✧Dulce coincidencia✧ Satosugo♥
✧Primera coincidencia✧ (viaje en metro)
—Solo váyanse y disfruten sus tareas de vacaciones— solté con una risa hacia mis alumnos, quienes se quejaron en protesta.
Las vacaciones de verano habían iniciado y, aunque podría decir que tenía algo de libertad, no era del todo cierto. Las jornadas terminaban temprano para los chicos, pero como maestro aún debía asistir a juntas por las tardes.
De camino al auditorio, alguien a lo lejos llamó mi atención.
Parecía de mi edad... quizá un poco más joven.
Y totalmente mi tipo.
Llevaba varias cajas en las manos. Lo vi entrar al auditorio, permanecer un rato y luego salir.
No supe por qué, pero me quedé observándolo hasta que llegó la hora de la reunión. Después de eso, solo revisé mis pendientes y el resumen del mes de mis alumnos.
14:30 p.m.
—Satoru, llegas tarde —acusó Masamichi Yaga, el director.
—Vamos, vamos, no seas pesado. Solo son unos minutos. Además, los reportes de mis alumnos son excepcionales... como yo.
Le guiñé un ojo y dejé la carpeta frente a él antes de sentarme en mi lugar.
—Como saben, al regreso debemos elegir al siguiente subdirector. Hemos estado turnándonos para cubrir el puesto, pero no puede seguir vacío —anunció Yaga.
Presté poca atención.
Mientras los demás hablaban, me enfoqué en el vaso de café frente a mí.
Así que era eso...
Lo probé... y no pude evitar hacer una mueca.
«Demasiado amargo»
Varias miradas de desaprobación cayeron sobre mí.
—¿Qué? Alguien dejó esto. Saben que odio lo amargo. ¿Dónde está mi latte de caramelo?
—Oh, qué tonta... ¿te refieres a este? —Utahime dio el último sorbo y dejó el vaso sobre el escritorio—. Creo que se terminó.
La miré entrecerrando los ojos.
Era insufrible.
La reunión terminó, pero tendríamos que volver al día siguiente para elegir al nuevo subdirector.
Como el día anterior había salido y bebido de más, dejé mi auto, así que terminé en la estación del metro.
Y ahí estaba.
De nuevo.
Mi visión no me engañaba: era atractivo.
Lo seguí con una distancia prudente. Subió a un tren que iba en dirección contraria a la mía... y aun así lo seguí.
Se sentó. Había asientos libres cerca, pero me quedé de pie, observándolo con descaro disimulado. Revisaba su teléfono mientras bebía de un vaso igual a los que había dejado en el auditorio.
Supongo que a él sí le gustaba lo amargo.
El viaje fue corto. Bajó en una estación no tan lejana de la preparatoria.
Me siento como un acosador....aunque, siendo honesto, tenía su encantó.
Caminó varias calles hasta llegar a una zona comercial. Se detuvo frente a una pastelería y entró.
Me quedé afuera unos segundos, fingiendo revisar el teléfono... aunque en realidad estaba viendo la página del lugar.
“Suguru Geto”. Suena bien.
Había ido por él... pero definitivamente me quedaría por los postres.
Todo lucía increíble en las fotos.
Entré. —Buenas...—¡Un momento! —respondieron desde la parte de atrás. Un delicioso olor a galletas recién hechas llenó el lugar. Y entonces apareció. Suguru Geto salió de la cocina, quitándose una malla del cabello.
Ahora lo llevaba recogido en un moño descuidado, con un mechón cayendo sobre su rostro.
Se veía... ridículamente bien.
—Oh. El tipo del metro.
Mi boca se abrió en sorpresa.
—¿Qué? ¿Cómo? ¡No te estaba siguiendo, lo juro!
Soltó una risa baja, negando con suavidad.
—Tranquilo. Te recuerdo por tu cabello. Es bastante llamativo.
—Sí... supongo —me aclaré la garganta—. Geto, ¿correcto? Asintió, volviendo a esa expresión tranquila.
—Aunque preferiría que me llames Suguru. Bien, persona no acosadora, ¿en qué puedo ayudarte? Sonreí.
—Vine por un postre... pero esas galletas huelen increíble. ¿Puedo ordenar de esas? Lo pensó un segundo antes de asentir.—Son una receta nueva. Supongo que me vendría bien la opinión de un cliente.
Se colocó nuevamente la malla y caminó hacia la cocina.
—Toma asiento. No tardaré. ¿Deseas algo de beber?—Un latte de caramelo salado, por favor.
Asintió y desapareció tras la puerta. Tomé asiento cerca del mostrador.
El lugar era acogedor... demasiado.
Cálido. Bien cuidado.
¿Tendrá novia?
La mano femenina en la decoración era casi evidente.
Minutos después volvió.
Las galletas se veían increíbles: algunas con chispas, otras con coberturas de mermelada, di un sorbo al café y sonreí.
«Maldita Utahime.»
—El mejor que he probado —dije, asintió y se apoyó frente a mí, acercando el plato.
Tomé una con cobertura verde.
Y... wow.
—¿Rica, verdad? Esa es de chocolate, matcha y macadamia.
—Creo que me enamoré —murmuré—. Está deliciosa. ¿Cómo no conocía este lugar antes?
—No gasto mucho en publicidad. Mis hermanas me ayudan con redes, pero al estar cerca de una zona escolar, el flujo es suficiente.
Asentí, escuchándolo mientras seguía comiendo.
Así que eran sus hermanas.
Tiene sentido.
—Increíble... ¿y no es difícil cuando hay mucha gente? Seguramente tu novia te ayuda.
Arriesgado.
Pero necesario.
—No hay una de esas —respondió con calma—. Aunque hace poco contraté a dos chicos que estudian cerca.
Pausa.
—De hecho, están llegando tarde.
Miró el reloj y negó.
—Bueno, así son los estudiantes irresponsables. Te lo digo yo que soy maestro— solté con una risa
—. Siempre hay uno o dos que son una patada en el culo. De hecho, conozco un par que son insop...— me quede a media palabra,
La puerta se abrió de golpe.
Risas.
Voces.
—¿Profe Gojo?
Me giré lentamente.
—Hablando del diablo...
Itadori se acercó y me dio unas palmadas en la espalda
.—Vamos, profe, usted nos adora. ¿Puedo tomar una? Megumi, ven, toma una.
—No quiero. Déjalas ya —respondió Megumi.
Sin pedir permiso, Itadori tomó dos de mis galletas.
Lo miré con intenciones asesinas.
Las galletas que mi futuro esposo me dio.
—Llegan tarde —dijo Geto—. Les pedí que estuvieran aquí a las 15:00.
—Lo sentimos, señor Geto. El club se retrasó —explicó Megumi, dándole un golpe a Itadori en la cabeza cuando intentó robar otra.
—Está bien. Avísenme la próxima vez.
Luego me miró y sonrió levemente..
—Espero verte seguido. El café y las galletas van por la casa, ya que los chicos se comieron varías.
Sonreí.
—Vendré a diario.
—Créale, jefe —dijo Itadori
—. Es obsesivo con lo dulce.
Lo fulminé con la mirada.
Megumi volvió a golpearlo.
Ese chico sí tiene futuro.
Los tres entraron a la cocina.
Yo terminé mi café, la última galleta... y salí.
El sol estaba en su punto más alto.
Miré al suelo, sonriendo.
Tiene esa clase de rostro del que uno no podría cansarse nunca.
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✧ SEGUNDA COINCIDENCIA ✧(Día difícil)
—¡No! Me niego. Aún debo encargarme de la competencia de matemáticas. Me rehúso a ser subdirector —sentencié, levantándome de mi asiento.
Yaga me miró y negó con cansancio.
Odiaba tener demasiadas responsabilidades.
—Satoru, si tomas ese puesto habrá más donaciones y cooperación de los padres. No solo para matemáticas y física, sino para todos los departamentos.
—Es tu problema, Yaga. Yo no necesito eso. Sabes que si estoy aquí es porque no quise hacerme cargo de la compañía de mi familia. Solo estoy aquí para no aburrirme. Así que, si no quieres que renuncie, declina mi postulación. Detesto tratar con esos vejestorios anticuados.
Salí de la sala sin esperar respuesta.
La reunión se había alargado demasiado.
16:30 p.m.
Si me apresuraba, llegaría a la cafetería de Geto a las 17:00... si no había tráfico.
Golpeé ligeramente la pared, frustrado, y avancé hacia el estacionamiento. Por suerte, había dejado el auto cerca de la salida.
Me acomodé la ropa antes de subir y saqué una paleta de fresa de la guantera.
—¡PROFE GOJOOOOOO!
—Esa voz...Bajé la ventanilla.
Ahí estaba Yuji Itadori, con las manos apoyadas en el capó.
—Creí que en vacaciones no tendría que verlos —rodé los ojos—. ¿Qué necesitas, Yuji?
—No diga eso como si nos odiara... —hizo un puchero—. Va a la cafetería del jefe, ¿verdad?
Sí iba a ir. Pero no pensaba admitirlo.
—No. ¿Algo más?
—Oh, vamos, por favor, lléveme. Reprobé geografía y me tocó venir a clases, se me hizo tarde y pronto cierran. Iba a pasar por Fushiguro, pero si voy en metro no llegaré. Por favorcito.— el junto sus manos rogando
Entrecerré los ojos... y suspiré.
—Sube, sube. Tu apuesto profesor te llevará con tu amiguito.
Yuji subió de inmediato.
El camino fue corto, y por suerte no hubo tráfico. Apenas llegamos, salió corriendo en busca de Megumi Fushiguro. Yo entré detrás, con calma.
Tiré la paleta antes de cruzar la puerta.
—Oh, cosa 1 y cosa 2... ¿no tienen más amigos?
—Nobara —respondió Itadori—, pero se fue de viaje a Europa y nos abandonó.
—No es mi amigo —añadió Megumi—. Es una molestia que debo vigilar o se meterá en problemas.
—Vamos, Megumi, solo una vez incendié el salón de química, y fue culpa del de atrás.
Megumi hizo una mueca y lo golpeó.
—Así que fueron ustedes... ¿debería acusarlos con Yaga? —acaricié mi barbilla, sonriendo con malicia.
—Por favor, no...
—Solo bromeo. No estoy en posición de acusar a nadie. ¿Saben que quieren que sea subdirector? No me imagino conviviendo con esos vejestorios. Solo de pensarlo siento que envejecí diez años.
Recorrí el lugar con la mirada.
No estaba.
Qué decepción.
Me senté mientras los chicos comenzaban a limpiar. Apoyé los brazos sobre la mesa... y, sin darme cuenta, me quedé dormido....
Un leve movimiento me despertó. Frente a mí había una taza de chocolate caliente.
El aroma era... increíble.
—Debiste estar muy cansado.
Levanté la mirada.
Suguru Geto estaba frente a mí, con una ligera expresión divertida. El lugar ya estaba cerrado. Solo una luz cálida iluminaba el espacio. Su cabello suelto caía con naturalidad, y el delantal atado a su cintura... lo hacía ver peligrosamente bien.
—Lo siento... creo que me dormí profundamente.
—¿Día duro?
Asentí, haciendo una mueca.
—¿Y los chicos?—Se fueron en cuanto llegué. No me atreví a despertarte... parecías cómodo.
Señaló la taza.
—Tómalo. Es especialidad de la casa.
Sonreí y la acerqué a mí.
Tenía razón.
Era delicioso.
—Creo que subiré de peso si vengo por esto a diario —murmuré—. Está increíble. Cuando te vi, no creí que fueras del tipo que disfruta lo dulce.
—No lo soy —respondió con calma—. Pero se me da bien prepararlo. De hecho, no me gusta el dulce... pero hace un tiempo conocí a alguien que sí. Así que aprendí repostería.
Pausa.
—Solía ser chef.
Lo miré con más atención.
—Quizá algún día podrías invitarme a cenar... si no es molestia.
—Por supuesto —respondió sin dudar—. Me aseguraré de hacerte algo especial.
Ah.Eso...
Eso definitivamente fue algo.
Su mano se acercó de pronto, limpiando la comisura de mis labios con suavidad.
Mi corazón dio un salto.
—Tenías un poco de chocolate ahí.
—Gracias... —murmuré, sin apartar la mirada.
Había un leve aroma a cigarro en él.
Y, curiosamente, no me molestó en absoluto.
Nuestra charla se extendió un poco más.
Cuando dieron las diez, me levanté.—Mis vacaciones empiezan mañana. Quizá venga a pasar el rato.—Claro —respondió—. A los chicos les encantará verte seguido.
Hice una mueca.
Cierto.
Ese detalle.
—Es tarde... ¿vives cerca? Puedo llevarte.
Negó.
—Estoy bien. Vivo cerca, puedo caminar.
—Nos vemos entonces.
Salí, subí al auto... y apoyé la frente en el volante, sonriendo.
Todo iba bien.
Y casi sin esfuerzo.
Definitivamente sería mío antes de que terminara el verano.
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—Megumi, estoy en casa.Escuché pasos bajando las escaleras.
—¡Itadori, no!
Me quedé quieto al ver a Megumi intentar cubrirle los ojos...
sin éxito.
—¿El profe Gojo es tu papá?
—preguntó Itadori, impactado.
Contuve la risa.
—No. Soy su benefactor.
—¡No es justo! Con razón siempre sacas diez...
—Solo sería una molestia decirlo —respondió Megumi con calma—. Vamos a mi habitación.
—¿Ya cenaron?
—Pedimos sushi. Quedó un poco en la cocina.
Asentí mientras subían corriendo.
Pasé el pulgar por la comisura de mis labios, donde Suguru había tocado antes...
Y sonreí.
Supongo que ahora tendré que venir por Megumi a diario...