MĂĄs que un deber.
FĂ©lix, el joven Duque Consorte de Ashford, creĂa que su matrimonio pactado serĂa una jaula dorada de soledad. Tres meses sin que su esposo lo tocara lo llevaron a cuestionar si alguna vez serĂa reclamado.
Pero Hyunjin, el Gran Duque, guardaba un secreto: su alejamiento no era
frialdad, sino miedo a lastimar a alguien tan precioso.
Cuando Félix finalmente se atreve a confrontar a su marido, descubre que
a veces el deber se convierte en deseo, y la soledad se transforma en
la conexiĂłn mĂĄs profunda.
Una historia de romance histĂłrico donde aprender juntos es la mayor
aventura.
+18 | Hyunlix | Romance | Contenido ExplĂcito
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"Esta historia contiene una visión idealizada del romance histórico. Se centra en el consentimiento, el descubrimiento mutuo y la superación de las barreras sociales de la época."
Para FĂ©lix, ahora el "Duque Consorte de Ashford", la vida se habĂa convertido en una sucesiĂłn de dĂas monĂłtonos y noches gĂ©lidas. Su matrimonio con el Gran Duque no fue mĂĄs que un pacto de sangre y poder, una alianza sellada entre dos de las familias mĂĄs importantes del reino. Sin embargo, a pesar del peso de su corona y la opulencia de su nueva posiciĂłn, el vacĂo en su alcoba era absoluto. FĂ©lix sabĂa que su deber principal era concebir un heredero para el ducado, pero ÂżcĂłmo podrĂa lograrlo si su esposo ni siquiera cruzaba el umbral de su habitaciĂłn?
El matrimonio fue orquestado por su padre, el poderoso MarquĂ©s de Sterling, Sir Christopher Bang. Christopher adoraba a su hijo menor y, aunque sabĂa que FĂ©lix no podĂa escapar a las leyes de la nobleza, le habĂa permitido imponer sus condiciones antes de entregar su mano: su futuro esposo no debĂa ser un anciano, debĂa ser reconocido por su caballerosidad para evitar una vida de maltratos, y su hogar debĂa estar lo suficientemente cerca para que FĂ©lix pudiera visitar a su familia.
Hwang Hyunjin, el Gran Duque de Ashford, cumplĂa con cada requerimiento. HabĂa heredado el tĂtulo siendo apenas un joven tras la repentina muerte de su padre, y se convirtiĂł rĂĄpidamente en el noble mĂĄs cotizado de la corte. Reservado, de una cortesĂa impecable pero de una frialdad que asustaba, Hyunjin era un misterio que FĂ©lix no lograba descifrar.
FĂ©lix no era un joven hueco. Bajo sus rizos dorados y sus pecas, poseĂa mĂșltiples talentos: era un pianista excepcional, diestro en la reposterĂa y el tejido, pero tambiĂ©n dominaba las finanzas, una educaciĂłn inusual que su padre le habĂa permitido adquirir. A sus veinte años, era el soltero mejor posicionado de la aristocracia, y su padre habĂa rechazado cuatro propuestas de otros nobles antes de aceptar la del Gran Duque. Ashford vivĂa a solo un dĂa de distancia en carruaje; era, en papel, la uniĂłn perfecta.
No hubo cortejo previo. Se vieron por primera vez en el altar y compartieron la mesa en una cena de bodas llena de protocolos. Félix recordaba con amargura las palabras de su hermano mayor, Jeongin, ahora el Marqués de Ravenel tras su matrimonio con el imponente Marqués Seo Changbin.
-El lecho puede ser abrumador al principio, mi querido hermano -le habĂa dicho Jeongin con seriedad, mientras acariciaba su vientre de seis meses de gestaciĂłn-. Pero es nuestro deber gestar a los herederos. Si te permites confiar, descubrirĂĄs que los toques de tu marido pueden volverse placenteros.
FĂ©lix, sonrojado pero curioso, habĂa escuchado con atenciĂłn los consejos de su hermano, sintiĂ©ndose afortunado de tener a alguien con experiencia que lo instruyera. Pero la realidad de Ashford resultĂł ser muy distinta a las promesas de Ravenel.
En su noche de bodas, vestido con un delicado camisón de seda y el corazón latiendo desbocado, Félix esperó. Pero en lugar del Duque, apareció su valet personal con una reverencia que pareció una sentencia:
-Mi señor, ruego que disculpe a Su Gracia. Un asunto urgente en la frontera requiere su partida inmediata. Volverå en tres semanas.
FĂ©lix asintiĂł con dignidad, pensando que solo era un retraso temporal. Pero las semanas se convirtieron en meses y la ausencia se transformĂł en indiferencia. Cada vez que Hyunjin volvĂa a la mansiĂłn, compartĂan cenas donde el duque le preguntaba por quĂ© habĂa hecho en su ausencia y desayunos llenos de cortesĂas vacĂas. Al caer el sol, Hyunjin simplemente se retiraba a su propia alcoba.
HabĂan pasado tres meses desde la boda y la inocencia de FĂ©lix seguĂa intacta. «¿Es que acaso soy tan poco atractivo?», se preguntaba frente al espejo de su tocador. «¿O es que el Gran Duque de Ashford solo querĂa un esposo para guardar las apariencias mientras su corazĂłn late por alguien mĂĄs?».
FĂ©lix ya no estaba dispuesto a seguir siendo una sombra en su propio hogar. El linaje de los Sterling no se rendĂa sin luchar, y si Hyunjin no venĂa a su lecho, Ă©l tendrĂa que buscar respuestas en el suyo.
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FĂ©lix esperĂł a que la noche cayera por completo, envolviendo la mansiĂłn Ashford en un silencio sepulcral. Con el corazĂłn latiendo desbocado, se puso un camisĂłn de seda transparente que se ceñĂa a su piel como una caricia prohibida, y sobre Ă©l, un chal que lograba ocultar su osadĂa. AsĂ, se dispuso a cruzar los pasillos hacia los aposentos del duque.
Con un toque dulce y tembloroso en la madera noble de la puerta, esperó a que la puerta fuera abierta. Hyunjin de pie con su mano en la manija se topó con la mirada de Félix, sus ojos reflejando una sorpresa genuina.
-ÂżQuĂ© hace aquĂ, Mi señor? -preguntĂł Hyunjin, su voz rompiendo la quietud del pasillo-. ÂżEs que acaso se encuentra mal?
-Le ruego, Su Gracia, que me permita una audiencia ahora mismo, en el interior -dijo Félix, forzando a su voz a mantener un tono suave, educado y firme.
Hyunjin le sonriĂł apenas, un gesto cargado de una amabilidad que FĂ©lix no lograba descifrar, y se hizo a un lado para dejarlo entrar. Ya ahĂ, FĂ©lix se sentĂł en la pequeña sala de la habitaciĂłn, mientras su marido tomaba asiento frente a Ă©l, observĂĄndolo bajo la luz ĂĄmbar de las velas.
-Su Gracia, le ruego me disculpe por mi atrevimiento -comenzĂł el menor, entrelazando sus dedos sobre su regazo-. Pero debo preguntar respecto a un tema que nos concierne a ambos. Tengo entendido que mis obligaciones matrimoniales imponĂan dar vida a su descendencia... y no veo cĂłmo podrĂ© cumplir mi deber si nunca visita mi lecho.
Hyunjin lo miraba sin poder creer las palabras que escuchaba. Por supuesto que deseaba que ese chico quedara encinta, pero FĂ©lix era tan joven, tan radiante, que el duque temĂa lastimarlo. AdemĂĄs, Hyunjin tambiĂ©n guardaba su propio secreto: Ă©l era inexperto. TenĂa mil dudas referente a cĂłmo concebir el acto de una forma que fuera agradable para su esposo. La poca ayuda que recibiĂł de sus conocidos era ruda; le decĂan que simplemente debĂa "tomarlo" y ya.
Pero Hyunjin no querĂa una vida ruin para aquel chico que lo habĂa deslumbrado con su mirada dulce desde el primer encuentro. Si en sus manos estaba que FĂ©lix disfrutara de su toque, harĂa lo necesario. Por eso habĂa contratado los servicios de un cortesano reconocido; no para cometer una infidelidad -pues Hyunjin se consagrarĂa en cuerpo y alma solo a su esposo-, sino para que aquel hombre lo instruyera. Necesitaba saber cĂłmo tratar a su bello amado para no herirlo jamĂĄs.
Una sonrisa sincera y cargada de alivio se formó en los labios del duque. Félix lo miró fijamente, sin apartar la vista, pensando en lo hermoso que era aquel hombre.
-VerĂĄ, mi señor... -comenzĂł Hyunjin con voz suave-. Yo... soy algo inexperto en las prĂĄcticas de alcoba. Estaba esperando a sentirme un poco mĂĄs listo para poder tomar su inocencia sin lastimarlo. QuerĂa que todo fuera perfecto para usted.
La mirada de FĂ©lix se volviĂł indescifrable por un segundo. Al parecer, su padre, el MarquĂ©s de Sterling, habĂa hecho un trabajo excelente al elegir a su marido. Esto era mĂĄs de lo que jamĂĄs soñó encontrar: un hombre que no solo era bueno y amable, sino que se preocupaba genuinamente por mejorar para Ă©l.
-Su Gracia... -dijo FĂ©lix, acortando la distancia entre ambos-. PermĂtame aprender junto a usted. No es necesario estar "listos"... podemos aprender juntos si es que me...
Los labios de Hyunjin interrumpieron sus palabras, sellando la propuesta con un beso que quemaba. En ese instante, FĂ©lix recordĂł con claridad las palabras de su hermano Jeongin: "PodrĂĄs disfrutar mucho de su toque". Y vaya que lo hacĂa.
Las manos del duque comenzaron a viajar por su cuerpo cubierto, y en cuanto el chal cayĂł al piso, la figura de FĂ©lix quedĂł al descubierto. El camisĂłn delgado de seda era como una segunda piel ajustada a sus curvas; la luz de las velas delineaba su cadera, revelaba el tono rosado de sus pezones y hacĂa evidente su propia erecciĂłn, que buscaba con ansias el contacto con el hombre que finalmente lo reclamaba como suyo.
Hyunjin observaba con una fijeza casi devota cada detalle del cuerpo de su esposo. No era solo que FĂ©lix poseyera una anatomĂa perfecta, digna de los mejores mĂĄrmoles de la corte; la realidad era que a Hyunjin la apariencia fĂsica le habĂa pasado a segundo plano desde el primer encuentro. Lo que realmente lo habĂa cautivado era la mente de aquel joven, su educaciĂłn y su espĂritu. Ăl no buscaba simplemente un heredero o un adorno para sus salones; anhelaba un compañero de vida, un amigo que amortiguara la soledad de su tĂtulo.
-ÂżAcaso le decepciona mi apariencia, Su Gracia? -preguntĂł FĂ©lix con un hilo de voz, temblando bajo su mirada-. Si es asĂ, permĂtame cubrirme.
Hyunjin sintiĂł una punzada en el corazĂłn. ÂżCĂłmo podĂa ese ĂĄngel dudar de sĂ mismo? El deseo que sentĂa era tan potente que temĂa perder el control antes de empezar, pero sabĂa que si no hablaba, la mente de FĂ©lix maquinarĂa las peores inseguridades.
-Le ruego que disculpe mi distracción, Mi señor -respondió Hyunjin, dando un paso hacia él hasta que sus alientos se mezclaron-. No hay decepción en mi mirada, sino todo lo contrario. Estoy tratando de grabar cada detalle en mi memoria; después de todo, esta es nuestra primera entrega y deseo que el recuerdo sea eterno. ¿Me lo permite?
Félix asintió, cautivado por la profundidad de su voz. Entonces, el Duque tomó uno de sus pezones entre sus dedos, acariciåndolo con una destreza que arrancó de Félix un suspiro exquisito. Hyunjin intensificó el toque, recordando las lecciones del cortesano:
«Recuerde su gracia que en la alcoba todo es vĂĄlido. Ăl no es solo un deber, es su otra mitad. Conozcalo, explorelo, amelo».
Y eso harĂa cada dĂa de su existencia. Con sus manos reconociĂł cada curva, explorando los rincones mĂĄs secretos de su piel. TomĂł a FĂ©lix en brazos con una fuerza protectora y lo depositĂł sobre el amplio lecho de seda. Mientras besaba el arco de su cuello y descendĂa hacia su pecho, sus manos subieron el camisĂłn hasta la cintura, descubriendo la intimidad de su esposo. Era una visiĂłn sublime.
Hyunjin se arrodilló entre las piernas de Félix, y el joven reaccionó de inmediato, intentando cubrirse por instinto.
-Su Gracia, usted no deberĂa...
-Le ruego, Mi señor, que olvide lo que "deberĂa" o no hacerse -lo interrumpiĂł Hyunjin, mirĂĄndolo a los ojos con una pasiĂłn oscurecida-. En esta alcoba no hay protocolos. Usted es mi compañero, mi amado, y quiero explorar cada posibilidad a su lado. Planeo conocernos en todos los sentidos posibles.
FĂ©lix sintiĂł que el alma le daba un vuelco ante la palabra "compañero", pero perdiĂł toda capacidad de habla cuando la lengua habilidosa de Hyunjin comenzĂł su labor. El Duque recorriĂł sus muslos y su vientre antes de entregarse a su hombrĂa con una devociĂłn absoluta. FĂ©lix no sabĂa que un hombre podĂa ser tratado con tal delicadeza y ardor a la vez; el placer era tan abrumador que las palabras se perdieron en gemidos.
Mientras su boca trabajaba, Hyunjin usĂł un poco de aceite para preparar el camino hacia el interior de su esposo. La intromisiĂłn de un primer dĂgito causĂł una tensiĂłn evidente, pero FĂ©lix no se negĂł; al contrario, se abriĂł para Ă©l. Poco a poco, Hyunjin sumĂł un segundo y luego un tercer dedo, abriĂ©ndose paso con una paciencia infinita. Cuando FĂ©lix no pudo soportar mĂĄs la intensidad, se derramĂł dentro de la boca de su marido.
Avergonzado, FĂ©lix intentĂł apartar la mirada, pero Hyunjin recibiĂł su esencia con gusto, tomĂĄndolo como la prueba de que lo estaba haciendo bien. El Duque se incorporĂł para admirar el espectĂĄculo: FĂ©lix tenĂa la mirada perdida, las mejillas encendidas de un carmĂn profundo y el camisĂłn de seda enmarcando sus pezones erectos.
Con un movimiento decidido, Hyunjin se puso de pie, deshaciéndose de su propia camisa y bajando sus pantalones. Félix no perdió ni un segundo del despliegue de virilidad de su esposo; cuando Hyunjin se reveló ante él, el joven soltó un gemido ahogado. El Duque estaba listo, erguido y palpitante, deseoso de sembrar su semilla, pero determinado a no perder la ternura.
Se posicionĂł sobre Ă©l, atrapando su mirada con una intensidad que parecĂa quemar.
-Es momento de entrar en usted, Félix. Espero que me lo permita.
Escuchar su propio nombre saliendo de los labios de Hyunjin, pronunciado con esa voz ronca, espesa y cargada de una excitaciĂłn que ya no intentaba ocultar, provocĂł en FĂ©lix una sacudida elĂ©ctrica que le recorriĂł la columna vertebral. No era solo la sorpresa de la confianza, sino el tono posesivo y deseoso de su esposo lo que hizo que sus pupilas se dilataran y un calor lĂquido se instalara con fuerza entre sus muslos. Aquella voz vibrĂł en su interior, transformando cualquier rastro de duda en una necesidad desesperada por ser reclamado.
FĂ©lix asintiĂł con rapidez, aferrĂĄndose a los hombros de su marido mientras ansiaba, mĂĄs que nada en el mundo, sentirse lleno por Ă©l. CentĂmetro a centĂmetro, Hyunjin ingresĂł. El dolor inicial fue como un fuego que consumĂa a FĂ©lix, una presiĂłn abrumadora que le hizo contener el aliento, pero no se apartĂł; se entregĂł a la sensaciĂłn con una devociĂłn absoluta.
Su marido se detuvo de inmediato, besando sus labios y su cuello con una dulzura protectora que ayudó a que el dolor se disolviera en una neblina de placer ascendente. Hyunjin comenzó a moverse entonces con un ritmo lento y calculado, buscando el ångulo exacto que no lo dañara. Poco a poco, el instinto tomó el mando de ambos; el ritmo se volvió mås fluido, mås urgente, y pronto sus caderas se encontraron en una danza perfecta, fundiendo a Ashford y Sterling en un solo latido bajo las såbanas.
La danza rĂtmica de sus cuerpos se volviĂł una sinfonĂa de piel contra piel. Los sonidos de la habitaciĂłn se redujeron al compĂĄs de sus respiraciones entrecortadas; Hyunjin soltaba gruñidos de una entrega absoluta, mientras que FĂ©lix, abrumado por la intensidad, no podĂa acallar los suaves gemidos que brotaban desde lo mĂĄs profundo de su pecho.
Hyunjin observaba con devociĂłn cĂłmo su esposo se entregaba al goce que Ă©l mismo le propiciaba. Se recriminĂł internamente por no haber acudido al lecho de su amado con anterioridad, lamentando cada noche desperdiciada en la que no habĂan sido uno solo. Mientras continuaba arremetiendo con firmeza y ternura, sintiĂł una reacciĂłn distinta en el cuerpo de FĂ©lix. ÂżAcaso habĂa encontrado aquel "punto dulce" del que le habĂa hablado el cortesano?
La confirmaciĂłn llegĂł de inmediato. Al alcanzar ese lugar exacto, FĂ©lix soltĂł gritos de placer imposibles de contener, arqueando la espalda y aferrĂĄndose a las sĂĄbanas de seda. Todo estaba siendo un Ă©xito absoluto. Cuando Hyunjin sintiĂł las contracciones en el interior de su esposo, una ola de calor incontenible lo recorriĂł; supo entonces que la entrega debĂa culminar sembrando su semilla. Juntos, en un estallido de sensaciones que pareciĂł detener el tiempo, derramaron su esencia y sellaron el acto con un apasionado beso que sabĂa a victoria y alivio.
El protocolo dictaba que, tras compartir el lecho, el Duque debĂa retirarse a sus propios aposentos. FĂ©lix, educado en el recato y las normas estrictas del ducado, supuso que Hyunjin buscarĂa sus encuentros de vez en cuando y Ă©l simplemente deberĂa recibirlos. Por ello, con las piernas aĂșn temblorosas y el corazĂłn latiendo con fuerza, FĂ©lix se dispuso a ponerse de pie para marcharse.
Hyunjin, que aĂșn respiraba con dificultad, lo mirĂł confundido.
-ÂżOcurre algo, FĂ©lix? -preguntĂł con una tranquilidad que escondĂa su preocupaciĂłn.
FĂ©lix le regalĂł una breve reverencia, aunque su cuerpo apenas respondĂa.
-Estoy profundamente agradecido, Su Gracia. Debo retirarme a mi propio lecho; sé que se dispone que un Duque no comparte la alcoba con su esposo.
Hyunjin se quedó petrificado un segundo. ¿Acaso era una broma? Mientras Félix intentaba dar pasos torpes hacia la salida, Hyunjin se puso de pie de un salto. Sin previo aviso, lo tomó en brazos con una fuerza protectora y lo llevó de vuelta a la cama.
-Perdone, querido -susurrĂł Hyunjin con la voz ronca cerca de su oĂdo, depositĂĄndolo con suavidad sobre las almohadas-. Pero usted ya no se irĂĄ de esta alcoba. JamĂĄs.
-Disculpe, Su Gracia, yo...
-Hyunjin... dĂgame Hyunjin -le interrumpiĂł el Duque, sellando la peticiĂłn con un beso breve pero intenso.
Félix lo miró con los ojos empañados en lågrimas mientras Hyunjin se acomodaba a su lado.
-Lo que dije antes es verdad, querido. De ahora en adelante, usted estarå aquà conmigo. No quiero que compartamos el lecho solo para el deber; quiero que este sea nuestro refugio propio. Quiero conocerlo, que me conozca, que hagamos el amor y que también durmamos abrazados cada noche. Estaré consagrado solo a usted; sus deseos serån mis órdenes eternas.
Hyunjin tomó la mano de Félix, besando sus nudillos con devoción.
-Deseo que me ame, Félix. Deseo que no sienta solo el deber de dar a luz a mi descendencia; deseo que criemos juntos a nuestros hijos y que usted elija estar a mi lado. Si me permite eso, haré lo necesario para ser el hombre que usted merece. Solo debe hablar conmigo.
FĂ©lix no pudo contener las lĂĄgrimas. Ăl siempre habĂa temido la soledad de las reglas del ducado, pero Hyunjin era distinto. No era el hombre frĂo que la sociedad describĂa; era alguien entregado, apasionado y, sobre todo, amoroso. Satisfecho y con el alma llena, FĂ©lix asintiĂł y lo abrazĂł con fuerza. Hyunjin enterrĂł el rostro en su cuello, dejando dulces besos hĂșmedos sobre su piel.
-Si me concede el permiso, querido -murmurĂł Hyunjin contra su piel-, yo quisiera repetir nuestros actos carnales ahora mismo... para asegurar que mi semilla eche raĂces en su interior esta misma noche.
Félix, con una timidez que pronto se transformó en deseo renovado, asintió.
-Hyunjin... deseo recibirlo cada vez que usted lo quiera. Por favor, concédame sentirme suyo nuevamente cada noche. Estaré mås que complacido de recibir a mi amado.
"Amado". Esa palabra provocĂł un vuelco en el corazĂłn de Hyunjin. Era el sonido mĂĄs hermoso que habĂa escuchado jamĂĄs. Se fundieron nuevamente bajo las sĂĄbanas, besĂĄndose con una devociĂłn nueva, explorando, conociendo y aprendiendo juntos. Lo que pasaba en aquella alcoba era solo de ellos, y en su intimidad, era perfecto.
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En su primer aniversario de bodas, la mansiĂłn de Ashford se llenĂł de vida con el llanto de un reciĂ©n nacido. Le dieron la bienvenida a su pequeño hijo, Seungmin Hwang, el legĂtimo heredero de Ashford.
Aquella espera dolorosa por consumar el matrimonio quedĂł en el olvido total, pues desde esa primera noche, el Gran Duque siempre fue recibido con los brazos abiertos bajo las sĂĄbanas de su esposo, uniendo sus cuerpos y sus almas en cada oportunidad con el mismo deseo de siempre.