00.1 Juicio
No hay ruido en toda la sala solo silencio, nadie dice nada solo observa sin parpadear esa figura atada desde los brazos hasta los pies de cadenas gruesas que brillan de color morado grisáceo.
-Si no hablas será como confirmar tus crímenes- La voz llena de irritación y esos ojos morados grisáceos no pierden de vista una risa sutil del criminal.
No da risa, después de conocer el crimen.
-No tiene casó- Susurró alguien del podio.
El silencio volvió a reinar, las manos pálidas, delgadas mostraron venas azuladas. El mazo que es sostenido se afloja como puede sostiene con la otra mano pero es inútil siente un gran peso. Su respiración es cortada en momentos, sus labios están más resecos y sus ojos irritados por no parpadear.
-Melquisedec- El llamado de su nombre provoca más tensión en su cuerpo y sus ojos se mueven difícilmente al último recinto donde se encuentra la persona que lo llama.
-Solo tienes que hacerlo, di esa oración y todo termina-
Termina, por supuesto suena fácil sin embargo sus músculos de la boca no se mueven ni el sonido nace, es como si sus palabras se acabarán aplastando solo un silbido bajo salió y su mano que sostiene el mazo vuelve a flojear el mazo.
-Dime, ¿Cuánto sacrificaste para estar ahí?- Una endulzante voz provocó miradas de indignación y la mente del joven volvió a ser un caos.
-¿Valio la pena?- La mirada que se mantuvo baja se elevó mostrado una sonrisa suave junto a una mirada amatista, esos ojos se mostraban vivos ante él sin una pista de culpa, tan clara como el agua cristalina que si no fuera por su impulso jamás creería que fue esa mujer que destrozó una parte de su vida.
-Somos iguales- Afirmó y las cadenas crujieron más. -Al final ambos eliminamos algo apreciado, con nuestras propias manos lo desechamos, no es así juez-
Volvió a parpadear pero perdió la fuerza de sostener el mazo que cayó provocando un sonido nítido que envolvió con horror cada corazón presenté.
Solo la mujer sonrió tan perfecto.
-En el nombre de la LX santa tomo...
Las palabras de la mujer se cortaron al tiempo de ver esas cadenas convertidas en polvo, esa acción fue la gota de paz.
El poder sellado se desató, sofocando a los débiles y desató una de las luchas más fieras del lugar. Los conjuros brillaron y se mezclaron con tanta desesperación sin embargo como un trueno se liberó, tan directo, tan ruidoso y tan sofocante.
Sus ojos no perdieron de vista nada, quería luchar, unirse en el momento más necesitado, a pesar de las insistencias de su mente su cuerpo no reacciona, sus ojos miran al bastón recargado en la pared no tan lejos que puede tomarlo, es inútil, las emociones horribles lo han dominado que solo puede ver desde este punto una lucha que ocasiona miedo en su corazón.
Ver a sus mayores siendo heridos sin piedad, sin escapatoria, aún así siguen de pie luchando.
-Melquisedec- Su cuerpo es jalado con tanta facilidad, como si fuera una muñeca, los ojos verdes mostraban su rostro, ese rostro pálido al punto de verse enfermo, su mentón estaba tenso y algunas venas resaltan más, lo único que brillaba con algo de vida son sus ojos azul cristalino, a pesar de esa imagen fugaz de su perfil se llamó patético.
Sus pasos tropezaron y el agarre de su muñeca era fuerte, su vista nunca se apartó de esa espalda alta, delgada era tan clara la silueta sin ese sacó verde claro podía ver todo e incluso esa coleta verde no era más solo un desastre que contrasta con este lugar.
La elegancia ha desaparecido y solo hay destrucción.
-Melquisedec debes de irte, buscar a nuestro Dios y hacerle saber lo que sucede- La voz tranquila provocó de nuevo ese miedo en lo profundo de su corazón, la voz que se aplastaba encontró una manera de hablar, dolió.
-Pero...
-No- Golpeó con fuerza esa palabra como las paredes destruyéndose.
-Ustedes...-
-No te preocupes- Debió de tranquilizar el corazón del joven pero sabía que es inútil más teniendo tan cerca esa amenaza. -No es tú culpa, solo tienes que avanzar-
No habló más, no porque no querían sino porque las circunstancias no lo permitieron más cuándo ese rayo púrpura golpeó el brazo que lo sostenía provocando que su cuerpo incompetente perdiera el equilibrio cayendo hacía el vacío.
-¡¡MELQUISEDEC!!
Escuchó su nombre y con fuerza se permitió pintar una sonrisa con él deseó que ese hombre viera su última imagen mientras su vista enfoca por última vez el hermoso tribunal, el lugar donde pudo cumplir su sueño.
El impactó levantó el polvo juntó aún grito desgarrador, desde el suelo su cuerpo no sentía nada solo podía ver borroso a su alrededor no era consciente del río carmesí que comenzó a inundarlo.
-Es una promesa- Una voz infantil surgió a lo lejos aunque no podía verlo sabía a qué se refería.
Sus ojos se tiñen de una soledad y su mano manchada de rojo se extiende.
-Lo prometo en mi otra vida...
El último suspiro abandonó al cuerpo jóven, al igual a todo aquel que luchó ese día, la luz de la vida se fue.
Tan silencioso.
Tan doloroso y
Tan efímero.
La muerte se presentó.








