Capítulo 1
Capítulo 1:
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La luz de la mañana entraba tenuemente por los enormes ventanales del palacio. Las sombras, suaves siluetas oscuras dibujadas sobre los muros, el cantar de los pájaros, las voces en los pasillos, todo habitual en aquel palacio.
Izuku Midoriya, heredero al trono y único sucesor, permanecía sentado frente al tocador mientras los sirvientes peinaban sus cabellos con delicadeza. Sus manos permanecían entrelazadas sobre su regazo mientras veía su propio reflejo en aquel espejo.
—Dicen que ha llegado un nuevo padre a la iglesia del norte— informó Kaminari, mientras lo observaba en el reflejo del espejo— parece que ha llamado la atención de muchos.
El pecoso levantó la mirada.
—¿Por qué habría de importarme? — preguntó sin crueldad. Al final él asistía a misa en la capilla privada del palacio.
—Las monjas hablan— soltó con una leve sonrisa en los labios— un padre joven, alto… atractivo según muchas— hizo una leve pausa— parece llamar la atención de todos.
Izuku no respondió de inmediato, permaneció en silencio mientras lo veía. Pensaba en qué tipo de hombre debía ser si había llamado la atención hasta de su gente cercana. La curiosidad había sido implantada en sus pensamientos.
Su presencia en la iglesia, como era un príncipe, no era opcional. Debía mostrar devoción y respeto a la iglesia, y aunque lo hacía desde la seguridad que le proporcionaba el palacio, no había razón por la que no pudiese asistir a una misa en el exterior.
—Entonces…. Debería de ir a ver porque todos hablan de él.
Kaminari sonrió al escucharle. Sabía que el príncipe era curioso y que solo así podría ir a conocer de quien se trataba ya que todo el palacio hablaba de él.
…
La iglesia se encontraba en completo silencio, el cual fue roto con el sonido inconfundible de botas golpeando el suelo. La guardia real entraba con pasos firmes en el lugar, protegiendo al príncipe, quien andaba junto a su acompañante por el pasillo central.
Las conversaciones se habían apagado por completo. Las cabezas se inclinaron. Había sorpresa evidente, nadie podía creer que alguien de la realeza pisara aquella simple iglesia.
Izuku mantuvo la compostura, el mentón en alto, las manos pegadas a su regazo mientras tomaban asiento. Todo en él gritaba educación y poder. Kaminari permanecía a su lado, silencioso atento ante cualquier cambio perceptible.
Una figura se asomó por la puerta, el padre. Al principio fue una simple silueta emergiendo desde la entrada.
Izuku levantó la mirada y entonces lo vio. A medida que la silueta avanzaba los detalles de aquel hombre se volvían más claros, más imposibles de ignorar. Era un alfa alto, demasiado para ser ignorado. Aquella enorme figura envuelta por la sotana, que no lograba esconder la amplitud de aquellos hombres ni las enormes manos de aquel hombre que con serenidad sostenía las santas escrituras. Su rostro era serio, impenetrable, pero aquellos ojos granate impenetrables, severos.
Cuando comenzó a hablar, su voz llenó por completo el espacio. Su voz grave, profunda, controlada.
Izuku se tensó de inmediato. Un latido, después otro, cada vez más fuerte y más rápido. Comprendía porque todos hablaban de aquel hombre, de aquella figura que por un segundo pareció mirar a través de él.
No sabía cómo, pero sentía con una claridad aterradora que deseaba a aquel hombre. No como se desea a algo bello, delicado o lejano, sino como a algo prohibido que debía ser oculto.
Los dedos del pecoso se tensaron sobre sus ropas, apenas perceptible para los demás. Kaminari, en cambio, conocía a la perfección al príncipe y notó aquel cambio mas no dijo nada.
…
La misa terminó, pero el pecoso no prestó atención en absoluto. Su mente había estado atrapada en aquella grave voz, en esa presencia imposible de ignorar y es esa mirada que en ocasiones parecía encontrarse con la suya.
Cuando la gente comenzó a marcharse, Izuku permaneció sentado por unos segundos más. No esperaba poder salir con seguridad, lo que deseaba era esperar a que todos hubiesen dejado el lugar vacío para avanzar hacia aquel hombre.
—Su majestad— murmuró Kaminari mientras lo observaba.
—Q-Quiero confesarme— habló por fin el pecoso mientras se ponía de pie.
El omega rubio inclinó la cabeza, no podía detenerlo.
…
El confesionario estaba en penumbra. Izuku entró con el corazón desbocado intentando convencerse de que aquello era lo correcto. Quería limpiar esos pensamientos pecaminosos antes de que echarán raíces y se asentarán en lo más profundo de su alma.
Se arrodilló y tomó un pequeño rosario que solía llevar consigo.
El silencio se extendió por unos segundos hasta que supo que el padre ya se encontraba del otro lado, listo para escucharle. Fue solo entonces que decidió hablar, esperando que el antiguo padre u otro fuera quien le diera la respuesta correcta.
—Perdóneme, padre… porque he pecado— el tono de su voz fue bajo, frágil y temeroso— he tenido pensamientos inapropiados y…
Hubo una pausa. Izuku pensó en si era correcto confesar aquello o lo mejor era callar. No debía permitir que nadie supiese aquello que había en su corazón ni en sus pensamientos, pero entonces una voz resonó al otro lado.
—Habla, hijo mío.
El mundo entero del pecoso se detuvo. Sintió como el aire comenzaba a faltarle en aquel espacio. Su corazón no dejaba de latir con rapidez porque reconoció aquella grave voz controlada. Sus manos temblaron mientras sostenía el rosario y bajaba la mirada.
—Yo no sabía…— tragó saliva con dificultad. Intentaba calmarse— padre…
Al otro lado, Katsuki Bakugou permanecía inmóvil. Lo había visto, por supuesto sabía de quién se trataba.
Era imposible ignorar aquella figura pecosa, aquellos ojos esmeralda puros, los rizos desordenados. El príncipe. La belleza de la que había oído hablar sin prestar atención por mucho tiempo, ahora se encontraba frente a él, a escasos centímetros confesándose.
—Continua— ordenó en tono firme, más de lo que se esperaría de alguien en su posición,
El pecoso cerró los ojos por un momento.
—Me siento atraído por alguien que no debo…— hizo una pausa silenciosa y continuó, casi en un susurro— sé que no debería sentir esto, pero no puedo evitarlo. Un padre ha llamado mi atención.
Katsuki apretó ligeramente su mandíbula. No pregunto, no quería saber o más bien se negaba a se negaba a escucharlo salir de aquellos delicados labios rosados.
—Oración— respondió firmemente, con frialdad— pedir claridad, disciplina.
Izuku frunció el ceño, inquieto. No sabía si debía decir su nombre, si dejarle claro que era él el que había hecho que su serenidad desapareciera y, por primera vez en años, deseara ser poseído por otro.
—¿Y si…? — dudó, más no se detuvo— ¿Está mal si lo deseo en secreto?
El silencio que siguió fue completamente diferente, más peligroso.
Al otro lado, Katsuki cerró los ojos por un momento. Años de control, de silencio, de fe impuesta como barrera, rotas por aquella presencia. Aquella pregunta, tan simple, lo había tensado más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Los deseos no desaparecen si los escondes— habló en un tono más bajo, contenido— el silencio solo los alimentara y eso… es una elección.
Izuku sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. No sabía si aquello era una advertencia o algo mucho peor. De lo que estaba seguro era que en esta ocasión no pensaba obedecer, porque el simple hecho de hablar con aquel hombre le hacía desearlo más.
Continuará…
Siento la redacción y las faltas ortográficas.