Groupie [+21]

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Summary

Ali aprendió a sobrevivir en un mundo donde todo tiene precio. Ella es una codiciada escort, inaccesible para casi todos, capaz de controlar cada situación sin involucrarse más de lo necesario. El dinero es lo único real. Lo único seguro. Hasta que William Wright le hace una oferta imposible de rechazar: infiltrarse en la banda de rock más poderosa del momento y destruir a uno de sus miembros desde dentro. Un trabajo perfecto para alguien como ella. Sin reglas. Sin culpa. Sin sentimientos. Hasta que aparece Alex. Intenso. Oscuro. Peligrosamente difícil de ignorar. Y lo que comienza como un juego... se convierte en un riesgo que ya no puede controlar. Porque Ali no solo está mintiendo. Está manipulando, robando... y traicionando a la única persona que podría verla sin precio. Pero ya es demasiado tarde para detenerse. Porque hay decisiones que no se pueden deshacer. Y traiciones que no se pueden perdonar. En un mundo donde el poder se compra, la lealtad se vende y el amor es una debilidad, Ali tendrá que elegir: seguir jugando... o enfrentar las consecuencias de todo lo que ha destruido. Porque en este tipo de historias, nadie sale ileso. Y ella... ya cruzó el punto sin retorno. Historia +21

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Caminaba por un largo pasillo de luz tenue, con una elegante alfombra de patrones modernos. Todo a mi alrededor era lujoso, algo que solo una persona con mucho, mucho dinero podía permitirse.

Mis tacones resonaban, haciendo eco en el lugar. Me ajustaba mi elegante vestido negro mientras me mentalizaba para afrontar esta noche.

Hoy me juntaría con un cliente. No cualquier cliente: William Wright, un empresario de unos cincuenta y tantos años, muy conocido por ser el manager de la banda de rock del momento: The Silent War.

Podría estar babeando por este hombre. Era de aquellos que te pueden dar una vida llena de lujos, comodidades y viajes por todo el mundo. Pero no me importaba.

Mi meta esta noche es sacarle hasta el último centavo de su cartera. Prefiero manejar mi propio dinero antes que depender de alguien más para pagar mis caprichos y no poder controlarlo por mí misma.

Sí, me gusta el dinero. Y me gusta mucho. Tanto así que decidí dejar la universidad y dedicarme a ser escort. ¿Me avergüenza? No. No muchos lo saben y trato de guardar apariencias. No soy una más de tantas que venden su cuerpo. Soy un producto al que pocos tienen acceso y solo gana el mejor postor.

Debo admitir que tengo una cartera selecta de clientes, donde cada uno de ellos paga por mí y por mi cuerpo.

Con el dinero que gano me permito darme algunos lujos exquisitos: bolsos Louis Vuitton, zapatos Versace, perfumes Chanel y ropa Gucci. Y además, algún que otro arreglín en mi cuerpo.

Tengo unas tetas impresionantes, acorde a mi menudo cuerpo, un par de liposucciones y un aumento sutil en mi trasero. Nada grotesco ni tan evidente.

Me gusta verme armónica, elegante. Una mujer inalcanzable, como a los hombres les gusta. Nunca fácil, nunca gratis.

Sí, obvio que invierto en mí y en mi imagen. Es una inversión y una estrategia de marketing agresiva y elegante.

Llegué a la última habitación del pasillo. No es necesario tocar, puesto que la puerta está sutilmente abierta.

Entro con paso lento, meneando mis caderas. Al ingresar, veo al apuesto hombre fumando un puro y con un vaso de lo que parece el whisky más caro del mercado, sentado al lado de los grandes ventanales que daban una vista impresionante de la ciudad.

Dejo mi pequeño bolso en una de las mesas y, en silencio absoluto, levanto mi vestido, me arrodillo y comienzo a gatear hasta llegar a William.

Beso sus zapatos y lentamente voy subiendo por todo su cuerpo hasta llegar a su barbilla. Desde ese punto lo acaricio con mi lengua hasta llegar a sus labios.

Es una performance que a él le encanta y me exige hacerlo cada vez que nos reunimos.

Me siento en sus piernas y comienzo a darle húmedos besos en su cuello.

—Amo cómo hueles... —dice mientras toma un mechón de mi cabello y lo aspira con profundidad.

No respondo. Solo sigo en mi tarea, intensificándola poco a poco.

Hasta que, sin previo aviso, William se levanta, sin tener el cuidado de sujetarme para no caerme.

Quedo sentada en la alfombra, mirándolo con reproche, mientras acomodo una tira de mi vestido que había caído por mi hombro.

Hijo de puta, pensé.

—¿Qué me dijiste que estudias?

—Periodismo —respondo escuetamente, frunciendo el ceño por su pregunta.

—Periodismo... —repite mirando el impresionante paisaje.

Se queda en silencio unos segundos. Yo me levanto y cruzo los brazos, observándolo molesta.

—Mi querida y hermosa Ali. He pensado tanto en ti.

—¿Ah, sí? —respondo sin emoción, arqueando una ceja.

—Sí... ¿sabes? Hace un tiempo he estado pensando en alguien que pueda hacer negocios.

Me mira de pies a cabeza, inhala de su puro y sonríe burlesco.

—¿Y? —pregunto cortante. Él no es una persona que tenga extensas conversaciones.

Siempre que nos vemos, ni nos saludamos. Hago presencia como a él le gusta: follamos duro, sin pudor, sin vergüenza. Descansamos unos minutos para luego entregarme un sobre con dinero. Siempre efectivo, nunca transferencia.

Hemos hablado un par de cosas banales, pero nunca a gran detalle. Si algo tenemos en común, es lo herméticos que somos con nuestras vidas.

—Necesito a alguien de mucha confianza en mis filas. Necesito a una chica inteligente y hermosa que me ayude en... algunos asuntos.

Me toma de la mano, dándome antes un beso en esta. Me mira a los ojos y me dirige al balcón del lugar, donde estaba preparada una cena digna de reyes.

Me invita a sentarme. Él se recuesta en su silla y me mira fijamente, con una sonrisa burlesca en su rostro.

—Pensando, pensando y pensando quién podría ayudarme... me acordé de ti. Una joven chica, hermosa, inteligente... con una personalidad desafiante.

—Gracias por el cumplido... —interrumpo, mientras me sirvo una copa de vino—. ¿Qué necesitas de mí esta noche?

Pregunto notoriamente aburrida. Detesto las conversaciones incómodas, más aún cuando no tengo interés por la persona. Sin embargo, el paga por cada minuto. Que mi encuentro con él se alargue, no es un problema para mí.

—Digamos que esta cena es de negocios. Me gustaría proponerte un trabajo temporal con gran ganancia.

—¿Cena de negocios? —suelto con una risa incrédula—. Ok... dígame, señor Wright, ¿cuál es su inesperada propuesta?

Entrecruzo mis dedos sobre la mesa y apoyo mi barbilla en ellos, haciendo un poco más notorio mi escote.

—Me gustaría tener una asistente que sea mi mano derecha. Que me entregue la información que necesito...

—Ok...

—Me gustaría que esta asistente entre en el círculo de confianza de The Silent War y llegue al jefe de la banda... Tobías Wood.

Conocía bastante bien a The Silent War. Debes vivir en medio de la nada si no sabes de ellos. Son la banda del momento, todo el mundo los aclama y canta sus potentes canciones. Famosos, guapos y, sobre todo, polémicos.

Sé quiénes son. Pero no son lo que suelo escuchar. Yo soy más de Sabrina Carpenter y Charli XCX... ellas van mucho más con mi estilo.

—¿Y quién mierda es Tobías Wood? —pregunto. Su nombre no me suena para nada.

—Tobías, mi amor, es el productor y compositor de la banda.

Levanto los hombros, sin darle mucha importancia.

—Y es el hermano mayor de Jack Wood.

Omg. Eso sí me sorprende. Jack Wood, el guitarrista de The Silent War. Un hombre enigmático, de bajo perfil, pero con escándalos amorosos muy hot. Sin embargo, de su vida privada se sabe muy poco.

—No estoy entendiendo nada... ve directo al grano.

William suelta un par de carcajadas roncas.

—Necesito saber qué pretende Tobías, con quién trabaja y qué quiere saber.

—¿Saber qué? —levanto una ceja extrañada.

William duda un poco, pero no pierde ese semblante serio y enigmático. Sé leer muy bien a las personas; sé cuándo algo les incomoda, aunque no lo demuestren.

—Tobías está metiendo sus narices donde no debe. Está cada vez más interesado en temas legales y en las finanzas de la banda. Yo llevo un orden pulcro de todo eso.

Esta vez río. No soy estúpida.

—Así que este tal Tobías sospecha de tu excelente trabajo.

Muerdo mi labio inferior y lo miro directo a los ojos. No soy estúpida. Mi astucia es uno de mis más brillantes habilidades.

William frunce el ceño y bebe de su whisky.

—Quiero a ese imbécil fuera de la banda... fuera de mi vida y, sobre todo, lejos de Jack. —Se pasa una mano por el cabello hacia atrás y vuelve a beber—. Necesito saber qué pretende, qué es lo que busca... y, por encima de todo, cuál es su punto débil.

Hace una pausa, mirándome con una frialdad calculada.

—Quiero separarlo de Jack. Y cuando eso pase... comenzaré a potenciar su carrera de solista.

Siempre es la misma historia. No creo conocer a un empresario —o a cualquier hombre con ganancias millonarias— que no juegue sucio. Así es como levantan sus imperios: a punta de maniobras dudosas, movimientos calculados y decisiones capaces de borrar del camino a cualquiera que les estorbe.

William no es la excepción. Lo sé. Siempre me ha parecido un hombre mentiroso, hábil y peligrosamente estratégico.

Y si ahora está tan insistente con Tobías... es porque algo no le cuadra.

—Hay una sola persona en este mundo en la que confío... y que sé que es discreta. Y esa eres tú, mi amor.

—Suena interesante... —respondo, inclinando levemente la cabeza—, pero me gustaría entender

—No tienes que entender nada —me interrumpe de golpe—. Tu trabajo es simple: averiguar los planes de Tobías y encontrar el punto exacto para alejarlo de Jack. ¿Entiendes?

Lo observo unos segundos, en silencio.

—William... no me importan tus motivos ni los planes que tengas —digo finalmente, con calma—. Tampoco me interesa si haces bien o mal tu trabajo...

Hago una pausa, mirándolo directo a los ojos.

—Lo único que me importa es...

Me quedo en silencio. Levanto la mano y hago ese gesto poco elegante, frotando los dedos, el lenguaje universal del dinero.

—Por esto, mi amor... vas a ganar mucho dinero.

—¿Cuánto? —presiono, sin apartar la mirada.

—Quién sabe... quizá unos diez millones... unos quince... no lo sé.

—Quiero un monto exacto —lo corto, con firmeza.

William sonríe apenas.

—Veinte millones. Y vienes con nosotros a la gira, con todo pagado.

Tentador.

—Treinta millones. Más comisión.

El aire se vuelve denso. William me clava la mirada, como si quisiera atravesarme. Por un segundo, el silencio pesa demasiado.

Luego, cambia.

Se relaja. Sonríe.

—Está bien, mi amor. Si ese es tu precio... ¿quién soy yo para discutirlo?

Sonrío de vuelta.

—Gracias.

Ganadora.

—¿Aceptas? —pregunta, arqueando una ceja.

Tomo la copa de vino entre mis dedos, la hago girar con calma y la llevo a mis labios.

No tengo prisa.

—Si esas son las condiciones... acepto.

Acabo de firmar mi sentencia con el mismo diablo.

William se levanta de la silla y en un gesto violento bota toda la comida al piso. Me agarra del brazo, me recuesta en la mesa, me sube el vestido y en un solo movimiento me quita las bragas.

Desabrocha su pantalón y con suma urgencia me penetra de una sola estocada. Ambos gemimos instantáneamente.

—Escúchame bien, putita... aquí el jefe soy yo —gruñe, marcando cada palabra entre embestidas duras.

—Si te doy una orden, no preguntas, no dudas... la cumples. ¿Entiendes?

Intento responder, pero sus dedos invaden mi boca, ahogando cualquier palabra.

No me deja opción.

Solo puedo asentir.

—Escúchame bien, putita... aquí el jefe soy yo —gruñe, marcando cada palabra entre embestidas duras y sin ritmo.

—Si te doy una orden, no preguntas, no dudas... la cumples. ¿Entiendes?

Intento responder, pero sus dedos invaden mi boca, ahogando cualquier palabra.

No me deja opción. Solo puedo asentir.

—Si te digo que ladres, ladras. Si te digo que me des tu patita, lo haces.

—Si se te ocurre escapar, traicionarme o hacer cualquier cosa que me perjudique...

Saca sus dedos de mi boca, pero no me suelta. Me agarra del cabello con fuerza y me obliga a mirarlo. Sus ojos, oscuros, están cargados de una maldad tranquila... y de una seguridad que no deja espacio a dudas.

—Te mato. —Lo dice sin titubear—. Te juro que te mato si me traicionas.

Aumenta la presión en mi cabello, acercándome aún más.

—Si quieres mi dinero... te lo vas a ganar.

Me besa con desesperación, hundiendo su lengua en mi boca.

Respiro agitada, pero no aparto la mirada.

Dinero...

No me importa rebajarme. No me importa la vergüenza, el pudor ni el respeto por mí misma.

Estoy dispuesta a todo con tal de conseguirlo. Porque hay alguien esperando por mí... y no puedo darme el lujo de tardar.

—Te prometo que seré tu más fiel subordinada —susurro, con una sensualidad que sé que lo vuelve loco.

William sonríe.

—Así se habla, mi amor...

Me levanta de la mesa y me lleva a la habitación. Baja mi vestido y comienza apretar mis pechos, comienza a lamerlos y morderlos. Mientras yo alcanzo su miembro y comienzo a masturbarlo.

—Ahora mi  ella Ali, quiero que abras bien esa boquita insolente que tienes y deja que me corra en ella.

¿Qué les puedo decir? Ya se los dije, no me importa nada, mientras me pague soy capaz de hacer mucho más de lo que imaginan.