La Academia Hero Steel... eso creo
Todo comenzó el día en el que...
Mentira. Todo estaba mal desde el inicio.
Se balanceaba de un lado a otro en su silla giratoria. Los dos adultos frente a él, con las manos entrelazadas y esa típica expresión de padres cuando van a hablarte sobre su divorcio, entraron a su cuarto para comentarle la gran noticia. Ya sabes, esas cosas de: "tu madre y yo hemos decidido tomar caminos distintos", o "no es tu culpa, hijo; nuestra relación ya no funcionaba".
Bien, pues olvida todo eso.
Braden Vanlig, muy en el fondo de su interior —sí... tal vez no tan en el fondo—, hubiera preferido mil veces que esa charla se tratara de divorcio.
—Hijo, irás a la Academia Hero Steel.
Ese fue el instante. El único instante, en el que su rostro, dominado por las secuelas del insomnio, contuvo un rastro de brillo...
No un brillo de inquebrantable determinación.
Fue un brillo de sentencia.
«Estoy acabado», pensó Braden Vanlig.
Y allí, en la oscura caverna que llamaba habitación, rodeado de estanterías con cassettes, videojuegos y pósters promocionales del mundo DC, comenzó a considerar el reinicio de partida como una ruta deseable.
Ni siquiera tuvo tiempo para cliquear en el ícono de rechazar misión. El NPC, con su sonrisa brillante y sus ojeras provocadas por la tortuosa jornada laboral, empezó a hablar de futuro y éxito. La conversación favorita de Braden —eso fue sarcasmo, por cierto—. No estaba en condiciones de responder; o siquiera procesar alguna de las inspiradoras palabras de su padre. En estas situaciones, el hombre tendía de hablar como “Vanlig, el destacado empleado de una Agencia de Viajes”, en vez de “Vanlig, el padre y el esposo de una familia de ordinarios”. Promocionaba la experiencia como si fuera un viaje al majestuoso Machu Picchu, «¡llena de paradas turísticas y encantadoras actividades para hacer en familia!». Y no sonaba mal... si quitábamos más del 80% de las cosas que su padre avalaba como "divertidas". El gran problema residía en la estancia.
Era un internado.
Eso quería decir: adiós setup, adiós gran estantería de cómics, adiós alcantarilla oscura donde la rata Vanlig existía en estado natural... Su cabeza permaneció como una pantalla de carga congelada. La barra no se movió. Ni en las pruebas físicas de admisión, ni en el registro oficial de inscripción. Fue cuando se encontró abriendo la fría y arrogante puerta de Hero Steel, cargando su modesto equipaje, que el botón de play apareció de repente.
¿No había tiempo para retroceder, verdad?
La voz en su conciencia dijo: no. Braden se vio obligado a recurrir a la resignación. Con los párpados caídos y el sueño rozando su yugular, avanzó.
Un cuadro de introducción se desplegó en su mente.
[“Manual para sobrevivir a una prestigiosa Academia de héroes”].
El título rimbombante resplandeció: [¡Brillos, brillos!]. En el pie del texto, el autor:
“Braden Vanlig, nuevo estudiante de la Liga Básica en la Academia Hero Steel. Su don es...”.
Los dedos de Braden se crisparon. ¡Eso es irrelevante! ¡Saltar, saltar introducción de perso aje!
Suspiró aliviado cuando el texto cambió.
Guía infalible:
• Primer paso: ¡Hey, chico del don ridículo!
Braden pestañeó. ¿Eso fue un bug?
—¡Te estoy hablando a ti, perdedor!
Ah... no, solo era el mundo real. Braden cerró sus ventanas mentales y regresó a la triste realidad.
Sus ojos irritados inspeccionaron el espacioso vestíbulo de madera oscura y tapizado elegante en busca de esa voz tan nasal. La cabeza aún le retumbaba, así que el sonido se sintió igual que una pelota golpeando, una y otra vez, las paredes de su mente. Por un instante pensó que el llamado venía de sí mismo. ¿Eso era posible? Se detuvo un minuto en ello, hasta que la cabeza flotante de un joven dentudo lo sorprendió.
Bien, una persona normal debería estar gritando de horror ahora mismo. E incluso así, el semblante de Braden permaneció inmutable. Aún no se decidía si la razón eran sus grandiosas dos horas de sueño diarias o la costumbre.
Optó por ambas.
Sus ojeras profundas destacaban sobre su tez pálida. Si antes podría decirse que el tono de Braden se asemejaba al trigo tostado, ahora en verdad parecía un trigo recién sacado de la tierra... después de una infección fungica. El estudiante sin cuerpo pensó que tenía un aspecto enfermizo. Soltó una risita y, a la par de una nube de reflejos mágicos, el resto de su cuerpo se reveló.
—Creí que serías más feo. Pero tu apariencia va acorde con tu hoja de datos: ¡tan ordinario!
Oh, ¿sí? Pues él se veía igual que... No, en realidad, no le importaba lo suficiente como para pensar en un remate ingenioso. ¿Qué podía decir? ¿Un comentario sobre su dentadura o su invisibilidad? Olvídalo.
—Increíble, ¿no? La exigencia para las vacantes es cada vez menos estricta. Pero mira: gracias a eso, tú estás aquí. Considérate afortunado.
Braden lo ignoró. ¿Afortunado? Esto era la segunda peor desgracia de su vida... La primera fue, definitivamente, su don. No discutiría con nadie sobre ello.
Mientras divagaba, de pronto se dio cuenta de lo vacío que estaba el salón. No había nadie además de ellos. ¿Dónde estaban los gritos, los escandalosos poderes y las órdenes furiosas de los profesores? De hecho, el silencio era tal que, por un momento, meditó la posibilidad de haberse confundido de edificio. El chico Bugs Bunny notó su desorientación y expulsó un indicio de risa.
—Soy Steve, tu nueva niñera —se rascó la nariz, apoyándose en una pierna—. Los demás están en un simulacro.
Oh, eso tenía más sentido...
—Eres el nuevo, ¿no? Me asignaron para llevarte a tu habitación y explicarte lo básico. Vamos, vamos, o me perderé la gran entrada de Night Feathers —agitó su mano, girando sobre sus pies antes de perderse en la penumbra del pasillo frontal.
¿Night Feathers? ¿Qué era ese barato intento de imitar al glorioso Nalgwing?
Aunque sentía cierta pizca de curiosidad, el insaciable deseo de desmayarse en la almohada la sofocó. Siguió al Bugs Bunny con paso exhausto, aún considerando si era factible reiniciar la consola.
—¡Hogar, dulce hogar! —exclamó el estudiante invisible a un costado de la puerta. Señaló con su palma el interior del cuarto, invitando a Braden a pasar.
Este mismo sostuvo su equipaje y le echó una mirada de vuelta completa. Su resolución cayó igual que su escasa energía al ver la cama en un lateral.
Sencilla. Gris. Luces tenues. Manchas de humedad. Esas cosas, ya sabes. La verdad, no la había visto lo suficiente como para malgastar tres preciados párrafos describiéndola. ¡Déjalo dormir por ahora!
Steve se cruzó de brazos, apoyado en el marco de la entrada. Esbozó una mueca divertida cuando lo vio zambullirse en el colchón. ¡Sus intenciones se olían desde que entró a la institución!
Vanlig, por otro lado, olió perfectamente la razón por la que los colchones se sacaban al sol cada cierto tiempo...
No quería entrar en detalles.
—Tienes suerte, chico del don ridículo, tu compañero sigue en el simulacro —dijo entonces—. Si es que sobrevive, él te acompañará a tu primera clase; mañana a las ocho en punto. Ven a buscarme en la tarde. ¡Adiós, adiós!
Braden fingió que lo escuchaba. O bueno, más bien, creyó que fingía. Subió su pulgar, su cara estrellada en la almohada mientras configuraba su luz interna en modo noche.
Otra carcajada burlona precedió la partida de Steve.
¡Finalmente!
👾🎮 Braden Vanlig 🎮👾: