Cap. 1 - El primer ardor
POV Aisha
El cambio comenzó con una simple publicación en redes sociales. Un día, una mujer de mediana edad mostró una extraña marca en su piel. Todos la creyeron demente por la historia que la acompañaba: aseguraba que su esposo poseía la misma marca en la misma ubicación exacta. Apenas unas horas después, este fenómeno se replicó globalmente. Personas de diferentes culturas, idiomas y países empezaron a publicar idénticas fotografías. Desde ese día, el mundo cambió para siempre.
Un año transcurrió, y la mayoría de la población comenzó a experimentar el mismo fenómeno en sus propios cuerpos. Esto forzó una investigación profunda. Científicos y médicos de todo el mundo llegaron a una conclusión histórica: las marcas eran el indicador genético inequívoco de haber encontrado al alma gemela. Cada diseño era único, y solo dos personas en el planeta lo compartían.
Con los años, las investigaciones avanzaron, confirmando que la humanidad había evolucionado. De un momento a otro, la estructura social dejó de ser lo que todos conocían. Las parejas ya no se separaban y el sufrimiento por desilusiones amorosas disminuyó notablemente. Si hallabas a esa persona, tu sistema biológico no te permitía separarte de ella ni establecer un vínculo real con nadie más. Todo lo demás perdía importancia; solo la seguridad, la estabilidad inmunológica y el bienestar de aquella persona importaban.
—Han pasado cincuenta años desde que la primera marca apareció y la ciencia obtuvo la respuesta definitiva en el año 2028, cuando por fin se desarrolló la medicina adecuada para poder aminorar el gasto energético y físico que producía en nuestros cuerpos; casi tres décadas después —dijo la maestra, encerrando en un círculo una de las tres palabras escritas en el amplio pizarrón—. No es amor, chicos, simplemente es biología: el cromosoma espejo de nuestro ADN se activa cuando nuestra otra mitad aparece, desencadenando una explosión de neurotransmisores en nuestro cerebro y receptores olfativos. Es un circuito genético e inevitable; nuestra biología está diseñada para enlazarse, y cualquier intento de alterar este orden natural tiene consecuencias severas para nuestro organismo que la medicina aún intenta descifrar.
Las tres categorías que definían a la sociedad eran: Alma Gemela, Llama Gemela y Alma Kármica. El Alma Gemela era la clasificación más común, abarcando a un noventa por ciento de la gente. Solo un cinco por ciento había sido identificado como Llamas Gemelas. El cinco por ciento restante eran las Almas Kármicas. Aunque mucha gente creía que estas últimas eran similares a las otras dos, se equivocaban gravemente.
El alma kármica representaba un peligro social. Habitualmente, cuando una de las dos almas moría, el sistema inmune de la que quedaba viva colapsaba y fallecía a los pocos meses —muchas no alcanzaban a superar el mes—, consumida por el dolor del desacoplamiento. Sin embargo, algunas sobrevivían debido a una alteración psicológica, llenas de odio y envidia. Estas almas kármicas se perturbaban, arruinando la vida de otras parejas marcadas, llegando incluso al asesinato, o persiguiendo al superviviente hasta que este, llevado al límite, se alejaba o lo eliminaba. El círculo vicioso de daño continuaba. Gracias a estos incidentes, el gobierno implementó leyes severas y penas de muerte para quien se convirtiera en un Alma Kármica.
Hoy, cincuenta años después, se realizan exámenes clínicos obligatorios dos veces al año a toda la población. Las investigaciones han avanzado a tal nivel que pueden controlar lo que sucede con nuestros cuerpos tras conocer a nuestra otra mitad, porque el vínculo no solo es psicológico, sino también físico y celular. Este fenómeno va más allá de cualquier cosa antes vista. Muchas personas se han marcado con solo cruzarse una mirada; todo depende de la susceptibilidad neuroquímica y de cuán receptivo se esté, según los científicos. Aunque mis padres y profesores aseguran que es seguro que encontrarás a tu alma gemela, también es posible que nunca llegues siquiera a toparte con ella. Todo este conocimiento se imparte en una clase obligatoria en todas las escuelas.
—¡Aisha! —oí un grito.
—¿Qué quieres? —grité de vuelta.
—Llevas rato en las nubes. ¿Qué te pasa hoy? —preguntó mi querido hermano, Allen.
—Allen, déjame en paz, ¿sí? Me duele la cabeza.
—No parece ser eso. Estás ida, te pareces a mí cuando conocí a Lena —dijo él con la mirada perdida.
—No lo digas. No quiero tener nada que ver con lo de las almas. Ojalá la mía nunca apareciera —contesté, irritada.
—¿Por qué estás tan reacia? Ya deberías saberlo, a todos nos llega el momento del acoplamiento. Es algo evolutivo —dijo con voz pausada mientras se acercaba lentamente a su Llama Gemela.
Sí, mi hermano, de tan solo veinticuatro años, tenía una Llama Gemela, algo casi irreal para nuestros padres. Reconozco que me da celos verlos así, y siento que cada vez se nota más la diferencia entre almas gemelas y llamas gemelas. Aunque digan que es el mismo origen biológico, se ve a lo lejos que no es así. Nunca he conocido a nadie que se vea de esa manera: él y ella parecen capaces de dar la vida por el otro. Ese fuego en sus miradas y la intensidad de su resonancia no se observa en otras parejas.
Allen me contó que él experimenta de forma psicosomática todo lo que ella siente, e incluso puede registrar la fragancia de otras almas, ya que la marca activa una emisión química única que los receptores de otros marcados perciben. Cuando vi la marca de Allen y Lena, me sorprendí al descubrir dos anillos enlazados que formaban el símbolo del infinito. Cada vez que los miro, percibo la profundidad de su conexión. Lena, con sus ojos verdes de destellos grises y su personalidad amable y enérgica, es la chica perfecta para mi hermano.
Mientras los observaba, un chico se acercó a ellos. Nunca lo había visto y no parecía ser del sector; me sorprendió un rostro nuevo en el campus, que es el mismo para toda la ciudad. El chico hablaba con Allen como si se conocieran desde hace mucho. Me asombré aún más cuando mi hermano me hizo señas para que me acercara. No quería ir, pero mis piernas se movían como si fuesen atraídas por magnetismo puro.
Cuando estuve cerca, lo sentí. Lo que tanto había temido estaba pasando: mi cuello comenzó a arder. Me quemaba y dolía de forma punzante. Levanté la vista y ahí estaba él, frotándose el cuello con una expresión de molestia y dolor. No hizo falta tocarnos. No hizo falta hablarnos. El circuito genético simplemente se cerró, y entonces lo supe: aquel chico era mi alma gemela.









Me pareció muy interesante como se desenlaza el personaje y la curiosidad sobre cómo será con su alma gemela ❤️
Yo también escribo de almas gemelas reencarnaciones y karmas aunque de personas que sobrenaturales con humanos tengo toda una saga pero la estoy subiendo poco a poco en esta app para ver si me resulta más . me interesa mucho el tema
Noo jajaja me imagino la dinamica que tendran estos personajes.