4 años después
2026.
El tiempo había pasado, pero no con la suavidad que prometía el olvido.
Sheryn Blanchett, ahora con veinticuatro años, estaba sentada frente a su escritorio. Su cabello rojo recogido en una coleta baja caía ligeramente sobre su rostro mientras escribía en su computadora. La luz de la pantalla era lo único que iluminaba la habitación, proyectando sombras suaves sobre las paredes silenciosas.
Era escritora ahora.
O al menos, eso intentaba ser.
En la pantalla, el texto avanzaba lentamente. Historias de terror. Relatos que no siempre sabían si eran ficción o recuerdos disfrazados. A veces se detenía unos segundos, como si buscara algo que no terminaba de recordar con claridad.
La puerta de la habitación se abrió con suavidad.
Marlene entró.
Llevaba una expresión tranquila, casi protectora. El aroma de comida recién hecha la acompañaba incluso antes de hablar.
—Cociné —dijo con voz suave—. Si quieres bajar a comer…
Sheryn giró apenas la cabeza hacia ella. Sus dedos seguían sobre el teclado, sin terminar de apartarse del todo de lo que estaba escribiendo.
—Más tarde —respondió, sin mucha prisa.
Marlene la observó unos segundos. No insistió. Solo asintió con cierta resignación silenciosa, como alguien que ha aprendido a respetar los espacios que no pueden forzarse.
—Está bien —murmuró antes de salir.
La puerta se cerró otra vez.
Y la habitación volvió al silencio.
Sheryn miró la pantalla.
Siguió escribiendo.
En otra parte de la ciudad, Nicole Braun ya no era la misma chica de antes.
Ahora trabajaba como entrevistadora en televisión.
Frente a cámaras, luces y micrófonos, su voz era firme, controlada. Sabía mirar a las personas sin delatar lo que había detrás de su propia historia. Aprendió a sostener conversaciones sin dejar que el pasado interrumpiera el presente.
A su lado, su asistente, Lia Vera, revisaba notas, horarios, y entrevistas programadas con precisión profesional.
Nicole sonreía cuando era necesario.
Hablaba cuando debía.
Pero cuando las cámaras se apagaban…
el silencio a veces pesaba un poco más de lo normal.
El mundo había seguido adelante.
Ellas también.
Al menos, en apariencia.








