DEBILIDAD Y PODER
Luke era un femboy de diecisiete años con una apariencia tan extremadamente femenina que resultaba peligrosa en un lugar como la secundaria.
Tenía un enorme y gordo trasero que se balanceaba con cada paso, caderas sumamente anchas que hacían imposible disimular su figura, un largo cabello negro que le caía hasta la mitad de la espalda, facciones delicadas, labios gruesos y ojos grandes que siempre parecían asustados. Su cuerpo era suave, curvilíneo y traicionero. En un mundo que odiaba lo diferente, Luke era el blanco perfecto.
Llevaba años viviendo con miedo constante. Cada mañana iba al colegio sabiendo que probablemente terminaría golpeado, humillado o ambas cosas. Las burlas, los empujones, los robos de sus cosas y las palizas eran el pan de cada día.
Esa mañana no fue diferente.
Billy y sus cuatro amigos lo acorralaron detrás de las gradas del gimnasio. Cinco contra uno. Luke no tenía ninguna oportunidad.
Los golpes llovieron sin piedad. Puños en el estómago, patadas en las costillas, bofetadas en la cara. Luke cayó al suelo hecho un ovillo, intentando protegerse la cabeza con los brazos.
—Ayuda… por favor… —suplicó con voz débil y entrecortada antes de recibir un fuerte rodillazo en el estómago que le sacó todo el aire.
—Cállate, maricón —escupió Billy, mirándolo con asco.
Los demás estudiantes observaban desde lejos. Algunos reían, otros apartaban la mirada. Nadie hizo nada para ayudarlo.
Cuando Luke ya estaba casi inconsciente, sangrando por la nariz y con el labio partido, Billy y sus amigos lo desvistieron entre risas. Le quitaron la ropa con violencia y le pusieron un bra negro y un short negro ajustado que se clavaba en sus caderas anchas y marcaba obscenamente su enorme trasero.
—Ves —dijo Billy con una sonrisa cruel mientras le daba una última patada en las costillas—. Esa es la ropa que debes usar. La de una prostituta.
Los cinco se marcharon riendo, dejando a Luke tirado en el suelo, semidesnudo, magullado y humillado.
Luke se quedó allí varios minutos, temblando, con lágrimas de rabia y vergüenza corriendo por sus mejillas. El short negro se le clavaba en la piel y el dolor de los golpes latía por todo su cuerpo.
Nadie lo ayudó.
Nadie nunca lo hacía.
Un profesor lo encontró tirado en el suelo, semidesnudo y magullado. Luke levantó la mirada con esperanza, esperando al menos una palabra de consuelo.
No la recibió.
El profesor lo miró con disgusto, lo agarró del brazo y lo arrastró hasta la dirección sin decir una sola palabra de compasión. Allí, el director lo regañó duramente, como si él fuera el problema. Lo acusaron de “provocar” a sus compañeros con su forma de vestir y su “actitud”. La víctima era el problema según el sistema, nunca los victimarios.
Como castigo, fue obligado a barrer todos los pasillos de la escuela con la ropa obscena que le habían puesto: el bra y el short negro ajustado que se hundía entre sus nalgas gordas y anchas.
Cada curso por donde pasaba se burlaba de él sin piedad. Las risas, los silbidos y los insultos lo perseguían como una jauría. Cuando llegó al salón de Billy, este y sus amigos estallaron en carcajadas.
—¡Miren a la puta del colegio! —gritó Billy desde su asiento—. ¡Qué bien te queda esa ropa, maricón!
Luke bajó la cabeza, apretando la escoba con fuerza, mientras las lágrimas le ardían en los ojos. Siguió barriendo en silencio, soportando la humillación como siempre.
Hasta que llegó al salón de ciencias, vacío en ese momento.
Mientras limpiaba el piso, sin querer rozó una máquina extraña que pertenecía al profesor. El dispositivo se activó con un zumbido bajo y emitió un rayo láser verdoso que impactó directamente en su pecho. Luke sintió un calor extraño recorrer su cuerpo, pero nada más. Sacudió la cabeza y decidió salir del salón antes de que alguien lo encontrara allí.
La hora del almuerzo llegó.
Billy y su pandilla lo encontraron en el patio, sentado en una mesa apartada, todavía con la ropa humillante puesta.
—¿Oye maricón, te gusta tu nueva ropa? —se burló Billy, acercándose con sus amigos—. Pareces una puta barata.
—Yo… —comenzó Luke, con la voz temblorosa.
En ese momento algo empezó a suceder.
Su pecho comenzó a expandirse de forma violenta. Los senos crecieron rápidamente, hinchándose con carne suave y pesada. Su trasero aumentó de volumen a un ritmo brutal, las nalgas volviéndose más gordas, redondas y descomunales, rasgando un poco el short ajustado. Todo su cuerpo crecía sin control. Sus caderas se ensancharon aún más, su cintura se marcó de forma imposible y su miembro también mutó, emergiendo de los restos de ropa como una torre de carne erecta y colosal.
Debajo de sus testículos hinchados, un órgano parecido a una vagina se formó, húmedo y sensible.
Cuando la transformación terminó, Luke medía más de 100 metros de altura.
Era una figura titánica y obscena: senos mastodónticos y obesos que se balanceaban pesadamente, un pene gigantesco y erecto que se alzaba como un obelisco de carne, y un trasero colosal que proyectaba una sombra amenazante sobre el patio. Su largo cabello negro ondeaba al viento, y sus facciones femeninas se habían vuelto aún más hermosas y aterradoras al mismo tiempo.
Billy y sus amigos se quedaron petrificados, mirando hacia arriba con la boca abierta, incapaces de procesar lo que veían.
La sombra de Luke cayó sobre ellos como un veredicto final.








