Soul đœ—à§Ž Kookmin

Summary

Siempre te veo en cada sueño que tengo... tĂș intangible existencia hace que mi mundo tenga un vuelco de 360Âș, no te odio por lo que paso o lo que te orillo a eso.... Solo deseo tenerte en mis brazos otra vez. > Historia 100% Creada por mĂ­ > No adaptaciones o copia

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Soul

¿Alguna vez han experimentado sueños que relatan una segunda vida? ¿No? Si me lo hubieran preguntado en otro tiempo, diría que normalmente la gente no piensa en cosas tan absurdas. Pero ahora, mi vida ha dado un giro descomunal.

En mis sueños comencĂ© a ver situaciones demasiado irreales; podrĂ­a decir fielmente que esos hechos estaban ubicados en Italia... oh, mi querida Italia. Al principio creĂ­ que mi obsesiĂłn con esta repĂșblica estaba llegando a tal punto de crearme historias tan reales que todas las emociones que se presentaban se sentĂ­an a flor de piel.

Para mi sorpresa, esa idea fue descartada cuando se hizo presente un chico. Uno con una hermosa sonrisa, un chico con una belleza inimaginable ante mis ojos; una belleza que jamås se compararía con alguien que haya visto alguna vez en esta vida. Llegué a creer que era una proyección de mi subconsciente al crear a mi tipo ideal, pero esa teoría también fue descartada, ya que en los recuerdos ese chico me miraba con desdén... me veía como alguien que le podía dar todo lo que necesitaba en ese mundo.

Al principio eran simples imågenes; luego esas imågenes comenzaron a añadir audio. No algo perfecto, solo algo poco entendible. Y fue en ese momento en que escuché la voz de ese chico, diciendo en un ligero susurro, cargado de dolor:

"Lo siento... por favor, no me dejes..."

Las imågenes que surgieron en mi cabeza en ese momento fueron tan fuertes que no pude evitar despertar con el sudor desbordando de mi cuerpo y con un descontrol inimaginable de emociones. Los recuerdos, o fragmentos, estaban llenos de sangre y gritos. El hermoso chico estaba sosteniéndome con sus manos llenas de sangre... no lograba comprender. Todo era tan confuso para mí. Pero eran así los sueños cuando dejas volar tu imaginación ¿No?

DespuĂ©s de esa noche, mi vida siguiĂł como de costumbre: una rutina que no podĂ­a parar en ningĂșn momento de mi dĂ­a. Los sueños comenzaron a desvanecerse; ya no lograba recordar la voz de ese chico. No podĂ­a recordar esos labios y ese rostro que habĂ­an logrado que mi corazĂłn quedara deleitado por su intangible existencia.

Mi subconsciente comenzaba a buscar desesperadamente pequeños fragmentos de él, algo que me dijera que había existido, aunque fuera en mis sueños... pero no pude lograrlo.

AsĂ­ pasĂł un mes... y de nuevo lo vi.

Pero esta vez había sido diferente. Ahora podía verlo, escucharlo y tocarlo. Era una sensación increíble. Pensé que por fin había logrado volverme loco.

Él se encontraba allĂ­, en la orilla de ese lago. Lo veĂ­a con tanta paz que hizo que todo mi ser se estremeciera. Dios... estaba realmente enamorado de alguien que no podĂ­a ver en mi realidad. QuerĂ­a correr y abrazarlo, rogarle que no me dejara, que me permitiera permanecer con Ă©l en ese sueño infinito por el resto de mi vida.

Pero... ¿cómo logras enamorarte de alguien que no conoces en realidad? Ni yo mismo lo sé.

Solo puedo decir que haberlo visto por primera vez hizo que dentro de mí despertara un anhelo que no creí experimentar jamås por nadie ni por nada. Y allí estaba él, levantando la vista del lago y fijåndola en mí, sonriéndome con devoción para después decir:

"Te estuve esperando, Alteza."

Terminó la oración y no logré darme cuenta en qué momento había llegado a mí con la intención de abrazarme y enterrar su rostro en mi cuello. Sentí que mi cuerpo respondía a tal acto de afecto, recorriéndose con pequeños toques electrizantes que describiría como emoción y satisfacción.

Mis manos aprisionaron su cuerpo con fervor, y después de un tiempo perdidos en nuestro momento, pude articular palabras que sentía que no eran mías, pero salían de este cuerpo:

"PerdĂłn, la reuniĂłn tardĂł mĂĄs de lo que esperaba."

Solté mientras mis manos tomaban el rostro del chico, posicionåndolo frente al mío, y proseguí:

—No pude lograr convencer a mi padre para evitar una rebeliĂłn; al contrario, Ă©l me hizo saber que un grupo de personas estĂĄ dispuesto a atacar el castillo el dĂ­a de mañana por la noche, iniciando ellos mismos una con el objetivo de sacar a la sangre real de este mandato —mencionĂ©, esperando lograr captar algo en su rostro. No sabĂ­a quĂ© estaba buscando, no sabĂ­a por quĂ© tenĂ­a miedo... estaba tan confundido.

A lo que él solo me miró con esos ojos que derretían mi ser y dijo al fin:

—¿Sabe el rey quiĂ©nes estĂĄn involucrados? Supongo que, al tener esa informaciĂłn, considerarĂĄ detenerlos a toda costa, Âżno es asĂ­?

Su rostro se veĂ­a preocupado, pero no una preocupaciĂłn alarmante, sino algo mĂĄs... algo que no incomprensible

—¿EstarĂĄs bien? No puedo imaginar quĂ© harĂ­a si te pasara algo... —terminĂł en un hilo de tristeza.

A lo que yo solo lo miré y sonreí, queriendo transmitirle tranquilidad y seguridad.

—No pasarĂĄ nada, nos prepararemos para cuando caiga la noche mañana. Todo estarĂĄ bien —dije mientras lo atraĂ­a de nuevo hacia mĂ­.

El ambiente era agradable; solo nosotros dos, sin nadie mås que nos dijera qué era lo correcto ante la sociedad y sin etiquetas de por medio que nos hicieran sentir que entre nosotros había una distancia que, por mås que corriéramos hacia el otro, lograríamos acortar.

Yo solo acariciaba su cabello mientras susurraba pequeñas frases que tranquilizaran a mi amado; sin embargo, un ruido logró que esa paz fuera totalmente arruinada. Regresé a mi vida, a mi propio cuerpo y a mis propios pensamientos.

Esto me estaba volviendo loco. ¿Cómo podía estar deseando que llegara la noche solo para perderme en ese sueño tan irreal? Me preguntaba cómo algo tan intangible había logrado tener ese efecto en mí. ¿Era ese sueño mås emocionante que mi propia vida? No... no era el sueño, era la persona que aparecía en él.

Siempre que lograba recordar su rostro y complexión, mi corazón daba un vuelco completo, llenåndose de preocupación, añoranza y deseo.

AsĂ­ pasĂł el tiempo y, conforme este avanzaba, tambiĂ©n mis sueños transcurrĂ­an. No eran tan largos como el que tuve hace meses, pero sĂ­ me permitĂ­an conectar pequeñas partes de una historia que nunca me habĂ­an contado o que no encontraba en ningĂșn libro que hubiera leĂ­do alguna vez.

En todo ese tiempo jamås pude saber el nombre de ese chico. Solo sabía cuånto juraba amarme y todos los momentos que compartimos en esos sueños que llegaban a su fin cuando amanecía... y con solo eso me bastaba.

Hasta que una noche volviĂł a suceder. De nuevo, no era algo simple o hermoso... era algo que inquietaba a mi ser.

AllĂ­ estaba yo, tomando del rostro de mi amado, que tenĂ­a un semblante de dolor y rogaba mi respuesta:

—Lo siento, por favor... te lo pido. Ven conmigo, escapemos. AĂșn tenemos tiempo antes de que ellos lleguen —dijo mientras por su bello rostro se derramaban lĂĄgrimas sin control.

Mi corazĂłn dolĂ­a. Me sentĂ­a enojado y traicionado. No era un sentimiento dirigido a mi amado... era hacia mĂ­. Algo que me hizo entender que el amor que sentĂ­a por esa persona habĂ­a cegado mis ojos, dejĂĄndome a merced de quien estaba justo frente a mĂ­. Porque, al final, lo sabĂ­a... pero no querĂ­a verlo por el dolor que conllevaba esa realidad.

—¿Por quĂ©...? ÂżPor quĂ© tĂș...? No puedo... —antes de que terminara mis palabras, un grupo de personas armadas irrumpiĂł derribando la puerta de la gran habitaciĂłn.

De entre ellos surgió un hombre que traía entre sus manos al pequeño segundo príncipe del imperio.

—El rey ha caĂ­do. La reina pereciĂł en su habitaciĂłn. Ahora tenemos el trabajo de eliminar a los demĂĄs descendientes de la sangre real —dijo mientras pasaba un cuchillo por el cuello del pequeño niño, haciendo que la sangre cayera a borbotones, drenando rĂĄpidamente su cuerpo.

El sol y la luna habĂ­an caĂ­do... y con ellos se llevaron al segundo rayo de sol.

Estaba conmocionado. No podĂ­a asimilar esta situaciĂłn. La furia que brotaba de mĂ­ era incontrolable. El peso de sus muertes habĂ­a caĂ­do sobre mis hombros.

Mi cuerpo reaccionó tratando de contraatacar, sacando mi arma personal para disparar, pero él me detuvo.

—Él está con nosotros, no dispares —dijo el chico mientras se posicionaba frente a mí y al arma.

El otro hombre lo mirĂł y luego fijĂł su mirada en mĂ­.

—No tenemos ningĂșn comunicado de que el primer prĂ­ncipe estĂ© de nuestro lado en esta rebeliĂłn. Por favor, hazte a un lado o tomaremos este acto como un incumplimiento a tu deber —mencionĂł mientras preparaba su arma para disparar.

—No —dijo firmemente el chico, tomando una postura más decisiva.

Y en ese momento lo supe.

Cuando vi los ojos de ese hombre... supe que dispararĂ­a.

No podía permitirlo. No podía vivir sin él.

Así que lo jalé hacia mí, giråndolo para que el disparo impactara en mi espalda. Fue råpido... no fue uno ni dos, fueron mås de cuatro disparos los que impactaron en mí.

Estaba comenzando a perder la fuerza en mis piernas. Ya no podía protegerlo. Sentía mi mente en blanco y, de un momento a otro, caí junto a él.

Él me miraba con el rostro lleno de lĂĄgrimas que se mezclaban con rastros de mi sangre. Me veĂ­a como si fuera a desaparecer ante sus ojos... pero quĂ© extraño, porque yo sentĂ­a que no podrĂ­a ir a ningĂșn lado sin Ă©l.

SonreĂ­ mientras intentaba decir unas palabras, pero de mi boca solo salĂ­a sangre.

—Lo siento... por favor, no me dejes. No puedo vivir sin ti... por favor... —dijo.

Y lo supe.

Supe que, si existiera otra vida, yo deseaba volver a encontrarme con él. Deseaba que pudiéramos estar juntos de nuevo. Que el amor que sentía por él era mås grande que la traición que logró darme también.

Lo amaba mĂĄs que a nada en este mundo terrenal.

Era algo que consideraba normal, dado el tiempo en que pude conocerlo.

Con mi Ășltimo aliento, le pedĂ­ al cielo mi deseo egoĂ­sta: que por favor nos volviera a reunir en otra vida, en una donde fuera menos injusta para ambos...

Y asĂ­ fue como mi aliento se detuvo.

La Ășltima imagen que tuve de Ă©l fue que unĂ­a nuestras frentes mientras sus lĂĄgrimas caĂ­an sobre mi rostro...

La alarma sonó. Ya había pasado medio año desde que había vuelto a dejar de soñar con él. En este punto entendí que no era un sueño o una historia mal contada... era mi propia vida, o mi alma, contada desde otro cuerpo.

Es loco mencionar eso cuando siempre te han dicho que esas cosas no existen en realidad. Pero yo, que lo vivĂ­ en carne propia, siento un vacĂ­o inimaginable, difĂ­cil de describir con palabras.

En este tiempo me obsesionĂ© con el rostro que vi. Lo busquĂ© por todos lados: en redes sociales, en mis alrededores, en mis cĂ­rculos sociales... pero nada me daba señales de que estuviera en algĂșn lugar. QuizĂĄ el cielo no cumpliĂł mi deseo y solo me dio un pequeño karma por mi tonto enamoramiento.

Estaba saliendo de mi trabajo, como siempre acostumbraba, e iba directo a la cafetería que hace unos meses comencé a visitar solo para ver a las personas que transitaban por ese lugar... pero nunca daba resultados.

Mis esperanzas iban en picada conforme los meses transcurrĂ­an, y ya no soportaba estar buscando a un fantasma que solo habĂ­a vuelto a mĂ­ como un recuerdo, que habĂ­a logrado mover mi mundo y luego desapareciĂł.

Estaba tan concentrado en mis pensamientos que no me di cuenta de que habĂ­a chocado con un chico, haciendo que nuestras pertenencias cayeran al suelo.

—Lo lamento, no me fijĂ© por dĂłnde caminaba —dije, intentando recoger las cosas lo mĂĄs rĂĄpido posible por la vergĂŒenza que sentĂ­ en ese momento.

No pude percatarme del rostro del chico hasta que levanté la vista para devolverle los papeles que había tirado.

—Lo sien... —me quedĂ© en silencio.

Allí estaba él.

Era Ă©l, sin duda. Sus labios, su rostro, su nariz... su cabello, un poco mĂĄs rubio y menos rizado, pero era Ă©l. Era tan hermoso como la Ășltima vez que lo vi.

—Lo lamento, yo tampoco vi por dónde caminaba —dijo con una sonrisa que hizo que me estremeciera.

Sí... definitivamente era él.

Me mirĂł, y pude notar cĂłmo su sonrisa iba desapareciendo poco a poco. Su semblante era una mezcla de felicidad, tristeza y preocupaciĂłn.

Le entregué sus cosas y me disculpé por cuarta vez.

—Lo siento por el choque...

Me armé de valor. No iba a dejar pasar la oportunidad que el cielo me estaba dando.

—Disculpa... perdón si esta pregunta te incomoda, pero ¿cuál es tu nombre?

Dije con determinaciĂłn, mientras mi mano rozaba la suya al devolverle sus pertenencias.

Me mirĂł sorprendido y luego sonriĂł.

—Park Jimin.

En cuanto escuché su nombre, sentí que algo que faltaba dentro de mí volvía a tener sentido. Como si una parte de mí regresara a su lugar... el lugar donde todo se sentía completo.

Verlo frente a mĂ­, con esa sonrisa que jamĂĄs pude olvidar, me hizo agradecer al cielo por cumplir mi egoĂ­sta deseo.

Lo amaba... realmente lo amaba.

Quizå en esta vida él no sepa quién soy. Para él soy un completo extraño... pero eso no harå que me rinda. El hecho de que nos hayamos vuelto a encontrar significa que nuestras almas estån conectadas por un hilo rojo, invisible, pero imposible de romper.

—¿Y cuĂĄl es tu nombre? —preguntĂł, aĂșn con ese rostro tranquilo.

—Jeon Jungkook —respondí, animado, retirando lentamente mi mano de la suya.

QuizĂĄ en esta vida podamos hacerlo mejor... quizĂĄ no cometamos los mismos errores que en nuestro pasado.


.

.

.

.

Lo reconocĂ­ en cuanto vi su rostro.

Era él.

No imaginé que podría encontrarlo en un lugar como este...

Quise abrazarlo, pero no podía permitir que se asustara por algo tan extraño y caótico. Así que solo me limité a sonreír.

Yo recordaba todo lo que había pasado a su lado. No me sentía orgulloso de mis acciones pasadas. Pasé toda mi vida anterior justificåndome que lo que había hecho era lo mejor para salvar a mi país... pero en realidad, haberlo perdido hizo que una parte de mí muriera esa noche.

No soporté demasiado tiempo antes de mirar al cielo y rogar por su perdón, para que me devolviera al ser amado que, por mi egoísmo, había dejado atrås.

Pero no hubo respuesta.

El cielo se quedĂł en silencio, y mis esperanzas cayeron en picada.

MorĂ­ pensando que nunca lo volverĂ­a a ver... hasta que ahora lo tenĂ­a frente a mĂ­.

En otra vida.

En una vida en la que yo había recordado, hace menos de un año, todo lo que habíamos vivido juntos décadas atrås.

No iba a cometer los mismos errores.

No iba a dejar que se fuera de mi lado otra vez.

No iba a dejar que se sacrificara de nuevo.

Lo amo demasiado...

Y no dejaré que en esta vida nada nos separen jamås.






Hola, en realidad no sé qué decir. Espero que esta historia te haya gustado y haya llegado a lo mås profundo de tu ser. Si eres de las primeras personas que lo leyó espero que esta versión te haya gustado. Solo faltaba un pequeño fragmento, pero créeme creo que era lo que necesitabas para poder entender un poco mås.


Por favor, quiero saber quĂ© te pareciĂł. âœšđŸ«‚