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Silent Stalker || TaeKook

Summary

La crisis de los treinta llegó de golpe para el alfa Kim Taehyung, nuevo Director Creativo de la agencia de marketing Euphoria Creative. Sin muchas opciones y sin ganas de rehacer su vida una vez más, decide seguir adelante al lado de Park Jihoon, un omega que no ama, pero que tampoco está dispuesto a dejar por evitar otra decepción como aquellas que le tocó soportar en su juventud. En medio de su nuevo cargo, un omega que exige más atención de la que puede dar y un caos que no sabe cómo manejar, comienzan a llegar llamadas inesperadas a su casa y un presentimiento constante de que alguien lo observa todo el tiempo, incluso mientras duerme... Aunque viva solo. ¿Por qué Jihoon le insiste a su alfa en que se aleje del fotógrafo y editor del equipo? Aquel omega llamado Jeon Jungkook. Y todo porque presiente que ese chico es muy extraño. «Sé tus secretos antes que los recuerdes, tus movimientos antes de que los hagas... Cada detalle es mío antes que tuyo.» OneShot Omegaverse | Especial de Halloween 2025 Taehyung alfa Jungkook omega Levemente inspirado en la película de Scream y la canción 'Somebody's Watching Me' de Rockwell Créditos de portada: La única e inigualable _namja (qué talento tiene, de verdad). Fanfic de mi autoría. Prohibida cualquier copia, adaptación o tomar este trabajo como inspiración para crear algo aparte.

Genre
Fantasy
Author
Merlín
Status
Complete
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Único

Se despierta antes de que suene la alarma, porque no soporta el ruido del timbre.A las seis y veintitrés exactas abre los ojos.Permanece tres minutos acostado, mirando el techo, tal vez meditando la jornada que le toca en el día o asimilando que debe salir de su cama.Se levanta y se coloca pantuflas afelpadas, no soporta el frío del suelo y por ello tampoco arrastra los pies. Nunca lo hace.

Vive en una casa de dos plantas, su habitación está arriba, por lo que ahora debe bajar a la cocina.Toma té verde con miel, no café. Dice que el café lo agita, y a él no le gusta perder el control.Come apenas una tostada, con mermelada de fresa. Esa marca que solamente tiene el supermercado que está en una esquina de la Plaza Mayor.Usa la misma taza blanca, la del borde ligeramente astillado, no usa ninguna otra.

En su sala, el televisor sigue siendo de marco grueso, con un reproductor de DVD al que conecta películas de terror de los noventa o incluso más antiguas: La noche de los muertos vivientes, Sé lo que hiciste el verano pasado, Urban Legend.Las ve con el sonido bajo, mientras revisa correos en su portátil. Dice que el ruido del viento en esas películas lo tranquiliza.

Sus sábanas son de satín rosa, igual que la funda de su almohada. Es su color favorito, bastante inusual para un alfa, pero es encantador.En la mesita de su sala, aún conserva un teléfono de alambre enrollado, con teclas grandes y gruesas, color marfil, con el que habla a veces... Aunque nadie parece llamarlo.

Se ducha con el agua un poco más fría de lo normal.Sale siempre con el cabello húmedo, y deja la toalla sobre el espaldar de la silla del dormitorio, nunca en el baño.

«Alfas, siempre dejan un tiradero en casa cuando un omega no vive con ellos.»

Vuelve al espejo tres veces: una para ver el rostro, otra para el cuello, otra para ajustar el nudo de la corbata.Nunca mira su reflejo completo, solo partes.

Sale de casa a las siete y doce, ni un minuto antes ni después.Cruza el mismo parque, toma el mismo atajo entre los edificios y se detiene frente a la panadería donde no compra nada.Solo observa el escaparate, durante exactamente doce segundos.

En el coche pone siempre la misma lista de reproducción, canciones del 2000: Coldplay, The Killers, Keane.Nunca pasa de la segunda canción, porque llega al semáforo que detiene a todos los demás menos a él.Conduce con una mano, la derecha; la izquierda descansa sobre el volante, relajada.

Llega a la empresa y aparca en el mismo lugar del estacionamiento subterráneo, el tercero desde la columna con franjas verdes y pintura desgastada con el número tres a medio hacer en él.

Llega al piso creativo a las ocho en punto.Saluda al recepcionista con una inclinación leve de cabeza.A su novio con una sonrisa educada.Y a cierto omega... Con una sonrisa distinta.

Una sonrisa que no repite con nadie más.Una que dura 2,6 segundos antes de desaparecer.Una que le hace saber que también cuenta los suyos...



La empresa de Marketing y Publicidad

Euphoria Creative

recibe con felicidad esta mañana la llegada de su nuevo director creativo: Kim Taehyung, quien se ha ganado a pulso el nuevo cargo asignado e hizo toma de posesión hace apenas un par de semanas.

Los números han sido favorables desde entonces y todo se debe a su excelente manera de delegar tareas y contar con el mejor equipo. Sus estrategias e inteligencia en el mercado le han dado el mérito y reconocimiento que posee.

La responsabilidad puede ser mucha a sus treinta años, pero su experiencia habla por sí sola y los resultados, aún más.

Taehyung es un alfa con aroma a pino y ciertas notas delicadas de bellotas. Es sonriente, jovial y amigable; tiende su mano a quienes necesitan ayuda y nunca ha visto por encima del hombro a ninguno de sus subordinados; destaca por su compañerismo, él es la persona a quienes todos acuden ante una inquietud y a quienes les brinda respuestas satisfactorias.

Su omega, Park Jihoon, es su analista de datos senior, un rubio muy elegante y aparentemente amable, con el inconfundible aroma de las rosas impregnándose por donde sea que vaya, pero esa personalidad saben que no es más que una máscara que ya no engaña a nadie, porque sus compañeros más cercanos lo podrían describir como la víbora más venenosa que han tenido cerca. Taehyung y Jihoon han estado juntos desde hace un año y parecen tener aquello por lo que todos aspiran con sus parejas algún día.

Sin embargo, nadie sabe realmente cómo se lleva la pareja cuando nadie los ve... Nadie, a excepción de una persona.

—Buenos días, director Kim —Jungkook se levantó de su silla e hizo una reverencia profunda ante su nuevo jefe, sonriendo en grande cuando lo vio entrar a su pequeña oficina—. ¿Viene a revisar el catálogo de la semana pasada?

—Qué gusto verte, Jungkook —Taehyung hizo un gesto con la mano para evitar tantas formalidades del más joven—. Y estás en lo correcto. Envíalo a mi correo, por favor y luego te responderé con las asignaciones de la próxima semana.

—Oh, aguarde —extrajo de una gaveta un folder con muchos papeles sujetados por un clip que tenía el rostro deHello Kittyen él, todo antes de que Taehyung saliera de su oficina—. Estas tomas son de la campaña pasada de una empresa que firmó con el antiguo director Cha. Espero sean lo que buscan.

Taehyung se acercó al omega para tomar lo señalado y sintió un roce, accidental o intencional, entre sus dedos y los ajenos. Se limitó a sonreír ante el inesperado pero, según su intuición, inofensivo gesto.

—Gracias por ser tan puntual en tus entregas —sonrió con tranquilidad y volvió a dirigirse a la salida—. Nos veremos luego, Jeon. No olvides los correos.

Jungkook asintió con una sonrisa de labios sellados en su rostro. Lo vio cerrar la puerta a sus espaldas y fue entonces cuando se permitió soltar un suspiro de ilusión. Nadie sabía que el omega encargado de las fotografías y edición para el área de Taehyung se imaginaba mil y un escenarios en los que era muy feliz con su jefe.

Más aún, lo que lo tiene atontado de la corta interacción es que todo aquello pudo ser hablado por teléfono, mensajes o correo electrónico, pero el mismísimo director Kim se tomó el tiempo y la molestia de ir hasta su oficinapara verlo.

—Yo sé que le gusto —susurró para sí mismo mientras sostenía su quijada en la palma de su mano y perdía su atención en la ventana a su costado—. No se podría resistir a mí sí me lo propongo un poco más.

Por supuesto que si Taehyung no tuviera pareja, ya habría puesto sus ojos en el joven omega de veintiocho años.

Aquel pensamiento hizo a Jungkook eliminar la sonrisa de su rostro y reemplazarla por una de repudio y asco total, haciendo el mal gesto con sus labios mientras prestaba atención a su computadora para enviar lo que el alfa le había pedido, siendo el sonido del teclado manipulado con fuerza lo que le rodeó en ese momento.

Tiene muchas cualidades buenas, él mismo lo reconoce, tanto en su forma de ser como físicamente. ¿Qué más podría pedir un alfa de él? Es amable, risueño y carismático. Los compañeros de trabajo que ha rechazado le dicen que su timidez y docilidad es su fuerte atractivo. Y ni hablar de su aroma a peonias con matices de jazmín.

Su aspecto no quedaba atrás: un rostro de porcelana, con lunares que parecían haber sido colocados cuidadosamente a mano para armonizar su belleza; cabello lacio, brillante y largo hasta sus hombros, bastante suave y de aroma dulce; es alto y de tez clara. Aunque su cuerpo trabajado por las horas que dedica en el gimnasio sale del«armonioso estándar delicado de un omega»no deja de verse hermoso por la curvatura de su cintura, proporcionando bien con sus piernas largas y gruesas junto a su bien formado y firme trasero en forma de durazno.

Está feliz consigo mismo, tiene una buena autoestima, conoce su valor y está orgulloso de quién es y lo que ha logrado.

¿Pero por qué Kim Taehyung no podía ser para él?

Jungkook entró a la empresa el año pasado y recuerda lo maravillado que se sintió por él cuando lo conoció en el ascensor. Se encontraba perdido en su primer día de inducción, no sabía a qué piso del edificio debía dirigirse porque la recepcionista le había dado solo el nombre de quién sería su jefe.

Taehyung, tan atento como de costumbre, lo trató con amabilidad y, al conocer el nombre que Jungkook le comentó, supo a qué sitio debía ir y lo guio hasta aquel lugar, dejándolo en el piso que le correspondía.

—Qué tengas buen primer día, Jungkook —le sonrió Taehyung desde el elevador antes de que éste cerrara sus puertas, despidiéndose con su mano alzada.

—Gracias, señor Kim. Buen día.

Desde entonces, el omega sentía sus ojos brillar de admiración cada vez que se encontraba con el alfa en la cafetería en su primera semana. Nunca pasaron de sonrisas amistosas y de reconocerse al toparse, pero toda la felicidad de Jungkook, y el valor que pudo haber tomado en algún momento para hablarle, se esfumó cuando vio a un omega rubio acercarse al alfa y darle un beso profundo en sus labios para luego tomar asiento con él en la tercera mesa con cuatro sillas que estaba junto a la ventana de la cafetería.

Como si de una mala broma de la diosa luna se tratase, un grupo de compañeros de trabajo en la mesa de al lado también vio aquella escena y supo que Taehyung y ese omega llamado Jihoon apenas tenían dos semanas de oficializar su relación.

«Si tan solo hubiera llegado unos días antes...»

Le supo mal, por supuesto que sintió su bilis subir hasta la garganta y la comida caer como bomba ácida al estómago. Aquel día perdió el apetito y salió de la cafetería enfurecido, pero con un pensamiento claro en su cabeza.

Ese alfa iba a ser suyo, bajo cualquier precio y cual sea el tiempo que le tome conquistarlo.

Llevaba las perder desde siempre porque ambos estaban en secciones diferentes y sus encuentros eran casi nulos, por lo que Jungkook inició por aprenderse el horario del alfa y saber a qué hora llegaba todos los días y por dónde entraba. De ese modo, al menos lo vería unos segundos por la mañana.

Funcionó así por un tiempo, manteniéndose al margen por culpa del «rubio de ojos saltones y labios inflados», pero su golpe de suerte vino cuando se anunció que su jefe se iba a jubilar y supo que Kim Taehyung se había postulado para el cargo. Su suerte y dicha aumentó aún más cuando hace dos semanas atrás el alfa estaba asistiendo a la misma ala del edificio que él y en el mismo piso.

El destino estaba sirviendo todo en bandeja de plata para él, ahora le tocaba hacer su parte.



El final de la jornada había llegado, y ello se hacía claro en el momento que Taehyung soltó un pesado suspiro luego de retirar sus gafas de lectura y dejar de prestarle atención a su computadora.

Amaba su trabajo, definitivamente ese cargo era todo lo que necesitaba para llevar el estilo de vida tranquilo que siempre había anhelado y todos los cambios positivos que buscó desde que se mudó de Daegu a la capital para conseguir oportunidades como la que ahora tiene.

Apagó el monitor y se levantó de su silla, tomando su saco para colgarlo en su antebrazo y sostener su maletín en la mano libre. Apenas dio un paso buscando la salida se vio interrumpido cuando el aroma a rosas inundó sus fosas nasales, deteniéndose porque sabe que cierto omega está por aparecer en su puerta, y no se equivocó al escuchar unos leves golpes para posteriormente ver a través de esta a Jihoon, quien lucía más serio que de costumbre.

—¿No iremos a la cena con mis padres esta noche? —preguntó cauteloso con la intención de ingresar a la oficina, pero viéndose frustrado cuando Taehyung pasó de largo de él, obligándolo a rodar sus ojos y bufar ofendido—. Estoy hablando contigo, Kim.

—Estoy algo cansado esta noche, cariño —respondió, aunque el omega quedó a sus espaldas mientras él atravesaba el pasillo de camino al elevador y presionó el botón a la espera de su llegada—. No creo que les moleste si lo pasamos para otro día.

—No te equivoques. Las cosas no se hacen cuando tú lo digas, Tae —tajante, Jihoon respondió al posarse al lado del alfa, viéndolo fijamente y con un claro disgusto marcado en toda la rigidez en su rostro—. Sabes muy bien que odio que me hagas molestar. Vístete elegante y te espero a las ocho en el restaurante que acordamos.

Taehyung abrió sus ojos y frunció el ceño ante el atrevimiento que su pareja tuvo para responderle, mas no fue capaz de replicar algo porque Jihoon ya había dado media vuelta, zanjando así el tema de la cena formal.

El elevador llegó a su piso y él ingresó aún en medio de su disgusto y estupefacción. Jihoon era la primera pareja formal que conseguía tener, quería alguien «normal» o lo que sea que se le pueda catalogar así.

En Daegu, cuando vivía con sus padres en una casa sencilla, pero cómoda, se formó y creció haciendo amigos en la escuela y la secundaria. Siendo un adolescente observaba a sus compañeros cortejar omegas para emparejarse y experimentar aquel romance que las hormonas disparadas en sus cuerpos les pedían a gritos conseguir. Pero él no estaba interesado en lo más mínimo.

Lo intentó, claro que buscó la forma de congeniar con algún omega hombre y una que otra mujer, pasando incluso a la famosa «cuarta base» de la relación con ellos. Pero la pasión carnal no era lo suyo, darles los regalos que implican un cortejo más formal tampoco.

En determinado momento sus padres se preocuparon porque Taehyung ya estaba a punto de ingresar a la universidad y nunca les había presentado ninguna pareja, llegando a la errónea conclusión de pensar que a su hijo le gustaban los de su misma casta. El alfa, al ser confrontado por sus padres para tener «la charla que les aclare sus preferencias» se indignó rotundamente, no dando crédito a las palabras que sus progenitores le decían.

No tenía nada en contra de quienes preferían tener un buen polvo con aquellos de su misma casta o no, le daba lo mismo. Pero él no era así y parecía frustrarle aún más que no entendieran que el tipo de romance del que se ve rodeado por sus compañeros no es lo que quiere para el resto de su vida.

Ofendido y un poco incómodo por esa situación y muchas más que complicarían o frustrarían su vida debido al entrometimiento de sus padres, Taehyung aplicó a una beca en Seúl que le permitiera dejar su hogar, siendo tan afortunado de conseguirla gracias a sus esfuerzos y mudarse a un apartamento que la misma casa de estudio le financió. Fue así hasta que se graduó y pudo conseguir un apartamento mientras escalaba de posiciones en los trabajos que encontró, hasta que pudo establecerse cómodamente en una casa propia en unos suburbios alejados un poco del centro, pero brindándole la tranquilidad que necesita para su día a día.

Cuando cumplió veintinueve años la crisis de los treinta le atacó prematuramente –aunque ni por tanta diferencia–, dándose cuenta de que no podía llevar ese estilo de vida para siempre, no podía esperar imposibles o descubrir qué rayos es lo que quería para sentirse «normal». Fue así como conoció a Jihoon en el edificio de Euphoria Creative, en ese entonces ambos eran analistas y compañeros.

Jihoon es el hijo de los que en ese entonces eran jefes de la empresa y estaba interesado en el alfa, como la mitad del edificio, claramente. Y Taehyung no sentía más que atracción física por él, se le hacía un omega «decente y agradable» según sus propias palabras. Pero claro que está enterado que la personalidad del omega también incluye que sea un narcisista y manipulador de primera.

Todo debe hacerse como Jihoon diga, sin nada fuera de lugar. Su ego se elevó a mil cuando formalizó con Taehyung, alzándose ante todos los demás como alguien que pudo conquistar a quienes otros no podrían ni en sus más tristes o retorcidas fantasías.

Sin embargo, no hay mucho que pueda hacer de momento si el concepto que tiene de su novio, apartando su lado psicótico y controlador, es creer que todos los demás omegas son como él y por lo mismo no valdría la pena cambiarlo por alguien nuevo si el resultado será igual.

¿En serio todos los omegas son iguales?

Su extensa divagación se vio interrumpida cuando el ascensor se detuvo en un piso, Taehyung prestó atención al acto, porque si bien no era aún de noche, no esperaba que todavía a las seis de la tarde hubiera gente en ese lado del edificio. Pero grande fue su sorpresa, al igual que su sonrisa, cuando vio a Jungkook frente a él, observándolo con sus característicos ojos grandes y brillantes y esa leve sonrisa que lo hacía lucir tan inocente y delicado, acompañado del leve sonrojo en sus mejillas, viéndose incluso más hermoso.

—Creí que ya estaría en casa, señor Kim —dijo Jungkook para romper el silencio mientras entraba al ascensor, haciéndose a un lado de Taehyung y presionando el botón que lo llevaría a la recepción para luego irse a casa—. ¿Mucho trabajo en su nuevo cargo?

—Jungkook, te llevo como dos años de diferencia, no me trates con tanta formalidad —le sonrió mientras lo veía fijamente, con cierta admiración de por medio.

—Está bien, Taehyung —rio bajito, un poco apenado de perder la formalidad con su superior.

—Así está mejor, ¿lo ves? —sonrió en grande, formando el característico rectángulo en su boca cuando se sentía muy ameno con alguien—. Y si, tuve mucho papeleo y correos que responder. Ahora debo ir a casa a revisar muchos más antes de ir a una cena.

—Oh, ¿cena de negocios a media semana? —inquirió con sorpresa—. Pensé que los directivos esperaban los viernes y sábados para ese tipo de juntas.

—Ojalá lo fuera, sería más fácil de manejar —suspiró con cansancio y hastío—. Es una cena con los padres de Jihoon, ya sabes, ese tipo de formalidades.

—Ya veo... —Jungkook sintió su estómago pesado en ese momento, pero haciendo uso de toda su fuerza para lucir imperturbable continuó aparentando serenidad ante el alfa—. Entonces le deseo mucha suerte, no puedo imaginarme lo tormentoso que puede ser para un alfa enfrentarse a los padres de su omega, sobre todo si alguna vez esos mismos fueron sus jefes.

—Ni lo digas. No me entusiasma mucho la idea de asistir, pero no tengo opción. Además, aún no sé ni qué puedo usar.

—Con lo que sea te verás bien. Esa corbata resalta el color de tus ojos, así que ya con eso llevas al menos algo listo.

Ambos rieron por el comentario, bastante tranquilos y en una burbuja que realmente esperaban nunca se rompiera.

De algún modo, Taehyung se sentía tranquilo cuando tenía a Jungkook cerca o cuando sabía que podría verlo. Era como estar acompañado junto a alguien que comprendía todo aquello que ronda por tu mente sin siquiera indagar a profundidad en ella.

Y Jungkook... Sobra decir que adora estar en compañía de un alfa tan hermoso y fuerte como lo era su jefe. Le encantaba contemplar su rostro, apreciar cada lunar en él, soportando el deseo de acariciar su suave cabello castaño.

Le dolía tanto no ser él quien aprovechara cada tramo de piel de ese alfa o disfrutar de sus besos y abrazos.

—Ya debo irme —avisó Jungkook cuando el ascensor llegó a su destino, no sin antes haber aclarado su garganta para disipar el malestar y sus pensamientos—. Y Taehyung... Espero que te vaya muy bien con tus suegros. Seguro caerán derretidos con tu encanto.

Taehyung vio al omega irse con una enorme sonrisa, misma que llevaba consigo junto a un fuerte sonrojo que calentó su cara. De pronto ya extrañaba el dulce aroma de las peonías y jazmines.

Mientras el ascensor lo llevaba al piso subterráneo, pensaba en que podría ordenar que le llevaran ese tipo de flores a su oficina, de ese modo tal vez se sentiría un poco más cálido en el alma.

El ascensor se detuvo finalmente en el estacionamiento y cuando salió de éste, sintió su teléfono vibrar ante el tono de un mensaje de texto. Lo extrajo de su bolsillo y al leer aquel mensaje la sonrisa que llevaba se esfumó más rápido de lo que a Jungkook le había tomado esbozarla. Jihoon si sabía cómo sacarlo de quicio.

«Te compré un traje y lo envié a tu casa para que lo uses esta noche, sabes que odio esa maldita corbata que usaste hoy».

Ignoró el mensaje y el claro trasfondo de éste al intentar amedrentarlo o demostrar quién llevaba el dominio de esa relación. No se quebraría la cabeza con los berrinches de su omega, si él quería creer que podía manipularlo, entonces que haga lo que quiera. Le daba igual.

Taehyung apuntó a su auto con sus llaves para quitarle el seguro a las puertas y caminó con tranquilidad hasta él, abrió la puerta del piloto y se detuvo por un extraño frío que escaló de su columna la parte posterior del cuello, llevando su mano a esa zona al sentirse vulnerable.

Miró a todos lados, tratando de averiguar de dónde provenía lo que ocasionó su repentina incomodidad, pero no encontró nada. Había pocos automóviles que pertenecían a gente quedaba hasta tarde en otras alas del edificio, pero no había nadie rondando cerca.

Fue extraño, lo reconoce, pero también sabe que no es la primera vez que se siente observado desde algún punto en ese mismo lugar... Y puede que en un par de sitios más le pasara lo mismo.

Taehyung respiró hondo, pretendiendo que el cansancio le hacía imaginar cosas que no eran. La noche estaba demasiado quieta y él comenzaba a agitarse, no le gusta esa sensación por lo que optó a hacer ejercicios de respiración.

Entró al vehículo, colocó su portafolios en el asiento del copiloto y cerró la puerta con un golpe seco. De pronto, por el rabillo del ojo creyó ver algo reflejado en el retrovisor, como una sombra fugaz, indistinta, pero al girarse solo encontró el pasillo vacío del estacionamiento.

Encendió el motor, y el panel digital se iluminó, proyectando una luz azulada sobre su rostro y por un segundo, el reflejo de sus propios ojos en el vidrio lo sobresaltó. Exhaló una breve risa, sintiéndose tonto ante sus propias ideas;«cansancio», se convenció a sí mismo. No es nada más que cansancio.

Ajustó el retrovisor central con un movimiento distraído y notó una huella tenue sobre el cristal, no estando seguro de qué pensar exactamente, al ver como si una mano hubiera estado apoyada ahí antes.

Una huella un poco pequeña para ser suya. Frunció el ceño algo confundido, pero seguro la provocó él mismo y no lo recuerda. Pasó los dedos sobre la marca, y ésta se borró fácilmente.

Nada.

Solo polvo. No te hagas ideas que no son...

Condujo hasta su hogar, en donde apenas tuvo tiempo de cambiarse de ropa y volver a subir a su auto para ir a la cena organizada por los Park.

Taehyung sintió las horas eternas, no hubo ningún tema de conversación interesante a su parecer: pedida de mano, vivir juntos, cuándo tendrán cachorros. Cosas sin importancia a las que no estaba dispuesto a dedicar atención.

Para cuando llegó la hora de irse el alivió le invadió a tal punto de soltar un suspiro tan fuerte que pudo ser maleducado para los presentes, pero poco le importó. Se despidió de todos con premura y regresó a la seguridad de su hogar, a disfrutar de su privacidad y sumergirse en los asuntos de trabajo que, de pronto, y le funcionaban como el escape que necesitaba de aquel tipo de presión social–familiar.

Cuando se cambió a ropas más cómodas caminó a su cocina, tomando una taza de chocolate caliente que había dejado templar por unos minutos. Eran vísperas de Halloween, por lo que la temperatura comenzaba a descender poco a poco, pero era de su agrado. Le gustaba esta época del año por las vibras que se respiraban en el aire y las decoraciones que explotan la creatividad de todos sus vecinos e incluso la propia.

Taehyung ya tenía su casa decorada con un par de calabazas puestas en su puerta principal, un esqueleto simulando trepar uno de los pilares en su porche y telarañas hechas de algodón estirado que se esparcen a lo largo de sus ventanas junto a una que otra araña de plástico colgando en ellas, sin olvidar unas cuantas luces de tonos naranjas y faroles plantados en el jardín para tener luminosidad completa.

Definitivamente su época favorita, con una decoración simple, sí, pero la necesaria para indicar que el día esperado los niños sepan que pueden llegar a su puerta a pedir dulces.

Con el chocolate caliente en mano caminó hasta su sala y se sentó en el sillón junto a su ventana, se asomó un poco por ella mientras veía en medio de la tenue oscuridad, interrumpida por los faroles de la calle y los puestos por él mismo en su jardín, cómo el viento mecía las hojas secas de los árboles y las arrastraba por todo el camino. Precioso.

Sonrió un poco al sentirse cálido del ambiente y se inclinó en su pequeña mesa de centro para colocar la taza y tomar su portátil para revisar la correspondencia. Antes de iniciar en su trabajo, tomó también el control remoto para encender su televisión y DVD y así reproducir de fondo la película dePesadilla en la Calle ELM, en lo que iniciaba a revisar la correspondencia.

Navegó tanto por sus pendientes que no se percató que llevaba poco más de una hora leyendo y resolviendo cada correo o informe que aparecía en las pestañas que iba abriendo de su pantalla.

En ese momento, el único sonido que tenía de fondo eran los producidos por la película y, por lo mismo, el grito de una chica retumbó de pronto, aunque Taehyung no tuvo reacción alguna porque ya conocía la película y los diálogos de memoria. Pero fue una reacción opuesta a cuando el timbre del teléfono en su casa sonó y aquello si logró exaltarlo un poco.

Extrañado, al ver el reloj y percatarse que son las nueve de la noche, deja su computadora apoyada en una pierna y se inclina para atender a la llamada.

—¿Sí? —contestó con naturalidad, apoyando el teléfono entre su hombro y oreja para volver a tomar su computadora con ambas manos.

Al otro lado de la línea no respondió nadie, por lo que Taehyung volvió a tomar el teléfono para verificar si la llamada fue contestada o la había colgado sin querer, pero al ver que estaba en curso volvió a acercarlo.

—¿Jihoon? —insistió.

Pensé que estarías a punto de acostarte—la voz al otro lado de la línea se hizo presente, pero no era conocida, sino más bien... Muy genérica.

—¿Quién habla? —preguntó extrañado, levantando su vista de la computadora para intentar ponerle más atención al desconocido y tratar de reconocer su voz, pero no lo consiguió.

Luces tan atractivo cuando te concentras en tu computadora.

Aquella frase despertó todas las alertas de Taehyung. Uno de sus ojos reemplazó su iris marrón por un verde jade muy vivo, el instinto del alfa en su interior despertó en él al sentirse amenazado.

Rápidamente dejó la computadora a un lado y se levantó del sillón para asomarse a la ventana al ser el único punto por dónde cualquier persona podría verlo, su rostro no irradiaba más que furia en ese instante que lo hizo parecer vulnerable.

—Pregunté quién habla —dijo con un barítono más profundo, tratando de intimidar al desconocido.

No duermas tarde, o estarás muy cansado mañana.

Luego de aquellas palabras, el desconocido colgó, dejando a Taehyung desconcertado. El alfa miró el teléfono con mucha confusión, no logrando entender por qué le pasan cosas tan extrañas a él.

Se asomó nuevamente por la ventana para averiguar si conseguía ver algún movimiento sospechoso, pero no había más que viento, hojas volando y la calle vacía.

Dejó salir el aire en sus pulmones con desgano y optó por cerrar sus cortinas, tomando estas para desplazarlas y proteger el interior de su hogar. Hizo lo mismo con las demás, les puso el seguro para evitar que se abrieran y cerró sus puertas activando las alarmas de seguridad.

Acarició la parte posterior de su cuello mientras mantenía su otra mano en la cintura, pensando en lo ocurrido y disipando las malas ideas en su mente.

Negó para sí mismo y caminó a su sala para apagar la televisión y las luces, decidido en subir a su habitación e irse a acostar para que el cansancio de su mente no le juegue una mala pasada otra vez.

Todavía recuerda aquella noche en la que llegó completamente agotado tras una jornada interminable. Aún no era director, pero se había postulado para el cargo, y la presión lo llevó a doblar turnos hasta sumar dieciséis horas seguidas. Cuando su cuerpo no resistió más, regresó a casa. Caminó con desgano y entre la oscuridad de su pieza, pues no tenía ni fuerzas para encender las luces.

Se dejó caer en su cama y cerró sus ojos.

Aún no sabe si fue un sueño o si realmente ocurrió, pero jura haber visto una figura detenerse en el marco de su puerta. Una silueta oscura, imposible de distinguir por la penumbra. Intentó incorporarse –lo sintió tan real–, pero aquella presencia lo detuvo con suavidad, colocándole las manos sobre los hombros, con suma gentileza, para obligarlo a recostarse otra vez.

El ente había tomado un espacio en su cama, el hundimiento en el colchón también fue demasiado tangible para su gusto, pero hoy en día sigue sin discernir entre la realidad o el sueño de ese suceso. Se había sentado a su lado y comenzó a brindarle caricias en el rostro y a peinar las hebras de su cabello. Luego sabe que todo finalizó con la suavidad de unos pétalos que se posaron en su frente para pasar al salto brusco de la absoluta oscuridad y despertar al día siguiente con la luz del sol... Y completamente solo.



El miércoles había llegado, Jungkook entró al edificio con su particular sonrisa y tranquilidad. Hoy se sentía más animado que de costumbre. Saludó a todos en su recorrido a su oficina, lo normal de todos los días. Una vez que llegó a su destino colocó el estuche de su cámara en su escritorio mientras tomaba su bolso cruzado de color rosa y lo abrió para sacar de él lo que iba a merendar antes de iniciar su jornada.

Salió de su oficina para ir a la pequeña sala de descanso en su piso e ir en busca de una taza de café, muy necesaria para iniciar su jornada.

Al llegar, su corazón bombeó a mayor velocidad y su omega en el interior se sentía a estremecer. Kim Taehyung estaba ahí, sentado en una de las sillas de la habitación.

—Hola, Taehyung —saludó Jungkook con un tono moderado, tratando de no sobresaltar al alfa al verlo perdido en sus pensamientos.

Taehyung reaccionó a la delicada voz del omega, dedicándole una mirada tranquila junto a una pequeña sonrisa.

—Buenos días, Jungkook, ¿qué tal estás hoy? —aunque se esforzó por sonar normal, el cansancio en su voz era casi palpable y sabe que no pudo pasar desapercibido cuando Jungkook lo vio con extrañeza luego de hablar.

—¿Le ocurrió algo? —se acercó despacio, con la aflicción en su mirada y la mano sosteniendo su pecho por preocupación. Tuvo cautela, para no traspasar ninguna línea que Taehyung no quisiera que fuera invadida, pero al no ver respuesta negativa en el alfa, tomó asiento en una silla vacía frente a él—. Luce muy cansado...

—Tuve una mala noche, eso es todo —siguió sumergiendo la bolsa de té que se infusiona en el agua caliente en su pequeña taza verde.

Era una taza que tenía el agarre irregular y Taehyung solía utilizarla en la oficina, Jungkook la reconoció. Esa misma que guarda en el gabinete superior de la puerta derecha, la que tiene un tornillo un poco flojo al momento de tirar de ella y hace un chirrido un poco molesto.

—Diosa, pensé que algo malo te había ocurrido por el semblante que tienes —dejó escapar un suspiro de alivio y le brindó también una sonrisa relajada—. Saliendo de acá podrás descansar de nuevo, no te preocupes. Si podemos ayudarte en algo tienes que decirlo, somos tu equipo y nos has dicho que siempre debemos estar dispuestos a tendernos la mano, ¿sí?

Jungkook hizo uso de esa frase al mismo tiempo que extendía su mano, convirtiendo en realidad unas palabras que eran más motivación que, en sí, darle la mano a tu compañero.

Pero el gesto fue tan conmovedor para Taehyung que no dudó en tomar la mano del omega y enlazarla con él, sintiendo una efervescencia crecer cuando lo tenía cerca y a su alfa muy complacido con sus atenciones. Era tan gentil con él, comprensivo y atento. Tanto así, que Jungkook dejó escapar un poco de sus feromonas para brindarle relajación al alfa. Los jazmines hacían muy bien su trabajo.

—Gracias por esto —el tono y la sinceridad en sus palabras era muy acogedor incluso para él mismo.

—Espero que a Jihoon no le moleste sentir mi aroma en ti —susurró, viéndolo fijamente, pero sus ojos brillaron un poco más y relajó sus facciones para dar la impresión de timidez o aparentar miedo ante la idea—. Si él le recrimina por mis acciones debe decírmelo y no las repetiré.

—Jihoon no tiene por qué decirte a ti qué hacer, ¿está bien? Tu jefe soy yo.

El contraste con la voz que usó hace un momento, en comparación a esta, era enorme, porque ahora sonaba autoritario y firme, sorprendiendo incluso a Jungkook, a quien aún no soltaba su mano y más bien había reforzado el agarre en esta.

Jungkook estaba satisfecho con su reacción, así que asintió despacio para él, sin romper el contacto visual ni la unión en sus manos.

La tensión entre ambos comenzó a crecer, podían sentirlo, esa fuerza magnética que los empujaba a estar más cerca, a buscar más contacto y descubrir lo que hay más allá de los ojos que se encuentran entre sí. Tan enigmáticos, profundos y surreales. Ninguno de los dos tenía claro si el cosquilleo que crecía en sus vientres y se reflejaba en el brillo de sus miradas –hasta desbordarse en un suspiro para Taehyung y un rubor en Jungkook– era real o simples espejismos creados en sus mentes por el deseo de crear algo prohibido.

Se levantaron de sus asientos, rodeando la pequeña mesa que los separaba antes y se vieron más de cerca, detallando el rostro del otro sin disimulo ni recato.

—Este viernes es Halloween —susurró Jungkook con un tono calmado, pero que invitaba a seguir siendo escuchado—. Si tienes tiempo, me gustaría que viéramos una película ese día.

—¿Tú me estás invitando a salir, Jeon? —la amplitud de la sonrisa que se formó en los labios provocó que le dolieran las mejillas. Ni siquiera él recordaba que alguien más pudiera hacerlo sentir... Así.

—¿Estaría rebasando los límites de tu confianza? —Jungkook comenzó a dejar leves caricias en las manos ajenas con sus pulgares—. Si hago algo que no te gusta debes decírmelo, después de todo somos... Algo así como amigos, ¿no?

Taehyung iba a responder, incluso quería aceptar la propuesta de salir un poco a despejarse con una persona nueva, divertirse para cambiar el entorno de oficina y las molestas exigencias de su pareja.

Pero tan pronto invocó en sus pensamientos la imagen de Jihoon el carraspeo que provocó alguien desde el marco de la puerta reventó la burbuja en la que ambos estuvieron flotando sin ser conscientes del tiempo ya transcurrido.

Jihoon no sabía qué pensar de la escena ante sus ojos: su alfa, tomado de las manos con «el ratoncito de biblioteca». Estaban demasiado cerca para su gusto y se susurraban cosas que no logró comprender, pero fue ver la estúpida sonrisa de Taehyung lo que lo hizo reaccionar y detener lo que sea que se estaba desarrollando ante él.

Caminó a paso firme, sin quitarle la mirada de encima a Jungkook en todo el trayecto y se detuvo justo al lado de Taehyung para tomar uno de sus brazos.

—¿Puedes ir a tu oficina, Jeon? —dijo tajante, mirando con recelo al omega que había impregnado de jazmines y peonias en la sala de descansos—. Necesito hablar conalfa de asuntos importantes.

Jungkook ya había cambiado su semblante. La ternura en su mirada se disipó apenas olfateó a las rosas aproximándose a ellos, siendo muy consciente de que estaba a punto de arruinar el momento.

Miró a Taehyung esperando su autorización, recordando que el alfa minutos atrás le había dicho que Jihoon no tenía autoridad sobre él, y él no hizo más que dejar escapar un suspiro pesado y, descarado o no, deshizo el agarre en sus manos con evidente renuencia.

—Hablaremos después de tu propuesta, Jungkook —comunicó con una pequeña sonrisa—. Termina de hacer tu café tranquilo, me iré a mi oficina.

Jungkook asintió comprensivo, observando comosualfa se iba con esa persona que, a su percepción, era tan vulgar y corriente como para interrumpir una plática tan importante.

Mientras tanto, Taehyung caminaba a su oficina con el rostro endurecido y sujetando a Jihoon del brazo, sin ser brusco, pero llevándolo consigo para entender su comportamiento.

—¿Qué fue eso? —preguntó el omega apenas llegaron a la oficina y cerró la puerta detrás de ellos—. Sino los hubiera interrumpido eran capaces de besarse ahí mismo, en mi propia cara.

—No exageres —chasqueó su lengua y aflojó un poco el nudo de su corbata al sentirse asfixiado—. Jungkook me vio mal y estaba siendo amable, es todo.

—¿Y esa amabilidad implica que meta su lengua en tu garganta o algo parecido? —se detuvo de brazos cruzados frente al escritorio de Taehyung, viendo a este desparramarse en su silla y con los ojos cerrados.

—No iba a pasar tal cosa.

—Claro que sí iba a pasar. Tú le gustas a ese omega, Taehyung, no creo que seas tan tonto para no darte cuenta.

—Si empiezas a insultar te voy a pedir que salgas de mi oficina —advirtió con seriedad, dedicándole finalmente una mirada de advertencia a Jihoon—. Tuve una mala noche y lo último con lo que deseo lidiar ahora son con tus celos absurdos.

—¡¿La verdad te parece absurda?!

—Le gusto a la mitad de los omegas en este edificio, Diosa. ¿Cuál sería la novedad? Sabes que he respetado nuestra relación a pesar de todo.

Jihoon no dijo nada, Taehyung tenía razón. A pesar de las insistentes miradas e intentos de otros trabajadores por acaparar la atención del alfa él nunca había fallado. Pero esta vez era diferente por tratarse de Jungkook.

Jungkook nunca fue del agrado de Jihoon, siempre fue partidario a la idea de que ese semblante dócil y de aparente ingenuidad ocultaban algo más, pero nunca tuvo las pruebas necesarias para desenmascararlo.

Sabe que el fotógrafo era muy inteligente, y le sorprende que en el tiempo que lleva ahí no haya presentado intención alguna por escalar de puesto, conformándose con el cargo y el salario que tiene pese al potencial que ha demostrado tener.

Nadie que es consciente del poder interno que guarda se conforma con tan poco. Todos buscamos la manera de exigirnos a nosotros mismos para empujarnos al éxito, pero... ¿Por qué Jungkook no?

—Me disculpo —respondió con un tono neutro, perdiendo su mirada en cualquier parte del escritorio de Taehyung y destensando sus brazos para dejarlos caer a ambos lados—. Me excedí, tienes razón. Es solo que Jungkook no es de mi agrado, lo sabes.

—¿Quién es de tu agrado, Jihoon? —se apoyó en el espaldar de su silla, relajando su cuerpo y respiración al ver que no sería necesario entrar en ninguna discusión—. Ya te he dicho que tus ideas de creer que Jungkook finge ser alguien que no es son erradas, él se mantiene al margen de todos y todo.

—Al menos mantén distancia de él —por primera vez, Jihoon miró al alfa con sus ojos brillando producto de la acumulación de lágrimas que se negaban a caer—. No te miento cuando digo que sé que oculta algo.

Taehyung no dijo nada, tampoco negó o aceptó su petición porque le parecía absurda, y muy en el fondo si quería conocer un poco más a Jungkook. No sabe con qué intenciones, es honesto consigo mismo al sentir que bien podría ser muy buen amigo del omega o... Realmente arruinar todos sus planes de vida con tal de estar a su lado.

—Hablaremos de eso después —respondió mientras encendía su computadora, no dispuesto a darle más atención al tema—. Ve a tus labores también, hay mucho trabajo.

Jihoon asintió corta y repetidamente, sabiéndole amarga la indiferencia del otro. De pronto ya no se siente con el poder absoluto al tener de pareja a ese alfa por el que todos en Euphoria Creative serían capaces incluso de matar por tenerlo a su lado.

¿Qué caso tenía? Taehyung a duras penas y aceptaba un beso de él como saludo, nunca habían tenido intimidad y sabe que su presencia muchas veces ha estorbado al alfa en lugar de traerle calma y tranquilidad.

Sabe que su carácter es fuerte y difícil de manejar, pero entonces ¿por qué Taehyung seguía con él? Divagó mucho por su mente, ya había salido de la oficina para caminar a la suya, pensando en las mil y un posibilidades que podrían tener a Taehyung aún a su lado. Pero daba igual, él era suyo, era el hombre que se merecía bajo el precio que fuera y estarían mucho tiempo juntos, conseguiría su marca y que pusiera en él a sus cachorros. Está determinado y decidido, no va a flaquear por los vagos intentos de otros omegas que intenten quitárselo.

Sin darse cuenta, sus feromonas se iban intensificando, dejando una estela de su aroma a rosas por donde iba pasando y cambió el rumbo de su dirección dirigiéndose a la oficina de cierto joven que debía tener en claro que no puede entrometerse entre parejas que ya están unidas.

Jungkook estaba sentado en su oficina, trabajando en lo que su director le había pedido hace unos días, cuando vio su puerta ser abierta bruscamente por Jihoon, quien no lucía nada contento y estaba contaminando de su fuerte aroma todo el entorno.

—¿De qué le sirve venir de una familia adinerada y con poder si no le enseñaron los modales tan básicos como tocar una puerta, señor Park? —Jungkook no hizo ningún gesto al verle, siguió con su trabajo como si la presencia del otro no fuera importante en lo absoluto.

—Aléjate de Taehyung —ignoró a propósito sus palabras para demandar aquella orden.

—No.

—¿Qué? —lo vio confundido, la prepotencia de Jungkook estaba llevándolo al límite—. Jeon, no fue ninguna sugerencia, fue una orden.

—Y esa es mi respuesta a tu orden —se alzó de hombros mientras miraba a su computadora y tomaba su termo con agua para beber de él tranquilamente.

—Me estás hartando —avanzó un par de pasos con su paciencia perdida, uno de sus ojos se tornó amarillo al estar a punto de perder los estribos—. Te di una maldita orden y vas a obedecer o sino-

—No dé un paso más o le voy a demostrar que quien está realmente harto de usted soy yo —Jungkook no se dejó intimidar, su mirada se ensombreció y uno de sus iris brilló en púrpura. Se sentía amenazado en su propia pieza y su parte animal era muy territorial—.Mi alfadijo que no tengo porqué obedecer a tus órdenes, él es mi jefe y a él es a quien le debo total obediencia.

—¿Tu alfa? —rio en medio de su sorpresa y furia, no pudiendo creer el descaro del otro—. ¡Él no es tu alfa! Date cuenta de que solamente estorbas aquí. No eres nadie y lo único que has hecho es confundir su amabilidad con... Lo que sea que tu mente retorcida se haya creado. ¡No sabes nada de él y ya te crees su omega!

—Sé todo de él —se levantó lentamente de su silla, al mismo tiempo que una sonrisa ladeada se asomaba en su boca y no perdía de vista a Jihoon—. Lo suficiente para saber que el que no sirve como omega eres tú. Un par de besos insípidos no te dan derecho a reclamarlo como tuyo cuando ni siquiera te ha tomado; dejas que venga a trabajar sin comer apropiadamente en todo el día; no te das cuenta de que está asqueado de tu aroma y suele estornudar tres veces seguidas cada vez que te tiene cerca. Soy yo quien ve porque reciba los nutrientes necesarios a la hora de la comida para que no colapse al pasar muy concentrado en su trabajo; no cuidas de él ni de sus sueños y yo-

Jihoon lo miró estupefacto, no comprendiendo cómo Jungkook sabía todo eso y además era capaz de rebajarlo de esa manera.

Jungkook lo vio, sintió el miedo y la furia en el otro, mas se contuvo de continuar hablando porque sabe que no es el momento para hacer explotar completamente al otro.

—Yo sé que algún día se dará cuenta que no eres lo que necesita —reemplazó el rumbo de sus palabras, sentándose relajado en el borde su escritorio y encogiéndose de hombros—. Mientras tanto yo seguiré haciendo todo lo que él me pida: el papeleo, las ediciones, envíos de correos importantes... Y si un día me pide que me ponga en cuatro para él, pues también se hará. La obediencia es absoluta a fin de cuentas.

Jihoon se abalanzó sobre él para propinarle una cachetada, el impacto fue tal que posiblemente resonó en todo el piso y provocó que Jungkook se fuera de lado, tirando algunas cosas de su escritorio a su paso.

Jungkook no se defendió, dejó que el otro descargara su enojo con él mientras se reía al ver cómo fue fácil de provocar. Vio que estuvo a punto de recibir otro golpe cuando lo detuvo del brazo para acercarlo al rostro y sonreírle con descaro y diversión.

—Un día tendré a Taehyung entre mis piernas, Jihoon.

—Él nunca te hará caso —masculló con rabia—. Eres tan poca cosa que eso no será más que una de tus fantasías retorcidas, infeliz muerto de hambre.

—Si eso piensas no me importa. De todos modos te prometo que cuando eso ocurra nadie te lo contará —Jungkook lo tomó fuertemente de la barbilla y lo acercó aún más a su rostro—. Yo mismo me encargaré de que veas con tus propios ojos cómo me toma.

Jihoon lo empujó y estaba a punto de reaccionar nuevamente, pero la puerta se abrió de golpe, dejando ver a un omega muy malhumorado a través de ella.

El aroma a frutos rojos era intenso, Yoongi no estaba nada contento con el alboroto que se escuchaba desde el otro lado de su oficina.

—¿Qué mierda les pasa y por qué no me sorprende que sea Jihoon el que esté involucrado? —Su tono autoritario y frío provocó que los aludidos le dedicaran su entera atención, separándose rápidamente y tratando de acomodar sus prendas.

—¿Por qué me acusas tan a la ligera de que sea mi culpa? —Inquirió con agitación en su voz, respirando profundamente para tranquilizarse.

—Porque eres el jodido grano en el culo de todos en este piso —se cruzó de brazos y endureció aún más su mirada—. Y si sigues aquí es por ser hijo de papi y mami, además del«peor es nada»del director creativo.

—Deja tus insultos y escúchame, este bueno para nada —señaló a Jungkook—, me acaba de amenazar. Estoy harto de él y de que siempre esté por ahí siendo una mosca muerta.

—Yo estaba trabajando unos asuntos que el director me encargó —Jungkook abultó levemente sus labios y amplió sus ojos hasta parecer que estaría a punto de llorar—. Él vino aquí y fue muy mal educado. Le molestó que el director Kim dijera que nadie más que él podía darme órdenes.

—¿Lo ves? —puntualizó Yoongi—. El bueno para nada aquí eres tú, Jihoon, deja tu drama.

—¡Y tú ya deja de faltarme el respeto!

—¿Y si no lo hago qué? ¿Vas a acusarme con recursos humanos? —Yoongi rio levemente y alzó con brevedad su gafete de identificación, en donde aparecía su nombre y cargo en la empresa:director de recursos humanos—. Lárgate a tu oficina antes de que olvide en dónde estamos y la ropa cara que traigo puesta.

Yoongi se hizo a un lado de la puerta y le señaló la salida.

Jihoon, sin opción alguna y tragándose la humillación, se fue del lugar sin ver a nadie otra vez, desapareciendo entre los pasillos hasta perderse.

—Cada vez lo soporto menos —Yoongi cerró la puerta y se dirigió a Jungkook, haciéndole una seña para que tomara asiento y poder revisar el golpe en su cara—. Al menos no te dejó marca. ¿Volvió a insultarte más de lo que dijo frente a mí?

—Lo de siempre —restó importancia al no parecerle la gran cosa nada que viniera de aquel omega—. Ya me desquitaré con él, ahora sí colmó mi paciencia y resolveré esto pronto.

—Necesito ver eso —propuso Yoongi en un tono divertido y recargándose en el escritorio—. Pero no dejes que te altere. Si te roba la paz pues tú róbale al novio y ya, todos ganan.

Jungkook rio a carcajadas ante la sugerencia. Yoongi sabía que tenía un interés en Taehyung, que el alfa era todo lo que siempre quiso y le gustaba para él. Creyó que el omega lo juzgaría o le diría que fijarse en alguien que ya estaba prácticamente en algo «serio» con otra persona estaba mal, pero contrario a todo, Yoongi lo apoyó e incluso le solía animar para invitarlo a almorzar algunas veces en la cafetería.

—¿Pudiste invitarlo al cine? —preguntó Yoongi al ser él quien le dio la idea de dar ese paso importante.

—Jihoon nos interrumpió —negó despacio con su cabeza.

Recordó lo que había pasado e indagó por un momento en su mente para averiguar lo que necesita hacer con ese omega y que deje de estorbarlo.

—Me dan ganas de estrangularlo y un día lo haré, te lo juro —Yoongi se levantó luego de dejar salir el aire en sus pulmones ruidosamente— ¿Tienes listo tu disfraz de Halloween para este viernes? Aún no me cuentas qué usarás.

—Ya conoces mi película de terror favorita. Probablemente me venga bien usar la máscara otra vez. Ya sabes, es de esos clásicos que no se dejan atrás.

—Te verás demasiado genial —asintió imaginando el disfraz en su amigo, estando de acuerdo en que sería una buena opción—. Yo compré una peluca de cabello largo y un camisón blanco. Planeo vestirme como la niña de El Aro, pero siento que cometeré alguna estupidez que me haga ver como la versión de Scary Movie.

Yoongi escuchó a su amigo reír otra vez, provocando en él una sonrisa igual. Lo apreciaba demasiado. Cuando se presentó a la empresa tiempo atrás le sorprendió no solo el conocimiento profundo que tenía en su campo, sino lo entusiasmado que se mostraba en trabajar para ellos.

Con el tiempo, se fueron haciendo cercanos durante los descansos, al coincidir en alguna mesa o gustos por la comida.

Jungkook es esa casualidad que agradece conocer. Un amigo tan gentil, transparente y honesto como él no se encuentra en cualquier lugar.

—En fin, te dejo para que sigas en lo tuyo —comunicó antes de dejar que la nostalgia lo invadiera al ser demasiado sentimental cuando se trataba de sus más cercanos—. Si surgen más problemas házmelo saber o dile a Taehyung. Te veo a la salida si no.

Jungkook asintió, viendo a Yoongi dejar su oficina. Se sintió reconfortado con su compañía y sobre todo renovado.

Por otro lado, el pensamiento de cómo Jihoon lo enfrentó no lo dejaba tranquilo, pero ahora sabía más o menos cómo hacer las cosas, había una línea que su cordura y humanidad nunca le permitieron cruzar por el bien de su bajo perfil. Pero estaba decidido a tomar medidas drásticas para alejar de una vez todos sus problemas.

El día de Halloween ocurren cosas que se pueden camuflar perfectamente sin que perturben mucho a los demás...



La semana había pasado tan rápido que Taehyung no podía creer que no tuvo tiempo de conseguir un disfraz para recibir a los niños que llegaban constantemente a su puerta por algún dulce.

Habló con Jungkook el día anterior para comunicarle que ir a ver una película al cine ese día no podría ser por imprevistos que surgieron en el trabajo. Apreció que el omega no solo se mostró tranquilo y comprensivo, sino que se había ofrecido en acompañarlo de ser necesario, pero no lo permitió al creer que podría tener otros planes más importantes. Le hizo saber que podía volver a casa y aplazar su salida para la próxima semana.

Él realmente quería conocer a Jungkook, tratarlo un poco más al considerarlo alguien muy interesante y, pese a la transparencia que parece tener, lo considera enigmático a la vez. Un misterio que le gustaría descubrir.

Apenas llegó a casa ese día, encendió las luces de afuera y tenía preparado en un bowl los dulces que estarían destinados a sus visitantes. Cambió su ropa por run pantalón negro entallado a sus piernas y una camisa de satín blanca.

Se sentía pleno, muy animado de ver cada disfraz creativo que tocaba a su puerta. Puede que esperara por alguno que de verdad le espantara, pero realmente cada cachorro que llegaba –algunos acompañados de sus padres– no le provocaban más que ternura.

Estaba pensando mucho en cachorro últimamente, así que tan pronto esas ideas lo inundaban las disipó rápido. No tenía a nadie ideal para procrear y Jihoon por supuesto que no era una opción. Antes prefería soportar su sola presencia que encima tener descendencia de él corriendo por ahí.

Se sacudió de hombros y cabeza por el escalofrío que le dio la simple idea. Quería un buen susto ese día, pero no de ese tipo.

El reloj ya marcaba las diez y doce minutos cuando decidió hacer limpieza en la cocina, aún no tenía sueño, por lo que apenas dejara todo en orden se prepararía unas palomitas de maíz y miraría alguno de los clásicos en su DVD.

El altavoz del salón estaba conectado y su lista de reproducción avanzaba sin ningún orden:Michael Jackson, The Doors, Rockwell. El sonido llenaba la casa con una energía agradable para él, incluso si a esa hora ya la algarabía en su entorno era prácticamente nula.

Apenas terminó de fregar los trastos, tomó un paño y secó sus manos con este, caminó hasta los gabinetes de su cocina y extrajo una bolsa de palomitas para preparar en su microondas.

Las colocó dentro y retrocedió para reposar sus caderas en la isla, mirando a ratos su celular y extrañándose de que Jihoon no se reportara en todo el día. Desde el miércoles que tuvo el enfrentamiento con él sobre el tema de Jungkook no habían cruzado palabra, pero incluso cuando sus caprichos le dominaban solía ser insistente en mensajes o llamadas.

Le restó importancia y quiso ir al salón para preparar su noche de clásicos. En el camino, cruzó frente a la puerta corrediza de cristal que daba al jardín. Frunció el ceño y se detuvo un segundo: le pareció ver algo moverse afuera.

Se acercó despacio a los cristales, asomándose para ver al exterior entre la oscuridad. No había nada, solamente las ramas de los árboles danzando por el viento que azotaba con algo de fuerza de vez en cuando.

Suspiró, más cansado que preocupado, y caminó al salón para dejarse caer en el sofá, buscando en su colección algo que ver. La música en la bocina cambió, ahora sonabaSomebody’s Watching Mey rio entre dientes.

—Vaya sorpresa —dijo para sí mismo al recordar lo abrumadora que ha sido la última semana y los constantes presentimientos de ser vigilado.

Contra todo lo que creyó posible, el teléfono fijo comenzó a sonar. Ese mismo en donde nadie solía llamarlo.

El primer tono lo ignoró entre sus propios nervios, la última vez que atendió ese teléfono no tuvo una experiencia agradable.

El aparato dejó de hacer ruido pero, tan pronto había cesado, otra llamada entró y tensó el cuerpo del alfa que cerró sus ojos con fuerza al verse presionado en atender.

Se levantó sin prisa hacia la pared de su sala, en donde estaba colocado el teléfono inalámbrico. Extendió la mano con una tortuosa lentitud, creyendo que si demoraba un poco más dejaría de repicar, pero no fue así.

—¿Hola? —preguntó, con una voz entre curiosa y alerta.

Demoraste en atender—la misma voz de hace unos días.

—Otra vez tú... —soltó un suspiro exhausto, descansando su mano libre en su cadera—. ¿Te puedo ayudar en algo?

Solo disculparme por la llamada del otro día. Seguro fue incómodo para ti.

—Muy bien, estás disculpado. Tómalo con calma —amagó en colgar la llamada, pero el desconocido insistió.

Espera, espera, no cuelgues. Quiero hablarte por un segundo.

Taehyung resonó una leve risa y regresó a su cocina mientras lo escuchaba.

—¿Piensas que tengo tiempo para esto? —indagó mientras revisaba su microondas y se percató de que no lo había puesto a trabajar, haciéndolo hasta ahora.

¿Por qué no quieres hablar conmigo?

—Disculpa pero ¿quién eres?

Si me dices tu nombre yo te diré el mío.

—Así no es cómo funciona —Taehyung se apoyó en la isla de su cocina nuevamente, viendo la bolsa de palomitas inflarse a cada segundo transcurrido y escuchando atento a la otra línea para intentar reconocer la voz.

¿Qué es ese sonido?

—Palomitas.

—Amo las palomitas. ¿Verás alguna película?

—Ajá, una de terror —respondió con simpleza. Comenzó a dar pasos alrededor de su cocina para asegurar con disimulo las ventanas y la puerta corrediza, permaneciendo atento a cualquier movimiento inusual en el exterior.

¿Cuál es tu película de terror favorita?

—Mmm... Halloween —siguió su camino por el salón y repitió el procedimiento de asegurar todo—. Ya sabes, la clásica de 1978, donde aparece Jamie Lee Curtis.

—Es una muy buena y aterradora opción. A mí me gusta la saga de Scream.

—¿El tipo de la máscara blanca con la boca abierta? —rio un poco al escuchar al otro afirmar a su pregunta—. Ya veo, eres muy fan y por eso esta conversación es muy similar a la escena del opening. ¿Tenías alguna especie de fantasía con replicarlo?

Me has descubierto—el desconocido resopló una suave risa—.Así que continuemos la conversación.Y dime, ¿tienes omega?

—¿Por qué? —preguntó divertido—. ¿Quieres que te corteje acaso?

Tal vez, ¿tienes omega?

—Si.

Nunca me dijiste tu nombre.

—¿Para qué quieres saber mi nombre?

Quiero saber a quién estoy mirando.

Taehyung se heló de pies a cabeza al escucharlo decir eso. Instintivamente volteó a ver a todos lados. En ese momento estaba a punto de subir las escaleras del segundo piso para también cerrar todas las ventanas, pensándolo seriamente al ver que había dejado todo a oscuras allá arriba.

De pronto se sintió expuesto y de piernas ligeras, olvidando por un instante que es un imponente alfa que posee la fuerza suficiente para defenderse a sí mismo y su hogar.

Ambos ojos cambiaron al verde intenso, manifestando a su alfa para que le diera la fuerza que de pronto él había perdido.

—Escucha, fue suficiente. Si es alguna broma de la oficina, ya no tiene gracia.

Oh, no, nada de eso—dijo el otro, dejando un breve silencio—.Aunque, ahora que lo mencionas, sí sé cómo hueles antes y después de un día de trabajo. Sé todo sobre ti.

Taehyung subió a trote sus escaleras para cerrar todo. Encendió la luz del pasillo y se preparó para entrar a cada una de las tres habitaciones para cerrar sus ventanas.

—¿Qué es lo que quieres? —el tono en su voz comenzaba a tornarse pesado y desafiante.

Solo hablar. Siempre quise hacerlo, pero no me das la apertura suficiente. Estás tan ocupado con ese novio tuyo... ¿Cómo era? ¿Jihoon?

—¿Qué sabes de él? —se paralizó en medio de la primera habitación al escuchar el nombre de su pareja.

Lo suficiente. Por ejemplo...—la voz bajó hasta un susurro ronco—.Que no debería dejarte solo tanto tiempo, ni desatenderte como lo hace.

Hubo un silencio largo porque Taehyung no fue capaz de decir nada, el miedo lo estaba dominando y sus manos y piernas comenzaron a temblar sin control. Luego, un sonido metálico se hizo, algo se arrastraba del otro lado de la línea. Taehyung tragó saliva, temeroso por preguntar, pero no estaba dispuesto a seguir en esa situación.

—¿Qué es eso?

Nada...—una risa leve, seca—.Más bien si, una sorpresa para ti, algo que quiero que veas.

El teléfono quedó mudo unos segundos. Luego, la voz volvió, con un tono frío, casi susurrado.

Sal de la primera habitación del segundo piso y camina a tu cocina para que te asomes por el patio.

—¿Qué? —se sostuvo del marco de la puerta. Esa persona sabía todos sus movimientos.

—Te dije que miraras por el patio, Taehyung.

Pese a lo tenso que estaba el alfa a ese punto y de que el desconocido dijo su nombre sin él habérselo dado, obedeció a las instrucciones y bajó las escaleras, caminando con una tortuosa lentitud hasta la cocina con la música de fondo aún sonando, pero ya distorsionada para él a este punto. Dio un paso a la puerta corrediza y encendió la luz del exterior.

Y allí estaba Jihoon. Atado a una de las sillas del jardín, la cinta de embalar cubriéndole la boca, mientras parecía estar en una mezcla de furia y miedo.

Del otro lado del teléfono, la voz sonó más cerca, como un susurro en vez de estar a través de la otra línea.

Tu omega arruina mis planes de estar contigo.

Taehyung estaba paralizado, incapaz de mover un solo músculo y viendo fijamente a Jihoon. De pronto, vio una figura detrás de él, una persona que cubría su rostro con la máscara del personaje que nombró momentos atrás.

El desconocido se paró detrás de Jihoon, pero veía a Taehyung fijamente, o al menos eso pensó el alfa a pesar de que la máscara le cubría incluso los ojos.

Y en un instante, de improvisto, sin ninguna palabra de por medio para conocer el motivo de esa escena tan bizarra, un cuchillo fue clavado en el pecho de Jihoon, quien a pesar de estar amordazado, gritó tan fuerte que posiblemente resonó en toda la cuadra a pesar de la cinta en su boca.

Otra estocada fue acertada cerca de la garganta del omega, el aroma a rosas y el metal de su sangre mezclados en el aire y creando una atmósfera poéticamente aterradora.

Jihoon cayó de lado junto a la silla cuando intentó esquivar esa segunda apuñalada, pero había sido en vano y quedó inconsciente por el impacto de inmediato.

Taehyung lo vio sin poder moverse, sin poder hacer nada. Volvió a ver cómo el enmascarado caminaba lentamente hacia él hasta que se aproximó a la puerta de cristal.

Con sus manos teñidas de la escarlata derramada por el otro omega, tomó el agarre de la puerta y deslizó de ella para poder ingresar a la casa. Poco le importó que el alfa mostrara por fin sorpresa en su rostro porque sabe que él la había enllavado momentos atrás, pero tiene sus propios métodos para resolver cualquier obstáculo.

Se detuvo frente a Taehyung por unos largos segundos, ninguno dijo nada y tampoco se movieron. No fue así hasta que el asesino se retiró la máscara y reveló a propósito su identidad, pero éste ya había liberado su aroma a propósito. Jungkook le sonrió pequeño a Taehyung apenas se vieron directamente.

—Hola, alfa —dijo con inocencia en su tono, mientras su rostro lucía como si no acabara de clavarle el cuchillo a alguien más. Arrojó la máscara al comedor y continuó hablando con calma—. Tal vez pudo ser de otra manera si salías conmigo hoy por la tarde, pero en vista de las circunstancias hubo un cambio de planes. De cualquier modo, quería demostrarte lo que soy capaz de hacer para estar contigo, considérate cortejado por mí a partir de ahora, ¿lo hice bien?

El alfa permanecía quieto, observándolo con sus ojos verdes en todo momento sin emitir sonido o movimiento alguno. No obstante, Jungkook notó algo.

—¿Uh? —ladeó su cabeza confundido y frunciendo el ceño—. ¿Por qué no luces sorprendido...? ¿Estás en shock?

Lejos de cualquier cosa que Jungkook pudiera esperarse, el alfa esbozó una enorme sonrisa para él: brillante, encantadora y... Satisfecha.

—Qué bueno verte, mi amor —habló finalmente, siendo él quien sorprendió a Jungkook con sus palabras.

—¿Qué está- —se interrumpió a sí mismo, dando un paso hacia atrás al no comprender cómo la situación giró a favor del contrario.

—¿Qué te sorprende, mi vida? —caminó un par de pasos para acercarse al omega—. ¿Darte cuenta de que en todo este tiempo tú no me estabas persiguiendo a mí,sino que fui yo quien en todo momento te atrajo?

—¿De qué hablas? —preguntó en un susurro tembloroso—. ¿Sabías que era yo el de las llamadas?

—El de las llamadas y de todo lo que has hecho en todos estos años —en un rápido movimiento se aproximó al omega, arrebatándole el cuchillo para aventarlo lejos y acorralarlo contra el comedor, colocando sus brazos a los costados de Jungkook para evitar que escape—. ¿Piensas que no supe de ti desde Daegu?

Jungkook lo miró con ojos brillantes, no con miedo, sino con curiosidad.

—Así como escuchaste, precioso: tú no me estabas persiguiendo, yo te atraje a mi desde siempre. Provoqué que vinieras hasta aquí y me demostraras qué tanto anhelabas estar conmigo. ¿No te parecía extraño acaso que, siempre permanecía cerca de mi ventana al venir a casa? ¿Que cuando me vigilabas mi rutina fuera exactamente la misma y muy cronometrada? Los segundos de cada cosa fueron exactos para que tú guardaras detalle de ello. Así como lo hacía yo.

—¿Por qué? —fue lo único que Jungkook pudo formular.

—Tu pasión, tu entrega y determinación me conmovieron desde aquel entonces que éramos más jóvenes. ¿Crees que no sé que tú boicoteabas los encuentros con mis parejas? Hiciste que algunos me dejaran plantado, que otros me tuvieran miedo o asco. No sé qué les habrás dicho, pero te funcionó de maravilla.

» Al principio, creí que eras un berrinchudo, solo porque te protegí de los bravucones en la secundaria. Creí que eras un omega que nada más quería mi atención de una manera muy retorcida por haberte salvado del acoso. Pero cuando tú comportamiento fue escalando hasta el grado de seguirme a casa e incluso entrar a ella, hasta conocer mis horarios, supe que ese era el tipo de amor que quería. El que no mide las consecuencias de nada, uno ilimitado y casi obsesivo.

» Fue por eso por lo que, cuando mis padres creyeron que me gustaban los alfas al nunca presentar un omega ante ellos, y ellos amenazaron con denunciar al chico que trepaba en el árbol del patio todas las noches, me fui de ahí. ¿Cómo iba a continuar mi vida si el que consideraba el amor de mi vida estuviera encerrado en algún reformatorio? Sabía que me ibas a seguir y solo así continuarías demostrándome cuánto te importo sin que corrieras algún peligro.

—¿Supiste de mí en todo este tiempo? ¿Incluso al entrar a la empresa?

—¿Acaso nos presentamos formalmente cuando nos conocimos en el ascensor? —ladeó una sonrisa para él—. Si tú ya sabías mi nombre y yo el tuyo.

«—Qué tengas un buen primer día, Jungkook.»

«—Gracias, señor Kim.»

—Siempre lo supiste —susurró en un tono de voz algo roto y empujó levemente al alfa de los hombros—. Sabías que me gustabas y aun así te metiste con otros omegas.

—Mi amor —lo tomó del rostro para acunar sus mejillas con cuidado. Acercándose a él hasta rozar sus narices y provocar que ambos cerraran los ojos—. Cuando supe de ti no volví a acostarme con nadie. Ni siquiera con Jihoon llegué a eso. Te esperé, todo este tiempo quería ver qué serías capaz de hacer con Jihoon para tenerme contigo y lo que acabo de presenciar no me perturba en lo absoluto, ni siquiera sería capaz de reaccionar hipócritamente triste o impactado. Al contrario: me vuelve loco y no me provoca nada más que tomarte toda esta noche y las demás que vengan por el resto de nuestras vidas.

—Acabo de matar a alguien por ti —mantuvo el tono quedito de su voz—. ¿Cómo me vas a asegurar que valió la pena? ¿Cómo vas a igualar eso? Si en todo este tiempo preferiste jugar a que yo te alcanzara hasta meterme en este problema.

—Tienes mi absoluta devoción, fidelidad y entrega —se arrodilló ante el omega, sosteniendo sus manos y besándolas con fervor, ignorando la sangre que aún permanecía en ellas—. Todo lo que quieras te lo daré. Y no te meterás en ningún problema si yo lo evito antes.

Jungkook no dijo nada, lo vio fijamente por unos segundos y acarició el cabello del alfa. Meditó por un breve instante el embrollo en el que fue arrastrado sin darse cuenta de que quien mantuvo el control de todo siempre fue Taehyung y no él. Entonces, esbozó una sonrisa, cálida y plena, comprendiendo que aun así había sido correspondido por él, no importaba cómo.

El alfa sintió las caricias en su cabello por fin, iguales a las que sintió el día que creyó todo confuso, no teniendo idea si se trataba de un sueño o la realidad, pero ahora lo sabe: el aroma a las peonias tan agudizado y la mano tan delicada y tersa que hace contacto con él no le deja la menor duda de que puso sus ojos en el omega que podía darle el tipo de amor que rozaba lo enfermizo y obsesivo.

Taehyung descansó sus manos en los muslos del omega y se acercó a él para empezar a repartir besos en ellos, acercando su rostro despacio hacia su entrepierna, mientras sus manos recorrían el cuerpo ajeno hasta llegar a sus firmes glúteos, esos que lleva tiempo queriendo amasar entre sus manos.

Jungkook vio al alfa deshacerse del botón de su pantalón para comenzar a bajarlo con lentitud junto a su ropa interior, liberando la dureza que se había formado en él con los besos que recibía.

Las prendas fueron arrojadas a cualquier parte de la cocina, y apenas sintió su longitud ser golpeada por el aire no pudo evitar soltar un gemido de satisfacción cuando la cálida boca del alfa la envolvió y comenzó a succionar de él con necesidad y algo de fuerza.

Taehyung lo veía desde abajo, lamiendo cada vena a su paso y degustando del miembro sin querer perder mayor tiempo, ignorando todo lo que ocurrió y pasando a lo importante: hacerlo suyo.

Se atragantó por los pequeños embistes involuntarios que el omega hacía por buscar más contacto, sintiendo como palpitaba en necesidad al igual que la entrada en la que uno de sus dedos acariciaba los bordes preparándolo para la intromisión.

Podía sentir como el omega poco a poco se iba empapando del deseo y la anticipación de lo que pasaría, el amargo olor de sus fluidos chorreando entre sus nalgas invitaba al alfa a querer subirlo a la mesa y tomarlo justo ahí o tal vez clavarlo en la pared más cercana. Pero no, su Jungkook no podía ser tratado así. Ya bastante mal le sabe haber visto la tristeza en su mirada cuando minutos atrás le confesó siempre haber sabido de él. Su omega se había herido y lo sabe.

Taehyung apresó el glande con su lengua, rodeándolo y succionando la punta provocando que pequeños espasmos se dieran en el cuerpo; su mano derecha percibió con la yema de los dedos la calidez, la viscosidad y cómo estos se llenaban en totalidad cuando había ingresado ya dos dedos en él.

Jungkook casi se pierde en medio de las estrellas que el alfa lo hacía ver ante tantos estímulos. Gemía mientras se deslizaba a través del placer, sucumbiendo a su propios deseos primitivos. Todo es cómo lo soñó alguna vez, como lo imaginaba las noches que pasaba solo en casa y le tocaba aliviarse por su cuenta durante su celo o cuando simplemente la imagen de Taehyung llegaba a su mente por las noches.

Largas noches que pasó solo y el alfa pudo estar ahí para ayudarle.

Reaccionó ante esa tal realización. No le iba a dejar las cosas tan fáciles.

Tomó el cabello de Taehyung para detener el vaivén que éste mantenía y, antes de hacer lo que planeaba, embistió la boca del alfa repetidas veces sin importarle cómo éste parecía atragantarse en un par de ocasiones. Luego, incluso en contra de su voluntad, alejó la cara del alfa, viendo el desconcierto en su mirada al detener el encuentro tan bruscamente y cómo un hilo de saliva aún conectaba sus labios con su erección.

—¿Qué ocurre? —preguntó con inocencia, sus ojos agrandados y un leve puchero marcado en sus labios, pasando un pulgar sobre los belfos del alfa para limpiar los rastros de saliva en él—. No creías que ibas a metérmela así nada más después de lo que me confesaste, ¿o sí?

—¿Qué? —confundido y con la respiración errática, Taehyung miró al omega deshacerse del suéter blanco que llevaba puesto y tomar la máscara de su personaje para arrojarla al salón.

Gracias a que retiró esa prenda, el omega ahora se encontraba en su completo esplendor, totalmente desnudo ante el alfa que lo veía embobado, casi fuera de sí, pero al mismo tiempo confundido.

Jungkook no dijo nada, dejó a Taehyung en el mismo lugar en donde permanecía arrodillado y comenzó a caminar por la cocina, abriendo un estante en específico, donde sabía que el alfa guardaba la vajilla de porcelana y cristales.

Tomó cuantos platos y tazas pudo con ambas manos y regresó para detenerse frente al otro. Comenzó a retroceder despacio, pero sonrió amplio cuando, uno por uno, dejó caer todos los trastos que llevaba consigo, dejando frente a él un rastro de filosas piezas de porcelana rota y cristales reventados.

Taehyung se estremeció ante cada impacto que resonaba, cubriendo su rostro para evitar que alguno de esos pedazos le hiriera. No comprendía lo que Jungkook tramaba, pero no podía preguntar nada por el ruido que iba ocasionando.

—Quítate la ropa —pidió Jungkook al encontrarse fuera de la cocina, descansando su espalda baja en la parte de atrás del espaldar del sillón ubicado justo en la entrada del salón. Cruzado de brazos y con una sonrisa bastante macabra incluso para el alfa—. ¿Cómo vas a darme tu nudo si aún no te desvistes?

—¿Por qué hiciste este desastre? —preguntó Taehyung, levantándose cauteloso del suelo, pero de todos modos obedeció al omega y retiró su pantalón, ropa interior y camisa de satín hasta quedar sin nada, revelando su bien trabajado y acanelado cuerpo.

—Yo atravesé un infierno para llegar a ti —lo escaneó de pies a cabeza, teniendo que tragar saliva muy apresurado al ver el pedazo de carne que colgaba del alfa y quererlo dentro suyo de una vez. Pero le iba a costar—. Lo mínimo que puedes hacer por mí es esto.

Jungkook señaló al suelo y Taehyung miró los vidrios regados. Ahora cree entender lo que insinuaba.

—Si me quieres tendrás que ganarme, alfa. Gánate que yo lleve tu marca y a tus cachorros en un futuro —continuó, dándose media vuelta e inclinándose levemente, apoyó sus manos en el espaldar y miró por encima del hombro a su alfa, formando una curva sensual en su espalda y meneando sus caderas para que tuviera la vista completa a su trasero—. Arrástrate hasta que te sangren las rodillas en todo ese pasillo de vidrio para venir a mí y tomarme. Quiero que las heridas que le provocaste a mi corazón con tus juegos sean visibles en tu piel. Tal vez así recuerdes que no soy como los demás omegas y no me puedes tratar así.

—¿En un futuro? —Taehyung sonrió ladino, bajó casi de golpe, clavándose algunos pedazos de vidrio en sus rodillas, todo esto sin dejar de ver a su omega—. Mi amor, cuando cruce este pasillo será para preñarte y comiences a cargar con mis cachorros.

Jungkook sintió como su entrada comenzó a lubricar más que antes por sus palabras, y vio como el alfa comenzó a avanzar despacio entre la porcelana. No estaba evitando ningún pedazo filoso para no herirse, al contrario, Taehyung estaba tomando los pedazos que cayeron más lejos para juntarlos en el camino y pasar sobre ellos.

Tal acto no hizo más que excitar a Jungkook, el solo pensamiento de ver lo que ambos eran capaces de hacer por el otro de pronto encendió más en él ese instinto por querer pertenecer a él y nadie más que él. Fue lo que siempre quiso, lo sigue siendo. Estaba recién presentado cuando lo conoció y su omega lo había elegido como su alfa y protector el día que lo salvó de quienes intentaron acosarlo en la escuela.

Desde entonces intentó aproximarse al alfa, pero alguien lo impedía de alguna manera. Siempre fue muy atractivo y él lo sabe. Era una maldición tener que ver cómo todos querían estar con el mismo alfa que ya era suyo.

Lo creyó inalcanzable de pronto. Pues todo tipo de omegas soltaban sus feromonas cerca de Taehyung para intentar captar su atención, y él creyó que les correspondía, que prefería a todos ellos y no a él. Así que bien, si no podría cruzar palabras con el alfa, al menos se dedicaría a verlo.

El problema es que esos avistamientos no tuvieron límites, por lo que poco a poco se convirtió en una obsesión, en un pasatiempo peligroso y difícil de dejar. Un par de veces intentó abandonar esa ocupación, cuando se vio a sí mismo arruinando las citas que Taehyung trataba de tener con otros. Eran líneas cruzadas y ya enfermizas incluso para él. Por lo que trató de distraerse saliendo con otros alfas, entregándose incluso a un par de ellos, pero fue inútil. Todo intento era en vano si en cada encuentro con aquellos inútiles amantes no podía hacer más que imaginar que era Taehyung quien arremetía dentro de él.

Por lo que dejó de luchar en contra de la corriente y dejarse arrastrar por ella, poco más de diez años después su perseverancia lo llevó a donde están ahora.

Comenzó a acariciar su entrada bajo la atenta mirada del alfa, buscando una manera de motivar su camino para que viera la recompensa que le espera, introdujo sus dedos y comenzó a gemir fuerte al tocar su próstata en el primer embiste, preparándose a sí mismo para que su alfa solamente le llenara de su hombría hasta hacerlo delirar.

Entre la nebulosa de su lujuria, miró a la brevedad como Taehyung iba dejando el rastro de sangre por todo el piso detrás de él. La mirada del alfa estaba oscurecida, sabe que quería llegar pronto hasta él y tomarlo con necesidad. Misma necesidad que tiene por él.

Taehyung siseó cuando uno de los filos se incrustó muy profundo en su rodilla derecha, mientras otro le dejaba una herida extensa que sintió en el hueso de su espinilla. Miró hacia abajo y no se encontró solamente con su erección muy erguida y lista para su omega, sino que sus piernas estaban terriblemente bañadas de sangre. Él no solo se iba arrastrando, a veces también elevaba un poco sus rodillas para dejarlas caer en los cristales rotos y así herirse aún más.

Él mismo sabe que se lo merece, y si con ello puede complacer a su omega, entonces lo hará bien.

Jungkook siseaba de placer mientras escuchaba al otro sisear probablemente de dolor, pero ya lo escuchaba más cerca y sabe que el alfa había acabado su penitencia cuando sintió dos grandes y fuertes manos sujetarlo de sus caderas para buscar un soporte mientras se levantaba despacio del piso. Jadeó gustoso y con una sonrisa cuando el cálido torso del alfa se pegó a su espalda y el rostro de éste se ocultaba en su cuello para aspirar con fuerza su aroma.

El alfa comenzó a repartir húmedos besos en el pulcro cuello blanquecino que esperaba a portar una marca suya. Comenzó a succionar su piel y lamerla con necesidad.

—No volveré a alejarte de mí nunca más —susurró mientras retiraba con delicadeza la mano que el omega tenía en su entrada y la reemplazó con su miembro para alinearlo en su lugar predilecto—. Me vas a pertenecer ahora tanto como yo siempre te he pertenecido a ti.

Ambos jadearon de satisfacción cuando finalmente fueron uno solo. Taehyung, ignorando el dolor en sus piernas y la dificultad que tenía para estar de pie, se concentró en darle placer a su omega, embistiendo despacio hacia él, acostumbrándolo a su tamaño poco a poco mientras tomaban el ritmo.

Jungkook se sujetaba con fuerza del mueble en donde permanecía aún inclinado y llevó su espalda aún más atrás, no dejando ningún espacio entre ellos. Sintió a Taehyung volver a besar su cuello y él tomó su cabello para tirar despacio de él, en una petición a salir de su escondite para encararlo.

Se vieron directo a los ojos mientras el alfa aumentaba el ritmo de sus caderas y comenzaron a jadear con más necesidad. Fueron entrecerrando sus ojos en medio de su agitación, rozando sus narices y mezclando sus alientos cada vez más cerca hasta que el beso fue inevitable. Contrario a la atmosfera que esperaron que se formase, el beso no reflejó más que el ferviente deseo de pertenencia, de la unión de dos almas que anhelaban estar tan próximas entre sí y de cuerpos que ansiaban conectarse como lo hacen ahora.

Continuaron así hasta que ambos acabaron derramándose. Había quedado un pequeño charco de sudor, fluidos, semen y sangre debajo de ellos y, sin perder más tiempo, Taehyung le dio el primer nudo de todos los que le daría esa noche a su omega.



El obsceno choque de sus pieles sonaba por toda la casa junto a los gruñidos y jadeos de ambos. Ahora Taehyung portaba la máscara blanca mientras Jungkook yacía en cuatro frente a él, siendo penetrado con ímpetu y ferocidad.

Sin dejar de mecer sus caderas contra el culo del omega, Taehyung jaló de su cabello hasta levantar su torso del sofá en el que aún permanecían, logrando arrancar un grito agudo y erótico por parte del Jungkook, fascinado por la dominancia y fuerza que el alfa empleaba en él, sorprendentemente sin llegar a lastimarlo.

Jungkook giró un poco en dirección a Taehyung, regalándole así la escena más grotesca y hermosa que éste jamás habría visto: los ojos del omega no dejaban de brotar en lágrimas, rojos y algo hinchados por el llanto de placer que estaba experimentando, con el fuerte sonrojo de sus mejillas haciendo el contraste perfecto entre la ternura e inocencia que marcaba su rostro junto al pecado y la lujuria que dejaba ver si cuerpo.

El omega no daba crédito de lo delicioso que su alfa se veía portando su máscara; con su acanelado y bien trabajado torso bañado en sudor, con venas resaltando en sus brazos al sujetarlo aún con fuerza de su cadera y cabello.

Ahora sabe qué ocupar de ahora en adelante cuando quiera pedirle a su alfa que lo empotre por toda la casa.

De pronto, Taehyung se retiró la máscara y salió con rapidez del omega, tomando asiento y llevándolo consigo a su regazo para que éste se montara en él y comenzara a cabalgarlo. Jungkook no perdió tiempo en alinear la verga del alfa en su ya maltratada entrada y dejarse caer de golpe en medio de un gemido de ambos, comenzando de inmediato a mecerse en un rápido vaivén sobre él para follarse a sí mismo, agitando su respiración en un ritmo que hipnotizó a Taehyung en todo ese tiempo.

Ahora, Jungkook estaba apoyando sus manos en las rodillas del alfa para tomar impulso entre cada sube y baja que hacía, pero considero que ya lo había castigado mucho cuando vio al alfa con una cara que parecía más soportar el dolor en sus heridas que disfrutar del encuentro. Tampoco quería eso. Quitó sus manos de la zona lastimada, aunque ya había intentado curarle, y lo abrazó de los hombros, gimiendo más fuerte cuando Taehyung lo suspendió un poco en alto para empezar a taladrar en él con más fuerza y velocidad.

Jungkook cerró sus ojos ante la excitante sensación que se deslizaba en todo su interior y trepaba en su estómago. No obstante, como si su instinto le diera una orden involuntaria, abrió sus ojos con una visión en línea recta directo a la puerta corrediza del patio de la casa. Sonrió en grande cuando vio a Jihoon que parecía arrastrarse por el suelo. Había olvidado su presencia por completo, así que en todo ese tiempo parece que el otro omega aprovechó para liberarse de las ataduras e intentar arrastrarse.

Jihoon había recibido dos estocadas fuertes en su pecho y cuello, mismas heridas que no le permitían emitir sonido alguno más que leves e inaudibles quejidos.

Dejó de arrastrarse y, a movimientos erráticos, levantó su cabeza, solo para hacer contacto visual con un Jungkook que parecía estar más que feliz y gustoso, siendo sacudido por los movimientos que el alfa debajo de su cuerpo le provocaba hacer. Por si fuera poco, Jihoon tuvo la maldita mala suerte de leerle los labios al omega cuando formuló un: «Te lo dije».

Estaba hirviendo en su propia cólera porque el «infeliz poca cosa» se había salido con la suya. No estaba triste de pensar por qué le pasaba esto a él, no. Estaba furioso de pensar que fue reemplazado de esa manera y por alguien como él.

Jihoon intentó emitir algún sonido para llamar la atención de alguien más, pero sus intentos fueron en vano cuando Jungkook aumentó el volumen de sus gemidos, mientras entre ellos le pedía obscenamente al alfa que no se detuviera. Pero no fue eso lo que terminó por detener el corazón del omega, sino lo que escuchó después.

—Alfa... —habló con dificultad, tratando de captar la atención de su pareja y logrando que éste redujera la velocidad para escucharlo. Encaró a Taehyung y acunó su rostro para que se vieran fijamente—. ¿Jihoon significó algo para ti? ¿Él siempre fue más importante que yo?

—Todos los demás omegas son nada a la par de ti, mi amor —lo abrazó de la cintura para aproximarlo más a su cuerpo, acercando tentadoramente sus labios a los de su omega—. Jihoon no fue nada más que una pérdida de tiempo que no sé por qué tuve que soportar.

Aquello afectó a Jihoon lo suficiente para sentir la sangre trepar en su garganta y acumularse ahí hasta hacerlo toser sin siquiera poder emitir el sonido de sus quejas. Una última lágrima rabia se hizo camino en su mejilla, justo antes de morir asfixiado por su propia sangre y bajo la derrota y humillación inminente por haber provocado la ira del omega incorrecto.

Ajenos al suceso, Jungkook había dejado de prestar atención al omega, estando demasiado ocupado en besar los labios de su alfa y succionando su lengua cada vez que se encontraba con la suya, al mismo tiempo que ondeaba sus caderas rítmicamente para que el miembro del alfa barriera todo en su interior.

Bajo la sensualidad de sus movimientos, y susurros de amor que se brindaron mutuamente, un nuevo nudo se formó en el alfa cuando Jungkook se derramó entre ellos en medio de pequeños espasmos de placer, Taehyung dejó toda su semilla en el interior de su omega sin dejar de besarlo en ningún momento, asegurándose que de ese encuentro se cree un cachorro que sea de ambos.

—Perdóname —susurró el alfa al separarse unos pocos centímetros de él—. Nunca más te haré pasar por la estupidez que te hice.

—No me recuerdes lo que confesaste o te seguiré castigando —acarició su rostro sin eliminar su sonrisa en ningún momento.

—Hay que llamar a alguien para que limpien el desastre en el patio.

—Ya nos ayudarán con eso —dejó un beso fugaz en los labios de Taehyung—. ¿Miramos una película de terror después?

—Si, pero yo la escojo, no confío en tus gustos. Es increíble que habiendo tantos buenos clásicos tu favorita sea la saga de Scream —Taehyung fingió indignación. Se levantó del sillón cargando consigo al omega, quien enredo sus piernas en la cintura del alfa ya que el nudo aún no bajaba.

Caminó en dirección a las escaleras para ir a su habitación mientras llegaban los que les ayudarían con el pequeño detalle en su patio.

—Es una buena saga —replicó con el mismo semblante que el otro—. Revolucionó el cine del terror, admítelo.

—Si, ajá~.

Taehyung iba riendo entre las réplicas de su omega al fingir no estar de acuerdo con él. Subieron los escalones despacio, sin prisa, aún entre besos y caricias torpes.

Antes de entrar a la habitación, Jungkook apoyó la frente en la del alfa y sonrió apenas.

—¿Sabes? —murmuró con voz baja—. Me gustaría más escucharte gritar de placer que cuando gritan en las películas porque el asesino los persigue.

—Eres un enfermo —Taehyung arqueó una ceja, divertido.

—Y tú me elegiste.

El alfa soltó una carcajada, y ambos desaparecieron tras la puerta a prepararse para recibir la ayuda de los contactos del omega... O para tener una ronda más.

En el patio, la brisa voló las hojas secas de los árboles, cayendo sobre un charco de sangre que corría entre las baldosas...

Mientras el teléfono fijo del salón comenzó a sonar una vez más...

Fin

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