-Capitulo unico-⭐
La noche en el Reino Champiñón siempre había sido tranquila… demasiado tranquila para Luigi.
Sentado en el borde de su cama, con las manos temblando sobre sus rodillas, miraba la ventana abierta. La brisa movía suavemente las cortinas, pero no lograba calmar el caos dentro de su pecho.
No era miedo a fantasmas.
No era ansiedad por alguna misión.
Era algo mucho peor.
-Mario… -susurró, apretando los ojos.
El nombre le dolía.
Le dolía porque no era solo su hermano mayor. No era solo su héroe, su compañero de aventuras, su ejemplo a seguir…
Era la persona que hacía que su corazón latiera más rápido sin permiso.
Y eso estaba mal.
Terriblemente mal.
Luigi se llevó las manos al rostro, respirando entrecortado.
Había intentado ignorarlo. Durante meses.
Había sonreído, había actuado como siempre… había fingido que no sentía nada cuando Mario le revolvía el cabello, cuando lo abrazaba después de una misión, cuando le decía “hermanito”.
Pero cada gesto… lo rompía un poco más por dentro.
Porque para Mario… todo era inocente.
Para Luigi… no.
-No puedo más… -murmuró, con la voz quebrada.
Se levantó de golpe. Sus piernas temblaban, pero no podía quedarse ahí. No esa noche. No después de todo lo que había estado guardando.
Salió de su habitación y caminó por el pasillo oscuro. Cada paso parecía más pesado que el anterior.
La puerta de Mario estaba entreabierta.
La luz cálida se escapaba por la rendija.
Luigi se quedó quieto frente a ella… dudando.
“Si entras… todo cambia.”
Lo sabía.
Pero si no lo hacía… iba a seguir rompiéndose en silencio.
Respiró hondo.
Y empujó la puerta.
-¿Luigi? -Mario levantó la vista, sorprendido-. ¿Está todo bien?
Esa sonrisa… esa mirada…
Luigi sintió cómo el pecho le ardía.
-Y-yo… -su voz falló- yo necesito… hablar contigo.
Mario frunció el ceño, preocupado, y dejó lo que estaba haciendo.
-Claro, hermanito. Ven, siéntate.
Ese “hermanito” fue como una puñalada.
Luigi no se sentó.
No podía.
Si lo hacía… tal vez se arrepentiría.
-Mario… —dijo, apretando los puños-, yo… ya no puedo seguir así.
El silencio llenó la habitación.
Mario lo miraba con atención, sin entender.
-¿Así cómo?
Luigi sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
-Pretendiendo… que todo es normal.
-Luigi…
-¡No lo es! -soltó de golpe, su voz quebrándose-. ¡Para mí no lo es!
Mario se quedó completamente quieto.
Y entonces… lo entendió.
O al menos, empezó a hacerlo.
Luigi bajó la mirada, temblando.
-He intentado ignorarlo… lo juro… -susurró-. He intentado ser el hermano que tú mereces… pero… pero no puedo…
Una lágrima cayó al suelo.
-Porque yo… -respiró hondo, como si decirlo fuera a destruirlo- …yo estoy enamorado de ti, Mario.
El mundo pareció detenerse.
El silencio fue absoluto.
Luigi no se atrevía a mirar.
Su corazón latía tan fuerte que dolía.
-Lo siento… -añadió rápidamente, retrocediendo un paso-. Lo siento mucho, yo sé que está mal, yo sé que soy un idiota, pero… ya no podía seguir callándolo…
Su voz se rompió por completo.
-Prefería que me odiaras… a seguir mintiéndote…
Mario no dijo nada.
Y eso… dolía más que cualquier rechazo.
Luigi cerró los ojos con fuerza.
-No tienes que decir nada… -murmuró-. Solo… quería que lo supieras.
Se giró, dispuesto a irse.
A huir.
A desaparecer si era necesario.
Pero entonces.
-Luigi.
La voz de Mario lo detuvo.
Su tono… no era de enfado.
Era… suave.
Luigi se quedó congelado.
-Mírame.
Dudó.
Pero lentamente… obedeció.
Cuando levantó la vista… Mario lo estaba mirando con una expresión que no esperaba.
No había rechazo.
No había ira.
Solo… algo complejo. Profundo.
Mario suspiró.
-No eres un idiota.
Luigi sintió un nudo en la garganta.
-Y no te odio.
Eso hizo que las lágrimas volvieran con más fuerza.
-Pero… -continuó Mario, acercándose un paso- esto es… complicado.
Luigi asintió débilmente.
-Lo sé…
-Y no es algo que podamos ignorar sin más.
-Lo sé…
Mario se quedó en silencio un momento… pensando.
Luego, con cuidado, levantó una mano y la puso sobre el hombro de Luigi.
Ese simple contacto hizo que Luigi temblara.
-Gracias por decírmelo -dijo Mario en voz baja-. Sé que no fue fácil.
Luigi soltó una risa rota.
-Fue lo más difícil que he hecho…
Mario lo miró… y por un segundo, pareció dudar.
Pero no se apartó.
-No sé qué va a pasar ahora… -admitió-. Pero no quiero que te sientas solo con esto.
Luigi bajó la mirada.
-Siempre me he sentido solo con esto…
Mario apretó suavemente su hombro.
-Ya no.
Y aunque eso no arreglaba nada…
aunque el dolor seguía ahí…
Por primera vez en mucho tiempo…
Luigi no se sintió completamente roto.
Solo… vulnerable.
Y tal vez…
No tan solo.
FIN