Tú + Yo = Incompatibles by —J at Inkitt
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Tú + Yo = Incompatibles

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Summary

Ella habla en ideas, él en números. Ella siente demasiado, él controla todo. Delilah y Lucas no deberían entenderse... y definitivamente no deberían soportarse. Pero cuando el destino los pone en el mismo camino, la tensión entre ellos deja de ser solo molestia. Empieza a parecerse demasiado a algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Porque hay personas que llegan para desordenarte la vida... justo cuando más la tenías bajo control.

Genre
Romance
Author
—J
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: El peor compañero posible.


Delilah Bennett sabía que Lucas Morgan existía.

Era imposible no saberlo.

Durante tres años de universidad había aprendido a reconocerlo incluso sin querer. Era ese tipo de persona que parecía ocupar más espacio del que realmente ocupaba; no porque lo intentara, sino porque todo a su alrededor parecía girar un poco hacia él.

Su risa era demasiado fácil de escuchar desde cualquier rincón del salón. Sus amigos siempre terminaban alrededor suyo. Los profesores conocían su nombre.

Y, para su desgracia, también era imposible negar que era bueno en todo lo que hacía. Muy bueno.

Delilah lo había visto entrar tarde más de una vez con esa tranquilidad desesperante de alguien que no parecía preocupado por nada. Lo había visto salir directo a entrenar después de clases, con el bolso deportivo colgando del hombro y esa energía inagotable que ella nunca entendería.

También lo había visto cruzar el campus rodeado de compañeros, saludando personas por el camino como si conociera a medio mundo. Y lo peor era que la mayoría parecía genuinamente feliz de verlo.

Porque Lucas era exactamente el tipo de persona que ella evitaba.

Demasiado ruidoso.

Demasiado seguro.

Demasiado visible.

Ella, en cambio, prefería pasar desapercibida.

Aunque no siempre había sido una elección consciente. A veces Delilah pensaba que simplemente había aprendido a ocupar el espacio exacto que necesitaba.

Ni demasiado.

Ni muy poco.

Solo lo suficiente.

Tenía a Emma Parker, y Emma era suficiente.

Emma era esa clase de persona que podía entrar a un lugar y hablar con cualquiera sin pensar demasiado en cada palabra. Podía hacer amigos en cinco minutos y recordar detalles de personas que apenas conocía.

Delilah no funcionaba así.

No era que odiara a las personas. Simplemente había conversaciones donde nunca encontraba el momento correcto para entrar. Grupos donde sentía que todos parecían conocer reglas que nadie le había explicado. Y no le importaba.

Eso decía.

No necesitaba encajar en todas partes. Tenía sus libros, sus historias, sus pensamientos y a Emma. Era suficiente.

Aunque a veces se preguntaba por qué, si realmente no le importaba, seguía notándolo.

La mañana transcurría con la tranquilidad habitual del campus. A través de las ventanas del edificio académico, la luz suave del sol iluminaba los pasillos llenos de estudiantes que caminaban de una clase a otra con cafés en la mano y mochilas colgando de un hombro. Delilah iba leyendo unas anotaciones en su cuaderno mientras caminaba hacia el salón.

—Estás pensando demasiado otra vez.

La voz de Emma la sacó de sus pensamientos. Parpadeó y levantó la mirada.

—¿Qué?

Emma estaba apoyada contra la puerta del aula, observándola con esa expresión que hacía evidente que llevaba varios segundos esperando una respuesta.

Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y sostenía un vaso de café entre las manos. Parecía mucho más despierta que cualquier persona debería estar a esa hora de la mañana.

—Acabas de hacer esa cara.

Delilah frunció el ceño.

—¿Qué cara?

—La de estar teniendo una conversación completa en tu cabeza mientras el resto del mundo sigue existiendo.

Bajó la mirada hacia su cuaderno. No era mentira, probablemente Emma tenía razón. Otra vez.

Era algo que pasaba más seguido de lo que le gustaría admitir.

Las páginas abiertas frente a ella estaban llenas de notas escritas con una letra ordenada y pequeños comentarios en los márgenes. Emma decía que parecía una detective encubierta. Delilah prefería pensar que era observadora.

—Estaba pensando.

—Eso es exactamente lo que dije —respondió, con una sonrisa de suficiencia.

Delilah cerró el cuaderno con cuidado.

—No entiendo cuál es el problema con pensar.

—Ninguno. El problema es que tú conviertes todo en una investigación.

Emma tomó el cuaderno antes de que pudiera detenerla y miró la página abierta.

—Delilah.

—¿Qué?

—¿Estás escribiendo teorías sobre personas?

Intentó quitárselo, pero fracasó.

—No son teorías.

Emma levantó una ceja.

—Aquí literalmente dice: “Las personas suelen revelar más cuando creen que nadie las está observando”.

Hubo un silencio. Después de un segundo intento logró recuperar su cuaderno.

—Es una observación.

—Es una teoría.

—Es una observación con fundamento.

Emma sonrió.

—Eres imposible.

—Me lo dicen mucho —dijo, mientras guardaba el cuaderno en su mochila.

—Porque es verdad.

A pesar de su comentario, Delilah sonrió un poco. Emma era una de las pocas personas que podía decirle cosas así sin que ella sintiera la necesidad de analizar cada palabra después.

Porque Emma no intentaba cambiarla. No le decía que debía hablar más, salir más o ser diferente, simplemente la aceptaba.

Y eso era probablemente por lo que era su persona favorita.

Aunque nunca se lo diría de una forma tan dramática, porque Emma lo usaría en su contra.

—Por cierto —dijo Emma mientras entraban al salón—, ¿viste que hoy tenemos la presentación del proyecto?

El aula ya estaba medio llena. Algunas personas conversaban cerca de las ventanas, otras revisaban apuntes de último minuto. El sonido de mochilas abriéndose, sillas moviéndose y conversaciones superpuestas llenaba el ambiente con ese caos organizado tan propio de la universidad.

Delilah se sentó en su lugar habitual.

Segunda fila.

No adelante.

No atrás.

El punto perfecto para ver la pizarra sin llamar demasiado la atención.

Desde ahí podía observar todo el salón sin que nadie reparara demasiado en ella. Era una posición estratégica. Lo suficientemente cerca para escuchar, lo suficientemente lejos para pasar desapercibida.

—Sí.

—Ya estás preocupada.

—No estoy preocupada.

Emma la miró.

Delilah suspiró.

—Estoy considerando las posibilidades.

—Eso significa que estás preocupada.

Ambas comenzaron a sacar sus cuadernos y lápices y acomodarlos sobre la mesa blanca frente a ellas.

Delilah alineó automáticamente sus resaltadores junto al estuche. Emma observó el proceso con resignación.

—Los proyectos grupales tienen demasiadas variables.

—Personas.

—Exacto.

Emma soltó una risa.

—Eres consciente de que estás hablando de compañeros de clase y no de una fórmula matemática, ¿verdad?

Delilah la miró.

—Las fórmulas son más divertidas.

Emma negó con la cabeza, divertida.

—Algún día alguien va a hacer que cambies de opinión.

—Lo dudo.

Un grupo de estudiantes pasó junto a ellas riendo por algo que Delilah no alcanzó a escuchar. Al otro lado del salón, alguien dejó caer un lápiz y varios se giraron brevemente antes de volver a sus conversaciones.

Y aunque lo dijo con seguridad, no podía saber lo equivocada que estaba.

Porque unos minutos después, cuando el profesor entró al aula, Delilah Bennett todavía pensaba que conocía perfectamente el tipo de personas que quería evitar. Y Lucas Morgan estaba a punto de convertirse en una excepción que ella no había pedido.

El murmullo fue apagándose poco a poco mientras el profesor dejaba una carpeta sobre el escritorio. Las conversaciones se transformaron en susurros y después en silencio.

La clase empezó como cualquier otra.

El proyector iluminaba la pared frontal del aula con una presentación llena de gráficos y conceptos que la mayoría de los estudiantes fingían mirar mientras terminaban tareas pendientes o revisaban sus teléfonos bajo la mesa.

El profesor habló sobre estrategias de comunicación empresarial, mientras Delilah tomaba apuntes rápidamente.

Era una de sus partes favoritas de la carrera.

La forma en que las palabras podían cambiar una idea. Cómo una misma propuesta podía fracasar o funcionar dependiendo de cómo se presentaba.

A mucha gente le parecía que la comunicación era solo hablar, ella sabía que no era así.

La comunicación era entender.

Observar.

Conectar.

Y quizás por eso le gustaba tanto. Porque era una mezcla extraña entre creatividad y análisis. Dos cosas que parecían opuestas, pero que para ella tenían sentido.

La punta de su lápiz se movía con rapidez sobre el papel mientras organizaba conceptos, flechas y pequeñas anotaciones en los márgenes. Mientras escribía, escuchó una voz al fondo.

—Creo que la estrategia tendría más sentido si se enfocaran en el público objetivo primero.

Delilah levantó la mirada sin querer.

Lucas Morgan. Por supuesto.

Estaba recostado ligeramente contra el respaldo de su silla, con una mano apoyada sobre la mesa y la otra sosteniendo un lápiz que giraba distraídamente entre sus dedos. Su expresión era tranquila, como si intervenir en medio de la clase fuera la cosa más natural del mundo.

Porque aparentemente incluso cuando intentaba ignorarlo, él encontraba formas de aparecer.

El profesor asintió.

—Exactamente, Morgan. Ese es un punto importante.

Algunos estudiantes giraron brevemente la cabeza hacia él. Nadie parecía sorprendido de que hubiera respondido correctamente.

Delilah miró hacia otro lado, no porque quisiera seguir observándolo, sino porque le molestaba que hubiera tenido una buena respuesta.

Era más fácil cuando las personas eran exactamente como ella esperaba.

Lucas Morgan era mucho más complicado.

🏀✏️📐📖

La clase avanzó entre explicaciones, preguntas y el sonido constante de lápices escribiendo.

La luz de la mañana comenzaba a filtrarse con más fuerza por las ventanas del edificio, proyectando rectángulos dorados sobre algunas mesas. Alguien bostezó al fondo. Otra persona pasó páginas con demasiada energía. El ambiente tenía esa calma inquieta de una clase larga que todavía estaba lejos de terminar.

Delilah intentó concentrarse, de verdad lo intentó, pero había algo irritante en Lucas Morgan.

No era solo que fuera bueno en deportes.

No era solo que pareciera conocer a todo el mundo.

Era que cada vez que Delilah encontraba una razón para clasificarlo como alguien superficial, él hacía algo que arruinaba completamente su teoría.

Y Delilah odiaba equivocarse. Sobre todo cuando se trataba de personas, porque las personas eran difíciles.

Las personas cambiaban de opinión, decían una cosa y hacían otra, prometían cosas que después olvidaban.

Por eso le gustaban los libros. En un libro, un personaje podía mentir, podía equivocarse, podía esconder secretos pero al final siempre había una respuesta.

La historia siempre terminaba mostrando quién era realmente alguien. La vida real era mucho menos ordenada.

Lucas volvió a intervenir un par de veces durante la explicación. Nada excesivo. Comentarios breves. Preguntas concretas. Lo suficiente para demostrar que estaba prestando atención.

Lo suficiente para seguir arruinando sus teorías.

—Bennett.

Delilah levantó la mirada.

El profesor la estaba observando.

—¿Podrías explicar tu punto sobre la propuesta de la empresa?

Por un segundo se quedó en blanco.

No porque no supiera la respuesta, la tenía, simplemente odiaba cuando toda la atención caía sobre ella.

Sintió varias miradas girarse en su dirección. Nada dramático. Nada fuera de lo normal. Pero aun así fue suficiente para que sus hombros se tensaran ligeramente.

Era extraño.

Podía escribir páginas completas sobre una idea, podía organizar argumentos durante horas, podía analizar una situación desde todos los ángulos posibles, pero cuando veinte personas la miraban esperando que hablara, algo dentro de ella se tensaba.

Aun así, respiró y respondió.

—Creo que una propuesta no funciona solo porque tenga buenos datos. Tiene que conectar con las personas a las que va dirigida. Puedes tener una estrategia perfecta, pero si no entiendes cómo piensa alguien, probablemente no llegue a ningún lado.

El salón permaneció en silencio durante un segundo.

El profesor asintió.

—Exactamente.

Delilah bajó la mirada a sus apuntes.

No era que necesitara aprobación.

Pero se sintió bien.

Un poco.

Lo suficiente para molestarla.

Volvió a mover el lápiz sobre el papel, fingiendo una concentración absoluta mientras la atención del resto regresaba lentamente a la clase.

Cuando volvió a mirar hacia el fondo del salón, notó algo.

Lucas Morgan la estaba mirando.

No parecía distraído ni aburrido. Tampoco tenía esa expresión relajada que solía llevar durante las clases.

No con una sonrisa burlona. No con esa expresión de alguien que estaba esperando hacer un comentario. Simplemente estaba observando, como si estuviera pensando, como si acabara de descubrir algo que no esperaba encontrar.

Delilah fue la primera en apartar la mirada. Porque eso era más incómodo que una burla.

🏀✏️📐📖

Cuando la clase terminó, el ruido volvió al salón.

El silencio ordenado de la clase desapareció casi de inmediato. En cuestión de segundos, el aula volvió a llenarse de voces, risas dispersas y el sonido constante de cierres abriéndose y cerrándose.

Delilah guardó sus cosas lentamente. Siempre hacía eso, era una costumbre que había desarrollado sin darse cuenta, no le gustaba salir corriendo junto con todos los demás, prefería esperar unos segundos, dejar que la multitud avanzara y después caminar tranquila.

Era más fácil. Menos empujones. Menos conversaciones incómodas. Menos posibilidades de quedar atrapada en interacciones inesperadas.

—¿Nos vemos después? —preguntó Emma.

Delilah levantó la mirada.

—¿No vienes conmigo?

Emma negó con la cabeza.

—Tengo que hablar con alguien de otra clase.

Delilah asintió.

—Está bien.

Emma sonrió.

—¿Segura?

Delilah frunció el ceño.

—¿Por qué no estaría segura?

Emma hizo una pausa.

—No sé. Solo preguntaba.

Pero Delilah conocía esa mirada.

Era la misma mirada que Emma usaba cuando quería decir algo pero estaba esperando el momento correcto.

—Nos vemos después.

Delilah la vio irse y negó con la cabeza.

Emma era demasiado buena leyendo a las personas.

A veces era molesto.

La mayoría de veces era útil.

La observó perderse entre los estudiantes que comenzaban a salir al pasillo. Emma saludó a alguien en el camino, sonrió a otra persona y desapareció entre la multitud con una facilidad que Delilah jamás entendería.

Guardó el último lápiz en su estuche cuando escuchó una voz detrás de ella.

—Así que tú también sabes responder preguntas difíciles.

Delilah se giró.

Lucas. Por supuesto.

De todas las personas que podían haberse acercado, tenía que ser él.

Se acercó a su mesa, su presencia llenando el espacio de una manera que a Delilah le resultaba exasperante.

Llevaba una camiseta negra básica, un poco holgada, que dejaba entrever el ancho de sus hombros, y unos pantalones oscuros que parecían haber visto mejores días, pero que en él, de alguna forma, lucían impecables.

Su cabello oscuro y rizado caía sobre su frente de manera despreocupada, como si nunca hubiera intentado acomodarlo realmente.

Parecía recién salido de una práctica deportiva, aunque las clases habían terminado hacía apenas unos minutos.

Y en sus ojos marrones, que ahora la miraban directamente, había una chispa de...

¿Diversión?

¿O era solo su imaginación?

—¿Eso te sorprende?

Él pareció pensarlo.

—Un poco.

Ella levantó una ceja.

—¿Por qué?

Lucas apoyó una mano en la mesa.

La mesa ya estaba prácticamente vacía, pero aun así parecía inclinarse hacia el espacio de Delilah con una confianza que normalmente habría encontrado irritante.

—No sé. Pareces alguien que ya tiene una opinión sobre todo.

Delilah cruzó los brazos.

—Y tú pareces alguien que habla demasiado.

Una sonrisa apareció en su rostro.

No una sonrisa enorme ni exagerada. Solo una pequeña curva en la comisura de sus labios, como si realmente encontrara divertida la conversación.

—Eso fue bastante rápido.

—No necesitaba pensar mucho.

Lucas soltó una risa.

Una risa breve y genuina.

Y Delilah odió que sonara tan natural.

—Creo que me estás juzgando.

—Creo que estás muy acostumbrado a que la gente te diga cosas buenas.

Eso hizo que su sonrisa bajara apenas.

Solo un segundo.

Pero Delilah lo notó.

Interesante.

Porque por primera vez desde que había empezado a hablar con él, parecía haberlo tomado por sorpresa.

—¿Y tú no?

Ella acomodó su mochila.

—No.

Lucas la miró divertido.

—¿Nunca?

Delilah abrió la boca para responder.

Pero se detuvo.

Porque la respuesta honesta era más complicada.

No era que no quisiera que le dijeran cosas buenas, ni que le sorprendiera estar en lo correcto, solo que a veces...

Sacudió la cabeza. Era mejor no seguir divagando.

Además, Lucas Morgan era probablemente la última persona con la que quería tener una conversación profunda.

Antes de que pudiera decir algo, el profesor volvió a llamar la atención del salón.

—Antes de que se vayan, necesito recordarles algo importante.

Todos se detuvieron.

Algunas personas ya estaban en la puerta. Otras volvieron a sentarse con resignación. Un par de quejas aparecieron inmediatamente.

—El proyecto final será realizado en parejas.

Un montón de protestas apareció en el salón.

Delilah sintió una pequeña preocupación.

No por el trabajo.

Por el compañero.

El profesor empezó a decir nombres.

Uno por uno.

Delilah esperaba. Esperaba escuchar cualquier nombre menos uno.

Mientras los nombres avanzaban, sintió cómo la inquietud comenzaba a instalarse lentamente en su estómago.

Hasta que llegó.

—Delilah Bennett con Lucas Morgan.

Silencio.

O al menos así se sintió.

Delilah parpadeó.

Miró hacia donde estaba Lucas.

Él también parecía sorprendido.

Sus cejas se elevaron apenas, como si tampoco hubiera esperado escuchar ese resultado.

Solo durante un segundo. Después esa sonrisa apareció.

Esa sonrisa que parecía decir que la situación le parecía mucho más divertida que a ella.

—Bueno.

Delilah levantó la mirada.

—Bueno.

Él señaló hacia ellos.

—Supongo que somos un equipo.

—Supongo.

El profesor comenzó a repartir las pautas del proyecto mientras el salón seguía lleno de comentarios y quejas por las parejas asignadas.

Algunos estudiantes ya estaban negociando horarios. Otros parecían resignados.

Cuando llegó a su fila, dejó una hoja sobre la mesa de Delilah.

—Toda la información está aquí. Objetivos, fechas de entrega y criterios de evaluación. Y, por favor, no esperen hasta el final del semestre para empezar —advirtió antes de continuar hacia el siguiente grupo.

Delilah tomó la pauta inmediatamente.

Por supuesto que lo hizo.

Antes de que el profesor terminara de repartir el resto, ella ya estaba revisando las instrucciones.

Su mirada recorrió rápidamente las páginas.

Investigación.

Desarrollo de propuesta.

Avances parciales.

Presentación final.

Y entonces vio la duración.

Nueve semanas.

Delilah volvió a leerlo para asegurarse de no haber entendido mal.

Nueve semanas. Sesenta y tres días.

Prácticamente todo lo que quedaba del semestre.

Demasiado tiempo para depender de otra persona. Definitivamente demasiado tiempo para depender de Lucas Morgan.

A su lado, Lucas observó la pauta por encima de su hombro durante unos segundos.

Lucas miró sus apuntes perfectamente ordenados.

—Déjame adivinar.

Ella esperó.

—Ya tienes un calendario.

Delilah no pudo evitar mirarlo sorprendida.

—¿Cómo sabes?

Lucas sonrió.

—Porque tienes cara de hacer calendarios.

Ella entrecerró los ojos.

—Eso no tiene sentido.

—Sí tiene.

—No.

—Sí.

Delilah suspiró.

—Qué conversación tan inútil.

Lucas soltó una risa baja.

—Y aun así sigues aquí.

Ella lo miró.

Y por primera vez se dio cuenta de algo.

Lucas Morgan no parecía estar intentando impresionarla. Tampoco parecía estar intentando caerle bien.

No estaba presumiendo de sus notas. No estaba mencionando el equipo de baloncesto. No estaba usando el encanto que, según Emma, funcionaba con prácticamente todo el mundo.

Parecía estar intentando entenderla. Y eso era mucho más incómodo.

Lucas acomodó su mochila y volvió a mirar la pauta del proyecto, la sostuvo entre las manos unos segundos mientras repasaba los apartados principales.

—Bueno, Bennett. Supongo que deberíamos hablar de esto antes de que decidas hacer todo sola.

Delilah lo miró.

—No iba a hacer todo sola.

Lucas levantó una ceja.

Ella dudó solo un segundo.

—Probablemente habría adelantado una parte.

Él sonrió.

—Eso pensé.

Delilah suspiró.

—¿Tienes algún problema con organizar las cosas?

—Ninguno.

Lucas caminó unos pasos mientras revisaba la información del proyecto.

Sus ojos recorrían la pauta con rapidez, deteniéndose en las fechas y los porcentajes de evaluación.

Parecía estar leyéndola de verdad.

No fingiendo interés.

No buscando una excusa para terminar la conversación.

Leyéndola.

—De hecho, creo que es bastante útil.

Ella parpadeó.

No esperaba esa respuesta.

Esperaba algo como quejarse, decir que estaba exagerando o hacer algún comentario sobre que era demasiado seria.

Pero no. Simplemente lo aceptó.

—¿Entonces?

Lucas la miró.

—Entonces nada.

Se encogió de hombros.

—Pareces sorprendida de que esté de acuerdo contigo.

Delilah abrió la boca y la cerró, porque tenía razón, por más irritante que eso fuera.

—No estoy sorprendida.

—Lo estás.

—No.

—Sí.

—Eres bastante molesto.

La sonrisa de Lucas volvió.

—Eso sí me lo creo.

El salón estaba casi vacío a esas alturas.

Las voces del pasillo llegaban amortiguadas desde afuera y el profesor terminaba de guardar sus cosas cerca del escritorio.

Delilah agarró la hoja del proyecto.

—Tenemos que decidir cómo dividirlo.

—Podemos hacerlo después.

Ella frunció el ceño.

—¿Después?

—Sí.

—¿Cuándo?

Lucas pensó unos segundos.

—Mañana.

Delilah lo miró como si acabara de decir algo absurdo.

—¿Mañana?

—Sí.

—La primera entrega es en una semana.

Lucas la observó unos segundos.

—Aún faltan seis días.

Ella cruzó los brazos.

—Eso no es una razón para esperar.

—Tampoco es una razón para entrar en pánico hoy.

Delilah se quedó callada.

Porque nuevamente tenía un punto, empezaba a ser molesto cuántas veces pasaba.

Lucas pareció notarlo.

—¿Sabes?

—¿Qué?

—Creo que esperabas que fuera mucho peor.

Delilah lo miró.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

Ella desvió la mirada.

Odiaba que fuera observador, las personas que observaban demasiado eran un problema porque podían descubrir cosas.

—Solo intento asegurarme de que esto salga bien.

La respuesta salió más sincera de lo que esperaba.

Lucas dejó de sonreír un poco.

Su expresión cambió apenas, como si entendiera exactamente lo que quería decir.

—Sí.

Hubo un pequeño silencio.

—Yo también.

La respuesta fue inmediata.

Sin bromas.

Sin sonrisas.

Solo honestidad.

Delilah volvió a mirarlo.

No había arrogancia en su voz.

No había una broma.

Solo una respuesta.

Y por alguna razón, eso la desconcertó más.

Porque Lucas Morgan era fácil de ignorar cuando era exactamente como ella pensaba.

Era fácil clasificarlo. Guardar su nombre en una caja mental junto a todas las personas que creía comprender, pero era difícil cuando parecía tener más capas.

—Está bien —dijo finalmente—. Mañana vemos los detalles.

Lucas sonrió.

—¿Eso significa que confías en mí?

Delilah lo miró inmediatamente.

—No.

Él soltó una risa.

—Tenía que preguntar.

—Y yo tenía que responder.

—Eres bastante cruel, Bennett.

—Tú sobrevivirás.

Lucas caminó hacia la puerta.

Se colgó la mochila de un hombro y empujó la puerta con una mano.

Antes de salir, se giró.

—Por cierto, nos vemos mañana, Bennett.

Delilah levantó la mirada.

—No llegues tarde.

Lucas sonrió.

—Sigues pensando que voy a llegar tarde.

—Porque probablemente lo harás.

Él negó con la cabeza, divertido.

—Creo que tienes una opinión demasiado formada sobre mí.

Delilah se quedó callada unos segundos.

Porque tenía razón.

Ella lo había hecho, había decidido quién era Lucas Morgan sin realmente conocerlo, pero admitirlo no estaba entre sus planes.

Así que simplemente cruzó los brazos.

—No necesito conocerte mucho para saber que eres agotador.

La sonrisa de Lucas apareció lentamente.

—¿Eso es lo más amable que puedes decir?

—No estaba intentando ser amable.

Él soltó una risa baja.

Y por alguna razón, eso la molestó todavía más.

Porque no parecía ofendido. Parecía divertido.

Como si estuviera disfrutando una conversación que cualquier otra persona habría abandonado hacía varios minutos.

Como si ella fuera un rompecabezas.

Y Delilah odiaba sentirse observada.

—¿Sabes qué, Bennett?

Delilah levantó una ceja.

—¿Qué?

Lucas la miró con esa expresión confiada que parecía llevar siempre.

—Creo que me caes mal.

Ella parpadeó.

No esperaba eso.

Después de todo, había pasado los últimos minutos intentando demostrar exactamente eso.

Pero escucharlo de él era diferente.

Así que solo lo miró unos segundos.

Y luego sonrió apenas.

—El sentimiento es mutuo, Morgan.

Lucas sonrió.

—Me alegra saberlo.

—No sé por qué te alegraría.

—Porque significa que no soy el único que piensa que esto será complicado.

Delilah negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Y tú eres bastante intensa.

—Nos vemos mañana, Morgan.

—Qué entusiasmo.

—No te acostumbres.

Lucas soltó una risa.

—Hasta mañana, Bennett.

Y esta vez sí se fue, salió del salón y desapareció por el pasillo. Ella se quedó mirándolo unos segundos más de los necesarios.

Después negó con la cabeza.

No.

Definitivamente no.

Lucas Morgan era exactamente el tipo de persona que debía evitar.

Demasiado confiado.

Demasiado seguro.

Demasiado capaz de decir algo molesto y hacerlo sonar como si no estuviera intentando molestar.

🏀✏️📐📖

Al salir del edificio, Delilah encontró a Emma esperando cerca de la entrada.

El sol de la tarde comenzaba a descender sobre el campus, tiñendo de dorado los edificios de ladrillo y los senderos llenos de estudiantes que caminaban de un lado a otro cargando mochilas, cafés y apuntes.

—Bueno —dijo Emma apenas la vio—. Por tu cara, algo pasó.

Delilah acomodó la mochila sobre su hombro.

—¿Y tú? ¿Qué pasó con tu compañero?

Emma levantó el teléfono.

—Compañera.

—¿Ya sabes quién es?

—Me escribió hace diez minutos.

Mostró la pantalla brevemente.

—Se llama Sophie.

—¿Y?

Emma guardó el teléfono.

—Creo que sobreviviré.

—Eso no responde mi pregunta.

Emma empezó a caminar junto a ella.

—Habla rápido, usa demasiados signos de exclamación y ya me preguntó tres veces cuándo podemos reunirnos.

Delilah la miró.

—Eso suena bastante normal.

—Exacto. Demasiado normal. Me da desconfianza.

Delilah soltó una pequeña risa.

—Eres ridícula.

—Y aun así me quieres.

—Lamentablemente.

Emma sonrió satisfecha.

—Me conformo con eso.

Caminaron unos segundos en silencio.

El campus seguía lleno de movimiento. Algunos estudiantes estaban sentados sobre el césped aprovechando el buen clima, mientras otros avanzaban apresurados hacia sus siguientes clases.

Una pelota de baloncesto rebotó a lo lejos y varias voces estallaron en risas cerca de una de las canchas.

—Ahora sí —dijo Emma—. Cuéntame qué pasó.

Delilah tuvo un mal presentimiento inmediato.

—¿Qué te hace pensar que pasó algo?

—Porque te conozco.

Emma señaló hacia ella.

—Y porque llevas diez segundos intentando cambiar de tema.

—No estaba intentando cambiar de tema.

—Claro.

Delilah suspiró.

—Me asignaron con Lucas Morgan.

Emma abrió los ojos.

—¿El Lucas Morgan?

—No conozco otro.

Emma sonrió lentamente.

—Esto es interesante.

—No.

—Sí.

—No lo es.

Emma empezó a caminar nuevamente.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Qué opinas?

Delilah abrió la boca y la cerró.

Porque no sabía exactamente qué responder.

Opinaba muchas cosas.

Que era molesto.

Que era demasiado seguro.

Que hablaba demasiado.

Que probablemente iba a complicar su vida.

Pero también...

Que no era exactamente como esperaba.

Y no quería admitir eso.

—Creo que es exactamente como pensaba.

Emma la miró.

—¿Segura?

Delilah asintió demasiado rápido.

—Sí.

Emma sonrió.

Porque conocía esa respuesta.

Conocía cuándo Delilah estaba intentando convencerse de algo.

Pero no dijo nada. Todavía.

En lugar de eso, señaló la cafetería al otro lado del camino.

—¿Quieres ir por algo antes de volver a casa?

—¿Intentas distraerme?

—Sí.

—Está funcionando un poco.

—Perfecto.

Emma volvió a sonreír.

—Entonces supongo que sobrevivirás.

Delilah miró hacia adelante.

—Eso espero.

Sin saber que Lucas Morgan pensaba exactamente lo mismo.

Porque estaba acostumbrado a que las personas quisieran impresionarlo. A que intentaran agradarle.

Pero Delilah Bennett no parecía querer ninguna de esas cosas.

Ella parecía estar esperando que él demostrara que valía la pena.

Y por alguna razón...Eso le interesaba.

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