serena: Claro, si quieres puedes acompañarme a mi hogar, no queda tan lejos.
(T/n) asintió agradecido y ambos comenzaron a caminar por un sendero entre los árboles. Serena iba a su lado con las manos en los bolsillos del overol, mirándolo de reojo mientras caminaban.
Serena: Oye, ¿hay más como tú por aquí?
(T/n): No lo creo.
Ella soltó un “hmm” curioso pero no insistió demasiado, aunque se notaba que las preguntas le hervían por dentro. (T/n) solo esperaba no tener que inventar demasiadas mentiras en el camino.
Caminaron unos minutos más entre la espesura del bosque hasta que de repente los árboles comenzaron a abrirse. (T/n) levantó la vista y se quedó con la boca entreabierta. Delante de él había una cabaña gigantesca, una estructura enorme que parecía sacada de un cuento de lujos. La madera estaba perfectamente tallada, las ventanas tenían detalles dorados y el porche lucía tan limpio que casi podía verse el reflejo de las nubes.
Serena subió los escalones sin darle mucha importancia y abrió la puerta con naturalidad.
Serena: Pasa, no te quedes fuera.
(T/n) entró detrás de ella y sintió que le daba un infarto. Por dentro era todavía más lujoso. Suelos de madera oscura brillaban bajo una lámpara de cristal que colgaba del techo, los muebles parecían de diseñador y hasta el marco de un espejo en la pared tenía detalles plateados. Todo era enorme, desde las puertas hasta las sillas.
(T/n) dejó escapar un silbido mientras miraba a su alrededor.
(T/n): ¿Cómo conseguiste esto? Porque esto no es una cabaña, esto es una mansión.
Serena se quitó el sombrero y lo colgó en un perchero junto a la entrada.
Serena: Por mi trabajo.
(T/n) arqueó una ceja con curiosidad, apoyando una mano en el respaldo de un sofá que probablemente valía más que todo lo que había tenido en su vida.
(T/n): ¿Qué trabajo tienes?
Serena se giró hacia él con una expresión confusa, inclinando ligeramente la cabeza.
Serena: ¿Acaso es un chiste?
(T/n): No, no es un chiste. Lo digo en serio.
Ella se quedó pensativa por un momento, como si estuviera evaluando si él realmente no sabía algo tan básico. Finalmente suspiró suavemente.
Serena: Lo que todas las vacas hacen. Vender leche.
(T/n) parpadeó un par de veces sin procesar bien la información. Vender leche. Vender... leche. Lentamente su mirada se desvió hacia sus pechos, esos enormes y jugosos extremadamente grandes que por algún motivo hasta ahora no había dejado de notar pero que había intentado ignorar por cortesía. Entonces todo hizo clic.
Sin decir palabra, (T/n) se dejó caer en el sofá que tenía detrás, sintiendo cómo el lujoso tapiz lo recibía con una suavidad que jamás había experimentado. Y pensó que, efectivamente, ese sofá probablemente valía más que su propia casa.
Ella volvió otra vez dejando dos tazas de té en la mesa.
(T/n) tomó la taza entre sus manos, sintiendo el calor reconfortante en los dedos.
(T/n): Gracias.
Serena asintió y se sentó frente a él, dando un pequeño sorbo a su té. (T/n) hizo lo mismo; el sabor era suave, ligeramente dulce, algo que nunca había probado antes pero que le gustó al instante.
(T/n): Oye, antes que nada... ¿en qué lugar estamos exactamente?
Serena dejó la taza sobre la mesa y se recostó un poco en su asiento.
Serena: Estamos en el Bosque de Cresta Verde, en las afueras del pueblo de Valleclaro. ¿Por qué?
(T/n) se quedó pensativo por un momento. Ninguno de esos nombres le sonaba de absolutamente nada, lo cual no le sorprendía demasiado considerando su situación.
(T/n): Mira, te voy a ser honesto. Acabo de llegar aquí, literalmente hace un rato, y no tengo ni la más mínima idea de cómo funciona este lugar. ¿Qué pueblos hay? ¿Quién gobierna? ¿Hay algún tipo de peligro? ¿Qué debería saber para no meterme en problemas?
Serena lo miró con curiosidad, apoyando un codo en la mesa y su mentón en su mano.
Serena: ¿De verdad no sabes nada?
(T/n): Nada.
Ella suspiró suavemente, como si estuviera organizando sus ideas antes de empezar a hablar.
Serena: Bueno, por partes. Valleclaro es el pueblo más cercano, queda como a veinte minutos caminando hacia el sur. Es un lugar pequeño pero tranquilo, la mayoría de los que vivimos allí nos dedicamos a la agricultura o la ganadería. Más al norte está Ciudad Central, que es donde están los gremios y el gobierno. Dependiendo de lo que sepas hacer, puedes encontrar trabajo allí.
(T/n) asintió lentamente, tratando de retener la información.
(T/n): ¿Y hay algún peligro? ¿Monstruos o algo así?
Serena: En el bosque hay criaturas salvajes, pero si te mantienes en los caminos principales no suele haber problemas. Los guardabosques patrullan regularmente. Claro que también hay bandidos de vez en cuando, pero no son tan comunes.
(T/n) pasó una mano por su rostro, procesando todo aquello.
(T/n): Entiendo... ¿Y cómo funciona la moneda? ¿Qué usan para pagar?
Serena: Monedas de cobre, plata y oro como en cualquier lado. Aunque también se usa el trueque en los pueblos más pequeños.
(T/n) suspiró. Estaba en un mundo completamente desconocido, sin dinero, sin un techo asegurado y sin la más mínima idea de qué hacer a continuación. Tomó otro sorbo de té, esta vez más largo.
(T/n): Esto va a ser complicado...
Serena dejó su taza con cuidado y su expresión cambió. Ya no estaba relajada ni curiosa; sus ojos se volvieron serios, sus labios se apretaron en una línea firme.
Serena: Una cosa más, y es importante. Jamás, jamás hables con nadie sobre la Secta.
(T/n) parpadeó, desconcertado por el cambio de tono.
(T/n): ¿Qué secta?
Serena bajó la voz, como si temiera que alguien pudiera escuchar incluso dentro de su propia casa.
Serena: La Secta del Alba Purpúrea.
(T/n) sintió un escalofrío recorrerle la espalda sin saber por qué.
(T/n): ¿Qué hace esa secta?
Serena lo miró fijamente a los ojos, sin titubear.
Serena: Quieren traer de vuelta a unos seres llamados humanos. Dicen que esos seres son la clave para alcanzar un poder absoluto. Para lograrlo, realizan sacrificios. Muchos sacrificios. Niños, mujeres embarazadas... los toman de los pueblos más alejados, los pueblos que nadie protege bien, y nadie vuelve a saber de ellos.
(T/n) sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Abrió los ojos lentamente, sintiendo cómo la sangre se le helaba en las venas. Su taza de té tembló ligeramente entre sus dedos, pero ni siquiera lo notó.
Humanos. Si ella supiera que él es un humano... tal vez lo mataría. O lo golpearía. O lo entregaría a las autoridades de este mundo.
(T/n) tragó saliva con dificultad y bajó la mirada hacia su té, forzando sus manos a mantenerse quietas.
(T/n): Ya... ya veo. Lo tendré en cuenta.
Serena asintió y su expresión volvió a suavizarse, como si nada hubiera pasado, pero (T/n) ya no pudo verla de la misma manera.
Serena se reclinó en su asiento y tomó su taza de té nuevamente, dándole un par de sorbos antes de romper el silencio.
Serena: Bueno, dejando eso de lado... ¿qué piensas hacer ahora?
(T/n) no respondió de inmediato. Se quedó en su lugar con la taza entre las manos, la mirada fija en algún punto de la mesa sin realmente verlo. Su mente seguía atrapada en lo que acababa de escuchar. Humanos. Sacrificios. Si alguien descubría lo que era, estaría en peligro. No sabía a quién confiarle, no sabía nada de este mundo y encima no tenía dónde caerse muerto.
Pasaron varios segundos, casi un minuto, hasta que finalmente levantó la vista hacia Serena. Había tomado una decisión, aunque le costara.
(T/n): Oye, Serena... ¿puedo trabajar contigo? Y... ¿podrías darme asilo aquí por un tiempo? No te voy a molestar, te lo juro. Solo necesito un lugar para empezar, algo que hacer para ganarme lo que coma. Entiendo si es mucho pedir, pero de verdad no tengo a nadie más a quien recurrir.
Serena arqueó una ceja y se quedó pensativa, apoyando la taza en la mesa con cuidado. Se cruzó de brazos y lo miró de arriba abajo como evaluándolo, con una expresión que no dejaba claro si le parecía una buena idea o no.
Después de unos segundos que se sintieron eternos para (T/n), ella habló en voz alta, más para sí misma que para él.
Serena: Bueno... de hecho sí tengo mucho trabajo que hacer, y alguien que me ayude no caería nada mal.
Lo miró directamente a los ojos y asintió con la cabeza.
Serena: Está bien. Te quedas. El pago será por vender la leche, atender clientes o limpiar de vez en cuando. La ordeña me la encargo yo misma.
Dicho eso, Serena tomó sus propios pechos enormes con ambas manos, masajeándolos un poco como si nada mientras le guiñaba un ojo con total naturalidad.
(T/n) sintió que el calor le subía a las mejillas al instante. Desvió la mirada rápidamente hacia cualquier otro lado de la habitación, fijándose en una lámpara, en una planta, en cualquier cosa que no fuera lo que acababa de ver.
Tragó saliva con fuerza, apretando los labios mientras rezaba para que su cuerpo no decidiera traicionarlo en ese preciso momento. Lo último que necesitaba era una erección justo después de que le ofrecieran quedarse.
Continuará....