Capítulo 2
Después de aquella noche... después de soñar algo tan diferente, tan único... mi mente estaba en silencio.
Era una sensación extraña, durante años había despertado con miedo, con dudas o con pensamientos que no me dejaban descansar, pero esa mañana fue distinta, solo miraba el techo de mi habitación con una sonrisa tonta.
Una sonrisa que nacía sola, cálida, Sincera.
Real.
No sé cómo describir exactamente lo que sentía solo sé que era feliz.
Y lo más curioso es que, incluso ahora, mientras escribo estas palabras, basta con recordar aquella sensación para volver a sonreír, Durante todo el día no pude dejar de pensar en ella.
¿Quién era?
¿La había visto alguna vez?
¿Había cruzado mi camino sin que me diera cuenta?
Busqué su rostro entre mis recuerdos Intenté convencerme de que, quizá, la había visto de reojo en alguna calle, en un autobús o entre la multitud, pero no encontré nada.
Ni un recuerdo.
Ni una pista.
Solo una sensación.
Porque, aunque mi mente era incapaz de recordar su rostro...
Nunca olvidó cómo me hizo sentir, así que seguí intentándolo obligué a mi memoria a buscar cualquier detalle sobre ella, cualquier cosa.
Una mirada.
Una voz.
Un recuerdo perdido.
Pero fue inútil.
No encontré absolutamente nada Y, sin embargo...
Ese día ocurrió algo extraño.
Mientras mi mente intentaba recordarla, dejó de hacer todo aquello que llevaba años haciendo no me llenó de pensamientos negativos no imaginó el peor escenario posible no me recordó mis miedos, ni siquiera sentí esa soledad que, normalmente, me acompañaba desde que abría los ojos.
Por unas horas...
Me sentí “normal”.
Mi mente estaba tranquila el miedo había desaparecido, la angustia ya no pesaba sobre mi pecho el estrés dejó de existir y, por primera vez en mucho tiempo...
Simplemente me sentía bien.
Cayó la noche.
Y no voy a negar que estaba nervioso, estaba convencido de que volvería a verla. que esa misma noche volvería a soñar con ella, Volvería a sentir aquella paz que, por unas horas, había hecho desaparecer todo lo que llevaba años cargando.
Me acosté, apagué la luz, cerré los ojos, esperé, pero el sueño nunca llegó.
Pasaron minutos, después una hora luego otra.
Seguía allí, inmóvil, rodeado únicamente por la oscuridad y el silencio.
Y fue entonces...
Cuando todo volvió, el miedo, la angustia, la soledad.
Mi mente empezó a hacer lo que siempre había hecho, recordarme todo aquello que intentaba olvidar, pensar en el peor escenario posible.
¿Y si no volvía a verla?
¿Y si aquel sueño había sido el único?
¿Y si nunca descubría quién era?
¿Y si jamás entendía por qué, estando junto a ella, me sentía completo?
Cerré los ojos con más fuerza.
Intenté dormir, intenté ignorar mis pensamientos, intenté volver a sentir la tranquilidad que ella me había dejado, pero cuanto más lo intentaba...
Más fuerte gritaba mi mente.
Los pensamientos negativos regresaron mis miedos parecían más reales que nunca, hasta que, completamente agotado...
Me quedé dormido.
No porque hubiera encontrado paz, sino porque había obligado tanto a mi mente a recordar algo sobre ella...
Que ya no le quedaban fuerzas para seguir imaginando mis propios miedos.
Desperté.
O, al menos, eso creía.
No podía abrir los ojos. Me sentía tan cansado que ni siquiera tenía fuerzas para mover el cuerpo. Solo quería seguir acostado. No pensaba en nada. Mi mente tampoco imaginaba nada. Por primera vez en mucho tiempo, ambos estábamos en silencio.
Solo permanecía allí, despierto, con los ojos cerrados. Era una sensación extraña, como si el tiempo se hubiera detenido. Como si mi cuerpo estuviera allí... pero yo no.
Por un instante, pensé que estaba muerto.








