|Blind On Stage|

Durante las premiaciones, el grupo Ghost General ofreció una vez más una presentación impecable, cautivando tanto a los asistentes en el recinto como a la audiencia global que sintonizaba la transmisión a través de las plataformas digitales. La atmósfera estaba cargada de una energía vibrante; los vítores y el cariño mutuo inundaron cada rincón del escenario.
No obstante, durante esos dos días, los fanáticos de la agrupación notaron a su lindo y tierno líder Omega un poco... Quizás muy...
¿Embarazado?
Sabían que el bonito y rubio Omega era la pareja del mayor de la agrupación, Nolween Gage, quien durante el evento no dejó de mirar amenazadoramente a los Alfas que posaban su mirada en su adorable pareja. Pero era inevitable, las dulces feromonas de pastel de fresa provinientes del chico eran realmente embriagadoras.
Y aquellos grandes abrigos que usaba lo hacían resaltar entre la multitud, atrayendo incluso más miradas hacia su vientre, el cual, gracias a algunos movimientos del Omega sobre el escenario, le demostraron al mundo que, sí, la pareja se encontraba en la dulce espera.
Altie Portier no tenía un vientre tan grande, no por ahora quizás. Apenas comenzaba a notarse. Algunos intuyeron que el embarazo del líder estaba en sus etapas tempranas, minimizando cualquier riesgo, mientras que otros —más preocupados por la salud del rubio— se preguntaban si acaso era de esos Omegas cuya gestación pasaba desapercibida. Afortunadamente, no hizo falta más que un tierno mensaje de Altie en X e Instagram para calmar a todos sus fanáticos que lo adoraban, pues, después de todo, era un Omega que lograba robar suspiros hasta los de su propia casta.
El flujo de mensajes que recibían a través de las redes, era incesante:
“¡Se merecían ese premio, chicos!”
“¡Ghost General como siempre brillando en la pista de baile!”
“Ya no sé de quién enamorarme más”
“Esos trajes realmente los hacen ver como Dioses”
“¡¿DÓNDE SE REZA?!”
“¿Cuándo anuncian oficialmente el embarazo de Altie?”
Altie, quien se encontraba actualmente bañadito, cambiadito y limpio sobre la cama de la habitación, dispuesto a dormir dentro de su pequeño nido, formó una bonita “O” con sus labios, al leer ese último mensaje.
¿Sus fanáticos ya sabía sobre su pancita? No podía esperar menos de ellos.
Eso explicaba mucho el comportamiento de su Alfa el día anterior, sobretodo cuando ya venían de regreso hacia el hotel; un lugar del que ahora no podía salir por lo sensible que Nolween le había dejado.
El rubio Omega había cerrado uno de sus ojitos al sentir la nariz de Nolween pasar cariñosamente por su carita— al punto de casi tirar sus anteojos— queriendo llamar su atención. Volteó a su dirección, notando cómo sus menores se encontraban enfocados en su propios teléfonos, sin tomarle importancia al resto; Nolween aprovechó el descuido para cubrirlo de pequeños y constantes besos.
El Omega ladeó la cabeza en confusión. No lograba descifrar el mensaje de aquella mirada de ojos esmeralda y la sonrisa coqueta del mayor. Menos entendió cuando el hombre de cabello negro acarició sus muslos por encima de la tela del pantalón, bajando lentamente.
Quería entender qué pasaba por la mente del Alfa.
Después de su respectiva presentación en la competencia anual de bandas de rock, Nolween no le había permitido separarse de su lado, ni siquiera para sentarse con Izan o Kieran. Lo mantenía bajo su custodia, con una mano firme sobre su cintura y la otra acariciando su vientre con una posesividad que no llegaba a ser hiriente.
Altie había querido dormirse sobre su regazo; el aroma del Alfa, que extrañamente se había intensificado, actuaba sobre él como un sedante. Quizás por eso sus fanáticos notaron aquel momento en el cual recostó su cabeza en el hombro de su pareja mientras este lo colmaba de mimos.
—¿Ween? —susurró, justo cuando las manos de Nolween se posaron con una ternura calculada sobre su vientre.
—¿Nuestro cachorrito se ha portado bien hoy, bebé?
—¿Hm?—Soltó en confusión, su pregunta le había parecido muy espontánea y hasta curiosa, pero no podía quejarse, tal vez el moreno quería asegurarse de que no hubiese problemas con su bebito después de estar rodeados de tantas personas—Claro que sí, sabes de sobra que es muy tranquilo—Nolween asintió, uniendo sus labios. Altie creía que sería nada más un simple y dulce contacto, pero se equivocó; Nolween había estado a nada de devorarle la boca si no se apartaba a tiempo, sintiendo las manos del mayor acariciar su cuerpo con un descaro que le encendió la sangre. —C-Comportate, están los chicos— murmuró tras chasquear la lengua, casi en un hilo de voz, fruncienco el ceño mientras y sintiendo el ardor en sus mejillas al observar la mueca burlona del de cabellos oscuros.
—No importa—replicó Nolween, restándole importancia—. No es como si fuesen a vernos o a interrumpir.
La principal preocupación de Altie era Kieran. Si el menor de ellos llegaba a notar algo, las burlas sobre su faceta “atrevida” serían inevitables, dejándolo rojo como un tomate. Sin embargo, Kieran estaba demasiado inmerso en el partido de Baloncesto que se transmitia en Youtube como para poner los pies en la tierra.
El corazón del Omega comenzó a latir desbocado al sentir los besos húmedos que el Alfa depositaba mortalmente con lentitud sobre su cuello, queriendo hacerlo chillar cada vez que los labios producían un pequeño chasquido al separarse de su piel.
Altie estaba avergonzado, tratando de impedir que la escena pasara a mayores. Justo cuando fue dejado sobre el regazo del más alto, el aliento del rubiecito se congeló al ver que Michael los veía de reojo. Con nerviosismo, le dedicó una sonrisa dulce, distrayendo al joven Alfa antes de que este se colocase sus airpods, cerrando sus ojos mientras recostaba a un desinteresado y agotado Izan sobre su hombro.
Le avergonzaba tanto que el chico fuese tan inteligente como para saber las intenciones del pervertido Alfa atrás suyo.
—¿Qué te asusta, precioso?—había susurrado con descaro Ween sobre su sensible oído.
—¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?—Se preguntaba el avergonzado Omega rubio, quien intentaba ocultar discretamente la gruesa y dura erección que “apenas”, valga la redundancia, restregaba su Alfa contra su trasero.
Como si el jodido movimiento de la camioneta estuviera diseñado para torturarlo, cada sacudida obligaba al bonito Omega a morderse los labios para sofocar un gemido, ganándose a cambio una sonrisa socarrona del hombre de cabellos oscuros.
Iba a matarlo.
Leyendo al parecer los pensamientos de su bonito Omega, Nolween acomodó nuevamente a su pareja sobre su propio regazo, enfrentándolo y rodeando su cintura con firmeza para evitar que cayera de espaldas para evitar cualquier caída.
Aunque de todas formas no le importaría verle desde arriba en esa posición.
El solo pensamiento le hizo relamer sus labios, cautivado por esos ojitos grandes que le miraban con curiosidad y hasta ternura. Era como si los pequeños berrinches del más joven se hubiesen calmado con solo haberse visto mutuamente.
La nariz del rubiecito comenzó a moverse inconscientemente, acercándose hasta el cuello del Alfa para sentir de lleno su reconfortante aroma, haciéndole ronronear.
Llevaban un largo camino oliéndose mutuamente, disfrutando de la cercanía del otro, siendo el Alfa quien escuchaba los adorables ronroneos de su Omega en cinta, y ese aroma dulzón solo aumentando de sobremanera que lo mareaba.
Lo deseaba.
—¿Qué pasa, lindura?—cuestionó el de cabello negro cuando el menor se separó, tras haberle dejado un pequeño lametón en el cuello que le provocó al rubio un escalofrío por toda la espalda.
—N-Nolween—Altie le miró con los ojos bien abiertos.
El Alfa frunció el ceño, alarmado por el tono del menor, listo para montar un escándalo ante cualquier imprevisto. Sin embargo, su actitud cambió al notar el tierno rubor que azotaba las mejillas de su pareja y, un segundo después, fue que pudo percatarse, o mejor dicho, sentir, el problema, con sus manos.
Altie estaba lactando y lubricando en medio del trayecto de la camioneta, siendo esto último lo que había traspasado la tela de su pantalón, llegando a humedecer incluso los dedos del Alfa.
—W-Ween.
Altie ocultó su avergonzada carita en el pecho del más alto, negándose a salir de allí por medio de quejas e insultos disfrazados.
El olor del pastel de fresa se había incrementado, atrayendo inevitablemente la atención de los presentes. Incluído del mismo chófer, quien intrigado, lanzó una mirada furtiva a través del retrovisor.
—Son las hormonas.
Dicho eso, el Alfa se ganó un golpe en el pecho por parte de su avergonzado mate. Nolween chilló.
Nolween llegó al hotel abrazando a su Omega por la espalda, enterrando su nariz entre el espacio del cuello y hombros del más bajo. Altie, acomodando sus lentes, ladeó la cabeza, suspirando gustoso, le estaba dando un acceso más directo al mayor para impregnarse de su aroma.
Los integrantes más jóvenes de la banda fueron los primeros en ir a pedir comida, excusando a ambos mayores para que solo ingresaran a la habitación que ambos compartían.
Una vez ahí, el rubio pudo soltar un aliviado suspiro al desprenderse del parche, del mismo tono que su piel, que durante las presentaciones de esos agitados días le habían estado cubriendo la gran mancha sangrienta y rojiza que su Alfa le había hecho especialmente para él; un pequeño truco —o distractor potencial, como le gustaba decirle— para evitar que los fans centraran su atención en esa zona en específico de su cuerpo.
En redes aún se divagaba la noticia de por qué “aún” no había sido marcado por su pareja, cuando claramente llevaba orgullosamente por las noches aquel símbolo tan significativo y amoroso para ambos.
Tenía que admitir que la primera vez le había dolido como la mierda, su Nolween tenía una mandíbula demasiado fuerte y sus grititos de perico recién nacido eran la prueba suficiente de cuántos se habían enterado de lo ocurrido al día siguiente.
En cuanto a su embarazo, no se preocupaba. Sabía que siempre habría detractores que cuestionarían su relación con Nolween, pero confiaba plenamente en que el resto de sus fans los cuidarían y defenderían, a parte de que contaban con el apoyo de la empresa, sus amigos y familiares.
No tenía por qué estar asustado, menos a esas alturas.
Sí, admitía que el día que se lo dijeron a su Manager él empezó a llorar como un pequeño niño, escondiéndose tras Nolween al temer los regaños. Pero su Alfa había estado allí, dando la cara por él y por el bebé, calmando al pobre beta que, más que enfadado, solo intentaba mantener el orden.
Al salir del baño, una vez ya había controlado su lactancia y el extraño deseo abrumador de ser follado por su mayor horas antes en la camioneta, Altie dió un pequeño brinco cuando fue tomado por sorpresa entre los brazos de su Alfa.
Ya era muy tarde, estaba cansado y el colchón era realmente tentador.
—¿Ween?
El mayor no respondió.
En cambio, Nolween solo comenzó a olfatear su cuello, al igual que en la camioneta, dejando expuestas sus partes lobunas; al menos lo que constaba de sus orejas y cola, la cual meneaba constantemente con insistencia.
—Ween, ¿qué ocurre? Desde ayer estás muy berrinchudo—dijo Altie con un puchero, acariciando el pecho su Alfa—¿Es el estrés?—preguntó, pegando su carita a la cabeza de cabellos oscuros—. Vamos a dormir, Ween.
El lobo de Altie se removía algo inquieto, ronroneando feliz al sentirse cubierto por el aroma del moreno, el cual se había intensificado deliberadamente para que no le prestase atención a otra cosa.
Típico narcisista egoísta, su Alfa solo quería que le prestase atención.
Estaba por dormirse en los brazos del más alto cuando el rubiecito Omega volvió a dar un pequeño brinco, al sentir que Nolween le nalgueó en lugar de haberle respondido sus preguntas, dejando una de sus manos apretar a su gusto esa zona, mientras su cadera era aprisionada por la otra.
Sus labios habían sido tomados con más fuerza de la característica, haciéndole jadear apenas Ween le permitió inhalar por unos segundos algo de aire.
Las piernas de Altie flaquearon, obligándole a sostenerse de la mesita de noche de aquella habitación —aquella donde ahora descansaban sus lentes— para evitar golpear su vientre. Sintió cómo las manos de Nolween tomaban sus glúteos y los separaba, permitiéndole ingresar su lengua hasta su dulce anillito, quien comenzó a recibirlo gustoso.
La lengua del Alfa exploró su interior con una determinación que lo tomó por sorpresa. El Omega cubrió sus labios con ambas manos, ahogando el agudo gemido que escapó desde el fondo de su garganta.
Eso era nuevo.
Era la primera vez que Nolween tocaba esa zona con otra cosa que no fueran sus dedos o su propio miembro.
Dios, ¿se iba a desmayar? Se sentía tan malditamente bien.
—¡Ween!—chilló, con sus ojos ahora cristalizados, soltando otro agudo gemido apenas Nolween introdujo su mano derecha por debajo de su camisa, la única prenda que cargaba realmente, ya que su pantalón de pijama y su ropa interior ahora vagaban por alguna parte de la apenas iluminada habitación, comenzando a jugar con sus erectos pezones—W-Ween—sollozó con un marcado puchero, dando otro pequeño brinco cuando la respiración del Alfa se posó cerca de su oído.
—Te estás poniendo tan húmedo, bonito Omega.
Los labios del menor volvieron a separarse de la sorpresa, pero no tardó mucho, puesto que un cosquilleo algo extraño comenzó a pinchar el hogar de su cachorrito. Probablemente ni siquiera provenía de allí, pero si podía sentir claramente que el solo escuchar la voz del lobo interno de su Alfa, le había hecho más sumiso ante sus toques, mojándolo y accidentalmente volviéndole a hacer lactar.
¡No!, ¡Estaba volviendo a lactar!
¡¿No era normal lactar cuando uno se calentaba, verdad?!
Se supone que esa cosa en su pecho solo debía salir más adelante, cuando ya tuviese a su cachorrito.
—A-Apenas había podido controlarlo—se quejó en un pequeño berrinche, arqueando su espalda cuando un espasmo recorrió todo su cuerpo.
El Alfa pegó su rostro a sus hebras rubias, inhalando el rico aroma de su pequeño.
Ingresando lentamente en aquella cavidad que tanto amaba, el Omega se sostenía fuertemente de los brazos del de cabellos oscuros, temblando ligeramente por la expansión e intromisión en su parte baja, mordiendo su labio inferior mientras sus ojitos eran cerrados con fuerza.
—Mi bello Omega. —murmuró Nolween, con voz ronca.
—Q-Quizas deberíamos parar... N-No sé si sea buena idea hacerlo en mi estado—comenzó a decir un poco nervioso el joven Omega, gimiendo bajito cuando sentía las pequeñas estocadas del mayor—¿E-Esto es correcto? N-No he hablado con mi médico antes—el rubio Omega se apegó al pecho de su Alfa cuando las estocadas aunque lentas, fueron ganando profundidad.—H-Ha pasado un tiempo desde la última vez...
—Estarán bien, yo sé que hacer.
—¿S-Seguro?—Altie soltó otro pequeño gemido cuando el Alfa lo pegó un poco más a la pared, apartándolo lejos de aquella mesita y cualquier otra zona donde su cachorrito pudiese verse herido—A-Alfa, mi cuerpo cambia, s-se está preparando para adaptarse a nuestro bebé, s-seré incluso más sensible y...—Altie negó levemente, sintiendo un pequeño cosquilleo cuando el Alfa comenzó a acariciar su vientre con suavidad. Su respiración se estaba tornando más pesada, haciéndole jadear sofocado—T-Tendré que tener aún más cuidado, pero aún así, sabiendo esto, yo, no entiendo por qué...—el rubiecito contuvo la respiración al notar que aquellos profundos ojos oscuros le veían fijamente, sintiéndose realmente pequeño ante su presencia—M-Me siento tan caliente.
Solo un pequeño roce de labios había sido suficiente para mojar aún más al rojizo Omega rubio, quien cayendo poco a poco en los encantos de su pareja, comenzó a intensificar sus besos, drogando al de cabellos oscuros.
Altie amaba los besos, pero por el bienestar de los tres, no podían llegar demasiado lejos si querían tener al menos un poco de compostura para sus compromisos de las siguientes horas.
Pero se sentía tan deseado... Quería tener a su Alfa dentro.
Era extraño.
Era como si el celo se hubiese apoderando de ambos.
Un segundo...
—¡E-Estás en...!—los labios del mayor le callaron antes de que pudiese continuar con su afirmación.
El avergonzado Omega comenzó a sudar frío cuando la puerta de la habitación había sido tocada en un breve llamado.
« Santa Diosa Luna, dime que la puerta tiene seguro» Casi chillaba entre pensamientos el pobre rubiecito.
Solo bastó un gruñido bajo y gutural de advertencia de Nolween para que nadie más se atreviese a molestar. Sí, definitivamente su Alfa estaba en celo y aquello había alterado sus hormonas por estar en cinta.
Sus aromas combinándose y perfumando el ambiente, la pareja no podía sentirse más extasiada que con eso, sintiendo la cercanía de sus cuerpos, los colmillos del lobezno amenazando con volver a rozar la suave y nivea piel de su pareja era una promesa constante de lo que vendría.
Las manos del más joven fueron apresadas contra la pared por las del mayor, impidiéndole moverse libremente.
Altie no podía callar sus gemidos por más que luchaba contra si mismo. Cada vez que Nolween le tocaba tan bien, se derretía.
Su espalda se arqueaba conforme las embestidas a su persona eran más profundas y certeras, su Nolween, masturbándolo y llenándole de besos era algo que no sabía que le haría tanta falta luego de entrenamientos y presentaciones tan exhaustivas.
No se había sentido estresado por el bien de su cachorrito, pero de verdad era tan reconfortante sentirse tan liberado.
Un ronco gemido fue lo que escapó esta ocasión cuando logró eyacular sobre la mano del moreno, sintiéndose realmente cansado cuando este se corrió en su interior, permitiéndole recostar su perlada frente de la pared, jadeante.
El semen comenzó a caer por esas blanquesinas piernas, manchando el suelo apenas llegaban a los pies del Omega. Nolween veía los rojizos labios de su pareja temblar, sabiendo de sobra lo que le exigía, por lo que, sin prisa alguna, comenzó depositando pequeños besos hasta intensificarlos, desesperando al menor cuando los llevó al centro de la cama, donde comenzó a jugar con los húmedos pezones de su adormilado pequeño.
—¡N-No!—espetó Altie de repente con las mejillas más rojizas que antes, intentando separarse del Alfa—N-No... P-Podemos seguir, h-hay muchas personas fuera, no bastará con decirles que y-ya estamos descansando.
Y es que aquella excusa era dicha, porque a Altie siempre le daba vergüenza mirar los ojos profundos de su Alfa mientras era tomado con fuerza o dulzura por el lobezno, precisamente en esa posición, donde Nolween podía ver todas sus expresiones.
No importaba si ya habían pasado algunos pocos años desde su primera vez, para él seguía siendo vergonzoso, ¡y más ahora sabiendo que alguien podría llegar a verlos en esa situación!
El Alfa había movido sus orejas atento, Altie creyó que parecía un cachorro.
—No te resistas, Omega—el rubiecito volvió a gemir a gusto cuando el aún erecto miembro del Alfa ingresó en su interior, ensanchando aún más sus paredes, estaba tan profundo que ante las primeras embestidas Altie estaba perdido. Se sentía realmente bien—Eres un Omega tan bueno, tan bueno para tu Alfa—Altie asintió con orbes llorosos, por culpa de su calenturiento hombre, ahora él volvía a tener ganas de ser follado.
Nolween tenía al más bajo controlado por su cadera, siendo “algo” cuidadoso en dejar marcas rojizas por su agarre. La piel de su mate era tan suave y brillante, que tentación y dilema más complejo el decidir si adueñarse de ella o no.
A la mierda, sí lo haría.
Altie apenas balbuceaba su nombre, su mirada toda acuosa y brillante no podía enfocar al mayor con facilidad, al contrario, apenas era capaz de distinguir que lo que estaba viendo era el techo de la habitación, aferrándose a las sábanas, mientras su Alfa colocaba sus pálidas piernas por sobre sus hombros, embistiendo aún más profundo y con certeza el punto dulce de su pareja.
Siguió con su tarea de mordisquear levemente las zonas cerca de su vientre, depositando en este cariñosas lamidas, saludando al cachorrito aún en formación.
Ween sonrió un poco burlesco cuando, al correrse, admiró la exhausta mirada de su Omega. Por lo que lo tomó en brazos, alzándolo para que quedase sobre su pecho, mientras él lo sostenía firmente desde sus antebrazos.
—No te duermas, cariño.
—¿Eh?
Los labios del Omega se separaron para soltar un sorprendido gemido, los vaivenes que el Alfa hacía con su pelvis contra sus ahora rojizos glúteos habían logrado ingresar a su anillito con mucha, pero mucha más profundidad, gracias a lo dilatado que estaba por las eyaculaciones anteriores del mayor.
La cama era un desastre, se había convertido en un campo de batalla; las sábanas estaban revueltas, la mayoría de las almohadas se encontraban en el suelo y la madera chocaba constantemente contra el suelo y la pared.
Agradecía que por lo menos no se encontrasen habitaciones cerca de la suya, puesto que se habían estado quedando en las últimas disponibles de los anchos pasillos, no obstante, ahora temía por los “vecinos” de arriba y abajo de ellos.
El celo de su Alfa estaba cercano a llegar a su máximo punto de calor, para ese entonces, ese desgraciado y pervertido lobezno dejaría de hablarle coherentemente, tan solo le gruñiría para intentar comunicarse.
—¡W-Ween! N-No hagas... ¡Ah! A-Alfa el cachorro, ¡recuerda a... Al c-cachorro! ¡Alfa!—el cuerpo de Altie temblaba y se estremecía ante cada nueva embestida. Cerró fuertemente los ojos, llevando su cabeza hacia atrás—¡E-El señor Xavier puede venir, Ween!
El Omega se sentía mareado, no solo por la deliciosa sensación de ser penetrado por Nolween en su punto dulce, si no también por la enorme cantidad de feromonas que cubrían toda la habitación.
Lo más probable es que todo el piso del hotel estuviese oliendo a su Alfa en celo.
—¡M-Me vas a matar!—gritaba agitado, sollozando por la deliciosa sensación que aturdía su cabeza—¡Alfa me vas a matar! S-Se siente tan bien—Ween volvió a besarlo, provocando que un pequeño hilo de saliva cayese por la comisura de los labios del menor—¡Ngh!
El Alfa, dominado y cegado por los pensamientos de su Lobo, solo quería volver a anudar a su pareja sin importar si estaba preñado o no. Quería que lo tuviera todo.
Altie, quien hace tiempo había ya clavado sus filosas uñas sobre el pecho del Alfa, soltó un chillido agudo al sentir cómo seguía creciendo su pareja dentro de su interior, haciendo temblar sus piernas aunque el Alfa lo sostuviera contra si, impidiéndole caer.
—¡N-Nolween!
El Alfa recostó nuevamente a su agotada pareja contra el colchón, besando sus húmedos ojos y sus acaloradas mejillas, notando cómo su cuerpo presentaba espasmos y de sus labios aún salían incoherencias.
Al menos eso había calmado a su Lobo, por el momento, ya que ya se había liberado su primer nudo del celo, quedaban dos nudos más.
El jadeante y rojizo Omega colocó uno de sus brazos sobre sus ojos, soltando extensos suspiros conforme Ween lamía descaradamente la leche que brotaba desde su pecho, embistiéndole y sacudiendo el colchón donde se encontraban.
—Se supone que eso es para tu hijo, Alfa pervertido.
—Se supone, por ahora es solo mío.
Nolween lo tenía sujeto por sus brazos, impidiéndole a su espalda terminar de recostarse sobre el colchón, sus piernas flanqueaban a pesar de estar aferrándose a la cadera del Alfa, sintiéndose cada segundo más húmedo que antes.
Altie gemía placenteramente cada que sus labios eran tomados por los de su mayor, pidiendo por más de sus labios cuando se separaban para inhalar aire.
El rubiecito Omega gritó el nombre de su Alfa en cuánto alcanzó el clímax, viniéndose entre su estómago y el del moreno. El embarazo lo tenía realmente sensible, se excitaba rápido y para su frustración, había descubierto que se corría aún si apenas era rozado por su mayor.
Nolween pasó sus manos por el vientre del rubio Omega, arqueando la espalda de Altie por el sensible contacto contra su cuerpo.
Aún podía recordar su primera vez con el mayor, el cómo su poquita inocencia había sido tomada por ese macho de filosos colmillos y mirada coqueta, y la extrema vergüenza cuando su madre pegó un grito al cielo al enterarse que su pequeño bebé ya estaba marcado, llamando rápidamente la atención del resto de sus familiares.
Ya estaba seguro de escuchar nuevamente esos gritos cuando se enterasen que un nuevo miembro iba a llegar a ambas familias.
—Te veías jodidamente lindo en nuestras últimas presentaciones—El de cabello negro gruñó cerca de su oído, erizando su piel mientras sentía las calientes manos del mayor recorrer con mortal lentitud sus muslos—Y tu olor tan exquisito... Solo me estaba embriagando—Altie soltó un pequeño gemido cuando la húmeda lengua de Nolween pasó por todo su cuello, haciéndolo sentir pequeño—¿Por qué tengo un Omega tan hermoso? Las personas no dejaban de observarte, aún si estabas solo o con nosotros en la tarima, y ni hablar de cuando veían tu lindo culito moverse—Nolween tomó las nalgas del Omega y las amasó a su antojo, volviendo a retomar las embestidas de antes con un ritmo algo irregular. El Alfa sonrió ladino cuando vió la cara rojiza de su príncipe transformarse en muecas de placer, algunas veces de súplica—Que bendición tener tu bello cuerpo únicamente para mí.
—A-Alfa—Altie mordió su labio inferior con algo de fuerza, soltando pequeños sollozos por el vaivén entre su húmeda y ahora rojiza entrada, contra el miembro del mayor.
—¿No llegaste a quedar ciego en en el escenario porque no te pusiste a tiempo la venda, verdad bebé?—Altie asintió, aferrándose a la espalda de Nolween en un abrazo, enterrando incluso sus filosas uñas en la espalda del de ojos esmeralda—Te veías tan sexy mordiéndola con tus dulces labios, y aún así te atrevías a disculparte con todos nosotros.
Acontecía que durante su última presentación, Altie no llegó a tiempo para amarrar una venda sobre sus ojos para hacer un dueto a ciegas con su Alfa, algo que le irritaba bastante por tantas horas de ensayo, así que había optado por ponerla en sus labios, como un maldito perro.
Aún si se insultaba en su mente por tan jodido error, al público le había parecido una acción muy seductora. No faltaría en internet algún comentario obsceno hacia su persona, o inclusive, que ya estuviera en alguna fantasía con alguien ajeno a su pareja.
—¡A-Alfa!—Suplicó a gritos cuando Nolween aumentó las embestidas, teniendo su rostro cerca de los oídos del contrario, aturdiendo y endulzando al de cabellos oscuros con su chillona y en ocasiones, ronca voz.
La mitad del cuerpo de Altie pendía del colchón, a excepción del brazo donde Nolween lo sostenía, mientras una de sus piernas se encontraban descansando entre las sábanas y la otra se encontraba en el aire, sintiendo con más profundidad el falo de su Alfa, haciéndole gritar por la exquisita sensación.
Sus lagrimosos ojos se abrieron de a poco luego de sentirse completamente lleno del esperma de su pareja, sintiéndolo salir y verlo ahí, todo bañado de ese líquido blanco en su punta, mientras de su parte baja salían chorros y chorros con forma de hilo de este mismo.
Ya solo quedaba un último nudo, y para ese entonces, su Lobo Omega ya había hecho aparición.
Nolween volvió a relamer sus labios, jugando con la entrada de su pequeño, sacando y metiendo únicamente la punta de su pene, viendo el puchero que Altie formaba por no tenerlo todo.
Escuchó el más delicioso gemido de su mate al morderle una de sus orejas mientras su peluda cola lobezna era jalada entre sus manos.
Y su anillito expuesto tan rosado, apretado y húmedo como a él le encantaba.
El joven Omega no tenía de qué preocuparse, porque lo tuvo todo, y de una sola estocada, provocándole un nuevo grito de sorpresa.
Sus ojitos se mostraban nublados y perdidos, la baba se escurría de la comisura de su boca.
El Omega más deseado en todo el territorio, era suyo.
—¿Te gusta, bebé? ¿Se siente bien?
—S-Se siente... M-Muy bien—Intentó decir en medio de sus lágrimas, soltando pequeños gruñidos y dulces gemidos.
—He querido comerte desde hace algunas jodidas horas. No sabes cuánto...—Altie volvió a gemir, llevando su cabecita hacia atrás. Nolween lo torturó un poco, dándole pequeños mordiscos—Dolía mi polla estando atrapada dentro de ese ajustado pantalón, dolía tanto... Porque no podía comerte en público, pero no sabes cuántas ganas tuve de hacerlo, no sabes cuántas ganas tuve de follarte al verte vestido tan lindo, ese traje resaltaba toda tu belleza. Me importaba poco que un millón de personas nos estuviesen viendo, solo quería hacerte mío.
—Alfa...
—Recibeme, Omega. Todo.
Altie arqueó la espalda nuevamente al sentir su marca ser reabierta por los filosos colmillos del Alfa, sintiéndose realmente mareado y sin fuerzas.
—¿No crees que es muy tarde para estar comiendo papitas? Van a ser las cuatro de la madrugada, bebé.
Altie arrugó la naricita, si él y su cachorrito tenían hambre, tragaría lo primero que viese. Así que amenazó al Alfa, apuntandole con una papita.
—Las cuatro de la madrugada y un carajo, Ween, ¡tenemos hambre!
—Aún no es el mes de los antojos, no empieces con eso —respondió el Alfa, robándole una papita al más bajo mientras negaba con la cabeza—. Y esto no es muy sano que digamos.
—¡Mi papita!—el Omega rubio se abalanzó sobre el mayor, buscando recuperar su preciado alimento, lo hizo con tal fuerza que sus lentes casi volvieron a caerse esa noche, no obstante, se terminó cansando y quedando sobre el pecho descubierto del contrario, formando un puchero—W-Ween...
—¿Si?
—C-Creo que la gente me mirará extraño mañana en la presentación de nuestros colegas—confesó Altie con un puchero—Cuando me vean caminar...
—Cuando te vean caminar, sabrán que le dí mucho, pero mucho, amor a mis dos cachorros—respondió Nolween, besando las esponjositas mejillas de su pareja—Pero si se pasan... Verán por qué soy tu Alfa—Altie le dió un pequeño golpe en el pecho, su lindo pucherito seguía estando marcado en sus labios.
—¡Ween! No asustes a los fans.
—Amo a nuestros fans—se sinceró, formando una sonrisa—Pero no tanto como a ustedes—dijo, dándole un pequeño piquito a su avergonzado Omega de rubios cabellos—¿Te sentaras mañana a mi lado si es que vamos?
—Hmm.. Solo si me das muchos, muchos mimos. Y mis papitas—Altie lo pensó un poco más, abriendo sus ojitos—¿Cómo que “si es que vamos”?— preguntó, sospechando de la mirada traviesa del de cabello negro —¿Ween?
—¿No quieres que nuestro pequeño tenga otra rica sesión de masajes?
Nolween rio bajito al ver cómo las mejillas de su pareja se teñían de un furioso color rojizo ante su picardía.
—¡N-No, No, espera!—comenzó a gritar cuando su pareja se le abalanzó encima.
Altie amaba ser follado por su Alfa estando en cinta, no importaba cuánto dijera o gritara lo contrario.








