Guerra en las Sombras

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Summary

En una dimensión imperceptible para los humanos viven unas criaturas a las que se les avecinan cambios drásticos.

Status
Ongoing
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1
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n/a
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16+

La expedición

Eones antes de que el primer organismo unicelular hiciera acto de presencia en la Tierra, ya había una especie de humanoides que la visitaban cada cierto tiempo para ver su desarrollo. No tenían nombre como especie, se llamaban unos a otros por sus nombres personales, había hembras y machos por igual.

Viajan desde su reino, El Resplandor, hasta la Tierra a través de portales pues está en un plano dimensional distinto al de la Tierra.

Portales diseñados y creados mucho tiempo atrás por su gobernante y líder, El Santo, quien ostenta el cargo desde el principio de la historia de su especie, es él quien manda a un grupo de exploradores a la tierra cada milenio. Debido a la característica tan especial de esta especie, nunca cayó ninguno herido ni enfermo y mucho menos morir de vejez, nadie sabe cuanto tiempo llevan viviendo y menos aun se acuerdan como llegaron a El Resplandor los mas viejos o si fueron creados, esa época queda ya muy atrás en el tiempo. A día de hoy, cuando la Tierra aun se está enfriando y dejando de ser la bola de fuego que solía ser, en El Resplandor esta todo en calma, como lleva siendo costumbre desde tiempos inmemoriales, otro milenio más y otro destacamento de exploradores que parte hacia la tierra, nadie ponía en duda y ni siquiera se cuestionaba la naturaleza o la finalidad de la misión. Pero en este grupo le tocó formar a un joven de nombre Samael, tenia solamente 5 siglos de vida, no había vivido la ultima partida y todo le parecía nuevo cuando le comunicaron que partiría hacia la Tierra junto a 9 paisanos suyos más. Era alto, sobre los 2 metros, de complexión muy atlética, no pesaría mas de 85 kilos, pero no había musculo en su cuerpo que no estuviera definido casi al extremo, con su media melena rubia al aire hasta los hombros le daba un porte de seriedad y juventud que intimidaba y encandilaba a partes iguales. Aunque su rasgo mas distintivo le salía desde la espalda, unas enormes y emplumadas alas de forma de pájaro pero eran del blanco mas blanco que jamás se hubiera visto, mucho mas blancas que las del mismísimo El Santo. Tenían tal envergadura abiertas que de punta a punta podrían medir casi 6 metros, era una de las cosas de las que mas se enorgullecía Samael y no dejaba pasar la ocasión en la que pudiera lucir sus enormes y blancas alas. El plano dimensional de El Resplandor, no era muy diferente de como conocemos a la Tierra hoy en día, salvo por el detalle de que nunca se hacia de noche, no había Sol ninguno en el cielo, simplemente había claridad como si estuviera amaneciendo o atardeciendo pero desde los cuatro puntos cardinales a las vez, todo el tiempo era como una tarde de Agosto que se acerca a su fin. El cielo es azul y el suelo de hierba verde, además de sus montañas y ríos. Todo el mundo vivía en la única ciudad que existía y a la que llamaban igual que su mundo, El Resplandor. Coronada por los aposentos de El Santo en lo alto de la torre mas alta de la ciudad, desde lejos la imagen de la cuidad pareciera la de la mismísima Nueva York con tantos rascacielos que llegaban casi al cielo. Era una ciudad mas vertical que horizontal. Samael seguía viviendo aun con sus padres, Malek y Delfa.

En su cultura, no abandonan la vivienda familiar hasta que no encuentran pareja y conciben descendencia. En el momento que se convierten en padres deben buscar una vivienda nueva y rompen toda relación con sus progenitores pues en su lengua no existe termino para la palabra abuelo por que podrían tener tatarabuelos elevados a la decima potencia, pues al no poder morir nadie siempre hay un padre del padre del padre de tu padre….Pero las amistades si duraban hasta la eternidad, desde que empezó la escuela de vuelo en la infancia, siempre se a rodeado de los mismos amigos Thalok el bruto, Fritch el astuto y la encantadora Vergán. Tuvo la suerte de leer esos mismos nombres junto al suyo en el mensaje de la partida de exploración, lo inundó una inmensa felicidad por que sabia que nada malo podía pasar si iba junto a sus amigos. El discurso de despedida de El Santo fue emotivo y alentador como cada vez que lo pronunciaba de milenio en milenio, lo había pronunciado ya innumerables veces y nunca cambiaba ni un punto ni una coma. Al finalizar el discurso, abrió el portal y uno a uno fueron pasando por él, Samael era ultimo de la cola, y de entre toda la multitud que se había congregado en la plaza principal para ver el acto, pudo ver a sus padres como lo despedían orgullosos desde la primera fila. Al cruzar el portal se descubrió que se había abierto a unos 10 metros del suelo, abrió las alas instintivamente y descendió suavemente hasta donde le esperaban ya sus compañeros.-“¿Siempre abre los portales tan alto del suelo El Santo o esta vez se ha equivocado?”- pregunta Samael al grupo nada más posar sus pies en el suelo.-“ Pues no sabría decirte, Samael, pues en la última expedición no contaron conmigo ni con mi espada”- le responde Isham con la autoridad que le otorgaba más de un milenio de vida, siendo el mayor del grupo.-“Ya poco importa, Samael, prosigamos y deja de ser tan meticuloso, es la primera vez para todos que pisamos esta tierra y no sabemos los peligros que podrían acecharnos.”- Le ordena Vergán , que aunque tuviera un rostro dulce, no podía ocultar su carácter dominante. Se encontraban rodeados de árboles tan altos que apenas se veía el cielo, se apreciaba que era de día por la claridad que dejaban pasarlas hojas.-“Caminemos en esa dirección.”- indicó Fritch espada en mano señalando a un área menos poblada de flora. Samael empezó a notar la humedad pesada de la zona, el olor intenso que desprendía la mezcla de los arboles y las pequeñas flores que crecían en el suelo. Mientras avanzaban, sentía como le costaba más esfuerzo mover las piernas, era como si pesaran más, sería que la gravedad era diferente, se decía a sí mismo. No se escuchaba más ruido que el del viento moviendo las hojas, a Samael le parecía algo inusual pero también noto que nadie comentaba nada al respecto, así que permaneció en silencio.

Tras diez minutos de caminata, la densidad de los arboles comenzó a disminuir y se empezaba a vislumbrar el final del bosque, poco a poco llegaron a una estepa interminable a simple vista con el suelo teñido de verde por un manto de hierba baja que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

-“Pronto anochecerá. Deberíamos buscar leña y encender una hoguera, fue el único consejo que me dio mi padre, a el se lo dio el suyo que si estuvo aquí”- decía tímidamente la joven Nithra.

-“Pues comencemos a talar, Thalok, Samael, conmigo”- Ordenó Isham con autoridad.

Comenzaron con el primer árbol. Debido a que jamás habían participado en una guerra real, sus espadas estaban prácticamente nuevas. Después de cada entrenamiento de combate tenían la obligación de volver a afilarlas, así que, debido al filo impecable de sus hojas y la fuerza bruta de Thalok, el primer árbol tardó poco en caer.

Nithra y Vergán se ocuparon de encender la hoguera mientras los demás seguían cortando troncos para improvisar bancos alrededor del fuego.

Con la noche ya sobre ellos, mientras lo demás charlaban, Samael se percató que además de no escuchar ningún sonido ajeno al de su grupo, tampoco veía ninguna luz en la distancia, solo existían las estrellas sobre sus cabezas y el resplandor anaranjado de la hoguera.

No podía dejar de pensar que, o bien estaban completamente solos o estaban siendo observados desde la oscuridad. Prefirió creer en la primera opción para no alterar al resto del grupo.

-“Bueno, ¿sabemos con claridad que tenemos que observar o de qué debemos informar en esta expedición? Por qué a mí nadie me ha explicado nada”- Preguntó el curioso de Fritch al resto del grupo.

-“Por lo que me contó un gran amigo mío que participó en la anterior expedición, El Santo esta convencido de que pronto poblarán este planeta una nueva especie. No se que planes tendrá, pero cuando regresaron a casa, lo primero que les preguntó era si habían visto a alguien aquí.”- Termino diciendo el serio de Bruntel, como si revelará un secreto.

-“A mi me contaron que El Santo teme a una entidad maligna que habita este lugar, y nos envía para encontrarla acabar con ella.”- Respondió Célsida con su suave voz desde el otro lado de la hoguera.

-“Lo único que sacamos en claro de todo esto, es que debemos permanecer una semana aquí, así que será mejor dormir y recuperar fuerzas para mañana,”- Sentenció Isham, retomando el mando del grupo.

Nadie discutió la orden, Vergán apagó el fuego y todos se tumbaron juntos para dormir.

Con los primeros rayos del sol asomando por el horizonte, Samael fue el primero en levantarse. Su intuición le obligó a observar si algo había cambiado en el paisaje durante la noche.

Mientras los demás se despertaban y se preparaban para otro día de exploración, Samael divisó unas huellas que no les resultaban familiares. Procedían del bosque, aunque parecía que aquello no se había acercado demasiado al lugar donde habían dormido.

-“Isham, ven. Tienes que ver esto. Parece que al final alguien sí nos vigilaba anoche.”- le informaba mientras seguía examinado una de las marcas sobre la tierra húmeda.

Isham colocó su pie junto a la huella y comprobó que no tenían nada en común, aquella marca se hundía mucho más en el barro y presentaba tres protuberancias hacia adelante, terminadas en una especia de garra afilada, además de otra más hacia atrás.

-“ Pues parece que al final tendremos que utilizar nuestras espadas para algo más que cortar leña”- Decía Thalok con entusiasmo mientras desenvainaba su arma.

-“No seas insensato. Aún no sabemos qué es esa cosa ¿y ya crees que puedes matarla?”- Replicó Vergán intentando imponer algo de sentido común.

-“Debemos estar preparados, desenfundad y no hagáis ruido. Nos adentraremos en el bosque para investigar. Fritch tú delante que eres el mejor rastreador”- Ordenó al grupo, Isham.

Se adentraron en el bosque en fila, uno detrás de otro, Fritch abría el camino y la miedosa Yaltrenia cerraba el grupo, sin dejar de mirar en todas direcciones mientras empuñaba su arma con nerviosismo.

Si Fritch se detenía, el grupo se detenía, si avanzaba, el resto le seguía en silencio.

–“Por aquí”- indicaba al descubrir la rama rota de una planta, veía señales donde los demás solo distinguían tierra y vegetación.

Poco a poco el paisaje empezó a ser más rocoso y la frondosa arboleda dio paso a un terreno montañoso. En la lejanía se alzaba una enorme montaña que escupía fuego por su cima, el rastro conducía a Fritch directamente hacia allí.

A los pies de la ladera divisaron una cueva que se adentraba en las profundidades del volcán. El estruendo de la lava ardiente les impedía distinguir si algún otro sonido provenía del interior de la gruta.

Improvisaron antorchas con las ramas secas que encontraron en el suelo y comenzaron a internarse en la oscuridad de la gruta.

Antes de entrar, Samael se volvió para echar un último vistazo al bosque que dejaban atrás. Entonces algo llamó su atención entre el espesor de la vegetación.

Se quedó inmovil observando una zona concreta de la maleza. Sentía cómo si alguien lo estuviera mirando directamente a los ojos desde la distancia, pero el también tenia la sensación de que aquello que se ocultaba en la maleza, se estaba sintiendo observado también. -“¿Vamos Samael?”- le preguntó Bruntel sacándolo del extraño trance en el que sehabía sumido.-“Claro, amigo. Después de ti”- respondió mientras le señalacon el brazo el camino antes de seguirlo hasta las profundidades de la caverna.Al fondo del largo pasillo comenzaba a apreciarse una tenue luz anaranjada, en cabeza sigueFritch, seguido de Isham y Thalok con las espadas preparadas para el combate.Pero al llegar a la sala iluminada se encontraron con algoque los aterrorizó.-“¡Por la gloria de El Santo!”- Exclamó la asustada Yaltrenia.Isham se giró de inmediato y le hizo gestos para que guardarasilencio.La escena logro estremecer hasta el mismísimo Isham. Elsuelo de la enorme cámara estaba cubierto de huesos. Entre el montón sedistinguían decenas de calaveras apiladas unos sobre otras, muchas todavía conrestos de carne seca adherida.Junto a una de las paredes descansaba otro gran montón, está vez formado por pieles desolladascubiertas de un espeso pelaje negro.Ninguno de ellos sabían si acababan de entrar en la guarida…o en la despensa de algo mucho peor.Fritch se agachó junto al montón de restos y examinó uno delos hueso que parecía pertenecer a una extremidad. –“Samael, mira esto. Creo que las huellas que vimos antes nopertenecían a ninguna de éstas criaturas”- informó mientras levantaba elhallazgo frente a la antorcha.Samael observó el hueso en silencio durante unos segundos.La forma no encajaba demasiado bien con las marcas encontradas fuera de lacueva.-“Esta es la prueba de que no estamos solos. Aquí hay presas….y también cazadores. Y nosotros estamos justo en medio”- dijo con preocupaciónantes de dirigir la mirada hacia la oscuridad del túnel. -“será mejor salir deaquí antes de que regresen con más presas”-.-“¿Por qué no nos escondemos hasta que El Santo vuelva aabrir el portal? Ya sabemos qué aquí vive alguien ¿No es eso lo que queríaaveriguar?”- preguntó Yaltrenia con evidente miedo en la voz.-“Si existe algún peligro, mi espada se encargará de él”-respondió Thalok con orgullo mientras apoyaba la mano sobre la empuñadura.-“Deja de comportarte como crío. Antes deberíamos saber cuantosson… y que son exactamente.”- volvió a recriminarle Vergán.-“Opino igual. Si El Santo nos envió aquí querrá saber quienesson y como viven. Deberíamos estudiarlos”- añadió Fritch, incapaz de ocultar sucuriosidad.-“Lo primero es salir de aquí y asegurarnos de que no nosvean como presas. Después buscaremos un refugio lejos de este lugar.”- ordenóIsham.Yaltrenia obedeció con resignación, igual que el resto delgrupo. Comenzaron a recorrer el largo pasillo de piedra en dirección a lasalida, iluminando las paredes con las antorchas mientras el rugido de la lava haciatemblar la caverna.Entonces, una sombra apareció en la entrada de la gruta.Todos desenvainaron sus armas al instante, preparándose parael combate, hasta que escucharon una voz surgir desde la claridad. -“¡Corred insensatos! Antes de que vuelvan… seguidme”- dijoaquella figura con una voz claramente femenina.Samael entrecerró sus ojos intentado distinguirla mejor bajola tenue luz exterior. Su silueta se parecía mucho a la de ellos… pero habíaalgo extraño.No tenía alas que le asomaran a simple vista por encima desus hombros.Antes de que pudieran reaccionar o formular pregunta alguna.Isham tomó una decisión.–“Seguidla, si se convierte en enemigo, ya nos ocuparemos deello después.”-Sin tiempo para discutir, el grupo echó a correr tras ladesconocida. Atravesaron el bosque a toda velocidad, cruzaron ríos helados ydescendieron colinas llenas de vegetación hasta que, finalmente, el paisaje seabrió ante ellos.El mar.Ninguno había visto jamás una extensión de agua tan inmensa.La misteriosa mujer los condujo hasta una pequeña cabaña demadera construida junto a la costa. Samael supuso que aquel lugar debería ser suhogar… o al menos ser el escondite dondehabía sobrevivido hasta ahora.Cuando Célsida entró la última, la desconocida cerró la puertade inmediato.Acto seguido, Isham se giró hacia ella y, en tono amenazante,preguntó. –“¡Dame una sola razón para no matarte ahora mismo!”--“Cálmate Isham, acaba de salvarnos”- Dijo Nithra mientras lesujetaba el brazo intentando contenerlo.Samael se colocó entra Isham y la desconocida,interponiéndose con calma. –“Déjala hablar. Tiene mucho que contarnos. Como por ejemplo…”-se gira hacia ella y la mira fijamente a los ojos. –“Por qué nos observabas cuando entramos enaquella gruta y por qué no nos avisaste antes. Eras tú quién estaba escondidaentre la maleza, ¿verdad?”- Sentenció sin apartar la mirada de ella, aunque permanecíaatento a cualquier reacción de Isham a su espalda.-“¿Así es como dais las gracias después de que apartara aesas criaturas de vuestro campamento anoche mientras dormíais? De no ser pormi, ahora mismo vuestros huesos estarían esparcidos por el suelo de aquellacueva.”- respondió la desconocida con energía y evidente enfado.-“Y te agradecemos que velaras por nuestras vidas, ahora quesabemos la verdad. Pero nos faltan muchas respuestas. ¿Que era aquello que nosacechaba anoche… y quién eres tú?”- se adelantó a preguntar Fritch con lacuriosidad reflejada en el rostro.-“Si no os han hablado de mí, poco importa ya mi nombre. Él yase habrá encargado de borrar mi historia”- dijo con un tono cargador demelancolía.La desconocida atravesó al grupo lentamente y fue a sentarseen una vieja silla de madera al fondo de la estancia. –“Llegasteis ayer, ¿Verdad?Entonces escuchadme bien. Procurad viajar siempre hacia el sur de ahora enadelante. Cuando amanezca, dejad el Sol a vuestra izquierda y continuad recto. Soloasí seguiréis con vida hasta que os vuelvan a abriros el camino de regreso acasa.”--“¿Cómo sabes…?”- empezó a preguntar Fritch, pero Isham lointerrumpió alzando la voz por encima de el. -“!No me fío de ti! Algo quieres hacernos, y no voy apermitirlo.”--“Isham haz el favor. Somos diez contra una, solo una necia seatrevería a enfrentarse sola a nosotros”- Rompió por fin su silencio Vergán,que llevaba todo ese tiempo observando con atención cada gesto de ladesconocida.-“Además, si nos da cobijo está noche, podemos reanudar lamarcha mañana, alejarnos de este lugar y esperar a que El Santo vuelva a abrirel portal”- añadió Yaltrenia complacida, incapaz de ocultar el miedo que leprovocaban aquellas criaturas.Al escuchar el nombre de “El Santo” el rostro de la desconocidase enfureció de inmediato. Durante un instante, en sus ojos apareció unprofundo rencor que no pasó desapercibido para Samael.-“Antes de dar un solo paso mas, vas a explicarnos quiéneres y como sabes lo de los portales. En ninguna expedición anterior quedónadie atrás. Además, no tienes alas… y la última expedición fue hace mil años.No creo que hallas sobrevivido tú sola durante todo este tiempo, con esascriaturas acechándote constantemente.”- Dijo Samael mientras acercaba otrasilla y se sentaba en frente de ella sin apartar la mirada.-“Mi historia quedó sepultada hace demasiado tiempo. Loúnico que puedo deciros es que él os miente… y que os a enviado aquí para encontrar la muerte.”-susurró mientras mantenía la mirada clavada en los ojos de Samael.Durante unos segundos, el silencio se apoderó de la cabaña.Solo se escuchaba el romper de las olas contra la orilla y el crepitar de lamadera bajo el viento nocturno.-“Vosotros no sois exploradores”- continuó finalmente conuna tristeza difícil de ocultar.-“Sois solo la última pieza de su rompecabezas.”--“Límpiate la boca antes de hablar así de Él Santo”- lerecriminó Isham con dureza.-“Me niego a creer que nos enviara aquí a morir. Seguro que todoesto es una prueba para demostrar nuestra valía. Por eso quiso contar conmigo ymi espada”- afirmó Thalok intentando convencerse más a sí mismo que al resto.-“Debe de haber algo más oculto que todavía se nos escapa. Necesitamosmás respuestas antes de juzgarlo”- dijo Fritch sumido en sus pensamiento.-“No puede ser… Él esdemasiado bondadoso. Nunca permitiría que nos ocurriera nada malo… ¿Verdad?”- murmuró Yaltrenia con la voztemblorosa.-“Dejemos las conjeturas por un momento. Ahora mismo loprioritario es no acabar siendo devorados por esas criaturas. Cuéntanos que sonprimero y ya nos ocuparemos después del asunto de El Santo.”- intervino Vergán,sacando su lado más estratégico.-“Pienso igual que tú, Vergán. Primero nos ocupamos deaquello que podamos matar… después ya resolveremos lo demás”- añadio Bruntelmientras cruzaba los brazos.-“De acuerdo, si tanto insistís… Se hacen llamar Draconianos,llegaron hace aproximadamente un año, y los huesos que vistes en aquella gruta pertenecena unos primates subdesarrollados que habitan este planeta desde hace milenios”-reveló finalmente la desconocida.La cabaña volvió a quedar en silencio.-“Prosigue. Mi intuición me dice que tu mirada sabe más delo que tú boca se atreve a contar.”- insistió Samael sin apartar la mirada deella.La desconocida sostuvo su mirada durante unos segundos antesde responder.-“Si es la verdad lo que buscas, te la daré. Después podréiscuestionarla si queréis, pero os aseguro que yo no os estoy mintiendo. Minombre es Lilith, o al menos así me llamaban mis paisanos cuando todavía vivíaen El Resplandor….”- Su voz se apagó lentamente, y sus ojos se llenaron de una nostalgia,que parecía arrastrar siglos de recuerdos.-“¿Vivías en nuestro hogar? Entonces eres de los nuestros, ¿Cuántotiempo llevas aquí? ¿Y por qué no tienes alas?”- preguntaba Fritch incapaz de contenersu curiosidad.-“Fritch, deja que termine de explicarse. Ya habrá tiempopara preguntas”- le interrumpió Samael claramente decidido a escuchar toda lahistoria de Lilith.