LAS AVENTURAS DE LA CAPIRRATA

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Summary

"Un brillo dorado, un viento que susurra y un refugio que no conoce fronteras." Nexo y Runa no son animales comunes. Nacidos de la ciencia y marcados por el destino, deben escapar de un laboratorio para descubrir el verdadero lenguaje del bosque. Entre científicos torpes, guardianes del norte y una sombra que acecha, descubrirán que ser diferentes es lo que los hace completos. ¿Podrán encontrar un hogar donde los latidos y la memoria sean su única ley? Escrito por Damián Miño (Búho Silvestre)

Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
13+

PRÓLOGO: LOS TRES CIENTÍFICOS

El laboratorio no tenía ventanas.

No porque las necesitaran, sino porque el mundo exterior distraía.

O al menos, eso decía Rudo.

Las luces blancas colgaban como estrellas frías sobre un océano de acero. Mesas pulidas, paneles táctiles, incubadoras y frascos de vidrio donde la vida parecía latir en pausa. En ese lugar, nada envejecía, nada descansaba, nada respiraba sin permiso.

Vex fue el primero en llegar esa noche.

Tenía el pelo despeinado de siempre y la mirada curiosa de un chico que nunca dejó de hacer preguntas. Ajustó sus lentes y revisó una serie de muestras dentro de un tubo transparente.

—La naturaleza lleva millones de años buscando caminos nuevos —murmuró, fascinado—. Nosotros solo estamos intentando escucharla.

Una voz más suave, más firme, respondió desde detrás de él.

—Escuchar, no hablar por ella —dijo Mora, entrando con su tableta en mano.

Ella era precisión y calma. Cada uno de sus pasos parecía medido, cada análisis pensado. Si Vex era una chispa caótica, Mora era la corriente que lo mantenía encendido sin quemarse.

Se acercó a él y observó las muestras con la frente fruncida.

—Tenemos que avanzar despacio, Vex. Sin atajos. La evolución no perdona la arrogancia.

—No estoy siendo arrogante —respondió él, medio riendo—. Solo curioso.

Mora estaba por responder cuando la tercera voz los interrumpió.

—La curiosidad es inútil si no viene con ambición.

Rudo entró al laboratorio como si le perteneciera.

Su bata estaba impecablemente planchada, sus pasos firmes, su mirada llena de algo difícil de nombrar: inteligencia… y una sombra.

—Llegás tarde —comentó Mora sin disimular el fastidio.

—Trabajo mejor cuando el silencio me deja pensar —respondió él, sonriendo sin calidez.

Se acercó a una de las pantallas y deslizó varios archivos confidenciales. Ninguno de ellos era parte del proyecto oficial. A veces Vex lo notaba. A veces Mora también. Pero había tantos experimentos, tantas ramas de estudio, que era fácil justificar la presencia de datos extraños.

El Proyecto Híbrido Evolutivo había nacido como un estudio noble: observar cómo ciertas especies podían combinar rasgos para sobrevivir mejor. Nada más. Pero Rudo no creía en límites.

—Si la naturaleza necesita un empujón, se lo damos —decía siempre.

Vex lo ignoraba.

Mora lo temía.

Y ambos, sin saberlo, trabajaban sobre la mesa mientras Rudo construía un monstruo detrás de la cortina.

✦ EL ALA CERO

Esa noche, mientras Vex analizaba secuencias genéticas y Mora registraba observaciones, una alarma silenciosa se activó en el fondo del laboratorio.

Rudo lo sintió como si el edificio respirara a través de él.

—Tengo que revisar algo —dijo, dando media vuelta.

—Otra vez en el ala cero… —murmuró Mora.

—Se supone que ese sector está inactivo —agregó Vex.

Rudo sonrió con la paciencia de un maestro que cree saber más que todos.

—Lo “inactivo” es relativo.

Nadie lo siguió.

Nadie tenía permitido hacerlo.

En el ala cero, la luz era más tenue. Las sombras parecían moverse. Y dentro de unas cápsulas de vidrio, tres criaturas híbridas respiraban de forma irregular: un coyote de patas reforzadas, un cuervo con implantes oculares, y un lobo cuyos huesos brillaban bajo la piel… demasiado metálico para ser natural.

—Pronto, mis perfectos… —susurró Rudo, acariciando el vidrio—. Pronto el mundo entenderá que el futuro no se espera… se fabrica.

✦ EL DESCUBRIMIENTO

Los días pasaron y las tensiones crecieron.

Vex encontró inconsistencias en los datos.

Mora notó desaparición de muestras.

Y una madrugada, alguien más notó algo peor.

Una inspección sorpresa del Comité Biogenético irrumpió en el laboratorio.

Puertas abiertas de golpe.

Carpetas confiscadas.

Incubadoras apagadas.

Alarmas apagándose y encendiéndose como si el lugar intentara defenderse.

—¿Qué ocurre? —preguntó Mora, retrocediendo mientras una mujer del comité revisaba su tablet.

—Denuncia anónima —respondió la inspectora—. Alguien dijo que aquí se realizaban experimentos prohibidos.

Vex sintió un nudo en el estómago.

Mora sintió uno en el alma.

Los dos miraron a Rudo.

Él sonrió.

No dijo una palabra.

No necesitaba hacerlo.

Porque cuando las autoridades descubrieron el ala cero, lo que había allí no tenía explicación ética posible.

No tenía perdón.

Rudo escapó antes de que pudieran detenerlo, llevándose a sus criaturas escondidas en un transporte camuflado. Los pasillos quedaron manchados de barro y metal mientras huía hacia la noche.

Y Vex y Mora… ellos no fueron arrestados, pero sí castigados.

—Desde hoy —dijo el juez del comité— tienen prohibido investigar híbridos de cualquier tipo. Si rompen esta norma, nunca volverán a trabajar.

El laboratorio fue clausurado.

El proyecto destruido.

Y los dos científicos quedaron marcados por una sombra que no habían creado.

✦ AÑOS DESPUÉS

Un contrato nuevo llegó a sus manos.

Una organización privada buscaba estudiar la evolución de algunos roedores en ecosistemas controlados.

—Nada ilegal —dijo la directora—. Nada híbrido. Solo observación científica.

Y así, buscando paz, buscaron trabajo lejos de su pasado… sin saber que la sombra que los había destruido volvería a encontrarlos. Sin saber que la naturaleza —o algo parecido a ella— estaba a punto de nacer frente a sus ojos.

Ese sería el inicio de algo imposible.

Algo que uniría dos mundos.