Capítulo 1
Capítulo 1:
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Katsuki Bakugou odiaba las bodas. Las odiaba con la misma intensidad con la que odiaba las mentiras ‘bonitas’, las sonrisas falsas y a los hombres débiles que fingían amar a sus parejas, que claramente no merecían.
Por todas esas razones, que, si bien podrían parecer absurdas, se encontraba de mal humor en la Toscana.
La finca donde se celebraría la ceremonia pertenecía a la familia Monoma. Una familia extranjera que no recibió realmente en Italia, pero que había entregado ese lugar apartado a uno de los hijos inútiles de la familia para mantenerlo alejado de las acciones importantes.
El lugar era demasiado ostentoso. Mármol por todos lados, flores llamativas, decoraciones excesivas. Las personas alrededor fingían una falsa felicidad mientras sostenían copas de champagne.
Todo ridículamente calculado.
—Recuerda sonreír al menos una vez— murmuró Eijiro mientras sonreía a las personas que los veían y saludaban.
Katsuki le lanzó una mirada fría. Era más que claro que odiaba estar en ese lugar.
—Preferiría morir ahora mismo antes que permanecer un solo segundo más aquí.
Eijiro soltó una risa baja, completamente divertida.
—Es la boda de uno de tus empleados, no un funeral. Alegra esa cara.
Detrás de ambos se encontraba Denki Kaminari, el secretario omega de Katsuki. Caminaba detrás suyo mientras revisaba mensajes o aparentaba hacerlo, ya que se reía de la conversación de su jefe con su amigo.
El alfa rubio ignoró a ambos, mientras avanzaba entre los invitados que apartaban la vista en cuanto él los observaba. Era lo más normal, algo cotidiano. Su presencia siempre alteraba los lugares a donde iba.
Casi dos metros de altura, traje oscuro perfectamente ajustado a su cuerpo, tatuajes asomándose apenas por una de sus mangas, esa mirada rojiza capaz de incendiar una habitación entera. Era un alfa imponente, demasiado para cualquier otro alfa, beta u omega.
No necesitaba decir una sola palabra para conseguir intimidar.
Neito Monoma apareció casi inmediatamente frente a él, sonriendo. Siempre demasiado sonriente para gusto del alfa de mayor altura.
—Signore Bakugou, gracias por venir.
Katsuki estrechó la mano del alfa por unos cuantos segundos. Incluso le parecía absurdo la cordialidad con la que le hablaba pese a que se notaba que no le agradaba en absoluto.
—Me obligó mi secretario. Sabemos bien que estoy aquí para cumplir con la etiqueta. Nada más. — fue directo, demasiado brusco.
Neito soltó una risa nerviosa. No podía responder como quería a su jefe, no cuando dependía de mantener un trabajo estable para que su familia confiara en ellos y así poder volver a Japón.
—Aun así, es un honor tenerlo aquí.
Katsuki observó el lugar mientras los músicos comenzaban a tomar sus puestos. Busco a la pareja de aquel alfa, se esperaba una omega absurdamente ostentosa, ridícula como aquel alfa frente a él.
—¿Dónde está la novia? — preguntó.
Esperaba saludarlos rápido para poder huir de aquel lugar cuanto antes.
—Debe estar terminando de prepararse— soltó con una sonrisa falsa, una que no gustó nada a Katsuki— está nervioso. Ya sabe cómo son los omegas. Debe estar hermoso para mí.
Se notaba el rechazo hacia su pareja. No por la frase, sino por la forma tan extraña en la que hablaba, como si hablara más de un objeto valioso y no de su futura pareja de por vida.
No comento nada más. Solo tomó una copa y permaneció de pie cerca del jardín donde se realizaría la ceremonia, ignorando conversaciones ajenas mientras los invitados se acercaban para tomar asiento.
Estaba claro que él no quería estar ahí.
Los minutos pasaron y el mismo se obligó a tomar asiento.
La música comenzó a llenar el espacio y al girarse para ver quién sería la desdichada esposa todo pareció detenerse.
Su mundo se detuvo, la música dejó de sonar. En ese momento sintió como si nada en el mundo tuviese más importancia que el omega que caminaba con pasos cortos.
Izuku Midoriya apareció al final del pasillo acompañado por la música clásica y el viento suave de la toscana que agitaba con suavidad sus cabellos verdosos rizados.
No se trataba de un omega exuberante, no era escandalosamente sensual, ni sonreía demasiado. Había algo peligroso.
No sabía si era la forma en que intentaba aparentar tranquilidad mientras sus manos temblaban sobre el ramo. Tal vez sus ojos verdosos observando a todos como si quisiera desaparecer o tal vez esa tristeza que parecía esconder bajo una sonrisa forzada.
Katsuki lo reconoció al momento, reconocía la tristeza en cuanto la veía y ese omega caminaba hacía al altar con el corazón roto incluso antes de casarse.
—No me jodas…— murmuró Eijiro al notar la expresión de Katsuki.
La mandíbula de Katsuki estaba tensa. Sus puños apretados sobre sus piernas. No parecía muy contento de ver a aquel omega caminar hacia aquel alfa,
No apartó la mirada del omega y cuando el pecoso miró en su dirección, tan solo por un segundo, sintió un golpe en el pecho como un disparo.
Durante toda la ceremonia, Katsuki no apartó la mirada ni un solo segundo. Notaba la respiración inestable del omega, sus hombros rígidos, la inseguridad escondida bajo esa máscara de falsa tranquilidad.
También miro a Monoma, el novio que ni siquiera aprecia prestar atención al omega ya que parecía hacer el idiota con sus amigos a pesar de que se encontraba en plena ceremonia.
Katsuki sintió un desprecio inmediato. Algo oscuro comenzó a moverse dentro de él, porque ningún hombre en su sano juicio haría aquello si realmente amara a ese omega.
Lo siguiente fueron las promesas, los aplausos, los anillos.
El alfa no prestó atención en absoluto. Solo lo observaba a él. Cuanto más lo miraba, más enferma se volvía aquella sensación dentro de su pecho.
La ceremonia finalizó y entonces pudo haberse marchado, pero se quedó.
Esperaba poder hablar con él. Conocer su nombre.
No tardó mucho en ser presentado. Monoma llegó hasta él finalmente junto al omega.
—Signore Bakugou— dijo orgulloso— él es mi esposo, Izuku Midoriya.
“Esposo” repitió el alfa en su cabeza. La palabra le desagrado al momento.
Izuku levantó lentamente la mirada y eso fue aún peor. Tener al omega de cerca solo le hizo darse cuenta de lo hermosamente peligroso que era. No era perfecto, no era artificial. Era un omega real, como esos de los que ya no se veían.
Katsuki se maldijo internamente, porque el odiaba las cosas reales. Eran las únicas capaces de romper a las personas, porque lo auténtico era lo más complicado de obtener y por lo tanto lo más doloroso de perder.
—Es un placer— dijo con un tono demasiado suave.
El omega evitaba el contacto visual prolongado con él, mientras que Monoma colocaba una mano sobre su cintura y lo pegaba contra él. Izuku se tensaba ante el roce del que ahora era su esposo y eso lo notó Katsuki.
—Felicidades— dijo finalmente.
La voz grave del alfa rubio hizo que Izuku levantara los ojos de nuevo y ahí ocurrió. Ese fue el momento exacto en el que la cordura del alfa se arruinó.
“Este omega debe ser mío” se dijo mientras mantenía la vista en aquellos ojos. El pensamiento apareció tan rápido y brutal que incluso él se disgustó consigo mismo, porque jamás había pensado robar algo.
Monoma siguió hablando de algún negocio que en ese momento poco le importaba.
Katsuki se limitó a grabar en su mente la forma en que el omega jugueteaba nerviosamente con su chaqueta blanca. El cómo intentaba verse tranquilo, como parecía tan fuera del lugar rodeado de personas tan falsas.
—Creo que mi lindo esposo desearía estar escondido en casa antes que en una fiesta como esta. Siempre ha sido una rata de biblioteca.
Izuku bajo la mirada. Claramente Monoma le había llamado “rata” no ratón como debía de ser con la clara intención de ofenderlo, de burlarse de él.
Katsuki sintió ira al oírlo, porque ese alfa acababa de humillar a su pareja disfrazándolo de broma y el pobre omega, que aprecia tan acostumbrado a aquello, ni siquiera reaccionó.
La copa del Katsuki fue colocada sobre una bandeja para después mirar directamente a Monoma a los ojos.
—Creo que debería de aprender que cosas no deben decirse sobre su esposo frente a otros hombres. Como por ejemplo no ofenderlo o burlarse.
El silencio se instaló entre ellos. El ambiente se tensó y Monoma sonrió incómodo.
Izuku abrió los ojos y se sorprendió mientras que el alfa rubio lo veía por unos segundos más.
Fue en ese momento que Katsuki comprendió algo que se negaba a aceptar. No quería irse, quería quedarse, quería seguir mirándolo, escucharlo, descubrir porque parecía tan deprimido el día de su vida. Lo quería proteger, lo quería suyo.
Continuará…
Siento la redacción y las faltas ortográficas.