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Cuando la atracción y la lujuria se unen,
La razón y la cordura
Pasan a segundo lugar.
-M.
En la clase de Biología, Jungkook estaba echado hacia atrás en su silla, con una pierna estirada debajo de la mesa y la otra moviéndose impacientemente. Llevaba la manga de la camisa arremangada hasta el codo, dejando ver parte de sus tatuajes que le cubrían casi todo el brazo. Su cabello oscuro, algo largo, estaba recogido en una media coleta descuidada, y el piercing en su ceja le daba un toque salvaje en su rostro.
A su lado, Taehyung jugaba con un bolígrafo entre los dedos, aburrido. Tenía la camisa un poco abierta en el cuello, su cabello castaño peinado perfectamente y una sonrisa de chico bueno.
—Si el profesor vuelve a hablar de células por una hora más, me tiro por la ventana —murmuró Jungkook.
Taehyung sonrió sin mirarlo.
—No lo harás. Llevas tu promedio patético.
La puerta del aula se abrió en ese momento y ambos levantaron la vista casi por reflejo.
Un chico rubio entró detrás del profesor.
Y el salón dejó de importar.
El rubio caminó con un poco de timidez, con una carpeta apretada contra el pecho. Era delgado, sí, pero con un cuerpo suave en los lugares exactos. El uniforme se le ceñía donde debía, el cabello rubio cayéndole sobre la frente y unos ojos verdes que se movieron rápido por el aula.
Jungkook enderezó la espalda cuando lo vio. Taehyung dejó de mover el bolígrafo sin dejar de mirarlo.
Se miraron apenas un segundo y sonrieron.
Ese gesto mínimo entre dos amigos que pueden entenderse sin hablar.
El profesor aclaró la garganta.
—Antes de continuar, tenemos un estudiante nuevo. Preséntate, por favor.
El rubio tragó saliva. Luego inclinó un poco la cabeza.
—Hola. Soy Park Jimin. Tengo dieciocho años. Me mudé hace poco, así que... espero llevarme bien con todos.
Su voz era suave. Más bonita de lo que Jungkook esperaba.
Taehyung apoyó el mentón en la mano y lo miró con descaro, sin molestarse en disimular. Jimin lo notó casi de inmediato. Sus mejillas tomaron un color tenue. Jungkook también lo vio ponerse nervioso y sintió algo pesado en el pecho.
Cuando Jimin buscó con la mirada un asiento disponible, sus ojos chocaron con los de Jungkook.
La diferencia entre ambas miradas fue clara desde ese instante.
Taehyung lo miraba como si admirara su belleza.
Jungkook no.
Jungkook lo miraba con hambre voraz.
No sonrió. Solo sostuvo la mirada lo suficiente para que Jimin sintiera un pequeño golpe en el estómago.
El profesor le señaló un asiento vacío a mitad del salón y Jimin se sentó allí, con las manos un poco tensas sobre el cuaderno. Intentó prestar atención a la clase, de verdad lo intentó, pero a los pocos minutos ya era imposible fingir que no sentía el peso de dos pares de ojos sobre él.
Primero volvió a mirar a Taehyung. El castaño le regaló una sonrisa cuadrada, coqueta, casi indecente en medio de una explicación sobre genética. Jimin apartó la vista enseguida.
Luego, como si no pudiera evitarlo, buscó a Jungkook.
Error.
Jungkook seguía mirándolo fijamente. Intenso. Apoyado contra el respaldo de la silla. Tenía la boca apenas entreabierta y una forma tan descaradamente física de observarlo que Jimin sintió calor en el bajo vientre.
Era una mirada oscura. Jungkook ya lo estaba desvistiendo con la imaginación y no tenia ningún problema en que él se diera cuenta.
Jimin tragó saliva y bajó la vista a su cuaderno, donde llevaba varios minutos sin escribir nada útil.
La hora se le hizo eterna.
Cuando por fin sonó la campana, el movimiento del aula lo devolvió a la realidad. Los estudiantes empezaron a salir hablando, arrastrando sillas, guardando cosas. Jimin tomo sus cuadernos rápido y salió también, pensando en llegar al comedor, sentarse solo un momento y respirar.
Pero no llegó muy lejos.
—Oye.
La voz lo detuvo de golpe.
Era Jungkook.
Jimin giró demasiado rápido, nervioso, y los cuadernos que llevaba contra el pecho se le resbalaron y cayeron al piso con un golpe seco.
—Mierda, lo siento —murmuró, agachándose enseguida.
—¿Te asuste, gatito? —dijo Jungkook.
Jimin sintió su corazón paralizarse, alzó la vista apenas.
De cerca, Jungkook era peor. O mejor. No lo sabía aún. Los tatuajes subían por su brazo como si no tuvieran final, el otro piercing del labio le daba un aire todavía más sucio, más atractivo, y el cabello recogido de forma descuidada lo hacía lucir rudo, salvaje, dominante.
Antes de que Jimin respondiera, otra voz se metió entre los dos.
—Perdón. Jungkook es un salvaje.
Taehyung apareció detrás con una sonrisa suave, agachándose a ayudarle con los cuadernos. Recogió uno y se lo alcanzó. Luego otro. Después, con una naturalidad que dejó a Jimin quieto, le acomodó un mechón de cabello rubio detrás de la oreja.
—Kim Taehyung —se presentó—. Y este bruto de aquí es Jungkook.
Jimin tomó los cuadernos de sus manos.
—Park Jimin.
—Ya lo sabemos, bonito —respondió Taehyung, divertido.
Jimin soltó una risa nerviosa.
—Claro.
Jungkook seguía callado, pero su presencia se hacia notar. Miraba a Jimin como si estuviera tomándose el tiempo de grabárselo bien. La curva de sus caderas. El color de sus ojos. La forma en que se humedecía los labios cada vez que se ponía nervioso.
A Jimin le costó no quedarse demasiado tiempo mirándolo también.
Le atraía Taehyung, eso era evidente. Era bonito, encantador, muy fácil de admirar. Pero Jungkook tenía algo más. Algo que le apretaba más fuerte el cuerpo. Una vibra tan sexy que resultaba casi molesta.
Taehyung chasqueó los dedos frente a él, sacándolo de sus pensamientos.
—Esta noche haré una fiesta en mi casa. Tienes que venir.
—¿Yo? —preguntó Jimin, sorprendido.
—Sí, tú, así conoces mejor el lugar —dijo Taehyung—. Eres nuevo. Mereces una bienvenida decente.
Jimin miró a Jungkook. No sabía bien por qué. Tal vez quería ver si estaba de acuerdo. Tal vez quería buscar esa otra reacción.
Jungkook se encogió apenas de hombros.
—Ven.
Solo dijo eso.
Pero el modo en que lo dijo hizo que sonara menos a invitación y más a orden.
Jimin sintió otra vez ese calor bajo el estómago.
—Está bien —aceptó, intentando sonar sereno—. Iré.
Taehyung sonrió satisfecho.
—Perfecto. Te mando la ubicación.
Jungkook no dejó de mirarlo ni un segundo.
—No faltes.
Jimin asintió.
No pensaba faltar.
(...)
La fiesta ya estaba encendida cuando Jimin llegó. La música se oía desde la entrada. Había gente en la sala, en la cocina, en el pequeño patio. Olor a alcohol, humo, perfume, sudor. Luces bajas, risas y gritos.
Taehyung fue quien abrió la puerta.
Y apenas lo vio, le sonrió como si Jimin fuera exactamente la persona que llevaba toda la noche esperando.
Y lo era, joder que si.
—Mierda —murmuró, sin vergüenza—. Estás demasiado, demasiado bonito.
Jimin sintió que se le calentaba la cara.
—Hola —dijo, más bajo de lo que pretendía.
Taehyung no le dio tiempo a ponerse más nervioso. Se inclinó y le dejó un beso atrevido en la mejilla. Un beso que rozó la comisura de sus labios.
Jimin se quedó inmóvil un segundo, con el rostro caliente hasta el cuello.
Taehyung sonrió, encantado con esa reacción, y le tomó la mano.
—Ven. Te voy a dar algo de tomar antes de que te pongas más rojo.
Lo llevó hasta la barra improvisada de la cocina, donde le sirvió un trago dulce y fuerte. Hablar con él era fácil. Taehyung se expresaba de forma sencilla, amable y sutil. Le preguntó cosas simples, de dónde venía, si ya se había adaptado al instituto, si le gustaba Busan. Jimin respondió mejor de lo que esperaba. El alcohol ayudó. El ambiente también. Y, sobre todo, ayudó la forma en que Taehyung lo miraba como si todo lo que decía le interesara de verdad.
—Relájate —murmuró Taehyung en un momento, inclinándose hacia él para hacerse oír por encima de la música—. Nadie aquí va a comerte.
Jimin soltó una risa.
—No es lo que me preocupa.
Taehyung se acercó todavía más.
—Yo sí tengo ganas —admitió con descaro—. Pero sé esperar.
Jimin tragó saliva.
A esas alturas ya había bebido lo suficiente para sentirse más suelto. No estaba borracho aún. Pero si empezaba a sentir su cuerpo caliente. Más ligero. Más valiente. Lo bastante como para no apartarse cuando Taehyung se inclinó de nuevo.
—¿Puedo besarte? —preguntó.
Jimin lo miró un segundo.
Y asintió.
Taehyung sonrió de una forma preciosa antes de besarlo.
Fue lento. Suave. Pero sensual desde el primer roce. Le tomó la cara con una mano, apenas, y empezó a besarle los labios como si tuviera todo el tiempo del mundo para saborearlo. No había prisa en él. Chupaba su labio inferior despacio. Volvía al superior. Se apartaba solo unos milímetros y regresaba con más hambre.
Jimin sintió que se le aflojaban las piernas. Nunca lo habían besado así.
No solo era deseo. Era atención. Era cuidado. Taehyung parecía saber exactamente cuánto darle y cuánto quitarle para volverlo loco.
Jimin terminó apoyando una mano en su pecho para sostenerse mejor. Eso a Taehyung le gustó. Se notó en el modo en que profundizó el beso un poco más, en cómo le tomó la cintura, en cómo sonrió contra su boca cuando Jimin, sin querer, se le entregó por completo.
La fiesta seguía alrededor de ellos. Gente riéndose, música, humo. Pero Jimin dejó de sentirla. Todo su cuerpo estaba concentrado en la forma en que Taehyung lo estaba besando.
Cuando el castaño se separó un poco para respirar, Jimin dejó escapar un gemido pequeño de protesta.
Taehyung abrió los ojos apenas, claramente complacido. Ese pequeño sonido había golpeado directamente a su polla.
—Te lo dije —murmuró—. Eres demasiado hermoso.
Jimin respiraba rápido.
—Tae...
La confianza con la que dijo su nombre lo hizo sonreír.
—¿Quieres subir? —preguntó—. A mi habitación.
Jimin ya estaba aturdido, excitado y más que dispuesto.
—Sí.
Taehyung volvió a tomarlo de la mano y lo llevó escaleras arriba.
La habitación estaba semi oscura. Jimin entró todavía con la boca caliente por los besos... y entonces lo vio.
Jungkook estaba junto a la ventana, fumando.
La sorpresa lo clavó en el piso.
El humo salía lento de sus labios. La luz de afuera le marcaba el perfil y el brazo tatuado. Llevaba la camisa abierta en los primeros botones y lo miró sin decir nada, como si hubiera sabido desde siempre que ese momento iba a llegar.
Taehyung notó la tensión y sonrió.
—No hay problema —dijo, acercándose a Jimin por detrás y besando su cuello —. Jungkook no va a molestarnos. A menos que tú así lo quieras.
Jimin no respondió.
No pudo.
Porque Taehyung lo volvió a besar.
Y Jimin, todavía alterado por la presencia de Jungkook, respondió con más necesidad. Taehyung lo llevó hasta la cama sin dejar de tocarlo. Lo sentó al borde de la cama después de quitarle el pantalón, le acarició las rodillas, le subió las manos por los muslos, le quitó el suéter despacio.
Jimin jadeó cuando sintió los labios del castaño en su cuello.
Le gustaba. Le gustaba muchísimo. La forma en que Taehyung lo hacía sentir deseado, precioso, cuidado. La manera en que lo desnudaba de a poco, como si quisiera apreciar cada centímetro de su cuerpo. Como si le encantara hacerlo temblar.
Pero no podía dejar de mirar a la ventana.
Jungkook seguía ahí.
Ya no solo fumaba.
Ahora también se tocaba por encima de la ropa, su polla dura, evidente, marcando un gran bulto en sus pantalones, mirándolo fijo. Sin sonrojo. Sin vergüenza. Como si él y Taehyung frente a él tocándose y besándose fueran ese espectáculo que no estaba dispuesto a desperdiciar.
Me gusta como él me mira mientras tú me tocas.
Eso le sacudió algo más profundo en su vientre.
Taehyung lo recostó sobre la cama y empezó a besarle el pecho, el vientre, bajando despacio mientras le bajaba su ropa interior. Jimin gemía sin descanso, con la respiración hecha un desastre. Se sentía bien. Demasiado bien. Pero cada vez que abría los ojos, buscaba a Jungkook.
Y cada vez que lo encontraba mirándolo, se excitaba más.
Taehyung lo volteó con cuidado, acomodándolo boca abajo sobre la cama. Sacó lubricante y condones de su mesita de noche y se llenó la mano. Le besó la espalda, le acarició la cintura, las caderas, le besó y lamió su nalgas mientras llevaba dos de sus dedos a su entrada ansiosa. Jimin se agarró de las sábanas al sentir los largos y fríos dedos tocar su interior, con el cuerpo completamente sensible.
No podía dejar de gemir.
No podía dejar de mirar a Jungkook.
Taehyung se dio cuenta.
Lo notó en la forma en que Jimin torcía el cuello buscando la ventana. En el modo en que se humedecía los labios al ver al pelinegro. En cómo su ano se contraía más alrededor de sus dedos por la mirada de Jungkook que por cualquier otra cosa.
El castaño soltó una risa baja, entretenida. Se colocó un condon y penetro lento y torturador al rubio. Se quedó quieto unos segundos y luego se inclinó sobre él y le preguntó al oído:
—¿También lo quieres a él, bonito?
Jimin estaba tan alterado que ni siquiera pensó en fingir. Tenía los ojos húmedos, el cuerpo tenso y la boca abierta por el placer y el exceso de sensaciones.
Asintió rápido.
Taehyung sonrió, encantado.
Se incorporó un poco y miró hacia la ventana.
—No te hagas de rogar, animal —dijo, con la voz cargada de diversión y deseo—. Dale al bonito lo que pide.
Jungkook tiró el cigarro por la ventana abierta y empezó a moverse.
Jimin lo miró venir con la respiración completamente desastrosa.
Se quitó la ropa sin prisa, pero sin perder tiempo. Cada movimiento suyo parecía más peligroso que el anterior. Cuando terminó y quedó totalmente desnudo, Jimin lo recorrió con los ojos y sintió que se le vaciaba el estómago al ver su miembro erecto.
Joder, que polla tan magnífica.
No supo en qué momento comenzó a salivar de más viendo ese pene grueso e imponente.
Le gustaba Taehyung. Mucho.
Pero Jungkook lo volvía débil.
Era la forma en que lo miraba. La boca. El cuerpo grande y fuerte. La oscuridad con la que se acercó a la cama y se inclinó sobre él.
Jimin lo buscó primero.
Lo agarró de las caderas y llevó su boca a la polla erguida de Jungkook con una desesperación que hizo sonreír a Taehyung detrás. Jungkook respondió de inmediato, con hambre y brutalidad. Tomo su cabello rubio en puños y comenzó a follarle la boca más brusco, más profundo, más caliente. Jimin gimió de gusto en su pene y eso pareció terminar de romperle el control al pelinegro.
Taehyung se unió otra vez a ellos. Comenzó a penetrar al rubio, lento pero profundo, llegando a ese punto que hacía a Jimin chillar con la boca llena.
Y a partir de ahí, Jimin dejó de pensar de forma ordenada. El calor se le extendió por todo su cuerpo y se acumuló dolorosamente en su pene.
El sonido obsceno de piel con piel se intensificó, ahora humedad y gemidos, la sensación de estar en medio de algo que lo superaba y le gustaba demasiado.
Taehyung seguía siendo lento, sensual, casi cruel en la forma hermosa en que lo hacía suspirar. Jungkook era puro deseo oscuro, tocándolo como si hubiera esperado años para hundirse en él.
—Si, joder, trágala — su agarre se tensó, lo mantuvo recibiendo las embestidas de su pene en la boca del rubio. Empuje y empuje.
Jimin se atragantó un poco cuando la polla no dejaba de tocar su garganta. Cosa que encantó a Jungkook, gimió y siguió jodiendole la garganta con necesidad animal. Taehyung clavó sus dedos en sus caderas y comenzó a penetrar más rápido y fuerte haciendo que Jimin soltara sollozos y lágrimas de placer. No podía pensar, probablemente era falta de oxígeno, Pero su mente se sentía confusa, le gustaba, se sentía bien.
Lo quería, lo deseaba tanto que hizo que ambos hombres perdieran el control.
Dejo escapar un jadeo lamentable cuando el esperma de Jungkook golpeó la parte posterior de su garganta. Aturdido tragó rápidamente el semen y dejo su cabeza descansar en el viente de Jungkook. Su propia polla se sentía suave y sensible, lo que indicaba que él también se había corrido, no lo recordaba bien, pero no le importaba, se sentía bien. Tan bueno. Tan intenso.
Ya con su cuerpo flácido, Taehyung dio unos últimos empujones y se vació en el condon, agitado, satisfecho. Salió con cuidado del interior del rubio, desechó el preservativo y se acostó, jalo a Jimin hasta su pecho y lo abrazó.
No hubo competencia ni celos. Ambos lo compartieron.
Cuando todo terminó, Jimin estaba tendido sobre el pecho de Taehyung, todavía respirando irregular. Tenía la cara roja, el cuerpo flojo y una sensación intensa de saciedad que le daba casi vergüenza y mucho placer.
A su lado, Jungkook fumaba otra vez, recostado en su propia espalda, con una mano acariciando sobre su espalda. Le acariciaba con calma la cintura, la curva de los muslos y glúteos, amasándolos con fuerza cada tanto y subiendo y bajando los dedos por la separación de sus nalgas como si no quisiera dejar de tocarlo aunque todo ya hubiera pasado.
Jimin cerró los ojos un segundo mientras Taehyung le peinó el cabello hacia atrás con ternura y Jungkook siguió acariciándolo en silencio.
Jimin lo supo ahí, con la cabeza sobre el pecho de uno y el calor del otro todavía pegado a su cuerpo.
Faltó algo, no estaba complacido completamente, y lo entendió cuando se dio la vuelta y vio a Jungkook fumando con su polla dura de nuevo, quería sentirlo a él también.
Y no tenía ninguna intención de irse sin hacerlo.
(...)
Gracias por leer. Denle amor.
Besitos en la pussy.