PRÓLOGO
Dicen que el abismo no te devora de golpe; primero te seduce
Durante ocho años de mi vida, mi vida fue una línea recta, un código binario de rutina, creí ser la mujer que esperaba, la que perdonaba, la que creía que nuestro amor era un refugio, pero los refugios también se incendian y las líneas terminan desviándose
Ahora que el acero del ascensor vibra bajo mis pies, me doy cuenta que no estoy huyendo del fuego, estoy caminando directo hacia él. Pensé que tenia miedo a quemarme, pero mírame aquí, bajando directo hacia el infierno por ti
Él puede que no sea un refugio, si no la tormenta, una tormenta que va cargada de promesas oscuras, guiadas por unos ojos grises que me observan desde la oscuridad. No conoce la piedad, ni el compromiso, ni el mañana, es un imán completamente hecho de pecado y yo soy el metal que ha decido dejar de luchar contra el magnetismo.
Tal vez esto no sea amor. El amor jamás me haría temblar las piernas de esta manera, ni secaría mi garganta con solo rozar mi piel. Esto es deseo reclamando su trono.
Me habían dicho que tuviera cuidado con lo que deseo, pero se olvidaron de advertirme algo más...
Una vez que pruebas el veneno de un dios, ya no hay antídoto que te devuelva a la cordura.
Bienvenidos a mi caída. O quizás, si este dios es realmente bueno conmigo, a mi liberación.