Prólogo: Estirpe del humo y el olvido
El fuego que dio vida a la tierra primitiva, moldeando las montañas con su aliento hirviente y abriendo los mares con su calor telúrico, bendijo también el pecho de los hombres. De esa misma chispa sagrada nació una raza única, una estirpe de almas templadas en la fragua de lo divino a quienes les fue entregado el custodio de los seres nacidos del fuego elemental.
Por siglos imperecederos, estos hombres vivieron en perfecta comunión con el mito, siendo los únicos portadores en todo el mundo conocidos capaces de insuflar vida y entendimiento a los dragones. En aquellos tiempos dorados, el firmamento no era un vacío desolado; el cielo estaba rebosante de nubes preñadas de tormenta, rayos de sol que acariciaban las colinas y un millar de ojos color ámbar que surcaban las alturas, batiendo sus alas como un recordatorio eterno de la fuerza primigenia que les había otorgado el aliento de los portadores de la sangre de fuego. La paz era una constante, y parecía que jamás hallaría su final.
Sin embargo, la quietud del mundo no se quiebra por las tormentas de la naturaleza, sino por la podredumbre del corazón humano.
Fue en el seno de uno de los siete reinos donde germinó la primera semilla de la ambición, abriendo de par en par las puertas de la destrucción absoluta. Llevados por una curiosidad insana y consumidos por un hambre de poder que no les correspondía, los soberanos del reino Vantelian marcharon hacia las tierras de Elynix. Sus intenciones se disfrazaban de buenas intenciones, pretendían arrebatar los secretos del fuego, codiciaban aprender el don divino de domar y someter a las bestias aladas.
Pero los secretos de la creación no se rigen por los caprichos de una corona. La sangre pura de los Elynianos, engarzada con la esencia misma de las llamas, era un misterio que no se podía heredar por decreto, ni compartir a través de alianzas.
Al descubrir que el poder del fuego les estaba vedado por naturaleza, el orgullo de Vantelian se transformó en una rabia ciega y ponzoñosa. Los reyes desataron una cacería despiadada, en la que exterminaron hasta el último de los poseedores de dragones, barriendo su linaje de la faz de la tierra. Junto a ellos cayeron sus criaturas; bestias majestuosas pero mansas que, al haber sido criadas para la paz y jamás entrenadas para los horrores de la guerra, perecieron bajo el acero Vanteliano sin comprender por qué el cielo que antes las amaba ahora se teñía de sangre y cenizas.
El eco de la masacre resonó en los confines del continente, en el que los cinco reinos restantes de Solaris, Valerius, Tanganis, Lumeria y Elverdale, contemplaron el genocidio desde la distancia, paralizados por el pavor.
Consumidos por el miedo a terminar convertidos en el próximo Elynix, reducidos a las ruinas y a la desgracia absoluta, los gobernantes de las demás tierras prefirieron doblar la rodilla ante los opresores. Se convirtieron en cómplices del silencio y en los principales difusores de las mentiras que Vantelian tejió sobre los caídos, distorsionando la historia, llamando monstruos a los pacíficos y maldiciendo su herencia. Todo para asegurarse de que los pocos supervivientes malditos no pudieran emerger jamás de la miseria en la que se habían encargado que nacieran.
Aunque Elynix fue sepultado bajo el peso del olvido y el desprecio, el fuego posee memoria, y aquello que una vez destruyó la crueldad humana, la misma tierra se encargaría de engendrarlo de nuevo en silencio. Cincuenta inviernos pasaron desde que el último dragón cayó del firmamento y el cielo quedó desierto, despojado de sus guardianes.
En una noche donde los astros guardaron silencio y el firmamento se tiñó con los matices de una luna sangrienta, las cenizas del pasado se removieron en la penumbra. Nacido en el rincón más oculto de los reinos, de una línea de padres que habían guardado el linaje Elyniano en secreto, un niño abrió los ojos. Cincuenta años después de la tragedia, la sangre de fuego legítima regresaba al mundo, trayendo consigo el latido latente de una raza olvidada que se rehusaba a morir.








