El eco de los kilΓ³metros
Las cajas de cartΓ³n tienen un olor particular: a polvo y a finales. Durante quince aΓ±os, mi mundo se redujo a las paredes de la casa de mi familia paterna, al ruido de los platos en el desayuno y a una rutina que se sentΓa como una piel cΓ³moda, pero vieja.
Cuando me mudΓ© con mi mamΓ‘, el aire cambiΓ³. Pero no fue hasta que ella decidiΓ³ que nos irΓamos a otro estado que entendΓ lo que significaba un "borrΓ³n y cuenta nueva". El trayecto en carretera fue un silencio compartido entre la expectativa y el miedo. Ver por el retrovisor cΓ³mo los paisajes conocidos se desvanecΓan me apretΓ³ el pecho, aunque, en el fondo, una pequeΓ±a chispa de emociΓ³n empezaba a arder. Era la oportunidad de ser una versiΓ³n de mΓ misma que nadie conocΓa todavΓa.
La adaptaciΓ³n no fue fΓ‘cil. Las calles nuevas no te saludan y el liceo se sentΓa como un laberinto diseΓ±ado para recordarme que yo era la extraΓ±a.
En medio de esa marea de caras desconocidas, estaba Γ©l. El hijo de la mejor amiga de mi madre se convirtiΓ³ en mi refugio. PasΓ‘bamos horas juntos; habΓa una conexiΓ³n extraΓ±a, algo que flotaba en el aire cada vez que nuestras miradas se cruzaban un segundo de mΓ‘s. Era una tensiΓ³n dulce, un "casi algo" que ninguno de los dos se atrevΓa a nombrar por miedo a romper la ΓΊnica ancla que yo tenΓa en ese nuevo lugar.
Sin embargo, el destino tiene una forma curiosa de recordarnos que no todo estΓ‘ escrito.
βTienes que conocer a un amigo βme dijo Γ©l una tarde en el liceo, con esa naturalidad que a mΓ todavΓa me faltaba.
Fue un instante. Un segundo que se estirΓ³ como si el tiempo hubiera decidido detenerse solo para nosotros. Cuando me presentaron a su amigo, no hubo dudas, solo una certeza repentina que me recorriΓ³ la espalda. SentΓ algo diferente, algo que no encajaba con la timidez que me habΓa acompaΓ±ado los ΓΊltimos meses.
Intercambiamos nΓΊmeros casi como un juego, pero los mensajes pronto se convirtieron en llamadas de madrugada y las llamadas en una necesidad constante. La cercanΓa fue inevitable, como si nos conociΓ©ramos de otra vida. Lo que con otros habΓa tardado aΓ±os en construirse, con Γ©l tomΓ³ apenas un mes.
Para cuando me di cuenta, ya no era solo la chica nueva que intentaba adaptarse; era alguien que, por primera vez, sentΓa que estaba exactamente donde debΓa estarp.








