El extraño en casa
Era tarde..
Un ruido abajo me arrancó del sueño.
Abrí los ojos lentamente, todavía atrapado entre la oscuridad de la habitación y el eco confuso de un sueño que ya no podía recordar.
Entonces escuché voces.
Me quedé quieto unos segundos, conteniendo la respiración.
La voz de Dean.
Bajé las escaleras en silencio, cuidando cada paso para que la madera no crujiera bajo mis pies.
—Puedes quedarte el tiempo que quieras, lo sabes, ¿cierto?
Me detuve a mitad del pasillo.
¿En serio...? ¿Ahora?
Escuché pasos. Alguien se movía hacia una de las habitaciones de abajo.
Esto tenía que ser una broma.
Fui directo a la cocina.
—¿Qué sucede? —pregunté, sin rodeos.
Dean levantó la vista, claramente sorprendido de verme despierto.
—Ey... Kai. Pensé que estabas dormido.
Había cansancio en su voz.
—Es mi amigo, Lucian.
Fruncí el ceño.
—¿Vamos a vivir con un extraño en la casa?
La expresión de Dean cambió apenas.
—Baja la voz. No es un extraño... al menos no para mí. Es un buen amigo.
Hizo una breve pausa antes de agregar:
—Además, necesitamos el dinero.
Las palabras me golpearon más de lo que esperaba.
Sabía que tenía razón.
Después de nuestros padres, las cosas nunca volvieron a ser fáciles.
Aun así, algo en mi pecho se tensó.
Como si alguien acabara de entrar en un lugar que todavía sentía nuestro.
Bajé la mirada.
—Lo siento, Dean.
Su expresión se suavizó casi al instante.
—Solo vuelve a dormir.
Asentí, aunque sabía que no iba a ser tan sencillo.
Dean nunca llevaba gente a la casa. Era demasiado reservado para eso.
Por eso me resultaba extraño que alguien apareciera a esta hora de la noche... y todavía más extraño que se quedara.
Dean debía confiar mucho en él.
Aun así...
La idea de vivir con alguien más me incomodaba.
La alarma me sacudió horas después.
No sabía en qué momento había conseguido dormirme.
Todavía era temprano.
Preparé mis cosas para la universidad y bajé a la cocina, aún medio adormecido.
Había una nota pegada en la heladera.
"No olvides comer algo antes de irte, dormilón. Vuelvo a la noche.
Dean."
Podría haberme enviado un mensaje.
Aunque...
Mamá solía hacer eso.
La nostalgia me atravesó sin previo aviso.
Abrí la heladera buscando algo para desayunar y entonces lo recordé.
Ya no estábamos solos en la casa.
Giré demasiado rápido y choqué contra alguien.
El impacto me hizo perder el equilibrio, pero unas manos firmes me sostuvieron antes de caer.
Por un segundo me quedé inmóvil.
Entonces levanté la mirada.
Y lo vi.
Ojos oscuros.
Demasiado oscuros.
Como una noche sin estrellas.
Sentí su respiración rozando la mía.
Estaba demasiado cerca.
Y algo en esa cercanía hizo que el aire se volviera extraño.
Pesado.
—Deberías fijarte por dónde vas.
Su voz era baja. Fría.
No sonaba preocupado. Ni amable.
—Si me sueltas, podría hacerlo.
Lucian me soltó de inmediato.
Fruncí apenas el ceño.
¿Qué le pasa?
Debería ser más amable con el hermano de su casero.
Aunque recordé lo que Dean había dicho.
"Es un buen amigo."
Tragué saliva.
—Lo siento... soy Kai Foster. El hermano de Dean.
—Lucian.
Solo eso.
Ni siquiera apartó la mirada al decirlo.
Y no supe explicar por qué, pero algo en él me puso incómodo desde el primer instante.
Como si hubiera entrado a nuestra casa trayendo consigo algo más que una simple maleta.