Capítulo 1
Te Recuerdo sin Haberte Visto
Antes de empezar
Esta historia es ficticia... o al menos eso quiero creer. Hubo un tiempo en el que pensé que los sueños eran solo sueños. Después de aquella noche, ya no estuve tan seguro.
Lo que estás a punto de leer es esa teoría contada desde mi punto de vista.
Capítulo 1
Antes de hablar de sueños, universos y personas cuyo rostro nunca pude recordar, creo que debo contarte un poco sobre mí.
Mi vida siempre ha sido bastante solitaria.
Tengo una familia que amo con una fuerza imposible de describir. Son el lugar al que siempre puedo regresar. Pero si hablamos de amistades... nunca he tenido muchas.
Y las pocas que tengo las cuido como si fueran un tesoro.
La razón tiene un nombre: apego ansioso.
Si tú también lo has vivido, probablemente entiendas de qué hablo. Si no, intentaré explicarlo de la mejor manera.
Es ese miedo constante a perder a alguien importante. Ese miedo que hace que tu mente imagine mil formas en las que una amistad puede romperse, que analiza cada mensaje, cada silencio y cada cambio de actitud.
Sabes que no es amor.
Sabes que muchas veces solo es cariño.
Pero el corazón se niega a escuchar a la razón.
Entonces empiezas a depender, sin darte cuenta, de cómo esa persona te responde, de si te escribe primero, de si parece distante o cercana.
Y créeme...
Es una mierda vivir así.
Porque llega un punto en el que tu propia mente se acostumbra tanto al miedo que termina utilizándolo en tu contra. Te convence de que, si cambias, terminarás solo.
Quizá por eso nunca tuve muchos amigos.
Me encariño demasiado.
Tanto, que hago todo lo posible por no perderlos.
Y, paradójicamente...
Es justamente eso lo que termina alejándolos de mí. Es algo de lo que es muy difícil salir.
Los psicólogos, e incluso las personas que viven lo mismo que yo, dicen que debería hablarlo. Que pedir ayuda es el primer paso.
Pero no es tan sencillo.
No cuando tu mente te mantiene alerta todo el tiempo. No cuando cada palabra que dices pasa primero por el miedo de parecer inmaduro, exagerado o simplemente una carga para los demás.
Durante mucho tiempo me convencí de que podía salir de esto solo.
O, mejor dicho...
Una parte de mí me convencía de eso. Porque había otra parte que sabía que estaba sufriendo y que necesitaba ayuda.
Suena contradictorio, ¿verdad?
Lo sé.
Y, aun así, era exactamente, así como me sentía. Como si hubiera dos versiones de mí viviendo en la misma cabeza. Una quería protegerme del dolor. La otra solo quería dejar de sentirlo. Ninguna sabía cómo hacerlo.
Y yo... tampoco.
Pero debo admitir algo. Las noches son el único momento del día en el que mi mente guarda silencio. Es extraño. Durante el día vivo rodeado de miedo. Pero cuando cierro los ojos...
Todo desaparece.
Las inseguridades dejan de perseguirme. La ansiedad se queda dormida antes que yo. Y entonces sueño. He escuchado muchas teorías sobre los sueños. Hay quienes dicen que son mensajes. Otros creen que son recuerdos de vidas que nunca vivimos. Algunos aseguran que son fragmentos del futuro. Y también están quienes afirman que no significan absolutamente nada. No sé cuál de todas sea cierta. Quizá ninguna. Quizá todas. Lo único que sé es que, mientras sueño...
Soy alguien diferente.
Alguien que sonríe sin miedo. Alguien que no tiene que pensar dos veces antes de hablar. Alguien que vive sin sentir que está rompiéndose por dentro. Sé que esos sueños no son reales.
O eso intento creer.
Tal vez solo sean historias que mi mente inventa para evitar que termine perdiéndome por completo. Pero, aunque sean una mentira... No puedo negar que, por unas horas... Me hacen…
Feliz.
Y fue allí... En ese lugar donde solo existen los sueños... Donde la conocí. A esa chica. La persona que consiguió algo que nadie había logrado.
Hacer que quisiera volver a dormir. Desde aquella noche, cada vez que despertaba solo podía pensar en ella. ¿Quién era? ¿Por qué su rostro siempre permanecía borroso? ¿Por qué, sin conocerla... ¿Sentía que llevaba toda la vida recordándola? Y, sobre todo... ¿Por qué, cuando estaba a su lado...
¿Me sentía completo?
No puedo describir cómo era. No recuerdo el color de su cabello. Ni el sonido de su voz. Ni la ropa que llevaba. Cada mañana despertaba con su rostro perdido entre la niebla.
Y, aun así...
Nunca olvidaba cómo me hacía sentir. Bastaba con pensar en ella para que mi mente, por un instante, dejara de hacer ruido. Todo se volvía tranquilo. No recuerdo de qué hablábamos. Ni siquiera sé si alguna vez hablamos. Lo único que recuerdo... Es cómo me sentía cuando estaba a su lado.
Vivo.
En ese momento no lo sabía, pero aquella chica no era el verdadero misterio de mis sueños. El verdadero misterio era por qué ella parecía conocerme mucho mejor de lo que yo podía recordarla. Como si pudiera ver una parte de mí que aún permanecía oculta, incluso para mí.








