Prólogo
El aire de octubre olía a hojas secas y a lluvia contenida. Una lluvia que llevaba amenazando desde la mañana pero aún no se decidía a caer, como si el cielo también dudara. JungKook no lo sabía entonces, pero con el tiempo aprendería a reconocer ese tipo de tardes: las que preceden a un derrumbe.
Y recordaría cada detalle de ese día. Desde el cielo gris, el frío mordiéndole los dedos, y la bufanda azul marino enredada en su cuello mientras caminaba hacia la cafetería dónde su cita esperaba.
No era una cita especial. Solo sería un café entre clases, como tantas otras tardes. Pero JungKook llevaba una semana sin ver a TaeHyung por los exámenes, y aunque había sentido su ausencia como un hueco pequeño pero insistente en su pecho, también había disfrutado de la expectativa de reencontrarse. De volver a tenerlo cerca. De respirar su mismo aire.
Mientras se acercaba, iba armando en su cabeza la lista de cosas que quería contarle. Lo bien que le había ido en el último parcial. La última travesura de Jimin, que había terminado con un profesor persiguiéndolos por el pasillo. Y quizás, si el momento se prestaba, robarle un beso en la esquina donde nadie los viera. Dónde pudiera disfrutar de esos labios dulces y suaves de nuevo.
Oh, cuánto lo deseaba.
Era una lástima que nada de eso sucediera.
Cuando llegó, TaeHyung ya estaba sentado en la mesa del fondo. Tenía las manos alrededor de una taza humeante que no parecía estar tomando y su mirada estaba fija en la ventana, en ese cielo plomizo que no terminaba de romperse.
—¡Tae! —JungKook se acercó con una sonrisa que le iluminaba toda la cara. Dejó caer su mochila en la silla de al lado con un golpe sordo—. ¿Llevas mucho esperando? Lo siento, la clase se alargó y el profesor…
—Tengo que terminar esto.
La voz de TaeHyung lo detuvo en seco. Literal. JungKook sintió cómo sus pies se pegaban al suelo, cómo las palabras se le congelaban en la garganta.
Porque esa voz no era la suya. No la que él conocía.
No había calidez. No había ese tono suave con el que TaeHyung siempre lo envolvía, como una manta en invierno. Nada. Era plana. Vacía. Como si la persona que hablaba no fuera la misma que lo había abrazado la semana anterior con tanto amor.
JungKook parpadeó, todavía de pie, con la mano a medio camino para quitarse la bufanda.
—¿Terminar qué? —Preguntó, y ya notaba un temblor extraño en su voz, una alerta que su cuerpo le mandaba antes de que su mente entendiera.
—Lo nuestro.
JungKook sintió que el sonido de la cafetería se apagaba, que el mundo entero se detenía para dejar espacio a ese único sonido: Lo nuestro. Terminar.
—¿Qué? —Logró decir, pero su voz era apenas un hilo, una cuerda floja a punto de romperse.
TaeHyung seguía sin mirarlo. Sus dedos apretaban la taza con tanta fuerza que los nudillos se habían puesto blancos.
—No puedo seguir con esto —Dijo, y esta vez su voz sí tembló, pero apenas. Un temblor tan pequeño que JungKook no supo si era real o solo un deseo suyo—. Tenemos que terminar.
¿Esto realmente estaba pasando?
La pregunta atravesó la cabeza de JungKook como un vidrio roto. Se dejó caer en la silla porque ya no sentía las piernas. No sentía nada, en realidad. Excepto un zumbido extraño en los oídos, como el que queda después de una explosión. Y un vacío en el pecho. Un agujero que empezaba a ensancharse cada segundo.
—¿Por qué? —Preguntó, y esa palabra se le atragantó, le raspó la garganta—. ¿Qué pasó? ¿Hice algo mal? Cariño, dime. Si hice algo…
—No hiciste nada.
—Entonces ¿por qué? ¿por qué me estás dejando?
TaeHyung finalmente levantó la cabeza. Sus ojos estaban húmedos, sí, pero su expresión era una máscara perfecta. Una máscara de la cual JungKook no pudo leer nada. Ni dolor, ni pena, ni arrepentimiento. Solo una calma tensa, como la superficie del mar antes del tsunami.
—Porque así tiene que ser.
—¡Eso no es una respuesta! —JungKook sintió cómo la desesperación le apretaba el pecho, le comprimía las costillas. Las lágrimas amenazaban con brotar, pero él las contuvo por pura fuerza de voluntad. No. No iba a llorar. No todavía—. Llevamos un año juntos. Un año, Tae. Y ahora llegas y me dices «así tiene que ser» sin explicarme nada? ¡No puedo aceptar eso!
—No tienes que aceptarlo —Taehyung se endureció apenas, como si estuviera poniendo un límite que él mismo no quería poner—. Solo tienes que entender que ya no podemos seguir.
—¿Entender qué? —JungKook tuvo un fuerte deseo de golpearle—. ¡No me estás dando nada para entender!
Las últimas palabras salieron casi en un grito. Algunas personas en las mesas cercanas los miraron con curiosidad, con ese gesto incómodo de quien ha pillado una conversación privada y quiere seguir de cotilla. A JungKook no le importó. Solo podía ver a TaeHyung. Ese rostro hermoso que conocía mejor que el suyo, ahora convertido en un extraño. Alguien que él nunca había visto antes.
TaeHyung se levantó. El movimiento fue lento, como si le costara trabajo despegarse de la silla. Dejó unos billetes sobre la mesa y tomó su chaqueta del respaldo.
—No te merezco —Dijo en voz baja, tan baja que JungKook tuvo que esforzarse para oírlo—. Y tarde o temprano te darías cuenta. Es mejor así.
—¡Tae, espera!
Pero TaeHyung ya caminaba hacia la puerta. JungKook se levantó de un salto, la silla cayó detrás de él con un estrépito metálico, y corrió tras él sin pensar. Lo alcanzó en la entrada, en el umbral donde el calor de la cafetería se encontraba con el frío de la calle, y agarró su brazo con fuerza.
—No puedes hacer esto —Las lágrimas ya le nublaban la vista, convirtiendo todo en un borrón de luces y sombras—. No puedes entrar en mi vida, hacerme amarte, y luego irte así. Sin una puta explicación.
TaeHyung soltó un gemido.
Por un momento, un segundo eterno, JungKook creyó que iba a girarse. Que iba a abrazarlo. Que diría que era una broma.
Pero no.
Solo apartó su brazo con suavidad, como si JungKook no fuera a romperse, sin mirarlo. Susurró un suave "Lo siento" y se fue.
JungKook dio unos pasos para seguirlo pero luego se detuvo, viendo cómo la figura de TaeHyung se alejaba bajo el cielo gris. Caminaba rápido, como si supiera exactamente hacia dónde iba. Como si llevara semanas preparado para ese momento.
Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer. Al principio eran pocas, tímidas, como si pidieran permiso. Luego más. Luego un torrente que empapó la calle en segundos.
Cuando el agua ya le chorreaba por el cuello de la chaqueta, cuando la bufanda azul marino estaba tan mojada que pesaba como una cadena, JungKook todavía seguía allí.
Sacó su teléfono del bolsillo y miró la pantalla. Donde mostraba una foto de los dos. La de aquel verano en Hawái. El agua turquesa, el sol en sus caras, TaeHyung abrazándolo por detrás mientras JungKook reía. Donde todo era perfecto.
Llamó a TaeHyung varias veces, pero nunca le contestó.
Cuando volvió a casa con el corazón roto, no pudo dormir. Se quedó en su cama, la misma cama donde TaeHyung se había quedado a dormir tantas veces, mirando al techo, mientras se repetía una y otra vez la misma pregunta:
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Pasaron los días. Las semanas. Los meses.
La pregunta nunca tuvo respuesta.
Hasta esa noche. Seis meses después. En una fiesta donde el destino —y dos amigos entrometidos— decidieron que ya era hora de que las cosas se aclararan.
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Fin del Prólogo.
Nueva historia 💖 y está vez un "Ex to Lovers" 💘 espero les guste 😘