Capítulo 1

Las flores de cerezo brindaban un hermoso panorama en el jardín de aquella residencia de color perlado, los grandes ventanales y los cinco pisos que tenía. Su estado bien conservado daba la apariencia de ser pura comodidad y de alguien bien económicamente, todo aquello contrastaba con el frío de su interior, sobre todo si aquel frío era liderado por una mujer mayor de melena rubia.
—¡¡Hermana, hermana!! —gritaba una niña de seis años, corriendo hasta la habitación de su hermana mayor.
—¿Qué sucede, Miyu? —despegó sus ojos del libro que leía para prestarle atención.
—¡Mamá trajo otra vez a uno de esos hombres! —mencionó con la voz alterada.
Y es que a pesar de tener seis años de edad, la pequeña Miyu se daba cuenta de las cosas (no tan específicamente). Pero sabía que ver a tantas personas entrando a su casa, y sobre todo a la habitación de su madre... no era buena señal.
La jovencita suspiró.
«Otra vez trajo a uno de sus amantes»
—Quédate aquí conmigo. Podemos hacer algo juntas.
—De acuerdo. —agachó la cabeza y tomó asiento cerca de ella —¿Me cuentas qué estás leyendo? —la mayor esbozó una sonrisa.
—Claro que...
—¡¡¡RIN!!!
Un grito exaltó a las dos. Ese grito era de su madre, aunque más que un grito era un llamado. La mencionada miró a su hermana menor, dedicándole una sonrisa tranquilizadora, aunque su cuerpo le empezaba a temblar.
—Quédate aquí, —dejó de lado lo que hacía, disponiéndose a salir —no abras la puerta a menos que sea yo, ¿de acuerdo?
—¿Estarás bien?
—Siempre lo estoy.
Salió a pasos débiles de su habitación, bajó a la segunda planta y antes de ingresar tocó suavemente, antes de tener la autorización de su madre.
—Madre, ¿qué sucede?
Su cabeza estaba agachada. No quería mirar lo que tenía delante, porque ya lo había visto suficiente antes. Mantener la vista baja era su forma de evitarlo, aunque sabía que seguía ahí. En su mente se repetía una y otra vez: “todo está bien”, “no pasa nada”, “no hay nada”... pero la realidad seguía frente a ella.
—Tráenos dos champagne. —escuchó una risa por parte del susodicho.
—No hay más champagne.
—¿Te fijaste bien? —la mujer arqueó una ceja, mirándola de arriba abajo.
—Sí.
—La tratas como si fuera tu empleada. —oyó la voz masculina —¿Cómo te llamas? —la pregunta la tomó desprevenida.
—Responde, niña. —dijo su madre.
—Rin Kisaragi.
—Bonito nombre, Rin.
Escuchó a su madre decir algo más, pero no entendió.
—Tráenos lo que sobre, y apúrate. Sabes que no me gusta esperar. —ordenó la mayor.
Atendió rápido y salió con paso apresurado. Tomó una de las pocas botellas de whisky que quedaban y sirvió en dos copas. Colocó todo en una bandeja y volvió a subir. Esta vez sí tenía que mantener la mirada al frente, si se caía, le podía costar caro. Ya lo sabía muy bien.
—Pase.
La castaña así lo hizo. Con la mirada algo elevada pero evitando mirar a los dos, fue con su madre y le ofreció la bandeja.
—¿Qué se supone que es eso? ¿Agua de pintor? —se burló el hombre al ver el líquido.
—Whisky, ¿sabes lo que es tomarlo? —escupió la madre de la joven, molesta por la ofensa.
—He tomado de los mejores, por eso que eso. —señaló las copas —Me parece una burla absoluta. Hasta mis amantes de una sola noche me invitaban algo mejor.
—¡¡¡Entonces vete con ellas si quieres!!! —exclamó la mujer.
Agarró una almohada y le dio un golpe en la cabeza. El hombre se sobresaltó y la miró completamente desconcertado.
—¡¡¿Estás loca, Nozomi?!!
Los ojos grises de la mujer centellearon.
—¡¡Nadie me viene a faltar el respeto, ¿escuchaste?!!
—¡¡Pero cuando yo te he...!! ¡¡Ah!!
Un adorno de cristal salió volando hacia él, seguido de varias cosas más que había en la habitación. El hombre recogió su ropa del suelo y huyó despavorido antes de que alguno de los objetos lo alcanzara. Nozomi tomó una bata y se la ajustó al cuerpo desnudo. Con una mirada fría, se acercó a su hija.
—Rin.
Ella alzó la mirada para verla por fin. Agradeció que al menos tuviera una prenda puesta. Su madre tomó su mentón y miró fijamente sus ojos marrones, los mismos que había heredado de su padre.
—Tienes el color de ojos del bastardo de tu padre. —farfulló al recordarlo —¿Dónde está tu hermana?
—En mi habitación.
—Bien. —antes de salir mencionó: —Limpia este desastre, no quiero que esté así para cuando regrese.
Ella asintió a duras penas.
Sabía perfectamente a dónde iría, así que por ahora solo le quedaba obedecer y cuidar de su hermana. Agradeció que fuera sábado y que al día siguiente no tuviera que ir a clases. Esperaba terminar pronto con sus deberes y avanzar con las tareas que le habían dejado. El tiempo no siempre estaba de su lado.
—¿Me peinas, Rin?
—Claro que sí.
El resto del día lo pasó con su hermana, leyendo y jugando; un rato de chicas, como solían decir. Rin peinó con cuidado el cabello rubio de su hermana, que había heredado de su madre, pero tenía los ojos azules de su padre. En cambio, ella solo había heredado el cabello castaño de él y los ojos grises de su madre.
—Rin.
—Dime.
—¿Mamá nos quiere? —ese cuestionamiento le quebró el corazón.
—¿Por qué lo dices?
—Ella nunca está con nosotras, prefiere estar con uno de esos hombres que vienen a casa... —su labio inferior tembló, conteniendo el llanto —¿No nos quiere? —su vocecita rogaba por una respuesta que le diera la contraria.
—Miyu... —dejó de peinarla, con cuidado la volteó, hizo que la mirase —sé que hay cosas que no entiendes por completo debido a tu edad, así como también sé que hay cosas de las que te das cuenta. Nuestra madre... —buscó en su mente las palabras adecuadas —es un tanto complicado lo que puede llegar a sentir por nosotras, hasta para mí es complicado entenderlo. —suspiró — Sin embargo, pase lo que pase, me tienes a mí. Nunca dudes en acudir hacia mí, tú no solo eres mi hermanita pequeña, eres parte fundamental de mi vida, una parte de mi corazón. Siempre estaré para ti, hermana. —besó su frente con cariño ante la mirada cristalina de la menor.
Rin quiso quebrarse en ese instante, pero no podía permitírselo. Una pequeña vida dependía de ella, así como ella dependía de esa pequeña vida.
Días después...
Estudiar y cuidar de su hermana menor era un gran desafío. El timbre sonó dando por finalizada las clases, sus pies salieron despavoridos hasta la escuela de su hermana, debía llegar a tiempo. Ir en bus ya no era necesario cuando sus piernas se acostumbraron al maratón que corría cada día.
—¡Miyu! —llamó la atención de su hermana al observar buscarla con la mirada.
—¡Rin! —se acercó rápidamente. Su hermana la recibió entre sus brazos.
—¿Cómo te fue? ¿Llegué a tiempo?
—¡Sí!
—Qué bien —soltó un suspiro.
—Rin, la maestra quiere hablar contigo. —anunció la pequeña rubia —Creo que está molesta porque no llevé los materiales que pidió.
—¿Materiales?
—¡Sí! Le dije a mamá, pero respondió que no hay dinero —su carita mostró desconcierto —. ¿Es cierto eso?
Su hermana estuvo a punto de responder, pero una voz la interrumpió.
—Hola, ¿tú eres la mamá de Miyu? —una mujer apareció ante ella de la mano de una menor de la misma edad de Miyu.
—Oh, hola... —saludó algo tímida —soy la hermana mayor.
—¡Disculpa la confusión! —rió la mujer, apenada —Nunca he visto a la mamá de Miyu.
—Mi madre anda muy ocupada la mayor parte de su tiempo. —sonrió levemente, tratando de mantener una conversación amena.
—Entiendo, una mujer muy ocupada, ¿eh? —Rin frunció el ceño al notar un pequeño rastro de burla, pero no le dio importancia —En fin, quería saber si Miyu puede hacernos compañía hoy. Mi hija está ansiosa por hacer una pijamada con su amiga.
—¡Sí, pijamada! —festejó la hija de la mujer.
—¿Pijamada? —la castaña observó a su hermana —¿Por qué no me dijiste antes?
—Porque es un plan que hemos hecho hoy. —respondió con voz baja la niña, moviendo su pie, ansiosa.
—¡Ah, qué modales los míos! —dijo la mujer —Soy Ichika Taira.
—Un gusto, soy Rin Kisaragi.
—Tienes un bonito nombre. —sonrió —¿Entonces le das permiso a tu hermana para que pase el día con nosotras?
—Ah... bueno, no es una decisión que solo deba tomar yo, mi madre...
—¡No te preocupes! Pásame el número de tu madre, yo misma le pediré permiso.
Rin carraspeó.
—No creo que...
—¡Por favor, Rin! —los ojos de cachorro de Miyu no podían faltar, eran su debilidad.
—Está bien, le daré el número de mi madre, solo ella tiene la última palabra.
Pasaron minutos para que su madre diera una respuesta, al final, la pequeña Miyu se despidió de su hermana, se verían al día siguiente al culminar las clases. Caminó de regreso a casa, pero una sensación de malestar quiso detenerla antes de que pusiera un pie adentro. Ignoró su malestar y siguió avanzando, unas voces se escucharon de fondo.
—¿Madre?
Lentamente sus pasos fueron hasta la sala, las voces se escuchaban con más claridad.
—Ya estoy en casa. —pronunció más alto para que su madre la escuchara.
—¡Llegas justo a tiempo!
Se sobresaltó al verla. Su cabello rubio, que siempre lo traía en un perfecto estado, ahora se encontraba despeinado, su perfecto maquillaje ahora se mostraba corrido, y sus ropas a duras penas acomodadas. ¿Qué estaba pasando?
—¿Estás bien? —cuestionó preocupada.
—Estoy perfecta, hija mía —rió.
La joven se percató del estado de ebriedad de su progenitora. Negó lentamente.
—No, no estás bien. Te llevaré a tu habitación.
—¡Nozomi!
Un hombre pelinegro, alto, de ojos rojos apareció ante las dos. Rin tembló al ver tan penetrante mirada. Pero eso no fue todo, un segundo hombre apareció junto al primero, era más bajo, de cabello peliplata y ojos violetas.
—¡Oh, chicos, les dije que esperen! —se aventó a los brazos del peliplata, para besarlo con fervor, seguido de eso, se lanzó a los brazos del otro para hacer lo mismo.
Su hija veía la escena con el rostro desencajado. Sus piernas le pedían moverse hasta su habitación.
—Rin. Ellos son Naraku y Hakudoshi, son mis mejores amigos —presentó Nozomi con una radiante sonrisa —¡Saluda!
Ella solo hizo un asentimiento de cabeza.
—Quería hablar contigo, madre, pero ahora no estás en tus cinco sentidos. Iré a mi habitación —antes de que pudiera dar un paso, su madre la detuvo.
—Rin... —susurró la rubia —no puedes irte. Hay algo que no te he dicho aún.
—¿Qué? —un escalofrío recorrió su cuerpo al oírla tan maternal.
—Oh mi pequeña. ¿Acaso olvidaste la promesa que me hiciste de niña?
—¿Promesa...?
—Dijiste que siempre podía contar contigo, que siempre me ayudarías.
—¿A qué te refieres, madre? —no entendía que tenía que ver eso en ese momento.
—Nuestra situación económica es crítica.
—Algo así me comentó Miyu. —dijo —¿Es verdad?
—Sí. —decayó su semblante —Mi trabajo no está en su mejor momento. —Rin no supo cómo tomar esas palabras—. Sé muy bien que tú ya no crees en el cuento de que trabajo en una empresa importante. Hace mucho que dejaste de creerlo...
La joven se quedó sin palabras, su madre prosiguió:
—Te seré directa, no tengo más dinero, toda la herencia que les dejó tu padre a tu hermana y a ti ya se acabó. No hay más, por eso necesito que cooperes hasta que yo encuentre nuevos clientes.
—¿Se acabó...? —no lo creía —¡Es imposible! La herencia es demasiada, no puede acabarse en tan solo cinco años...
—Así es la vida, hija querida. La plata no dura para siempre. Los estudios de ustedes, la comida, los gastos de esta casa, ¡imposible que alcance para todo!
Nozomi mostró su preocupación. Ella no iba a seguir arriesgándose a que algo de su plan saliera mal. No le diría a su mayor hija que gastó fuertes cantidades de dinero en apuestas, hombres, vanidades lujosas. ¡Después de todo tenía derecho de hacerlo, ella era la madre! Así que usaba eso a su favor.
—¿Qué quieres que haga? —la pregunta salió por sí sola. Pensó que si su madre le pedía trabajar, ella no tendría objeción alguna, era algo que tenía pensado hacer en cuanto se dieran las vacaciones.
—¿Ves a esos dos? —señaló la mayor —Tú y yo sabemos que mi trabajo no es el más... honesto. Pero últimamente no he podido seguir interesando a mis clientes, ellos desean carne joven, fresca.
Rin se quedó helada, sabía a lo que se refería. Miró a esos hombres, que desde que llegó, no le quitaban la mirada de encima. ¿A caso estaba pensado que ella....?
—Solo será por esta vez en lo que consigo clientes nuevos, ¿bien? —prometió.
—Quieres que me acueste con ellos... —le costó soltar esas palabras, su madre asintió —. ¿Es en serio lo que me estás pidiendo?
—Si quieres te muestro los gastos que hay que hacer este mes. —propuso la rubia —Son demasiados, al menos necesito tu ayuda para cubrirlos, yo cubriré los siguientes como he estado haciendo.
—Madre, por favor... —quiso hacerla entrar en razón —hay otras salidas...
—Solo hazlo. —la rubia miró fríamente a su hija —No quiero unnopor respuesta.
—Solo tengo diecisiete años...
—No he pedido que te hagas la víctima, entiende. ¿Quieres que tu hermana se muera de hambre? ¿Que se quede sin estudios?
—Puedo trabajar, dejaré la escuela si es necesario, pero no estoy dispuesta a...
La bofetada propinada por su madre le hizo voltear la cara.
—¡Eres una inconsciente! —le gritó— Estamos en una situación crítica y te pones a cuestionar lo que te digo... ¡No piensas en tu hermana!
Rin bajó la mirada.
Pensó en Miyu. Su pequeña adoración entre todo ese caos. Si ella hubiera sido hija única, quizás y habría dejado todo atrás, pero... sabía que no podría. Era demasiado débil.
—¿Terminaron de ponerse de acuerdo? —preguntó Naraku con evidente impaciencia.
—Dame un segundo, cielo. —contestó la mujer ante la mirada de su hija —Rin, piensa en tu hermana, no puedes ser tan egoísta de no querer lo mejor para ella.
—Madre... no pretendas que acepte al instante que me acueste con esos hombres. —el nudo de su garganta iba escalando —¡Esto es solo una salida rápida!
—¿Entonces prefieres perder tus estudios? Y que tu hermana pierda los suyos, dime, Rin. ¿Crees que si buscas trabajo alguien te va a contratar? Y si es así te van a pagar una miseria, y los gastos son demasiados. No puedes buscar soluciones comunes cuando tú y tu hermana no saben vivir como la gente común. Nunca lo han hecho, yo me he encargado de seguir dándoles ese estilo de vida desde que nacieron. Y no puedo sostenerlo todo sola, no por ahora.
—Pero... hay otras formas... —le recalcó.
—¿En serio tu egoísmo es más grande que el amor que le tienes a tu hermana?
Aquello fue como una puñalada en el pecho.
—Yo... —intentó hablar, pero la voz se le quebró. Cerró los ojos con fuerza —Yo no...
Miyu...
El amor por su hermana era más grande que cualquier otra cosa.
Flashback
—Rin, la maestra quiere hablar contigo. —anuncio la pequeña rubia —Creo que esta molesta porque no lleve los materiales que pidió.
—¿Materiales?
—¡Sí! Le dije a mamá, pero respondió que no hay dinero. —su carita mostró desconcierto —¿Es cierto eso?
Fin del flashback
—Son muchos gastos... Hace unos minutos me llamaron de la escuela de tu hermana, no he cancelado este mes. Podría quedarse sin estudiar. Y ni que decir sobre la despensa, está vacía. —suspiró —Lo siento, hija. No he podido cumplir con ustedes esta vez. —se oía su aflicción.
—Está bien... lo haré.
Nozomi sonrió. Dejó escapar leve exhalación, como si todo hubiera salido exactamente como lo esperaba.
—Sabía que entenderías. —le dio una suave caricia a su cabello castaño.
Rin no respondió.
Los hombres, que hasta ese momento habían permanecido al margen, intercambiaron miradas breves. La rubia hizo un gesto con la cabeza, indicándoles que se acercaran.
—Será ahora, ¿de acuerdo, Rin?
—¿Ahora? —tragó pesado —Madre... —sus ojos marrones expresaron su miedo.
—Anda a tu habitación —indicó —. Naraku, tú irás primero y después Hakudoshi.
—Pero madre... —Rin trató de protestar.
—Shhh. Ya aceptaste. Solo haz lo que te digo.
Con el cuerpo tembloroso, Rin fue hasta su habitación. Su corazón latía con desenfreno, y su mente no dejaba de maquinar escenarios horribles con esos dos hombres.
Quería llorar.
Miyu...
Sí, solo lo hacía por ella.
Fueron minutos en los que estuvo sentada en su cama, esperando el fatídico momento.
Venderse por dinero...
Tan solo esas palabras la querían hacer vomitar. Pero no tuvo más tiempo de pensar en eso, cuando la puerta fue abierta por el pelinegro de ojos carmín. La lujuria era evidente en su semblante, y su cuerpo se movió hacia ella.
—Sin duda alguna, eres toda una belleza... —expresó él, mirándola de arriba abajo.
—Solo hágalo y váyase. —atinó a decir. Quería acabar con eso cuanto antes.
—Me tomaré mi tiempo.
La joven no dijo nada. Y no podía hacer nada en contra de lo que diga ese hombre. Después de todo él estaba pagando, ¿no?
Odio eso.
El pelinegro comenzó a acariciar el cuerpo femenino, viendo cada detalle.
—No te preocupes, seré cuidadoso.
La recostó lentamente sobre su cama, aún tenía el uniforme puesto, el cual le fue quitando hasta dejarla desnuda.
Rin ahogó un sollozo, pero aun así, no puso más resistencia.
Todo era por su pequeña hermana.
Naraku la besó con desespero, la castaña trataba de seguirle el ritmo. Eso fue una pequeña distracción antes de entrar de golpe en ella.El grito de dolor de Rin fue ahogado por el varón, así como sus lágrimas fueron envueltas en la frialdad de ese lugar. Para la joven fueron los minutos más tortuosos de su vida, no solo tenía que sentirlo encima suyo, también soportaba las palabras lascivas, los besos, chupones y jadeos del hombre.
Los minutos fueron los más tortuosos de su vida.
Quería morirse en ese momento.
Y eso no fue todo. Después de que el hombre se fuera, no sin antes aventarle a la cama unos fajos de billetes, seguidamente entró Hakudoshi.
—Ahora es mi turno. —sonrió con malicia el peliplata.
Hakudoshi la tomó sin ningún rastro de compasión. Al finalizar, otro fajo de billetes fue lanzado de nuevo, pero ella ya no pensaba en nada. Su cuerpo le dolía a montones. Se levantó a duras penas, con paso lento se dirigió hasta el espejo de su habitación, soltó la sábana que cubría su desnudez, y al verse un jadeo tembloroso escapó de sus labios. Su cuerpo se veía fatal, llenó de marcas como si hubiera escapado de una pelea a muerte.
Una lagrima resbalo de su mejilla, seguida de otra y otra, hasta por fin quebrarse por completo.
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—¿Y bien? —indagó Nozomi sentada en uno de los sofás de la sala.
La castaña caminó con dificultad hasta su madre. Dejó los fajos de billetes que le dieron sobre una pequeña mesa de cristal.
—Nada mal. —ansiosa agarró los billetes y comenzó a olerlos, adicta a su aroma —Pero te falta demasiado para que llegues a ser como yo.
Rin no respondió, su semblante era de piedra. La rubia avanzó hasta su hija, para rodearla con sus brazos, maternalmente.
—Oh pequeña Rin, esta es la única vez que haces esto, te lo prometo. —sus palabras sonaron falsas ante los oídos de su hija —Nos salvaste, sin duda tu hermana y yo estamos muy agradecidas.
—Iré a mi habitación. —fue lo único que salió de sus labios.
—Claro, ve. Debes estar muy cansada.
Rin no dijo más. Solo atino a marcharse de ese lugar lo antes posible. No quería escuchar a su madre, de hecho, no quería escuchar a nadie.Se encerró en la soledad de su habitación. Dejo caer su cuerpo sobre su cama, en dónde se hizo un ovillo.
Su mirada estaba perdida.
No tenía siquiera lágrimas que dejar escapar.
Solo quería una cosa por el resto del día: dormir.
Afuera, la vida continua, y las flores de cerezo seguían cayendo, en completo silencio.
🌸•🌸•🌸•🌸•🌸
¡Hola! La verdad es que no era de hacer fics sobre esta pareja, pero no quita que me encante el SessRin, así que aquí estamos. Espero que esta historia sea de su agrado. Sin más que decir, nos vemos en la siguiente actualización. 💞
Advertencia ⚠️
• La historia contendrá contenido +18.
