Tu - Kim Namjoon (+18)

Summary

Yuna Cotton siempre creyó que tenía su vida bajo control. Nacida en un mundo de dinero, apariencias y reglas demasiado estrictas, aprendió desde pequeña a sobrevivir entre personas que sonríen mientras esconden algo detrás de cada palabra. Pero todo empieza a cambiar cuando termina cruzándose con Kim Namjoon, un hombre tan elegante como peligroso. Lo que comienza como encuentros inesperados termina arrastrándolos a un mundo lleno de secretos, violencia, deseo y heridas que jamás terminaron de sanar. Porque algunas personas llegan a tu vida para cambiarla. Y otras… para destruirla por completo. ⚠️⚠️⚠️ Esta historia está dirigida a un público (+18) y puede contener lenguaje fuerte, tensión romántica y situaciones emocionalmente intensas. Todo lo narrado es completamente ficticio. No tiene ninguna relación con la vida real de personas, artistas o figuras públicas mencionadas. Los personajes son creaciones originales dentro de un contexto narrativo. Esta obra no busca sexualizar ni representar de forma realista a ningún idol o celebridad, y se solicita respeto tanto hacia la obra como hacia las personas reales que puedan compartir nombres o características similares. Se agradece el respeto hacia el contenido, su autoría y su intención creativa. Besoossss

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Uno


Yuna—

Acababa de colgar con papá, y el silencio que quedó después de la llamada se sintió más pesado de lo que debería.

Dejó el celular sobre la mesa con un pequeño golpe seco y suspiró, apoyando la espalda contra la silla mientras miraba su café con leche ya casi frío.

Siempre era lo mismo.

Las mismas invitaciones disfrazadas de obligaciones. Las mismas palabras: "te conviene estar ahí", "es importante para tu futuro", "debes aprender a moverte en ese tipo de ambiente".

Ambiente.

Yuna soltó una pequeña risa sin humor.

Si había algo que odiaba más que esas reuniones... era la palabra elegante que usaban para describirlas.

Porque ella sabía perfectamente lo que eran en realidad.

Un desfile de apariencias.

Gente con sonrisas ensayadas, con miradas que juzgaban en silencio, con conversaciones tan vacías que parecían guiones mal escritos. Mujeres que observaban cada detalle como si fuera un examen. Hombres que hablaban de negocios como si eso definiera su valor como personas.

Y lo peor...

Es que todos fingían disfrutarlo.

Yuna nunca había encajado ahí.

Ni cuando lo intentó.

Porque sí, lo había intentado.

Recordaba perfectamente la última vez que asistió. Tenía diecisiete años, un vestido que su padre había elegido por ella, y una sonrisa que le dolía mantener.

Se había reído.

Nada exagerado, nada fuera de lugar.

Pero lo suficiente para que una mujer, elegante y perfectamente maquillada, la mirara con desaprobación.

"Una señorita debe ser más discreta."

Desde ese momento, algo en Yuna se rompió.

O tal vez... despertó.

Porque decidió que si ese mundo no la aceptaba como era, entonces no valía la pena pertenecer a él.

Y desde entonces, dejó de intentarlo.

Prefirió ser "demasiado".

Demasiado honesta.

Demasiado directa.

Demasiado ella.

Giró la cuchara dentro de su taza, viendo cómo el café formaba pequeños remolinos que desaparecían en segundos.

Le gustaban esos momentos.

Simples.

Silenciosos.

Donde no tenía que ser nada para nadie.

El celular vibró.

Yuna ni siquiera miró la pantalla antes de contestar.

—¿Qué pasó? —bufó, sin molestarse en suavizar el tono.

—La necesidad tuya de responder con tanta energía, amiga... —la voz de Doyun llegó cargada de sarcasmo—. ¿Sigues en casa de Minji?

Yuna rodó los ojos, aunque él no pudiera verla.

—Pues obvio.

—¿Puedo ir? Las extraño.

Yuna apoyó el codo en la mesa, sosteniendo su cabeza con la mano.

—Sí, vente. Así hacemos algo.

Hubo una pausa.

Yuna entrecerró los ojos.

—Oye... —dijo él— ¿está el primo de Minji en casa?

Yuna dejó escapar una risa corta.

—Eres un enfer—

Pero no terminó.

Minji apareció de la nada y le arrebató el teléfono

—¡Ya basta, eres un cerdo, Doyun! ¿Dónde dejaste tus modales? —gritó—. ¿Aló?... ¿Doyun?

Silencio.

Minji miró la pantalla.

—Maldita sea, este imbécil.

Yuna soltó una risa, llevándose la taza a los labios.

—Deberías dejar de ser tan celosa. Sabes que se gustan desde hace tiempo.

Minji se giró lentamente hacia ella.

Esa mirada.

—Sabes lo inestable que es Doyun.

Yuna levantó las manos, divertida.

—Lo sé... pero también sabes cómo es él. No cambia.

Minji suspiró, pasándose una mano por el cabello antes de salir al jardín.

Yuna la observó un segundo.

Minji siempre había sido así.

La fuerte.

La que protegía.

La que cargaba con todo sin quejarse.

Había estado ahí para Yuna cuando más la necesitó... cuando su ex la dejó sintiéndose como si no fuera suficiente. Y también había estado para Doyun, cuando pensó que nadie lo iba a aceptar.

Personas como Minji... no se encontraban dos veces.

Yuna dejó la taza en el fregadero, lavó lo que había usado y salió al jardín.

Y entonces lo vio.

Y se quedó quieta.

El hombre frente a Minji... no era simplemente atractivo.

Era... demasiado.

Alto, con una presencia que llenaba el espacio sin esfuerzo. Su postura era recta, segura, como si supiera exactamente quién era y no necesitara demostrarlo. Su piel trigueña contrastaba con la camisa clara que llevaba, ligeramente arremangada, dejando ver sus antebrazos.

Sus manos estaban metidas en los bolsillos.

Relajado.

Pero no descuidado.

Y su rostro...

Yuna se encontró observándolo más de lo necesario.

Los labios, definidos. El cabello, apenas desordenado, como si no lo hubiera intentado demasiado... pero aun así se viera perfecto.

Ese tipo de hombre.

El que no parecía real.

Minji notó su presencia.

—Mira, Yuna. Te presento a mi nuevo vecino. Él es Kim Namjoon.

Yuna levantó la mano casi por inercia.

Pero él habló primero.

—Hola, soy Kim Namjoon. Mucho gusto.

Sonrió.

Y los hoyuelos que se formaron en sus mejillas fueron completamente injustos.

Yuna sintió algo extraño en el pecho.

Ridículo.

Se quedó sosteniendo su mano un segundo más de lo normal.

Demasiado.

—Hola... Yuna Cotton —dijo, soltando una pequeña risa nerviosa.

Algo que no le pasaba casi nunca.

Antes de que alguien pudiera decir algo más, la puerta trasera se abrió.

—¡Namjoon!

Un chico alto, rubio y absurdamente hermoso apareció.

Literalmente parecía sacado de un anime.

Namjoon suspiró apenas.

—Lo siento, debo irme. Un gusto.

Y se fue.

Sin más.

Yuna lo siguió con la mirada hasta que desapareció.

Y entonces suspiró.

Claro.

Porque ese tipo de hombres nunca estaban disponibles.

Sintió la mirada de Minji sobre ella.

—Vi cómo lo miraste.

Yuna la abrazó, riéndose.

—Cómo se nota que me conoces. Pero da igual... no tengo oportunidad.

—¿Por qué? ¿Porque es mayor?

Yuna negó con la cabeza, divertida.

—No... es gay.

Minji soltó una carcajada.

—¿Y eso de dónde lo sacaste?

Yuna se encogió de hombros, pero en el fondo tenía sus razones.

—No sé... es demasiado seguro sin intentar impresionar. No me miró como los demás hombres. Y además...

Hizo una pausa.

—Los hombres así nunca están disponibles.

Minji negó con la cabeza, todavía riendo.

—Tiene 32.

Yuna abrió los ojos.

Peor.

—Ya es hora de dejar de fijarme en hombres imposibles.

Entraron a la casa justo cuando sonó el timbre.

Minji corrió emocionada.

Unos segundos después...


—Buenas, buenas, mis queridísimas.

Doyun.




La tarde siguió cayendo sobre Seúl como si no tuviera prisa.

En la casa de Minji, el ambiente era exactamente lo que Yuna siempre imaginaba cuando pensaba en "paz"... si no fuera por el caos constante que Doyun traía consigo.

Primero fue un juego de mesa que terminó en discusión.

Después una discusión que terminó en risas.

Y luego una película que nadie realmente estaba viendo.

Minji estaba obsesionada con controlar todo: que nadie dejara basura, que nadie peleara demasiado, que todos comieran. Doyun, por otro lado, parecía existir solo para molestarla.

Y Yuna...

Yuna estaba en medio.

Observando.

Riéndose a veces.

Pero con la mente en otro lado sin saber exactamente por qué.

Cada tanto, sin querer, le venía a la cabeza la imagen de Namjoon.

Su voz.

Esa calma irritante.

Y sobre todo... la forma en que la había mirado sin esfuerzo.

Como si no tuviera que intentar nada.

Eso era lo que más le molestaba.

Porque Yuna estaba acostumbrada a leer a las personas rápido.

Pero con él...

no había logrado nada claro.

Se levantó de golpe cuando su alarma sonó.

—Me voy a cambiar —dijo, ya caminando hacia las escaleras.

—¿Ahora? —se quejó Minji— te vas a ir otra vez?

—Sí —respondió simplemente—. Necesito salir.

No explicó más.

Porque no sabía cómo explicarlo.

Salir a correr no era un hábito.

Era una necesidad.

Yuna lo entendió años atrás, cuando se dio cuenta de que su mente era demasiado ruidosa cuando se quedaba quieta.

Correr era la única forma de bajarle el volumen al mundo.

Se cambió rápido, bajó las escaleras y se colocó los zapatos sin esperar a nadie.

—Lista —dijo.

Minji la miró con los brazos cruzados.

—Me vas a dejar sola con Doyun...

—Ahora yo soy el problema —dijo él desde el sofá.

Yuna los ignoró.

—No se maten —fue lo único que dijo antes de abrir la puerta.

Y la cerró detrás de ella.





El aire de la noche la golpeó en la cara.

Perfecto.

Frío suficiente para despertarla.

Su respiración se acomodó casi de inmediato cuando empezó a correr.

Uno... dos... tres...

El ritmo era automático.

El cuerpo sabía lo que hacía aunque la mente no estuviera del todo presente.

Porque hoy... por alguna razón... Yuna no podía dejar de pensar.

En Namjoon.

En cómo alguien podía ser tan tranquilo.

Tan seguro.

Tan... inalcanzable sin siquiera intentarlo.

Por eso había decidido que era gay.

No era algo racional.

Era más fácil así.

Más seguro.

Porque si él no estaba disponible... entonces no había riesgo.

No había expectativa.

No había posibilidad de que su mente empezara a imaginar cosas que no debía.

Y eso era lo que Yuna hacía cuando algo le interesaba demasiado.

Se imaginaba demasiado.

Así que lo cortaba antes.

Siempre.

El sonido de sus audífonos la envolvía mientras doblaba la esquina del parque.

El mundo desaparecía.

Solo quedaba el ritmo.

Hasta que dejó de mirar.

Hasta que chocó.

Fuerte.

El impacto la detuvo en seco.

—Mierda —soltó, dando un paso hacia atrás.

Levantó la vista.

Y su corazón, por alguna razón absurda, reaccionó antes que ella.

Kim Namjoon.

Otra vez.

—Tienes que fijarte por dónde vas —dijo él con calma, como si el choque no lo hubiera afectado en absoluto.

Yuna frunció el ceño.

—¿Y si el que no se fijó fuiste tú?

Namjoon soltó una pequeña risa.

Baja.

Controlada.

—Siempre tan directa...

—Y tú siempre tan relajado —respondió ella.

Se quedaron mirándose.

Otra vez.

El mundo alrededor parecía más lento de lo normal.

Namjoon dio un paso hacia ella.

Solo uno.

Pero suficiente para cambiar el aire entre los dos.

—¿Sabes qué edad tengo, Yuna? —preguntó.

—No me interesa —respondió rápido—. Y deberías disculparte. Me tiraste.

Él arqueó una ceja.

—No caíste.

—Casi.

—Entonces estás exagerando.

Yuna apretó los labios.

—Qué clase de caballero discute así.

Namjoon soltó una risa más clara esta vez.

Y se inclinó un poco hacia ella.

Demasiado cerca otra vez.

Podia oler el perfume mezclado con sudor.

—No sabía que estabas buscando uno.

El tono era ligero.

Pero la mirada no.

Yuna sintió el impulso de retroceder.

Pero no lo hizo.

Eso fue lo peor.

—Solo alguien con modales básicos —respondió.

Namjoon bajó la mirada un segundo.

A sus labios.

Muy rápido.

Pero suficiente.

—Entonces no deberías chocar con desconocidos —murmuró.

Yuna sintió algo extraño en el estómago.

Molesto.

Confuso.

—Tú tampoco te apartaste.

—No quise.

Silencio.

Otra vez.

Más pesado.

Más difícil de ignorar.

Yuna soltó una risa pequeña, como si eso pudiera romper la tensión.

—Eres raro.

—Tú eres intensa —respondió él.

Eso la hizo levantar la mirada.

—¿Intensa?

—Sí.

La forma en que lo dijo no era un insulto.

Era observación.

Como si realmente la estuviera viendo.

No juzgando.

Solo... viendo.

Namjoon alzó la mano lentamente.

Y esta vez no la tocó del todo.

Solo rozó su brazo.

Ligero.

Controlado.

Pero suficiente para hacer que Yuna se quedara quieta.

—¿Sigues esperando una disculpa? —susurró.

Yuna tragó saliva.

—Tal vez...

Él sonrió.

Pero esta vez no había humor completo.

—No creo que quieras eso.

La forma en que lo dijo...

hizo que algo en Yuna se apretara.

Incomodidad.

Curiosidad.

Ambas cosas a la vez.

Namjoon dio un paso atrás.

Rompiendo la burbuja.

Demasiado rápido.

—Ten más cuidado por dónde caminas, Yuna —dijo, volviendo a su tono normal.

Pausa.

Y luego, antes de girarse:

—La próxima vez... puede que no me aparte.

Y se fue.

Yuna se quedó quieta.

Con la respiración ligeramente acelerada.

Con el cuerpo aún recordando el roce.

Con la mente haciendo algo que odiaba:

pensando demasiado.

—Qué raro... —murmuró para sí.

Pero no se movió de inmediato.

Porque por primera vez en mucho tiempo...

no estaba segura de haber leído bien a alguien.




Cuando llegó de vuelta a casa de Minji, ya era de noche.

La puerta se abrió con el sonido de risas y olor a comida.

—Finalmente apareces —dijo Minji.

Doyun levantó la mano desde el sofá.

—Sobrevivió.

Yuna entró sin decir mucho.

Pero algo en ella no estaba igual.

Se quitó los audífonos lentamente.

Y se quedó mirando la mesa.

Como si todavía estuviera en otro lugar.

—¿Estás bien? —preguntó Minji.

Yuna tardó un segundo en responder.

—Sí...

Pero no estaba del todo segura.

Porque por alguna razón absurda...

la única cosa en la que podía pensar era en un choque en medio del parque.

Y en unos ojos que no se olvidaban fácil.









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