LA PEOR DE LAS SUERTES

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Summary

NUEVO TRABAJO. NUEVA CIUDAD. NUEVO INICIO. ¿VIEJOS ENEMIGOS? CAROLINE CHANDLER TIENE LA PEOR SUERTE DEL MUNDO, O ESO ES LO QUE SUS ÚLTIMOS FRACASOS LA HAN HECHO CREER. CON UNA NUEVA OPORTUNIDAD LABORAL, DECIDE DEJAR ATRÁS TODAS SUS SUPERSTICIONES Y CONCENTRARSE EN UNA COSA: TRIUNFAR Y CONSEGUIR EL PUESTO; NO OBSTANTE, PRONTO SE DARÁ CUENTA DE QUE TIENE UN PEQUEÑO INCONVENIENTE, UNO DE NOMBRE BECKETT COLEMAN, SU RIVAL DE LA PREPARATORIA QUE CREYÓ NUNCA VOLVERÍA A VER, PERO AHORA, SI QUIERE QUEDARSE CON EL TRABAJO, TENDRÁ QUE HACER EQUIPO CON ÉL. ¿PODRÁ CAROLINE LLEGAR AL FINAL DEL DÍA SIN RENUNCIAR O TENDRÁ QUE ENFRENTARSE A LOS CONFUSOS SENTIMIENTOS QUE LA ADOLESCENTE EN SU INTERIOR AÚN ALBERGA?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1 (CAROLINE) 🌼

Espejos rotos.

Aves negras.

Escaleras.

La vida parece estar hecha de mala suerte.

Que si rompes un espejo. Boom, siete años de desgracia.

Que si ves un pájaro negro. No esperes lo mejor del día.

Que si caminas debajo de una escalera. Cuidado por donde pisas. Quizás no logres llegar a mañana.

Muchos dicen: “Son solo suposiciones”, “No creas en ellas y nada pasará”, bueno, díganle eso a los pájaros y su afición por cagar mi guardarropa.

Especulaciones, creencias, imaginaciones, pueden llamarlas como quieran, pero a mí nadie me dirá que no existen; soy la viva prueba de ello.

¿Cómo entonces explicarías mi colección de tacones rotos, manchas en la mitad de mi ropero que, por más detergente que pongo, no se quitan, y dinero perdido dentro de alcantarillas?

Sí, lo sé, qué desgracia la mía, el cielo decidió ponerme en frente de sus filas como su mejor guerrera, pero eso no significa que me deje vencer, no.

Años de convivir con supersticiones me enseñaron a enfrentarlas.

Es por eso que hoy, entre todos los días, compruebo cuatro veces que llevo mi arsenal.

Atuendo formal, pero no lo suficiente. Listo.

Pelo recogido. Listo.

Maquillaje patrocinado por Lexy. Listo.

Limón en mi bolsa. Listo.

Monedas chinas en mi cartera. Listo.

Pulsera y collar de ámbar. Listo.

Preparada es una palabra que se queda corta conmigo.

Dando un último vistazo en el espejo a un costado de la puerta, me recuerdo lo que cada día repito antes de salir.

«Hoy será un gran día. Nada lo arruinara»

Sí, lo será. Me encargaré de que así sea.

Alisando mi saco, le doy su beso de despedida a Lucky, el cual, con un alegre “miau”, me desea buena suerte.

He estudiado el camino lo suficiente para conocer los potenciales peligros que podrían arruinar mi bien pensado look.

Sin contratiempos, logró llegar al autobús, que, como si supiera que hoy es un día importante, permanece vacío, permitiéndome tomar mi lugar de confianza: la segunda fila del lado derecho pegada a la ventana; salida fácil, buena vista.

Inspeccionando mi bolso por quinta vez, decido sacar mis audífonos y escuchar música para intentar calmar mis manos sudorosas, que aunque ayudan, no calman mis inquietos pies.

Atenta a no perder la parada, cuando veo la cafetería a lo lejos, pongo mi mano sobre el botón para que, en el momento preciso, avise al conductor de mi próxima bajada.

Mis pies tocar pavimento me dejan victoriosa de mi segundo reto y me preparan para el tercero y último. Atravesar la acera y llegar a mi destino.

Aunque la calle está tranquila y solo visualizo un carro a tres cuadras de distancia, me apresuro a cruzar, cuidando de no pisar charcos; aunque estamos en verano; o dejar atrapado uno de los pocos tacones que me quedan en algún desagüe. Sin incidentes, logró pasar al otro lado; solo me queda llegar a la esquina donde el edificio de ventanas polarizadas es decorado con una gran pantalla anunciando a la empresa, la cual, en letras grandes, se presenta como:

“PARADOX”

Una de las empresas desarrolladoras de videojuegos más grande del país, misma que, aunque apenas lleva 7 años en el mercado, ha crecido exponencialmente gracias a la innovación en los servicios que ofrece.

«¿Cómo lo sé?»

Porque investigué, investigué hasta la dirección de la secretaria.

«Eso sonó un poco acosador»

No, investigué porque, por los próximos 6 meses, “PARADOX” será mi lugar de trabajo y, si lo hago bien, quizás incluso por más tiempo.

«No, no quizás, lo será»

Lo será porque siempre doy lo mejor de mí en mis proyectos y este no será la excepción, de hecho, lo haré mejor que antes.

Y también porque no pienso regresar a mi trabajo anterior, pero, principalmente, porque me conozco y sé que me quedaré.

Apretando mi bolso, doy una bocada de aire y me adentro al edificio.

Ya había estado aquí para mi entrevista y firma de contrato, sin embargo, a pesar de conocer el lugar, sigo sin creer que, oficialmente, soy parte de la empresa.

Crecer viendo películas y series con protagonistas que trabajan en grandes corporaciones, visten siempre a la moda y tienen una vida de ensueño es una de esas aspiraciones que desde que terminé la universidad he tenido y aunque mis antiguos empleos no han sido trágicos, al menos no la mayoría, ninguno está dentro de la gama de “PARADOX”.

Siendo recibida por ese aroma fresco que, sospecho, es algún aromatizante único para organizaciones, camino entre los sillones y pantallas presentando fragmentos de videojuegos, los cuales, a pesar de que solo sirven en forma de anuncio, sé, existe un área en esta misma planta donde invitados pueden probar los juegos. Una idea bastante ingeniosa, tomando en cuenta que son estudiantes después de clases quienes suelen acapararlas, estudiantes que al regresar a casa piden a sus padres comprar el videojuego.

Pasando directo a recepción, espero que la chica atienda a la persona delante de mí para presentarme.

—Hola, buenos días, soy Caroline Chandler, me dijeron que aquí me darían mi tarjeta de acceso —olvidando la parte más importante, agrego—soy la nueva directora de proyectos.

Sonriendo, ella expresa.

—Claro, justo la tenía por aquí.

Le toma unos segundos dar con esta, pero cuando la tiene a la mano, se levanta triunfante y me la tiende.

—Te esperan en el piso…

8, sala 4.

Como dije, investigué.

Agradeciendo, me alejo a una esquina donde, sentándome, me permito algunos minutos para contemplar mi nueva tarjeta de identificación. Plasmado en letras grandes, mi nombre: “CAROLINE CHANDLER RIVERA” junto a mi cargo: “DIRECTORA DE PROYECTOS” posa debajo de la fotografía tomada el día que me contrataron.

Tomando una foto a esta, la mando a Danielle, o como ella misma se guardó: “mi cuñada favorita 💖”.

“Saluda a la nueva directora de proyectos de PARADOX 😎”

En este momento debe estar dejando a los niños en la escuela, así que, intuyo, no me responderá sino dentro de unas horas, pero ya puedo leer sus reacciones.

Entiendo que solo es un pedazo de plástico, sin embargo, no puedo hacer más que atesorarlo, porque esta es la prueba de que el trabajo duro, un buen amigo y no rendirte te llevan a los lugares correctos.

A veces no cuando lo requieres, a veces no cuando lo mereces, pero lo hace.

Acercándome a las barras de acceso, paso la tarjeta sobre el sensor, generando que una luz verde abra las pequeñas puertas que me dan la bienvenida al otro lado de la empresa.

El lado de los empleados.

Al que ahora pertenezco.

Guardando la tarjeta en el bolso de mi saco, camino a los ascensores. Todos están ocupados, excepto uno al fondo donde veo entrar a un hombre.

Puedo esperar que otro se desocupe, pero no retaré a la suerte.

Puedo subir por las escaleras, pero no quiero llegar sudada en mi primer día de trabajo, así que decido correr para llegar a ese elevador, el cual, cuando voy llegando, se empieza a cerrar.

—¡Espera! —pidiendo, me apresuro. Por suerte, una mano detiene las puertas dándome tiempo para alcanzarlo.

Sonriendo, agradezco.

—Graci…

No me jodas.

El autobús a tiempo, las calles vacías, mi ropa impecable.

Toda buena suerte que creí desbordar se drena como agua por desagüe.

Y todo por una persona.

Una persona que no creí ver por el resto de mi vida.

Una parte de mi adolescencia que quiero olvidar.

Mi competencia.

Mi enemigo.

Beckett Coleman.